39° Congreso Federal del PSOE: Sánchez, año I: más cerca de Rajoy por Cataluña y estancado en las encuestas
EL BALANCE DEL PRIMER AÑO DE LA SEGUNDA VIDA DEL LÍDER

Sánchez, año I: más cerca de Rajoy por Cataluña y estancado en las encuestas

Se cumplen 365 días desde su aplastante victoria sobre Díaz. El PSOE está en calma, que no unido. No brilla de manera fulgurante, pero tampoco tropieza, y su jefe acentúa su perfil de hombre de Estado

Foto: Pedro Sánchez, en la clausura del 39º Congreso Federal del PSOE, el pasado 18 de junio en Madrid. (Reuters)
Pedro Sánchez, en la clausura del 39º Congreso Federal del PSOE, el pasado 18 de junio en Madrid. (Reuters)

Aquella noche del 21 de mayo, los sentimientos de euforia empastaban con los de la angustia, el desasosiego o la incertidumbre. Nadie sabía a ciencia cierta qué depararía al PSOE al día siguiente, al cabo de meses o de un año o más. Unos preveían la "destrucción", otros el retorno a la esperanza. Nada parecía fácil después de una guerra fratricida absoluta, cruenta, a doble o nada, entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. Ganó él. Arrasó, más bien, a una presidenta andaluza y a un 'establishment' socialista que se creía demasiado seguro del triunfo y que vio cómo sus previsiones se hacían añicos en segundos, rotas por el impulso de unas bases que jamás perdonaron el bochorno del traumático comité federal del 1 de octubre de 2016 en el que él perdió ese primer pulso frente a los barones. La militancia le encumbró y él cabalgó sobre esa ilusión. Aquella noche del 21-M ella comparecía abatida, él pletórico ante una sala repleta de periodistas. La tensión era indisimulable. Apenas podían ocultarla cuando los reporteros gráficos les pedían un mínimo gesto de complicidad, que unieran sus manos.

Eso ocurrió hace justo un año. Aunque a veces pareciera que ha transcurrido mucho más tiempo.

Sánchez, año I: más cerca de Rajoy por Cataluña y estancado en las encuestas

Entonces, ese 21 de mayo de 2017, comenzó la segunda vida de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE. Legitimado por una victoria abrumadora del 50,26%, diez puntos por encima de Susana Díaz (39,90%) y a más de 40 por delante de Patxi López (9,84%). Un triunfo cimentado en toda España, menos en Andalucía y Euskadi, los territorios de sus rivales. Una bofetada a la aristocracia socialista que había pronosticado la llegada de las siete plagas en caso de aquel Sánchez rebelde, que había conducido a su partido a dos humillantes derrotas, en 2015 y 2016, y había hecho estallar las costuras de una organización centenaria, abatiese a Díaz.

No se cumplieron los pésimos augurios de los críticos, pero tampoco el PSOE ha logrado tomar claramente la delantera a populares y Cs


Las siete plagas no llegaron, pero tampoco el PSOE ha logrado consolidarse como la alternativa indiscutible del PP en este primer año de 'Sánchez II'. La formación, tras el repunte (24,9% en el CIS de julio) que propiciaron unas primarias mediáticas y con impronta de telenovela doméstica, sigue alicaída en los sondeos. Un 22% y tercera en el último barómetro público, peores datos si uno acude a estudios demoscópicos privados. Pero los socialistas, con todo, están mejor que hace un año. El partido vive en una sorprendente y a veces aburrida calma —que no es sinónimo de unidad—, su líder goza de un enorme poder, no es contestado internamente y no hay inestabilidad. El discurso se ha corregido. "Bandazos", siguen clamando sus críticos (haylos); asentamiento de una línea política, defiende la dirección. Sánchez ha migrado del 'no es no' a Mariano Rajoy, el lema que se convirtió en un poderoso credo y con el que sedujo a las bases, a un acercamiento al presidente del Gobierno en defensa del Estado y de la Constitución en una materia que ha devorado el clima político en los últimos meses: el desafío independentista catalán.

"Partido de gobierno" y "leal"

"Cataluña le ha obligado a asumir un papel de Estado. Pedro se ha quitado la cazadora de las primarias y se ha enfundado el traje de presidente", resume uno de sus colaboradores. La imagen es hasta literal. El hombre deportista, con buena planta —46 años el pasado febrero—, que recorría España repitiendo consignas contra la gestora y contra los poderes fácticos de su partido, el 'outsider' que asombró a todos por su resiliencia, tiene menos querencia ya a su cazadora de cuero y ha regresado al traje, e incluso la corbata, precisamente para acentuar esa faceta de hombre de Estado. Es la que ha venido explotando en este más de medio año de chaparrón secesionista, y la que ha retomado, con más dureza y enconamiento aún contra el nuevo 'president', Quim Torra, en la última semana. Le ha comparado con Le Pen, le ha llamado "carlista", "xenófobo", "racista", "supremacista", ha propuesto definir mejor el delito de rebelión y reglar las tomas de posesión de los cargos públicos. Ha querido estar a la vanguardia.

"Cataluña le ha obligado a cambiar. Pedro se ha quitado la cazadora de las primarias y se ha enfundado el traje de presidente", dicen en Ferraz

Es evidente que pesa la competición con Ciudadanos, la fuerza que, según todas las encuestas, más ha sabido capitalizar la crisis catalana. Sánchez insiste en que el suyo es un "partido de gobierno", que se comporta "con lealtad" al Estado —que no al Gobierno— en los momentos críticos, que él mismo se "muerde la lengua" cuando siente que Rajoy se ha equivocado porque no quiere chafar la "unidad de acción" de los constitucionalistas. Y está convencido de que los votantes lo agradecerán y acabarán pasando factura a un líder, Albert Rivera, que peca de "irresponsable" y que firma en ocasiones un discurso "atolondrado" por su propósito de "arañar votos" en el río revuelto de la crisis territorial.

El secretario general no esconde que mantiene una relación fluida con Rajoy. Ambos coordinan sus propuestas, se conjuran para imponer un muro frente al separatismo, hablan muy a menudo. El sábado, sin ir más lejos, concertaron la respuesta al nombramiento de los 'consellers' de Torra, con miembros huidos y en la cárcel. Los dos negociaron la inédita aplicación del 155 y la cerrarán una vez más si toca, si hay quiebra de la legalidad. "Con el 'no es no' y la relación que ambos mantenían ambos, parecía que las diferencias se harían insuperables. Pero no ha sido así y ese alineamiento con el Gobierno ha sorprendido", analiza ahora a toro pasado uno de los pretorianos del líder. En todo este camino, ha sido clave la coordinación constante y la confianza existente entre Sánchez y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta.

Sánchez, año I: más cerca de Rajoy por Cataluña y estancado en las encuestas

El asentamiento de la posición con Cataluña, que es bien vista internamente por los críticos —creen que es la natural del PSOE, la que no puede abandonar—, ha tenido costes para Sánchez. Sobre todo en su discurso. En primarias tamizó su programa con un barniz más acentuadamente de izquierdas frente a Díaz por su defensa de la España plurinacional y por una interlocución más estrecha con Podemos, amén de la promesa de un mayor poder para las bases. Esa España "nación de naciones" que se plasmó en la resolución congresual quedó aparcada con el paso de los meses. No afloró ni en la campaña catalana, y ahora reposa en el cajón del olvido. Para los contrarios a Sánchez, aquella proclama no era más que una "impostura", un anzuelo para amarrar el voto del PSC en las primarias y aquilatar su imagen de candidato de la izquierda del partido. La sociedad "preferente" con los morados se ha tornado en un diálogo parlamentario sin mayores pretensiones.

La competencia con Cs: el auge naranja

En la dirección sostienen que una agenda tan mediatizada por Cataluña ha hecho muy complicado que el PSOE pudiera sacar la cabeza. Pero consideran que poco a poco lo han ido consiguiendo, al colar en la agenda cuestiones sociales —más cómodas para la izquierda que el debate territorial— como la sostenibilidad de las pensiones o la defensa por los derechos de las mujeres, dos luchas que han colonizado la primera parte de 2018. En Ferraz entienden que Sánchez ha logrado colocarse "en buena posición", pese a que las encuestas señalan que no lo ha rentabilizado al máximo. "Tampoco ha podido sacar ventaja el PP de la recuperación económica, su gran baza. Y Ciudadanos ha sacado beneficio porque no tiene gestión, pero ahora le toca demostrar y el tiempo hasta las siguientes elecciones puede hacer que se equivoca", subraya un alto mando de la cúpula que señala la última tempestad que vive Podemos a cuenta del chalé en la sierra madrileña de Pablo Iglesias e Irene Montero, un "error" que le puede costar remontar.

En la dirección admiten que han podido "decepcionar" a las plataformas sanchistas, pero a cambio han sumado dentro y fuera del PSOE

El estado mayor socialista está dispuesto a "aprovechar" los patinazos de los demás e ir afianzando su posición. En el núcleo duro reconocen que el baño de realidad de este año puede haber "decepcionado a las plataformas sanchistas", las guardianas de las esencias, pero a cambio ha servido para "sumar más apoyos dentro del partido y a más votantes fuera". Porque ahora "la jugada es cómo ocupar ese espacio del centro político con iniciativas reformistas". "La épica" que acompañó su campaña de primarias "se amortizó", conceden.

Sánchez, año I: más cerca de Rajoy por Cataluña y estancado en las encuestas

La pregunta es cómo. El PSOE ha pasado de ser pasto continuo de titulares —no siempre en positivo— a una balsa de aceite (segundo aviso: no es sinónimo de unidad) que brilla menos. Los críticos con el secretario general observan que está "desaparecido", que no tira, que su estrella se fue apagando, y se agarran a los malos datos de valoración que arrojó el último barómetro del CIS, que desvelaban que ni los votantes socialistas confiaban en él. Sánchez encaja esos números "con deportividad y con humildad", alerta de que sus encuestas no dicen lo mismo y en su equipo esgrimen que lo que denotan todos los sondeos es que hay un "triple empate" en la cima entre el PP —que no va "tan mal"—, el PSOE y Cs, y que por tanto todo puede pasar en las próximas generales. Pero el auge de los naranjas parece no tener freno.

También advierten de que la izquierda, a diferencia de lo que ocurre en el campo conservador, está "por movilizar". Y que Sánchez está deliberadamente en un segundo plano, porque la estrategia ahora, en este tiempo de barbecho hasta las siguientes elecciones, es evitar su sobreexposición. Impedir que se queme. El peligro, según indican los más distanciados de Ferraz, es que el PSOE deje de ser relevante, que no sea visto como una alternativa, que no marque agenda. Paciencia, responden en la cúspide.

Cohesión interna por hacer

Extramuros de Ferraz, la visión no es tan idílica. Algunos dirigentes reprochan a Sánchez que no haya encontrado "ni su espacio ni su personalidad política" , que no sepa combatir a un Ciudadanos en estado de gracia, que no haya hecho "gestos de unidad, cuando la fractura le perjudica a él y a la marca", que siga dando "bandazos" y no demuestre "solidez en sus posiciones y en sus discursos", aunque sí gusta el viraje sobre Cataluña. Y señalan que su equipo es "débil", que no está bien armado, que no tiene "nivel", pero que él busca un partido "a su medida", con todo el poder.

Los críticos le reprochan que no haya hecho gestos de unidad suficientes, que no tenga un equipo fuerte, sus "bandazos" en su discurso

Todas estas críticas se oyen recurrentemente, pero pocas veces afloran en público y de forma descarnada. Porque el PSOE ya da pocos disgustos en lo interno. La inapelable victoria de Sánchez sirvió como poderoso (y temporal) bálsamo. El susanismo se deshizo a las horas de que se abriesen las urnas, y los barones que habían ayudado a la presidenta se batieron en retirada y se replegaron en sus territorios, primero para salvarse del naufragio en sus primarias autonómicas y después para dedicarse a consolidarse en sus comunidades de cara a las elecciones de 2019. "Todos nos hemos esforzado por normalizar las relaciones internas después del convulso periodo anterior, empezando por el propio Pedro", indica un presidente anteriormente muy enfrentado a Sánchez.

Sánchez, año I: más cerca de Rajoy por Cataluña y estancado en las encuestas

Entre el secretario general y los barones, en efecto, corre una cierta calma. Impostada, sin duda, porque la confianza sigue sin fluir, excepción hecha del extremeño Guillermo Fernández Vara, el primero que se alistó a las filas del sanchismo nada más proclamarse vencedor el madrileño. Sin embargo, entre Sánchez y Díaz sigue mediando un abismo. Ambos siguen sin soportarse, es cuestión de piel, su relación es irreconducible ya. En la última vez que coincidieron, en la feria de abril de Sevilla, hace un mes, ambos tuvieron que hacer cambalaches para disimular su falta de conexión. Sonrisas, cortesía, pero pocas palabras. Entre sus respectivos equipos, capitaneados por José Luis Ábalos y Juan Cornejo, hay más 'flow', pero en las alturas poco es salvable. El partido asume resignado que nada se podrá cambiar hasta que uno de los dos salga de escena.

Equipo desigual

En este año de cierta serenidad, algunos picos de tensión demostraban que las heridas lacerantes de las primarias no han cicatrizado. Ocurrió cuando se aprobó el nuevo reglamento que confería un poder mayúsculo a la dirección federal (y a las bases), en detrimento de los barones. Ocurrió cuando Sánchez se negó a postular a Elena Valenciano para que compitiese por el liderazgo del grupo de los socialdemócratas europeos.

Los capítulos de tensión han venido por el nuevo reglamento, el "veto" a Valenciano y la malograda foto de unidad de la escuela de buen gobierno

Ocurrió, en fin, en la escuela de buen gobierno, el primer y hasta ahora gran evento de esta segunda etapa montado para exhibir "la unidad recompuesta", en palabras del secretario general, y que al cabo evidenció lo contrario, con la salvedad de la reconciliación con José Luis Rodríguez Zapatero. Felipe González, con quien había almorzado un mes antes, se excusó por un viaje al extranjero; Ximo Puig, por la coincidencia de las Fallas; Alfredo Pérez Rubalcaba y Javier Fernández, por el "veto" a Valenciano. Susana Díaz plantó al jefe un día antes de que tuviera que intervenir en Madrid. Javier Solana censuró la línea de oposición. Y, para colmo, la clausura dejó una foto demoledora de calvas en el patio de butacas. La cara opuesta son los procesos de primarias para la designación de candidatos municipales y autonómicos, desprovistos casi por completo de morbo.

Pedro Sánchez, junto con Adriana Lastra, José Luis Ábalos, Carmen Calvo, Beatriz Corredor y Patxi López, el pasado 19 de febrero en Ferraz. (EFE)
Pedro Sánchez, junto con Adriana Lastra, José Luis Ábalos, Carmen Calvo, Beatriz Corredor y Patxi López, el pasado 19 de febrero en Ferraz. (EFE)

Los barones eluden el choque y repiten que están centrados en ganar el próximo año. Lo mismo repiten en el equipo de Díaz, que tendrá que superar la primera prueba electoral de este ciclo. En Ferraz admiten que no todo está sanado. "Se han acallado las voces internas, pero no todos están a una. Eso es lo que reflejó la escuela. La salida es que todos los territorios se vean implicados en un proyecto que asuman, que lo sientan y que eso movilice el conjunto. Esa tarea no se ha culminado", indica un dirigente muy cercano a Sánchez. Entretanto, ha habido salidas sonoras, como la de los cuadros susanistas Eduardo Madina, Antonio Trevín, Ramón Jáuregui y Juan Segovia. Por eso algunos esbozan un balance muy severo: "Ausencia de proyecto, de concepto, culto al ego del jefe, hundimiento en apoyo electoral y sectarismo interno extremo".

Otra disfunción que se achaca al líder es su equipo. El secretario general compuso una ejecutiva sin más guiños a la integración que la suma de Patxi López y de Guillermo Fernández Vara. Pero esa homogeneidad de partida no se ha traducido en una fortaleza incuestionable. Un año después, el dirigente más consolidado es Ábalos, nominalmente número tres pero verdadero hombre fuerte de la cúpula, encargado de la interlocución con los territorios. Todos, alineados y críticos, elogian el papel del secretario de Organización como agente de distensión y por su habilidad política. En este tiempo, y especialmente en la crisis catalana, se ha probado como un valor seguro.

El hombre fuerte es Ábalos, valor seguro en los discursos y agente de distensión en los territorios. Puente ha desaparecido y el rol de Lastra es difuso

El núcleo duro de Sánchez se completa con Carmen Calvo, la responsable de Igualdad y número cuatro del organigrama, negociadora del 155, y Adriana Lastra, la vicesecretaria general y portavoz adjunta en el Congreso, cuyo rol político es menos destacado y su solidez, más cuestionada. Es más "confidente" del líder que verdadera número dos, y su visibilidad y poder orgánico está bastante lejos del que manejaron Alfonso Guerra, Pepe Blanco o Elena Valenciano. Algunos en la cúpula ya entrevén incluso ciertos piques entre Lastra y Ábalos.

Pedro Sánchez y Albert Rivera, durante el desfile del 12 de Octubre en Madrid. (Reuters)
Pedro Sánchez y Albert Rivera, durante el desfile del 12 de Octubre en Madrid. (Reuters)

140 años de vida en 2019

Desaparecido de la primera línea sí está el portavoz de la ejecutiva, Óscar Puente, que no comparece en Ferraz desde febrero. Su alejamiento responde no a un choque con Sánchez, sino a su labor como alcalde de Valladolid y a la proximidad de la campaña. Otra carencia es el Congreso, con una portavoz, Margarita Robles, a la que se aprecian fallos de coordinación con Ferraz y con la pesada e irreversible ausencia del jefe en el escaño. Un hándicap objetivo, porque la Cámara es el centro de la política española, y él está fuera de juego.

A Sánchez se le percibe más tranquilo, más determinado, más seguro. Pero la calma dará paso al frenesí electoral. Y puede no tener todo a favor

La libreta de tareas de Sánchez está repleta ahora que arranca su segundo año de su segunda vida como secretario general. Culminar los procesos internos, apagar las llamas de la confrontación, remontar el vuelo, frenar el sorpaso de Cs que dibujan las encuestas. Consolidar un proyecto que en 2019 cumplirá 140 años de vida y que se juega, otra vez, su existencia. Salir de una agonía lenta y soñar con regresar a La Moncloa o sucumbir a la revolución del tablero político. La calma será seguramente reemplazada por el frenesí del ciclo electoral inminente. En un año, justo en un año, España estará en capilla hacia la siguiente macroconvocatoria: municipales, autómicas y europeas.

La partida vuelve a empezar. Sánchez, el hombre rocoso, frío, se encuentra más seguro que nunca desde su despacho de Ferraz. Los periodistas perciben a la legua esa mayor determinación, la sensación de control. Como dicen sus colaboradores, "ha aprendido a tener paciencia, a gobernar la ansiedad, sabe que no es el único dueño del reloj". Y no lo es. Los demás también juegan. Y en un año, puede tener la mano a su favor. O todo lo contrario. El panorama sigue siendo incierto. Como hace un año, aunque todo sea distinto.

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