CHINA INTENTA PESCAR EN AGUAS REVUELTAS

Los fantasmas del comunismo agrian la relación entre el Visegrado y China

El incumplimiento de las promesas de inversiones de 2012 o 2018 había enfriado la relación del gigante con Polonia, Chequia o Hungría, que ahora reciben su ayuda mientras atacan a Bruselas

Foto: Ayuda china en un aeropuerto de la República Checa. (Reuters)
Ayuda china en un aeropuerto de la República Checa. (Reuters)

El 10 de marzo, el primer ministro de República Checa, el populista conservador Andrej Babis, rozaba el incidente internacional con China al pedir la destitución del embajador asiático en su país, Zhang Jianmin, con el que ya había chocado en repetidas ocasiones. Apenas un mes después, Babis agradecía la cooperación de Jianmin con República Checa y apostaba por fortalecer los lazos entre los dos países en el futuro. ¿Qué ha ocurrido entre medias? Ya lo saben. El coronavirus.

Para entonces, Europa ya le veía las orejas al lobo. República Checa, país que tomaría medidas esa misma semana ante el empeoramiento de la situación en España e Italia, todavía enviaba material médico a sus vecinos europeos. Incluso a la propia China. Apenas un mes después, la mayoría de los países occidentales de Europa están desbordados y el Este, encabezado por Hungría y Polonia, se ha vuelto hacia cualquiera que pueda echarles una mano. Y el dragón chino ha esparcido su diplomacia de mascarillas, amenazando un poco más si cabe la integración europea.

El de República Checa es uno de los giros más radicales debido a la desconfianza creada desde el país eslavo hacia China por lo que se entendió como incumplimientos de las promesas de inversión de la "luna de miel" entre ambos países en 2012-2013. Sin embargo, el actual presidente de la República Checa, el socialdemócrata Milos Zeman, tradicional prochino —y prorruso, según sus críticos— ha aprovechado para reforzar su posición señalando que la ayuda china es más útil que la de Europa. El mismo Babis ha cargado contra Bruselas en sus discursos a la nación, aunque en su caso hay cierto interés, ya que hasta esta misma semana era investigado por desviar fondos de cohesión a sus empresas.

Desconfianza hacia los "comunistas"

Filip Šebok, analista del observatorio CHOICE (China Observers in Central and Eastern Europe), señala a El Confidencial que en última instancia, en los llamados Países de Visegrado (Chequia, Eslovaquia, Hungría y Polonia) la crisis del Covid-19 no cambiará las relaciones con China, sino que "solo reforzará las posiciones previas, como se ha visto en el caso de Orbán en Hungría".

La Polonia del partido Ley y Justicia (PiS), que comenzaba abril con el primer ministro Mateusz Morawiecki celebrando la llegada de material médico desde el gigante asiático, mantiene una distancia retórica y diplomática con China. La politóloga polaca Alicja Bachulska advierte a este medio que "aunque China está haciendo un esfuerzo muy grande por presentarse como un socio local fiable en la crisis sanitaria" no está claro que lo consiga porque al final "dependerá de cuestiones de política internas de cada país". Para la analista Ágnes Szunomár existe una "narrativa antirrusa" en la política polaca que "aleja al país de China y lo acerca más a EEUU".

Para otros, incluso, este "esfuerzo" puede tener un efecto negativo para la propia imagen china: "Han sido varios los casos, en Polonia o República Checa, donde el material médico enviado por China se ha demostrado defectuoso. Esto solo sirve para deteriorar su imagen, ya que se está viendo cómo los polacos o los checos perciben esta ayuda como simple propaganda y la rechazan", explica Richard Q. Turcsányi, investigador de la sede del Instituto Centroeuropeo de Estudios Asiáticos en la ciudad checa de Olomouc.

En memoria de Václav Havel

En República Checa los roces de Babis o de la alcaldía de Praga con los embajadores de China no son tan relevantes como una opinión pública desconfiada ante una potencia formalmente comunista y que sigue apoyando las reivindicaciones de Tíbet o Taiwán en recuerdo del fallecido Václav Havel. Es un fenómeno parecido al que ocurre en Polonia. En ambos países, advierten desde CHOICE, la animadversión de la ciudadanía hacia cualquier potencia que les recuerde al periodo de la dictadura se une a la decepción de políticos y empresarios, que esperaron grandes inversiones entre 2012 y 2013.

La animadversión de la ciudadanía hacia cualquier potencia que les recuerde al periodo de la dictadura se une a la decepción de políticos y empresarios

Pero en el caso de Hungría, Víktor Orbán ha hecho bandera de unas relaciones internacionales muy diversificadas, en las que lo mismo se apoya en China y se presenta como socio preferencial en infraestructuras que se reúne con Putin o acepta ayuda de Turquía. El primer ministro húngaro, que este mismo mes se ha otorgado poderes absolutos para gobernar sin el parlamento mientras dure la pandemia, se ha destacado por sus desaires a Bruselas o a posibles sanciones, afirmando que "no tiene tiempo" para atender a la UE mientras recibe aviones de ayuda chinos.

Aparte queda Eslovaquia, el socio menor de Visegrado y el menos "populista" de los cuatro, donde ejerce la jefatura de Estado la progresista Zuzana Caputova y acaba de entrar al gobierno el centroderecha de Igor Matovic tras los escándalos de corrupción del socialdemócrata partido SMER. La analista Bachulska señala como China es "un asunto menor" para la política eslovaca, subrayando así como no es tanto una cuestión estratégica respecto a la UE como un instrumento según las necesidades locales.

Una "herramienta muy útil" con Bruselas

La cuestión no se limita a los países dentro de la UE, sino que llega al vecino Serbia, al que los cuatro miembros de Visegrado han apoyado en sus aspiraciones de unirse a la UE. Cuando a mitad de este mes de abril un cargamento de material médico chino aterrizaba en el aeropuerto de Belgrado, también era el presidente serbio, Aleksandar Vucic, quien lo recibía.

Con todo, y en cualquier escenario, "China no es un socio más atractivo que la UE para ningún país europeo, dentro o fuera de esta", advierte Richard Q. Turcsányi. "Lo que representa China para países como Hungría o Serbia es una herramienta muy útil para presentarse ante Bruselas o sus propios ciudadanos como negociadores a ser tomados en cuenta, un legitimador de sus gobiernos".

Para Ivana Karásková, directora de proyecto de CHOICE, las opciones de la UE son claras: "una respuesta rápida para la recuperación económica de sus miembros" que además sea "solidaria". Recuerda que la idea transmitida de que países como España o Italia solo podrán recuperarse del impacto económico con ayuda "aplica igualmente al Centro y Este de Europa como un todo". Finalmente, advierte de un problema serio de comunicación: "aunque las ayudas europeas han sido muy importantes para esta zona de Europa, la opinión pública no lo ha internalizado como tal".

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