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¿Visegrado en coma? La alianza de 'chicos malos' de la UE comienza a resquebrajarse
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Orbán se queda solo

¿Visegrado en coma? La alianza de 'chicos malos' de la UE comienza a resquebrajarse

La guerra en Ucrania ha marcado la última y más importante fractura en el grupo Visegrado, en el que ya había divisiones en la cuestión del Estado de derecho

Foto: Reunión de los líderes del Grupo de Visegrado en noviembre de 2021, cuando Babis todavía era primer ministro checo. (EFE/Vivien Cher Benko)
Reunión de los líderes del Grupo de Visegrado en noviembre de 2021, cuando Babis todavía era primer ministro checo. (EFE/Vivien Cher Benko)

Tras arrasar una vez más en las elecciones, Viktor Orbán, primer ministro húngaro de forma ininterrumpida desde 2010 que ha llevado al país por una deriva autoritaria, señaló no solamente a Bruselas, burlándose de la Comisión Europea que lleva desde hace años intentando redirigir la actitud de Budapest, sino también a Volodímir Zelenski, presidente ucraniano. “Nunca tuvimos tantos oponentes. Los burócratas de Bruselas (...), los principales medios de comunicación internacionales y el presidente ucraniano”, aseguró Orbán en Budapest.

Los últimos días de campaña, el primer ministro y su equipo han añadido un nuevo mensaje a sus ataques tradicionales a Bruselas y la ya típica teoría conspiranoica de que George Soros, un multimillonario de origen húngaro y fundador de la Open Society Foundation, busca destruir Hungría con la importación de inmigrantes irregulares. A estos dos clásicos se añadieron ataques contra el Gobierno de Ucrania, acusando a Kiev y a Zelenski de querer favorecer a la oposición, que por primera vez se ha presentado unida a las elecciones.

Foto: Imagen de archivo de un encuentro entre Putin y Orbán. (Getty/Sean Gallup)

Para Fidesz, el partido de Orbán, empezó a convertirse en una línea importante en los últimos días de campaña, a medida que la oposición centraba sus ataques contra el primer ministro por su cercanía a Vladímir Putin y su tibieza en la cuestión de la guerra de Ucrania. Fidesz le dio la vuelta al discurso: el mensaje que enviaba a sus votantes era que, si no elegían a Orbán, Hungría sería arrastrada a la guerra. Para evitarlo, había que meter la papeleta de Fidesz en la urna.

En Varsovia, esta tendencia de Orbán no estaba gustando. Polonia es un aliado natural y necesario de Hungría, pero también es el principal apoyo de Ucrania dentro de la Unión Europea y el país que está apostando por tomar las medidas más duras contra la Rusia de Putin. El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, acompañado de sus homólogos checo y esloveno, es el único jefe de Gobierno que ha visitado Kiev ya en plena invasión rusa.

Foto: De izquierda a derecha: el líder del partido Ley y Justicia polaco, Jaroslaw Kaczynski; el primer ministro checo, Petr Fiala; el primer ministro esloveno, Janez Jansa; el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki; el primer ministro ucraniano, Denys Sh

Y, en general, en el Grupo Visegrado, una alianza creada en 1991 que incluye a Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría, la actitud de Budapest estaba generando mucha inquietud e incomodidad. En los últimos años, el grupo se había convertido en el foco de problemas para Bruselas en lo referente al Estado de derecho. Sus miembros parecían unidos de manera definitiva por su propio aislamiento dentro de la Unión en los últimos tiempos. Pero la invasión rusa de Ucrania lo ha cambiado todo.

Auge y caída

La alianza de Visegrado tiene el objetivo de coordinar posturas de Estados que comparten intereses. Pero, a partir de 2015, cuando el partido Ley y Justicia (PiS) gana las elecciones en Polonia y de inmediato inicia una serie de reformas en la Justicia y de ataque a las instituciones que hacen saltar todas las alarmas en Bruselas, su naturaleza empieza a mutar. Es un club de 'chicos malos'. Orbán, que ya lleva siete años atacando las instituciones, arrinconando a la oposición, subyugando a medios de comunicación críticos, encuentra un aliado perfecto y poderoso.

En 2017, la Comisión Europea activa por primera vez el artículo 7 de los Tratados contra Varsovia por su reforma judicial. Se trata de una cláusula que permite dejar sin derecho a voto en el Consejo a un Estado miembro que esté violando los valores europeos recogidos en el artículo 2, como es el Estado de derecho. Pero, para poder llegar a esa sanción final, hace falta tiempo porque el artículo 7 es más un proceso que una acción y, sobre todo, hace falta unanimidad. Poco tiempo después se activa también el artículo 7 contra Hungría. Y un país y el otro se cubren las espaldas. Están unidos por el asedio de Bruselas. La unanimidad es imposible, y con el paso de los años el artículo 7 queda en papel mojado.

Foto: Viktor Orbán, primer ministro de Hungría (REUTERS)

En 2017, también gana las elecciones en República Checa un populista millonario llamado Andrej Babis, que cierra filas con Varsovia y Budapest, pero sin demasiado ánimo de atraer los focos de atención hacia Praga. El cuarto aliado, Eslovaquia, nunca termina de entrar en esta dinámica de forma estructural, aunque su primer ministro entre 2012 y 2018, el socialista Robert Fico, sí que forma abiertamente parte del club de los problemáticos. El líder populista, que como Orbán mueve teorías de la conspiración sobre el millonario George Soros, tuvo que dimitir tres semanas después del asesinato de un joven periodista de investigación que estudiaba los vínculos de la mafia con el poder político del país.

Poco a poco se produce un cambio de tendencia en Eslovaquia y en República Checa. Babis perdió en 2021 las elecciones ante un candidato de centroderecha liberal, terminando con su Gobierno justo cuando el choque legal entre Polonia y la Comisión Europea alcanzaba su pico: el Gobierno de Ley y Justicia hizo que el Constitucional, con miembros escogidos por el Ejecutivo de manera ilegal, planteara una batalla jurídica contra el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en el que cuestionaba la primacía del derecho de la Unión.

Pero, tras ese choque, Varsovia cambió de estrategia. Una crisis fronteriza con Bielorrusia acercó a Polonia y la Comisión Europea y, cuando el TJUE dictó que una nueva herramienta que permite cortar fondos europeos a países que violen el Estado de derecho, el Gobierno polaco decidió acercarse todavía más a Bruselas. Andrzej Duda, presidente del país, viajó a la capital comunitaria y se reunió con la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, con la esperanza de limar asperezas. Los críticos y opositores en Polonia aseguran que el Gobierno solamente está jugando al despiste con el Ejecutivo comunitario.

Foto: El primer ministro húngaro, Viktor Orban. (EFE)

Polonia sabía que el caso que la Comisión tiene contra Hungría por el uso de fondos europeos es mucho más sólido que contra ellos. Sí, Varsovia está atacando a la judicatura y a otras instituciones, ha convertido la televisión pública en un órgano de propaganda y lleva al país por una deriva autoritaria y nativista. Pero no es sencillo demostrar el papel que los fondos europeos han jugado en todo ese proceso y de qué manera pueden poner en riesgo esos fondos en el futuro. Y esa es la clave de la nueva herramienta: para cortar fondos hay que demostrar que los intereses financieros de la Unión están en riesgo.

El caso contra Orbán es mucho más sencillo. El primer ministro ha construido toda una red clientelar a su alrededor y lo ha financiado todo con fondos europeos. En Bruselas, consideran que su caso es mucho más claro. Con su acercamiento a la Comisión y la reducción del ruido, el Gobierno polaco pretendía pasar más desapercibido, al mismo tiempo que el primer ministro húngaro tenía que exponerse más, dado el papel central que juega la narrativa contra Bruselas en el discurso electoral de Orbán.

Foto: Viktor Orbán y Santiago Abascal durante la cumbre de Madrid.

Entonces, llegó la invasión rusa de Ucrania. Polonia ha jugado un papel importante, defendiendo medidas duras contra el Kremlin, admitiendo a millones de refugiados ucranianos, mientras Hungría, aunque sin bloquear las sanciones, empezaba a arrastrar los pies, generando cierta tensión dentro del grupo, llegando al punto álgido la semana pasada, cuando se tuvo que cancelar un encuentro de ministros de defensa de Visegrado porque el resto de miembros no se sentían cómodos con Orbán.

Hacía algunos días que su Gobierno, y después él mismo, habían comenzado a acusar directamente al Ejecutivo ucraniano de querer favorecer a la oposición en las elecciones después de que Zelenski le afeara a Orbán su postura durante el Consejo Europeo del pasado 24 de marzo, en el que intervino por videoconferencia. Eso hizo aumentar poco a poco la tensión dentro de Visegrado.

Tras las elecciones

El discurso en Budapest tras la victoria electoral de Orbán no ha tranquilizado a nadie, ni en Varsovia ni en Bruselas. El ataque a Zelenski no era inesperado, pero había cierta esperanza en que con la victoria electoral en el bolsillo el líder magiar rebajara el tono ante Kiev, algo que ahora no está claro, como tampoco se confía en que Budapest vaya a cambiar su relación de cercanía con el Kremlin. Hungría ha señalado que para el Gobierno son una línea roja las mismas sanciones que exige el Ejecutivo polaco al resto de Estados miembros: la energía. Y eso genera fricciones.

Foto: Disfraces de Jaroslaw Kaczynski y Viktor Orbán en el festival de Dusseldorf. (Reuters)

En la Comisión Europea no sorprendió que Orbán arremetiera contra los “burócratas” comunitarios, pero sí que deja claro que el primer ministro no parece tener intención de rebajar la tensión con Bruselas, aunque ya tenga la reelección en el bolsillo. El Ejecutivo comunitario tiene ya a su disposición la herramienta de condicionalidad y podría cortar los fondos europeos a Budapest en un futuro cercano, lo que provocaría un importante choque con el Gobierno húngaro, que podría empezar a poner problemas en el Consejo, la sala de máquinas de la UE. Además, Bruselas mantiene congelada la aprobación del plan de recuperación húngaro, la parte que le corresponde al país, de los 800.000 millones del fondo contra la pandemia.

También están en un cajón de la capital comunitaria los miles de millones de euros que le corresponden a Polonia, pero ya nadie duda de que la situación de Varsovia y Budapest es distinta, aunque solamente sea en el plano político. En Bruselas no hay demasiado apetito por actuar contra un Gobierno que está en primera línea en la cuestión ucraniana. La diferencia de trato entre dos países que hasta ahora se han cubierto las espaldas, lo que ha garantizado su seguridad, será otro elemento de tensión dentro de Visegrado. El agravio comparativo puede jugar un papel fundamental en el futuro del grupo.

Tras arrasar una vez más en las elecciones, Viktor Orbán, primer ministro húngaro de forma ininterrumpida desde 2010 que ha llevado al país por una deriva autoritaria, señaló no solamente a Bruselas, burlándose de la Comisión Europea que lleva desde hace años intentando redirigir la actitud de Budapest, sino también a Volodímir Zelenski, presidente ucraniano. “Nunca tuvimos tantos oponentes. Los burócratas de Bruselas (...), los principales medios de comunicación internacionales y el presidente ucraniano”, aseguró Orbán en Budapest.

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