El PSOE gana con 3 escaños menos que en abril

El 10-N deja una España ingobernable, sin centro y con Vox como tercera fuerza

El 10-N no ha servido para desbloquear la situación y se complica una vez más la elección de un presidente del Gobierno. El PSOE gana con menos escaños y Cs sufre una debacle

Foto: Pedro Sánchez, tras conocer los resultados electorales. (Reuters)
Pedro Sánchez, tras conocer los resultados electorales. (Reuters)
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Las elecciones generales han dejado muchos perdedores y apenas un solo ganador. Y un panorama más complicado para poder formar Gobierno y desbloquear la gobernabilidad de España, que era —en teoría— el objetivo de este 10-N. Con el 99,99% de los votos escrutados, el PSOE gana las elecciones pero cae tres escaños con respecto a los que logró en abril, y pasa de 123 a 120. Además, se deja por el camino casi 800.000 votos (de 7.513.000 en abril a 6.749.000 ayer). "Esta vez sí que sí" habrá un Gobierno progresista, decía Pedro Sánchez en Ferraz. Afuera, a pie de calle, ya no se gritaba "¡con Rivera, no!", simplemente se pedía "dejadnos gobernar...".

En segundo lugar ha quedado el PP de Pablo Casado, que crece hasta los 88 escaños y 600.000 votos más (partía del peor resultado de su historia, con 66), pero que se queda muy lejos de poder formar una alternativa de gobierno con sus aliados. Tampoco había euforia en Génova con esta victoria que sabe a poco.

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Y es que el verdadero ganador del 10-N ha quedado tercero: Vox más que duplica sus escaños y pasa de 24 a 52 diputados, y logra casi 800.000 votos más de los que obtuvo en abril, consolidándose en el Congreso y con presencia territorial en casi toda España. La euforia se vivía entre banderas en la nueva sede de Vox en Chamartín, el edificio símbolo de las nuevas vacas gordas de la formación de extrema derecha, que va a tener mucho 'trabajo' en un Congreso donde compartirá espacio con hasta seis formaciones nacionalistas o abiertamente independentistas.

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Por su parte, Unidas Podemos baja de 42 a 35 diputados, dejándose varias decenas de miles de votos por el camino y notando la 'traición' de Errejón, que le podría haber quitado entre cinco y seis diputados. Y, finalmente, Ciudadanos, que, en una debacle ni siquiera anticipada por las encuestas, pasa de 57 diputados a 10 y deja a Albert Rivera tocado y casi hundido para liderar los restos del naufragio. De momento, ha anunciado una junta directiva extraordinaria para este lunes y un congreso en el que reclamará a la militancia la hoja de ruta.

Un panorama, en definitiva, que no despeja el bloqueo y que, por el contrario, lo complica. El PSOE gana, pero pierde escaños y se deja casi 800.000 votos. Las posibilidades de ser investido son menores que las de hace seis meses. Lo que parecía en julio una idea genial se ha convertido en un "fracaso redondo". Sánchez ya no cuenta ni con Rivera para poder desbloquear la situación y necesitaría de una abstención del PP —algo que Pablo Casado ha rechazado, y más con Vox pisándole los talones—, o bien debería volver a resucitar las cuentas de un 'Gobierno Frankenstein' con la connivencia de ERC o JxCAT. Esta última opción —tras lo sucedido en Cataluña con la sentencia del 'procés' y la violencia en las calles— se antoja imposible. Por el momento. Eso sí, Torra ya ha felicitado a Pedro Sánchez y le reclama volverse a sentar a negociar. Por lo pronto, la dependencia de Sánchez de Pablo Iglesias sigue siendo la misma, y la 'jugada genial' de Más País para intentar debilitar a Podemos ha servido para poco: los tres escaños del partido de Íñigo Errejón —uno por Valencia con Més Compromís y dos en Madrid, el suyo y el de Marta Higueras— serán una anécdota en un Congreso con nada menos que 19 formaciones representadas.

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El plan de Moncloa, que en julio llegó a coquetear con los 140 escaños —es un buen momento para recordar el CIS preelectoral de Tezanos, que hace unos días daba al PSOE hasta 150 diputados y a Ciudadanos entre 27 y 35 escaños—, ha resultado ser un fiasco, con un Congreso dividido entre PSOE, Unidas Podemos y Más País (158 diputados ahora cuando en abril sumaban 165) y PP, Vox, Cs y Navarra Suma (152, cuando hace siete meses sumaban 149 escaños). Un empate virtual que hace a Sánchez seguir dependiendo de los independentistas y de Iglesias.

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El PP, por su parte, ha crecido desde los 66 escaños hasta 88, una subida que también tiene bastante de amargura: el auge de Vox en gran parte de España ha impedido que los populares se acercaran a los 100 escaños, como se llegó a soñar en Génova. Y ahora, Pablo Casado deberá vigilar cualquier paso que dé, tanto para permitir una investidura —todos los analistas aseguran que eso provocaría un nuevo trasvase de votos de PP a Vox— como para ningunear al partido de Abascal, que ahora tiene más de 50 diputados y puede presentar recursos de inconstitucionalidad o hasta una moción de censura. Anoche, en su nueva sede madrileña, Santiago Abascal desgranaba sus nuevos poderes territoriales: Vox ha sido primera fuerza en Ceuta y en Murcia, ha estado a punto de superar al PP en Andalucía y cerca de empatar en Madrid. Los fieles estallaban cuando Abascal 'cantaba' los dos escaños por Barcelona, los mismos que Ciudadanos o el PP.

El 10-N deja una España ingobernable, sin centro y con Vox como tercera fuerza

Rivera y el futuro de Ciudadanos

Si en las filas de los ganadores está claro que la extrema derecha de Vox es la triunfadora, la derrota tiene un nítido color naranja. El descalabro de Ciudadanos es brutal: de 57 diputados se queda solo con 10. Pierde más de dos millones y medio de votos y representación en la mayoría de las comunidades autónomas. En Cataluña —donde ganó en las autonómicas de hace dos años— ha quedado como octava fuerza, con solo dos diputados por Barcelona. Pesos pesados del grupo como Girauta, Villegas, Gutiérrez, Patricia Reyes... se han quedado fuera del Congreso. Albert Rivera está tocado y hundido. Los restos del naufragio naranja deberán ser capitaneados bien por Inés Arrimadas, que ya ganó unas elecciones, bien por alguna de las figuras que aún conservan poder institucional en Madrid, Andalucía o Castilla y León.

El 10-N deja una España ingobernable, sin centro y con Vox como tercera fuerza

De momento, anoche, con la cara desencajada, Rivera prometía no ser un político como los demás... Para inmediatamente anunciar que no dimitía y que apelaría a la militancia en un congreso extraordinario, algo que recuerda mucho a cómo se solucionó la gran crisis de Podemos y el chalé de Galapagar. Las purgas en los últimos meses de los críticos con Rivera auguran momentos difíciles en Ciudadanos. De cómo se haga la transición dependerá la supervivencia de una formación que ayer parecía herida de muerte pero que aún puede presumir de haber reunido 1.634.000 votos: 160.000 por cada uno de los 10 diputados. Un precio muy caro para los naranjas si se compara, por ejemplo, con los 19.600 que le ha costado a Teruel Existe debutar en el Congreso y convertirse en otro de los grandes triunfadores de la noche.

Albert Rivera está tocado y hundido. Los restos del naufragio naranja deben ser capitaneados tal vez por Inés Arrimadas, que ya ganó unas elecciones

Territorialmente, el panorama tampoco es halagüeño. ERC se queda con 13 escaños, dos menos que en abril por la irrupción de la extrema izquierda independentista de la CUP, que llega al Congreso con dos escaños. JxCAT se queda con ocho, sube uno, y el PNV con siete, subiendo otro, como Bildu, que pasa de cuatro a cinco. En esta fragmentación de la Cámara Baja entran el BNG con un escaño y la plataforma Teruel Existe con otro; el PRC de Revilla salva su escaño, y Coalición Canaria logra dos. Sin embargo, Pacma, cono 225.871 votos, vuelve a quedarse fuera pese a tener más votos que ocho de los partidos regionalistas.

Panorama endiablado y ¿terceras elecciones?

Con 20 partidos en la Cámara, con el PSOE con tres escaños menos que en abril, con el PP en segundo lugar pero con el aliento de Vox en la nuca, con Podemos cayendo pero en condiciones de volver a exigir la alianza, con Errejón convertido en anécdota, con Ciudadanos hundido en la irrelevancia y con más de una decena de partidos regionalistas, nacionalistas e independentistas, la posibilidad de formar Gobierno vuelve a verse tan o más complicada que hace seis meses. El retrovisor del sentido común permite ver ahora que la convocatoria del 10-N, con la sentencia del 'procés' por medio, era un inmenso error que jugaba con el hastío de los electores y con las imágenes de los contenedores ardiendo en Barcelona. Una gasolina que ha alimentado en buena medida a Vox.

Solo había que hacer un barrido por las sedes de los principales partidos. Exceptuando Vox, hasta los incondicionales están hartos de las noches electorales. ¿Quién puede extrañarse entonces de que la abstención haya subido casi tres puntos? Veremos quién es el primer líder que plantea la posibilidad de una tercera convocatoria electoral.

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