EL BALANCE DE LA ESCUELA DE BUEN GOBIERNO

La deslucida foto de unidad de Sánchez ensombrece el prólogo de la precampaña

Las jornadas organizadas por la dirección han servido más como escaparate de la división. Ferraz se queda con la parte positiva, con las presencias y los debates. Los críticos denuncian el fracaso

Foto: Pedro Sánchez, durante su intervención en la clausura de la escuela de buen gobierno del PSOE, este 18 de marzo en La N@ve Boetticher de Madrid. (Borja Puig | PSOE)
Pedro Sánchez, durante su intervención en la clausura de la escuela de buen gobierno del PSOE, este 18 de marzo en La N@ve Boetticher de Madrid. (Borja Puig | PSOE)

Tal vez Pedro Sánchez se arrepienta de ocho palabras suyas. Ocho. "La visualización de que la unidad está recompuesta". Esa era la portada de su escuela de buen gobierno, el ancla sobre la que cimentar una iniciativa novedosa. El secretario general ansiaba esa foto. La necesitaba para evidenciar que las profundas heridas que dejaron las primarias eran cosa del pasado. Pero no ha sido así: la división perdura. No hubo foto, ni hubo unidad total. Ni hubo una movilización masiva ni apabullante. Sí se produjeron avances en esa labor de costura interna, sí se refrescaron unas siglas centenarias con participantes más jóvenes, sí se escucharon reprimendas a la vieja guardia y llamamientos a la cohesión. El resultado irregular, difícil de medir, aunque en absoluto lúcido al cien por cien para la ejecutiva federal, ensombrece y lastra el prólogo de la precampaña de las elecciones municipales, autonómicas y europeas de 2019, como convienen distintos dirigentes. Nada que no sea reparable, cierto, porque aún quedan meses para unos comicios para los que la dirección ha dado pistoletazo de salida. Al ralentí, eso sí.

Sánchez clausuró este domingo el primer gran foro organizado por la dirección desde el pasado 39º Congreso Federal que le devolvió al poder del PSOE tras una victoria arrolladora entre la militancia. Dos fueron sus mensajes básicos. Uno, de puertas para fuera, adelantando que en el debate de los Presupuestos del Estado de 2018, que llegarán al Congreso la primera semana de abril, su grupo presentará enmiendas para que la subida salarial de los miembros del Ejecutivo, los diputados y los senadores sea del 0,25%. Como la de los pensionistas, como gesto de "solidaridad" con ellos, ahora que han inundado las calles de todo el país para reclamar unas prestaciones dignas.

Segundo mensaje, más para los suyos: "Estamos tocando con la punta de los dedos ser la primera fuerza política de este país. Podemos ser la primera fuerza política en este país, y lo que os pido es que todos trabajemos duro para recuperar esa confianza. No por nosotros, sino por los ciudadanos". Sánchez estaba así ofreciendo una pieza muy jugosa para sus críticos, admitiendo que se juega su propia piel en las elecciones locales de 2019. Dicho de otra manera, estaba vinculando su futuro al resultado de las urnas.

Sánchez asume que su primer examen serán las municipales y anuncia el gesto simbólico de pedir la subida de sueldo de cargos públicos un 0,25%


No andaba el secretario general del todo desencaminado, puesto que por lo general las municipales han anticipado el partido vencedor en las legislativas. No sucedió así en 2007 —las ganó el PP, pero luego José Luis Rodríguez Zapatero revalidó el Gobierno—, no obstante, y es una meta realista sobre el papel puesto que en 2015, los populares solo aventajaron a los socialistas en dos puntos, y ahora las encuestas dibujan a la formación de Mariano Rajoy hundida. Aunque también apuntan a un PSOE estancado, como segunda o tercera fuerza del país.

El portazo de Díaz

Pero esta escuela de buen gobierno que se prolongó durante cuatro días y que atrajo a más de un millar de inscritos y en torno a 150 ponentes —la mitad de ellos sin carné del PSOE— era más que un discurso del secretario general. Sánchez sabía, porque así lo expresó él mismo, que tenía una tarea pendiente por delante: demostrar la fortaleza orgánica del PSOE en torno a él. Exhibir que los exlíderes del partido le apoyan como secretario general, pese a que la mayoría de ellos —Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, todos menos Joaquín Almunia— respaldaron a Susana Díaz en la contienda interna. Y que los presidentes autonómicos se aprestaban a arrimar el hombro.

Ferraz se queda con las presencias, los debates, los ponentes y las palabras y llamadas de unidad de Zapatero, Caballero o los presidentes autonómicos

El jefe de los socialistas se topó de bruces con la realidad. Del cartel se fueron cayendo, uno detrás de otro, Rubalcaba y el líder asturiano, Javier Fernández —ofendidos ambos por el "veto" a Elena Valenciano para la candidatura a la presidenta del grupo de los socialdemócratas europeos—, Felipe González (viajaba este fin de semana a Portugal); el presidente valenciano, Ximo Puig (por los actos centrales de Fallas) y, finalmente, Susana Díaz, que decidió dar un sonoro portazo cuando la escuela ya estaba arrancada, poniendo como pretexto que está "volcadísima" con Andalucía. El mismo día, el exministro y ex secretario general de la OTAN Javier Solana admitía ante los participantes que no se sentía "contento" con el rumbo del PSOE y enmendaba la plana a la ejecutiva por haber decidido salirse del pacto educativo.

Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero, Joaquín Almunia y miembros de la ejecutiva del PSOE, junto a la mujer e hijas del expresidente del Congreso Manuel Marín, fallecido en diciembre y homenajeado en la clausura de la escuela de gobierno, este domingo en La N@ve. (EFE)
Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero, Joaquín Almunia y miembros de la ejecutiva del PSOE, junto a la mujer e hijas del expresidente del Congreso Manuel Marín, fallecido en diciembre y homenajeado en la clausura de la escuela de gobierno, este domingo en La N@ve. (EFE)

Las ausencias marcaron ineludiblemente la escuela de buen gobierno y arruinaron el propósito de unidad proclamado por el secretario general por la tele. Ferraz intentó contrarrestarlas haciendo hincapié "en las presencias", en los militantes y dirigentes que sí se habían apuntado y habían decidido echar una mano. Por eso la dirección puso en valor las palabras conciliadoras de Zapatero, su inequívoco llamamiento a "todos" a la unidad, y sus gestos de aproximación con la cúpula, a quien arropó tanto en la apertura como en la clausura. O se detuvo en las lecciones sobre política europea de Almunia y en los encendidos elogios de un exsusanista, el alcalde de Vigo, Abel Caballero.

La deslucida foto de unidad de Sánchez ensombrece el prólogo de la precampaña

Ferraz también respiró aliviada con los esfuerzos de distensión que sí protagonizaron los cuatro presidentes que asistieron a la \'masterclass\' del sábado: Guillermo Fernández Vara, Javier Lambán, Emiliano García-Page y Francina Armengol. Todos ellos mostraron su confianza en que la cohesión interna vaya reconstruyéndose poco a poco. El jefe del Ejecutivo extremeño incluso se permitió una cierta reprimenda a Díaz, al asegurar que los que habían decidido viajar hasta Madrid defienden "una manera diferente de entender la relación con la militancia". Vara acompañó en la clausura al jefe, junto a Zapatero y Almunia: ninguno de ellos le había apoyado en las primarias. Allí estuvieron igualmente los barones de Asturias, Adrián Barbón; Madrid, José Manuel Franco, o Navarra, María Chivite, o el portavoz en la Asamblea madrileña, el exministro Ángel Gabilondo. El líder, no obstante, no hizo referencias a la unidad en su discurso.

La botella medio llena o medio vacía

En el cierre, antes que a Sánchez, se escuchó a veteranos del partido, premiados por la dirección —Manuela de Madre, Demetrio Madrid y Enrique Barón— animar a las huestes socialistas, respaldar al secretario general y amonestar a la vieja guardia, que tiene que dedicarse más, en palabras del expresidente de la Eurocámara, a "colaborar" y "ayudar". El público aplaudió entusiasta. En torno a 800 militantes y simpatizantes. Menos de los esperados y programados (más de 1.000), como demostraron las decenas de sillas vacías en la parte posterior del atrio de La N@ve Boetticher (una antigua fábrica de ascensores situada en el distrito de Villaverde). Calvas que respondían, según la dirección, a " fallos de cálculo", simplemente.

"No es justo que la cabezonería de tres o cuatro se vea como desunión", afirman en la cúpula. "Susana juega a hacer el mayor daño", señala un dirigente

Lo sucedido en estos cuatro días permite calar cómo está el PSOE ahora mismo. La imagen que proyecta el espejo es la de un partido aún descosido, aunque no totalmente deshecho como hace un año, y con ciertos problemas de movilización. "La cuestión es querer ver la botella o medio vacía, y yo la veo medio llena", conviene un miembro de la cúpula. Como él opinan otros tantos consultados: en Ferraz creen que hay que dar importancia a la "profundidad de los debates" celebrados en la escuela —algunos planteados con un enfoque más original y atractivo, como la relación de ajedrez y política o la "parasociología​"—, la variedad de los ponentes, e incluso "la unidad esgrimida".

"El PSOE es un partido abierto donde siempre se han respetado las opiniones. El secretario general es el que más apoyo ha tenido nunca. La ejecutiva está cohesionada. Los procesos regionales y locales han ido bien. Los líderes que apoyaron a Susana están con nosotros, con la excepción de Alfredo [Pérez Rubalcaba] y es por un tema exclusivamente personal. No me parece justo que la cabezonería de tres o cuatro se traduzca como desunión", protesta otra integrante de la cúpula, molesta, como sus compañeros, con los titulares en negativo de los medios.

La deslucida foto de unidad de Sánchez ensombrece el prólogo de la precampaña

Un dirigente que antes apoyó a Díaz también carga con dureza contra ella por su falta de "generosidad" y por no haber "asumido la derrota", pero recuerda que a las bases socialistas ya "les da igual si ella va o no va". Considera que "ha desaparecido para el resto del partido, no forma parte del acervo emocional". "Son otros tiempos. Ella juega a hacer el mayor daño posible, y lo demostró con su anuncio del viernes", añade. Este cuadro se queda con la presencia de "más jóvenes" en las jornadas, con los debates, con el acto cálido de la clausura y el discurso "muy bueno" de Sánchez, por mucho que no derroche "empatía emocional".

Calar cómo estaba el partido

La estampa dada estos días no preocupa en exceso a los sanchistas. Aunque reconocen, en palabras de un barón alineado con Ferraz, que sí "lastra" el arranque de la larga precampaña electoral, aunque quede tiempo por delante. "Nadie se acordará de esto en un año", concede un miembro de la dirección. Algunas fuentes admiten que "el pecado original" fue de Sánchez, al anunciar un acto para la unidad del partido que jamás conquistó, y que ese portazo de varios referentes debe servir de enseñanza para el futuro. Pero también se asume que habrá relaciones irreconducibles, como las del secretario general y la baronesa andaluza; otras que mejorarán a medida que se acerquen las urnas, porque a todos conviene, y otros referentes difícilmente recuperables para Ferraz, como Rubalcaba, fuera de la política, o Fernández, ya de salida.

Para los críticos, "lo malo" para la cúpula son las encuestas y la escasa movilización. "Es como para que piensen qué está pasando", avisan

"Lo que se pretendía era calar cómo estaba el partido, ver de qué cuadros dispone, y como experiencia, sí ha resultado. Bajo un formato novedoso, se ha logrado atraer a gente, a personas reconocidas en sus ámbitos, que se han acercado al PSOE, y eso es muy importante y no ocurría. Pero obviamente hay cosas que mejorar, como la movilización, especialmente en Madrid, pero es que todavía la maquinaria para las elecciones no se ha puesto en marcha. Y aunque es evidente que es prematuro hablar de unidad, y que no se ha conseguido, sí se empieza a coser", señalan en el equipo del líder.

Cristina Narbona entrega el premio Manuel Marín por su carrera europea a Enrique Barón, este domingo. (Borja Puig | PSOE)
Cristina Narbona entrega el premio Manuel Marín por su carrera europea a Enrique Barón, este domingo. (Borja Puig | PSOE)

Los críticos con Sánchez hablan de "fracaso" sin remilgos. "Ellos han ganado y son ellos los que tienen la responsabilidad de coser. Han ido contra los barones y han arrinconado a gente valiosa en todos lados. Lo malo para ellos son las encuestas y que no han movilizado este domingo ni a los suyos. Es como para que piensen un poco qué está pasando", sentencia una dirigente que en las primarias apoyó a Díaz. Otra evoca el cuento del rey desnudo. "Esta escuela mucho no va a ayudar de cara a las elecciones, desde luego —apuntala un presidente autonómico—. No veo bien a Pedro, creo que no se siente bien. No sé si la autocomplacencia del entorno es real o pose". En la federación andaluza, mientras, se indignaban con la acusación a Díaz de que ella era la responsable de parte del fiasco. "Que no llene Pedro en la clausura no puede ser culpa de Susana. Lo bueno y lo malo de la escuela es culpa de quien lo organiza", subraya un miembro de su Gobierno.

Aún tardarán en verse las consecuencias de estas jornadas. Por el momento, la dirección sigue sintiéndose muy fuerte, porque está convencida de que el malestar social contra el Gobierno puede traducirse en apoyos al PSOE en los próximos comicios. La estrategia es clara y siempre: frente a "las dos derechas", cuya "única voz es la insolidaridad", el partido centenario que fundó Pablo Iglesias en 1879 ofrece, como principal "argamasa" la solidaridad, la reconstrucción del Estado del bienestar. El PSOE es el "rompeolas" frente a la "marea" conservadora. Porque Podemos ya no es percibido como rival. Esos tiempos de la angustia en la competición de la izquierda ya murieron para Ferraz.

La deslucida foto de unidad de Sánchez ensombrece el prólogo de la precampaña

Un gesto más simbólico y el poder de los datos

Pedro Sánchez plantea que el presidente del Gobierno, sus ministros y diputados y senadores se aumenten el suelo solo un 0,25% este 2018. El gesto es más simbólico que otra cosa, porque su impacto presupuestario es más bien limitado: el ahorro sería de 170.000 euros, según calculó 'El Objetivo' (La Sexta). Muy poco en comparación con los aproximadamente 1.600 millones que costaría revalorizar las pensiones conforme al IPC. 

Para 2017, las Mesas de Congreso y Senado decidieron subir un 1% las retribuciones de los parlamentarios, en consonancia con el incremento del sueldo de los funcionarios en la misma proporción consignado en los Presupuestos del Estado. Esa alza para diputados y senadores es la primera desde 2009, que se suma al recorte adicional del 10% que sufrieron en 2010 y que se aplicó a los empleados públicos. Las cuentas de 2018 serán aprobadas por el Consejo de Ministros el próximo 27 de marzo y Hacienda las llevará a las Cortes la semana siguiente. 

Sánchez, según su declaración de bienes accesible en la web del PSOE, cobra del partido 4.134,23 euros netos al mes (o sea, 57.879,22 euros al año), que brutos son 7.305,23 euros mensuales. O 102.273,22 brutos en un ejercicio. En 2014, como presidente del Grupo Parlamentario Socialista, Sánchez ingresaba del Congreso 62.211,8 euros limpios al año. Por tanto, las percepciones del madrileño son algo más bajas ahora que entonces. El presidente del Gobierno cobra 79.756,68 euros en 12 mensualidades

Los socialistas ganaron las municipales, por última vez, en 2003. 34,83% frente al 34,29% del PP. En 2004, en las siguientes generales, José Luis Rodríguez Zapatero venció. En 2007, sin embargo, el PP ganó en las locales, aunque perdió en las legislativas de 2008. Las municipales de 2011 sí anticiparon la victoria de Mariano Rajoy en las generales de ese año. Y en 2015, el PP se quedó en un 27,05%, por un 25,02% de la formación de Sánchez. En los comicios al Congreso de diciembre de 2015 y junio de 2016 la ventaja de los populares fue mucho más abultada. 

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