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El autor japonés que encandila a la izquierda (y está enamorado de España)
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'EL CAPITAL EN LA ERA DEL ANTROPOCENO'

El autor japonés que encandila a la izquierda (y está enamorado de España)

Kohei Saito ha cosechado un gran éxito al releer a Marx en clave climática. Su propuesta no se basa tanto en cómo consumimos o el papel del Estado, sino cómo regulamos la producción a partir de asociaciones vecinales interconectadas

Foto: Kohei Saito.
Kohei Saito.

Maoísmo climático, fascismo, comunismo decrecentista o barbarie. En una época en la que nadie es capaz de vislumbrar el futuro que nos espera, cuesta encontrar a alguien que sepa dibujarlo con tanta precisión teniendo en cuenta todos los factores socioeconómicos y ambientales. Esa persona es Kohei Saito, un joven nipón que ha revolucionado el mundo de la teoría económica y política tras la exitosa publicación de El capital en la era del Antropoceno en su país natal hace dos años y que ahora publica Ediciones B traducido al español. En él, rescata la figura de Karl Marx, lo cual no resulta una novedad al ser uno de los pensadores más influyentes de la historia. A partir de una relectura de su obra cumbre, El capital (1867), ofrece una alternativa marxista muy distinta a las experiencias soviéticas y maoístas, que tan destructivas resultaron ser, y lo más importante: partiendo de la emergencia climática que asola el presente, lo que lo distancia del contexto histórico del filósofo alemán.

"En España hay una conciencia de izquierdas más radical, por eso conecto las ideas marxistas con el municipalismo de ciudades como Barcelona"

¿Qué diría Marx si viviera en el presente? A pesar de abogar en su día por el crecimiento económico y tecnológico partiendo de la toma proletaria de los medios de producción para poner fin al capitalismo, la lectura que hace Saito de él termina derivando en el decrecimiento, una teoría tampoco nada nueva, y cada vez más discutida debido a la necesidad de poner al planeta en el centro. No ya con el fin de disminuir las emisiones de CO2 a la atmósfera, como intentan impulsar los grandes foros económicos y ambientales de nuestra época, sino como requisito para la supervivencia de las especies que lo habitamos. La situación es tan crítica que Saito no duda en tomar una posición radical que pasaría por rechazar el crecimiento sostenible y, de forma progresiva, bajar los índices de producción y las horas que dedicamos al trabajo. No es el único en llegar a esta conclusión, pues en su libro disecciona a grandes teóricos económicos como Thomas Piketty quien, según él, en Capital e ideología también defiende que la supervivencia del planeta pasa por adoptar un modelo decrecentista que derive en el socialismo.

placeholder Portada de 'El capital en la era del Antropoceno'.
Portada de 'El capital en la era del Antropoceno'.

Pero este decrecimiento no se rige tampoco por los principios de sostenibilidad que promulgan muchos gobiernos progresistas como el nuestro, sino que va más allá. Por ejemplo, más que poner el foco en el consumo, Saito habla de cambiar los medios de producción. La crisis climática, al no tener marcha atrás, no nos da otra opción que limitar el crecimiento sin por ello eliminar la propiedad privada o que el Estado tenga que intervenir industrias estratégicas. El autor habla de un decrecimiento impulsado desde abajo, desde la gente que, de forma asociativa, acaba prefiriendo una economía colaborativa, lo que a su vez deriva en una especie de municipalismo interconectado y basado en cooperativas agrarias, industriales o tecnológicas. En definitiva, más tiendas de barrio y menos centros comerciales en los que grandes multinacionales venden productos homogéneos de dudosa calidad a partir de la explotación de trabajadores precarios, en centros de producción nacionales o externalizados.

PREGUNTA. En España, los términos marxismo o comunismo dan miedo a mucha gente. ¿También en Japón?

RESPUESTA. Sí, depende de ambos países, por supuesto, pero el marxismo también tiene una connotación muy negativa en Japón. Y esa es una de las razones por las que más me sorprende el éxito de mi libro, ya que abogo por un comunismo decrecentista. Pero también, si lo lees, entiendes que la interpretación que hago del comunismo no tiene nada que ver con la Unión Soviética o con China. Estos son casos bastante antiguos ya, con dictaduras muy autoritarias centralizadas en una gran burocracia con un Estado muy fuerte.

"Podemos aspirar a una gran red de ciudades autogestionadas por los ciudadanos, un municipalismo que fomente las cooperativas"

Lo que yo propongo es un comunismo más horizontal, democrático, que regule la producción y el consumo. Así que lo que intento hacer es una relectura de Marx, que no tiene nada que ver con la que se hizo en la Unión Soviética. Si tomamos lo último que escribió y que no se ha tenido mucho en cuenta, podemos reinterpretarle. Esto es muy relevante, porque abre una vía más democrática y sostenible al curso del capitalismo actual. Y eso es lo que he intentado hacer. Quiero cambiar el estereotipo que se tiene de Marx y del comunismo. Es un reto cambiar estas ideas, sin duda. Muchos lectores pueden obtener una nueva perspectiva sobre Marx y el comunismo, algo realmente importante en esta época en la que se cierne la amenaza del cambio climático. El capitalismo no puede ofrecer ninguna alternativa para frenarlo.

P. La izquierda tradicional española, al menos la más longeva, tienen a Marx mitificado. Por ello, está dividida en grupúsculos que lo interpretan a su manera llegando a resultados distintos. ¿Crees que ha despertado el interés entre los más jóvenes, al margen de las experiencias soviética y maoísta que fueron tan negativas para su nombre, por la simple razón de no haberlas vivido?

R. Sí, yo nací en 1987. Las generaciones más jóvenes, entre las que me incluyo, no vivieron en el tiempo de la Unión Soviética. Nosotros crecimos bajo el sistema hegemónico del capitalismo y la globalización, que a día de hoy perdura. Pero ninguna de sus promesas se cumplió, desde mi punto de vista, como el crecimiento económico para todos y el acceso a una vivienda, sanidad o educación universal. Y nuestra sociedad necesita ser más sostenible. En su lugar, el coste de la vida ha ido aumentando y los trabajos se han precarizado, a la par que el escudo social se ha ido debilitando como fruto de las reformas económicas neoliberales de las últimas décadas por acción de las políticas de austeridad.

"Hay que buscar nuevas formas de interactuar con la naturaleza. El decrecimiento económico cambiaría nuestra manera de pensar"

La desigualdad económica crece. Y creo que todos, especialmente los más jóvenes, creen que el sistema en el que vivimos es injusto. Son los que más sufren sus contradicciones, a la par que el cambio climático. Normal que se hayan acercado a posturas más radicales, incluida el socialismo. En España hay una mayor conciencia de izquierdas, más radical, como hablo en el último episodio. Es cuando conecto las ideas marxistas con el municipalismo que ha surgido en ciudades como Barcelona. Graves problemas a los que nos enfrentamos hoy como la pobreza o el cambio climático tienen su origen en el seno del sistema, y no podemos resolverlo con el desarrollo económico propio de este. Hay muchos otros autores que criticaron el capitalismo en la historia, no solo Marx, aunque si leemos El capital, por ejemplo, podemos aprender mucho de esa crítica en una era de crisis ecológica. Lo que necesitamos es imaginar un escenario del poscapitalismo, y este no existe en el debate público. Podemos hacerlo si releemos a Marx.

P. Centras tu crítica del capitalismo en la propia producción, y no tanto en el consumo o en la cultura, como se suele hacer. Rescatas la devoción marxista al trabajo como aspecto esencial de nuestra condición humana. Me llama la atención que dediques una gran parte del libro en trasladar esta devoción por el empleo poniendo el ejemplo de la agricultura urbana. Es paradójico que en plena era de desarrollo tecnológico, postules volver a la tierra para recuperar la esencia de ese amor por trabajar, y también como llave para salir de esta situación crítica y desarrollar, a la par, más conciencia ecológica.

R. Sí, bueno, no solo por la agricultura. Creo que los modos de producción son el metabolismo de la relación entre los humanos y la naturaleza. Y como tal, también se pueden producir coches u ordenadores en un contexto natural. Normalmente olvidamos que el problema está en la producción y no tanto en el consumo. Debemos volver a centrarnos en eso, ya que el consumo es una actitud individual, como no comer carne o comprar productos ecológicos…. Eso no es suficiente. Necesitamos cambiar los sistemas de producción, y esta es una idea propia de Marx.

"No podemos esperar que el Estado nacionalice industrias estratégicas, porque nos daríamos de bruces con los mismos problemas"

Evidentemente, hoy en día se habla mucho de la producción sostenible, de energías renovables, de tecnologías que abaraten los costes… Es obvio que necesitamos coches eléctricos para proteger al medio ambiente o paneles solares. Pero estos precisan de grandes cantidades de energía y recursos que extraemos del medio natural. Tenemos que ser críticos con estas nuevas tecnologías. Realmente estamos produciendo y consumiendo en exceso, tanto en los países desarrollados como en el Sur Global. Al fin y al cabo, todo en nuestra sociedad está organizada en torno al principio de crecimiento económico ilimitado que emergió en la década de 1950. Creo que este paradigma ya ha sido superado. Ahora, podemos plantear nuevos objetivos que no sean estrictamente el aumento del PIB de un país, como el bienestar social o la sostenibilidad. Este cambio traería consigo medios de producción diferentes. Hay que buscar nuevas formas de interactuar con la naturaleza. Tampoco he dado con una solución, pero sé que el decrecimiento económico cambiaría nuestra manera de pensar, sobre todo en lo que consideramos riqueza, progreso o aquello que más valoramos de una sociedad. Tenemos que ir más allá del paradigma del consumismo.

P. En España, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, es muy criticado por la derecha. Según tus cuatro hipotéticos futuros, entraría dentro del maoísmo climático, es decir, un Estado más fuerte y con más intervención en la economía y la vida de las personas. De vez en cuando, aparece en polémicas al recomendar hábitos más sostenibles, como dejar de comer carne, por ejemplo. Él viene del ala más tradicional del marxismo español, Izquierda Unida, y recomienda leer tu libro. ¿Qué consejo le darías?

R. Creo que deberíamos aprender del neoliberalismo. Este fue comúnmente aceptado porque presentaba como terrible la idea de que todo lo poseyera el Estado. Existía la idea de que los servicios que presta son de mala calidad, ineficientes o demasiado burocráticos. Así que muchas personas acabaron abrazando el neoliberalismo. No podemos querer volver a los años setenta antes de que comenzara el desarrollo económico, no podemos llegar y esperar que el Estado intervenga todo o que nacionalice industrias estratégicas, porque nos daríamos de bruces con los mismos problemas. Me inspiro en Michael Hardt y Antonio Negri, dos autores bastante recurrentes en la izquierda española, para dar con una solución: debemos aspirar a una gestión más democrática y horizontal de nuestros servicios esenciales y los bienes que producimos. No necesariamente tenemos que depender de un Estado con gran poder y participación.

"Creo que podemos modificar nuestros deseos a partir del cambio de las relaciones sociales. Y esto me parece un reto muy importante"

En su lugar, podemos aspirar a una gran red de ciudades y municipios autogestionados y cogestionados por los ciudadanos, un municipalismo que fomente la creación de cooperativas. El lado más antiguo del socialismo debe saber que no podemos depender solo de un Estado fuerte. Mi diferencia respecto a otros marxistas más clásicos es que ellos creen que podemos tener crecimiento económico si el Estado lo gestiona todo correctamente. Pero no podemos crecer más, tenemos que pensar más allá de este sistema capitalista. Por eso abogo por el comunismo, pero no como el de la Unión Soviética, que no fue otra cosa que un capitalismo estatal. Está llegando un modelo de sociedad basada en lo común y colectivo, en el decrecimiento. Lo que intento es recoger distintas sensibilidades de la gente para tener un debate más fructífero que no esté centrado en el marxismo más tradicional. Creo que esta ideología puede fusionarse y aprender mucho de la decrecentista. Estoy contento de que al ministro de Consumo de España le haya gustado mi libro, ya que sé que en el fondo ambos defendemos la igualdad social como forma de liberación.

P. Citas en tu libro a otro exministro del gobierno español, Manuel Castells, teórico de la sociedad en red, para hablar de la importancia de los movimientos sociales. Según tú, en la transición a ese comunismo decrecentista la organización debe de ir de abajo a arriba. Aquí hace una década hubo una gran explosión de dichos movimientos con motivo de la crisis financiera de 2008. ¿Crees que podrían volver a escala global y mantenida, no ya como meros actos performativos concretos?

R. Sí, creo que esta clase de experiencias están volviendo a surgir. No podemos contentarnos simplemente con lanzar sopa de tomate sobre un cuadro. Necesitaremos nuevas leyes y un nuevo sistema productivo, de distribución... Creo que sí que están empezando a emerger nuevos movimientos sociales como los de 2008. Tras la pandemia y en el contexto de la crisis climática, se abre la oportunidad de construir un nuevo movimiento que puede inspirarse en los del pasado, pero que tiene que apuntar hacia un futuro nuevo. En este sentido, corremos el riesgo de repetir los errores del pasado, entre los que figura el hecho de no saber realizar una sólida crítica del sistema capitalista. Y creo que volver a Marx es un buen punto de partida para ello.

Foto: Que su mirada de inocente filántropo no nos engañe. (Imagen: williammacaskill.com)

P. Los liberales argumentan que el socialismo es imposible debido a la naturaleza egoísta del hombre. Por ello, es el Estado quien debe encargarse de restringir las libertades y derechos individuales. Hablas en tu libro de la diferencia entre el valor de cambio y el valor de uso. El primero es el que rige la economía que tenemos y el segundo es hacia lo que, según tú, deberíamos dirigirnos: una economía no basada en la especulación monetaria y sí en el valor de uso. ¿No crees que haría falta una revolución humanística en la mentalidad de la gente que atienda más a querer garantizar una buena calidad de vida (algo subjetivo y no mensurable) más que a un cálculo de costes y beneficios?

R. Es una pregunta difícil y uno de los grandes retos que debemos plantearnos. El primer paso que se me ocurre es cambiar la estructura social a partir de la producción y el consumo. El resto... sería atender a los deseos de las personas. Creo que hay rasgos de nuestra personalidad que apuntan hacia la ayuda mutua y al altruismo, me gusta pensar que no somos egoístas por naturaleza. Somos seres contradictorios. Y creo que nuestro sistema productivo y de consumo nos fuerza a dar más prioridad al lado egoísta. Por ello me gustaría apuntar hacia la regulación de este sistema que siempre tiende a crecer más y más. Así se abriría un nuevo modelo económico que cambiaría los deseos de la gente, llevándonos más hacia el altruismo y menos al consumo desenfrenado. Pasaríamos más tiempo haciendo deporte, leyendo libros o cualquier otra cosa que no sea ir al centro comercial los fines de semana, comprar coches y realizar viajes caros. Creo que podemos modificar nuestros deseos a partir del cambio de las relaciones sociales. Y esto me parece un reto muy importante.

P. Tenemos que hablar de China. En los últimos días han saltado revueltas de trabajadores en los centros de trabajo y de confinamiento al son de la Internacional para enfrentarse a las restrictivas medidas del gobierno para atajar el coronavirus. ¿Cuál es tu opinión de la China actual, teniendo en cuenta que Japón está mucho más cerca?

R. De China puedo hablar mucho más que de España porque la he visitado muchas veces. Por supuesto, tratan de justificar sus políticas en nombre del marxismo, aunque mi experiencia en el país me dice que es tan capitalista como Japón. Si vas a las plazas, hay tiendas de Starbucks, McDonald’s y Nike, incluso más que en Tokio. Ha tenido un gran crecimiento tecnológico y económico y es un sistema muy dinámico que se rige en torno a un Estado muy fuerte, pero sus errores son bastante similares a los del resto de países capitalistas. Muchos chinos están muy insatisfechos con su gobierno, no solo por las restricciones impuestas durante la pandemia. La gente está frustrada, ya que impera una gran insatisfacción con el orden político y económico, que se afirma como socialista, cuando no es así.

"La promesa del milagro chino ya no convence, especialmente después de la crisis del covid"

Hay una gran concentración de población y dinero en las ciudades. En las zonas rurales no están percibiendo el desarrollo económico. Los alquileres en las ciudades son cada vez más caros y hay mucha competencia en las universidades como para conseguir un buen puesto de trabajo. Por ello, la promesa del milagro chino ya no convence a nadie, especialmente después de la crisis del coronavirus. Las generaciones más jóvenes están muy insatisfechas y Xi Jin Ping se escuda en el socialismo para mantenerse en el poder. Creo que una vez lean mi libro se darán cuenta de que ese modelo económico que tienen no tiene nada que ver con Marx. El verdadero Karl Marx aboga por el decrecimiento, y creo que cada vez hay voces más críticas contra el gobierno, extendiéndose las protestas por una sociedad más sostenible y con mayor bienestar en la que salir a la calle no sea una preocupación constante. Creo que el comunismo decrecentista también puede llegar a China en el futuro próximo.

P. Abogas por la reducción de la jornada laboral. Uno de los mitos que más tenemos los españoles sobre los japoneses es que no paráis de trabajar. Me pregunto si esta idea que defiendes es minoritaria en tu país o está más consolidada.

R. Sí, es cierto, en Japón tenemos la moral del trabajo muy alta, algo que envidiamos de países mediterráneos como España o Italia. Creo que no deberíamos pasar tanto tiempo trabajando, es innecesario. Aquí hay tiendas que abren las 24 horas, se entregan los paquetes de Amazon en el mismo día… ¿Quién necesita vivir así? Nuestra sociedad vive permanentemente acelerada, siempre produciendo y consumiendo sin parar. Para sostener este sistema siempre tenemos que estar trabajando, y creo que uno de los mensajes de este libro es que deberíamos hacerlo menos. De ahí que me haya inspirado tanto en David Graeber para escribirlo.

"No todos los políticos cumplen sus promesas o logran sus objetivos, pero España me parece un ejemplo de cómo sería la sociedad poscapitalista"

La pandemia fue muy oportuna para adquirir conciencia de esto, ya que nos quedamos en casa y luego empezamos a implantar el teletrabajo. Muchos restaurantes y grandes almacenes cerraron. No tuvimos una cuarentena como la europea, aunque los veranos fueron parecidos. Evidentemente, hubo muchas personas sufrieron mucho a causa de esta situación, pero se hizo palpable que no tenemos que salir tanto de casa para ir a trabajar. Podemos cambiar a un modelo diferente y adaptarnos. Estar en casa con la familia también te hace gastar menos, a veces encontrarte más sano. No es necesario ni satisfactorio vivir siempre fuera de casa para ir a trabajar. Y creo que gran parte de mi mensaje nació ahí, en esa situación, y también es una de las razones por las que el libro se hizo tan popular en Japón, cuando salió hace casi dos años.

P. Me sorprende que hables tan bien de España, cuando en realidad tenemos una de las tasas de productividad más bajas de Europa y somos uno de los países europeos que más tiempo dedicamos al trabajo. Creo que tienes razón en que por lo general no nos gusta trabajar, pero eso no quiere decir que no le dediquemos muchas horas. ¿Cuál ha sido tu experiencia personal con España, por qué tienes tan buena impresión de ella y especialmente de Barcelona? No somos tan felices como crees.

R. Yo creo que deberíais. Un colega mío visitó Barcelona para asistir a una conferencia y estuvo hablando con gente española que había leído mi libro. Me agradecieron que incluyese a Barcelona como ejemplo al final. Comprendo que la situación no es tan ideal, que los partidos de izquierda como Barcelona en Comú ya no es lo que era antes, al igual que Podemos. No todos los experimentos políticos cumplen sus promesas o alcanzan sus objetivos iniciales, pero a mí España y en concreto Barcelona me parecen ejemplos muy claros de cómo sería esa sociedad poscapitalista. Nunca he estado en España, aunque siempre quise hacerlo. De hecho, estudié seis años en Alemania, viajé por distintos países europeos pero me quedó España por visitar. Por ello, creo que mi conocimiento e imagen del país es algo limitada. Leo periódicos y libros sobre España y quiero ir en el futuro. Creo que estoy más cerca de visitarla con la publicación de mi libro al español. Ojalá el año que viene.

P. Para finalizar, tu libro ha recibido mucho eco en la prensa internacional y en los medios de comunicación generalistas de países capitalistas. ¿Crees que tus ideas están siendo tenidas en cuenta y el libro está dando sus frutos?

R. Sí, con España estoy muy contento, ya que ha recibido varias reseñas que ahondan en la necesidad de apostar por un modelo decrecentista. También me llama la atención que en este país haya recibido elogios que vienen de un ministro, algo que me resulta impensable en Japón. Creo que se extenderán estas ideas por todo el mundo, ya que la crisis económica y climática que está por venir va a ser muy aguda, y entonces la gente empezará a simpatizar con ideas más radicales. Lo que busco es que este libro sea el primer paso para un nuevo tipo de movimiento que vaya más allá y que busque establecer una sociedad más justa y sostenible que evite ante todo un apocalipsis climático.

Maoísmo climático, fascismo, comunismo decrecentista o barbarie. En una época en la que nadie es capaz de vislumbrar el futuro que nos espera, cuesta encontrar a alguien que sepa dibujarlo con tanta precisión teniendo en cuenta todos los factores socioeconómicos y ambientales. Esa persona es Kohei Saito, un joven nipón que ha revolucionado el mundo de la teoría económica y política tras la exitosa publicación de El capital en la era del Antropoceno en su país natal hace dos años y que ahora publica Ediciones B traducido al español. En él, rescata la figura de Karl Marx, lo cual no resulta una novedad al ser uno de los pensadores más influyentes de la historia. A partir de una relectura de su obra cumbre, El capital (1867), ofrece una alternativa marxista muy distinta a las experiencias soviéticas y maoístas, que tan destructivas resultaron ser, y lo más importante: partiendo de la emergencia climática que asola el presente, lo que lo distancia del contexto histórico del filósofo alemán.

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