EL CONGRESO ES YA LA CÁMARA TERRITORIAL

Las elecciones de las mil Españas: los localismos toman el Congreso

La fragmentación del Congreso es ya inevitable. Pero en contra de lo que sucede en otros países, la causa principal tiene que ver con la eclosión de los localismos políticos.

Foto: Celebración de los resultados electorales de Teruel Existe. (EFE)
Celebración de los resultados electorales de Teruel Existe. (EFE)

Las elecciones de este domingo han dejado al menos tres argumentos meridianamente claros. Algunos más evidentes y otros menos. El primero es la victoria amarga del PSOE, que ha retrocedido en escaños (3) pese a haber podido elegir la fecha de las elecciones que más convenía sus intereses; el segundo, la subida en vertical de Vox ante el desplome de Ciudadanos, y el tercero, y no menos importante en términos estructurales, la fragmentación territorial del Congreso de los Diputados. Hasta el punto de que hoy la cámara baja se ha convertido ya en la práctica en la verdadera asamblea territorial de España, justamente el papel que le corresponde al Senado. Es decir, la cámara alta tiene nueva sede: la carrera de San Jerónimo.

Nada menos que 52 diputados de los 350 diputados o son nacionalistas o tienen un fuerte componente regionalista. Y de ellos, más de la mitad son claramente independentistas. ERC, JxCAT, EH Bildu, CUP y BNG suman 28 diputados y 2.038.179 votos, a los que hay que añadir otros partidos con fuerte vocación soberanista, como el PNV (siete diputados y 377.423 votos).

Espinosa de los Monteros (i) y Santiago Abascal (d) en la celebración de los resultados electorales. (Reuters)
Espinosa de los Monteros (i) y Santiago Abascal (d) en la celebración de los resultados electorales. (Reuters)

No deja de ser tampoco significativo, en el otro lado del espectro político, el hecho de que la tercera fuerza del arco parlamentario sea Vox, representante genuino del nacionalismo español. Precisamente, el partido que propugna una recentralización de las competencias de las comunidades autónomas en favor de la Administración general del Estado. Por lo tanto, en el próximo hemiciclo convivirán una fuerza centrípeta en auge (tirando hacia el centro a la hora de distribuir las competencias administrativas) y otra centrífuga (hacia afuera), también en crecimiento, lo que dificulta la gobernabilidad. Esta es la tensión política que deja el 10-N.

No es la única. Como consecuencia de la creciente territorialización de la política española, se produce un aumento de la fragmentación sin precedentes desde las primeras elecciones democráticas de 1977.

El sur y el norte

Nada menos que 19 partidos políticos tendrán asiento en el Congreso de los Diputados en la próxima legislatura, cuando hace apenas seis meses, en las elecciones de abril, había 13 partidos con representación parlamentaria. Algunos de los ‘nuevos’ partidos que se incorporan al hemiciclo tienen una raíz territorial: BNG (Galicia), ¡Teruel Existe! (Aragón) o la CUP (Cataluña).

A destacar un hecho que no puede pasar inadvertido. Vox, que claramente ha sido el partido que más ha crecido en estas elecciones, ha obtenido sus mejores resultados, porcentaje de votos superior al 20%, en once provincias (Albacete, Almería, Cádiz, Ceuta, Ciudad Real, Granada, Guadalajara, Huelva, Málaga, Murcia y Toledo), todas ellas situadas geográficamente al sur de Madrid.

El fenómeno Vox parece tener un claro componente territorial: crece, precisamente, en las regiones con menos conciencia autonómica

Es decir, el fenómeno Vox parece tener un claro componente territorial, crece, precisamente, en las regiones con menos conciencia autonómica en términos políticos, y que, en todos los casos, tienen una renta per cápita inferior a la media, lo que significa que son las regiones ‘del norte’ las que tienen que aportar al presupuesto global más de lo que reciben. Factores como el envejecimiento o el programa económico parece que tienen que ver poco con el auge de Vox.

Se trata, de hecho, de un fenómeno muy parecido al de Italia, donde el Movimiento 5 Estrellas se ha comido al resto de partidos en el sur del país con un lenguaje populista que denuncia a los ‘ricos’ frente a los ‘pobres’. Y los ricos son los del norte, los insolidarios, y los pobres los de sur. Precisamente, allí donde se producen mayores tensiones sociales a cuenta de la inmigración.

Esta fragmentación de la política española en función del territorio, incluso el Senado, una cámara tradicionalmente bipartidista, cuenta ya con diez formaciones, es especialmente significativa en Cataluña, la comunidad autónoma más conflictiva, donde nada menos que ocho partidos políticos tendrán representación en el Congreso. A destacar el hundimiento de los partidos de centro derecha, en particular Ciudadanos, que es ya la octava fuerza en Cataluña, después de haber ganado las últimas elecciones autonómicas.

Seis diputados de 48

La suma del PP, Ciudadanos y Vox, de hecho, da apenas seis diputados de los 48 escaños que ha elegido Cataluña. Se trata de la cifra más baja desde 2011, cuando el ‘procés’ tomó carta de naturaleza tras la sentencia del Tribunal Constitucional. Respecto de las elecciones de abril, el bloque de centro derecha ha perdido un escaño.

Esta falta de arraigo político de los partidos conservadores es especialmente significativa en el País Vasco, donde ninguno de los tres partidos vuelve a obtener representación parlamentaria. En concreto, la suma de PP, Vox y Ciudadanos apenas alcanza el 80% de los votos que ha cosechado Unidas Podemos en el País Vasco, donde la coalición de Pablo Iglesias es la cuarta fuerza política.

La falta de arraigo de los partidos conservadores nacionales es muy significativa en el País Vasco. Ni PP ni Cs ni Vox sacan escaño

Eso quiere decir que el bloque de derechas concentra sus votos en los territorios con menos pulsión nacionalista. En particular en Madrid, donde los tres partidos suman el 52% de las papeletas; Castilla y León (55,9% de los votos) y Murcia, donde nada menos que el 61,93% de los votos ha ido a parar a alguna de las tres opciones de la derecha. Es muy revelador el caso de Galicia, única región donde sobrevive en líneas generales el bipartidismo. PP y PSdeG-PSOE obtienen 20 de los 23 diputados en juego.

El presidente del Partido Popular de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, valorando los resultados electorales. (EFE)
El presidente del Partido Popular de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, valorando los resultados electorales. (EFE)

Ni Vox ni Ciudadanos, un partido marginal en esa comunidad autónoma, consiguen disputar la hegemonía de Núñez Feijóo, que ha introducido un sesgo regionalista al discurso centralista del resto de partidos de la derecha. El PP, de hecho, vuelve a ser el partido más votado y ni VOX ni Cs obtienen un escaño.

Las elecciones del 10-N, además de constatar la creciente fragmentación de la política española, ha desmontado otro mito: desde el poder se puede capitalizar electoralmente la acción del Gobierno. Este es el caso —completamente en sentido contrario— de Ciudadanos y Vox. Mientras los primeros optaron por conformar gobiernos de coalición con el PP, principalmente en Andalucía, Castilla y León y Murcia, los segundos optaron por dar su apoyo, pero sin pedir entrar en el Ejecutivo.

Banderín de enganche

El resultado ha sido una auténtica catástrofe para el partido de Albert Rivera, que ha perdido ocho diputados en Andalucía, otros ocho en Castilla y León (los que tenía) y dos en Murcia (también los que había obtenido hace seis meses). En todos los casos, el gran beneficiado ha sido Vox, con un mensaje claramente recentralizador, lo que sugiere que Ciudadanos (que cogobierna en varias comunidades autónomas) ha dejado de ser el banderín de enganche de esa España que reclama que las comunidades autónomas devuelvan competencias. O dicho de otra forma, Vox le ha robado el discurso.

Incluso en Castilla-La Mancha, donde existe un pacto entre PSOE y Ciudadanos para gobernar en importantes ayuntamientos, la debacle ha sido total para el partido de Rivera. Ciudadanos ha perdido los cuatro diputados que tenía, lo que indica que no siempre desde el poder se ensancha la base electoral. Eso es lo que le ha ocurrido a la formación naranja, que ahora puede replantearse su política de alianzas. La lectura obligada es que VOX crece más allí donde hay un pacto PP-Cs, a quienes se considera ‘más de lo mismo’.

La excepción ha sido Andalucía, donde el PP mejora claramente sus resultados (de 11 a 15) y Moreno Bonilla capitaliza la presidencia de la Junta

La excepción ha sido Andalucía, donde el PP mejora claramente sus resultados (pasa de 11 a 15 diputados) y Moreno Bonilla parece capitalizar la presidencia de la Junta. Ahora bien, también, desde el otro lado, el PSOE mejora ligeramente (de 24 a 25 diputados), lo que significa que Andalucía sigue siendo el principal granero de votos de los socialistas (33,4%). La lectura, en todo caso, está clara: quien gobierna capitaliza los votos, y el partido que lo apoya, los pierde, como le ha sucedido a los socialdemócratas en Alemania.

El cabeza de lista de Compromís al Congreso por València, Joan Baldoví (c) comparece tras el resultado de las elecciones generales. (EFE)
El cabeza de lista de Compromís al Congreso por València, Joan Baldoví (c) comparece tras el resultado de las elecciones generales. (EFE)

La tercera característica del 10-N tiene que ver con el coste de cada diputado. Precisamente, por la fragmentación del voto, que hace que mientras a ¡Teruel Existe! le cueste su escaño apenas 19.696 votos, el de escaño de Més Compromís, en la Comunidad Valenciana, valga 175.092. Uno de los casos más llamativos es el de EH Bildu, que ha obtenido cinco diputados, lo que significa que cada escaño le ha costado ‘solo’ 55.303 papeletas, la tercera parte de lo que les ha valido a Más País sus dos congresistas (163.333 votos cada diputado).

Eso quiere decir que, de nuevo, la fragmentación territorial en términos políticos distorsiona la regla de la proporcionalidad (con matices) que prevé la Constitución, lo que supone un incentivo para hacer florecer el número de partidos pegados a la localidad o la región, ya que tiene premio en forma de pocas papeletas para lograr un escaño. El partido animalista Pacma, por ejemplo, ha obtenido en el conjunto de España 226.469 votos, es decir más que lo que han logrado siete formaciones que han conseguido un solo escaño.

Elecciones Generales

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
32 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios