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El consumo da síntomas de agotamiento tras el verano y anticipa un freno de la economía
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LAS PREVISIONES PARA 2023, A LA BAJA

El consumo da síntomas de agotamiento tras el verano y anticipa un freno de la economía

La demanda interna empieza a ralentizarse por la inflación y la externa peligra por la situación económica de nuestros mercados emisores después de una temporada turística histórica

Foto: Una carnicería en Oviedo. (EFE/J.L. Cereijido)
Una carnicería en Oviedo. (EFE/J.L. Cereijido)

Después de la fiesta, llega la resaca. El verano de 2022 fue el mejor de la historia para el sector turístico, que lleva un año extraordinario. Tanto, que los principales organismos han tenido que revisar al alza sus previsiones para España. Pero para el año que viene sucede justo lo contrario: el recorte de los pronósticos es la norma, ante la incertidumbre sobre una recesión europea que frenaría considerablemente el crecimiento de nuestro país. Los primeros síntomas de agotamiento ya se notan en el consumo, que se está ralentizando en plena espiral inflacionista. De cara a los próximos meses, las preocupaciones se centran en la evolución de la demanda externa, gran propulsora de la economía durante el segundo trimestre.

Aunque todavía no hay muchos datos de la vuelta del verano, los primeros ofrecen un horizonte nada halagüeño. La actividad del sector servicios se contrajo en septiembre por primera vez desde enero, cuando España sufría el impacto de la variante ómicron, la última gran ola del coronavirus: el índice PMI, considerado como un indicador adelantado de referencia, cayó a 48,5 puntos, 1,3 por debajo de las previsiones. Paul Smith, director económico de S&P Global Market Intelligence —la consultora que organiza el estudio—, apuntaba a la subida de precios: "Como era de esperar, la alta inflación continúa afectando la demanda del mercado y los presupuestos de los clientes, por lo que se observa un gasto discrecional notablemente más bajo en los servicios relacionados con los hoteles y restaurantes".

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La percepción impregnaba las calles durante el verano: la gente está gastando todo lo que tiene —o lo que no tiene—, así que en otoño más de uno se va a dar un buen golpe. Efectivamente, las primeras vacaciones sin apenas restricciones desde hace tres años han permitido al turismo superar en un 2,7% los niveles de facturación previos a la pandemia, como constataba esta semana Exceltur, la patronal del sector. Pero la 'cara b' de esta realidad es que en el cuarto trimestre se producirá una fuerte ralentización, y la facturación solo subirá un 0,2% respecto a la de 2019. El vicepresidente del 'lobby', Jose Luis Zoreda, hacía una reflexión compartida por muchos: las "ansias" de viajar tras el covid y el ahorro acumulado durante estos años han propiciado el mejor verano de la historia, pero la inercia empieza a consumirse. "No sé cuánto más puede aguantar esto", remachaba.

De momento, España parte de una situación privilegiada respecto a sus vecinos europeos. No por el nivel de PIB —es la única economía europea que no recuperará los registros previos al virus antes de 2024, según el Fondo Monetario Internacional (FMI)—, sino por el ritmo de crecimiento. El organismo presidido por Kristalina Georgieva elevaba esta semana tres décimas su previsión para este año, hasta el 4,3%, en la línea que han protagonizado el Banco de España, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) o el propio Gobierno. El argumento: la inesperada fortaleza del sector turístico en el primer semestre, que impulsará a la economía durante el conjunto del año.

Foto: Un transportista, en Bilbao. (EFE/Luis Tejido)

Ángel Gavilán, director general de Economía y Estadística del regulador español, hablaba de "sorpresa positiva" y se apuntaba a la misma hipótesis durante la presentación de las previsiones del organismo: "La actividad turística ha superado las expectativas y ha presionado al alza el dinamismo de la economía". El Banco de España calcula que el sector ha cerrado el verano al 97% de los niveles anteriores a la pandemia, siete puntos más de lo esperado. Ya en el segundo trimestre, el levantamiento de las restricciones elevó el crecimiento del PIB al 1,5%, frente al 0,4% previsto, según destaca el organismo.

El reverso de estas buenas noticias empieza ahora. El Fondo reconoce en su informe que el crecimiento "se desacelerará bruscamente" en 2023, mientras que Gavilán admitía que, en los próximos meses, el impulso turístico "se moderará". Esto ayuda a explicar que el FMI haya recortado desde el 2% hasta el 1,2% su estimación de PIB para 2023, y que el regulador haya hecho lo propio, al pasar del 2,8% al 1,4%. Pero no habrá que esperar tanto: el rango de crecimiento que maneja el banco central español para el tercer trimestre de este mismo año está entre el -0,5% y el 0,5%. Es decir, no se puede descartar que la economía nacional haya entrado en territorio negativo tras el verano. Esta atonía se mantendrá, predecía Gavilán, al menos hasta el final del invierno.

Foto: El gobernador del BdE, Pablo Hernández de Cos, y la ministra de Economía, Nadia Calviño. (EFE/Fernando Villar)

Mientras Europa se acerca a la temida recesión, que BBVA Research ya vaticina para nuestro país, España empieza a sufrir un frenazo de la actividad con dos focos: el externo y el interno. Si la economía alemana entra en negativo, como su propio Gobierno reconoce, y el conjunto de la eurozona y el Reino Unido quedan empantanados en la estanflación, como prevén todos los organismos internacionales, la economía nacional se resentirá. No solo porque son sus principales socios comerciales, sino porque constituyen los grandes mercados emisores de turistas que llegan a nuestro país.

Exceltur calcula que el 70% del crecimiento del PIB durante los meses de verano se debió al sector vacacional, mientras que el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra que el consumo de no residentes ya se había incrementado un 46% en el segundo trimestre respecto a 2019. A falta de datos oficiales para el tercero, CaixaBank Research detecta un aumento del 26% en el gasto con tarjeta de este colectivo entre julio y septiembre comparado con los niveles previos a la pandemia, frente al 15% que se produjo entre abril y junio. Sin embargo, todo ese impulso se ve comprometido con la llegada del otoño y las imprevisibles consecuencias de la crisis energética y las subidas de los tipos de interés. "La demanda externa contribuirá negativamente al crecimiento durante los próximos trimestres", destaca el instituto de estudios de BBVA. En el conjunto de 2023, esta caerá ocho décimas.

Foto: Una pareja de turistas en el centro de Valencia. (EFE/Ana Escobar)

En el frente interno, el Banco de España también empieza a alertar de una moderación del consumo, debido al impacto negativo de la inflación. "Algunos hogares en cuartiles inferiores [rentas más bajas] ya están teniendo problemas para mantener su consumo previo a la crisis", destacaba Gavilán. Una parte cada vez mayor de sus ingresos se dedica a pagar las facturas energéticas, la cesta de la compra o el encarecimiento de las hipotecas variables tras la subida de tipos. El organismo detecta que el gasto de las familias ha levantado el pie del acelerador debido a la ralentización de la compra de bienes, "especialmente de los duraderos". Pese al aumento de las matriculaciones de vehículos en agosto y septiembre tras un primer semestre desastroso, la asociación de concesionarios Faconauto advertía de cara al final de año: "Hay un claro debilitamiento de la demanda por la desfavorable coyuntura económica y de consumo".

El comercio minorista cayó un 0,5% en julio y se mantuvo estable en agosto respecto al año pasado, según reflejan los datos del INE

De momento, la confianza del consumidor ha marcado máximos desde la pandemia, según los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que no coinciden con los de otros organismos, como Eurostat, mucho más negativos. Sin embargo, a falta de los datos del PIB del tercer trimestre, las principales estadísticas oficiales apuntan a una moderación de la demanda interna. El comercio minorista cayó un 0,5% en julio y se mantuvo estable en agosto respecto al año pasado, según reflejan los datos desestacionalizados del INE. Rompe, así, la buena racha que vivió en primavera. En términos mensuales, repuntó un modesto 0,2% en el octavo mes del año, que no consigue compensar la caída del 0,7% en el séptimo. De la misma manera, las ventas internas de las grandes empresas repuntaron un 1,8% en agosto respecto al mes anterior, pero habían perdido un 2,8% en julio, según la Agencia Tributaria.

Entre los pocos datos que ya recogen lo que ha ocurrido en el conjunto del trimestre (julio-septiembre) está el de la actividad de pago con tarjetas, que creció un 12% respecto al mismo periodo de antes de la pandemia. Se trata de un punto menos que en el trimestre anterior, algo que, según los analistas de CaixaBank Research, "apunta a una ralentización del consumo doméstico como consecuencia de las presiones inflacionistas". El mayor descenso se produjo en el comercio electrónico y en el de ventas al por menor ('retail'), "un sector con un tipo de gasto más discrecional y que suele verse afectado por los cambios en la confianza del consumidor", añaden.

Habrá que esperar al dato del PIB del tercer trimestre para comprobar si se cumplen los peores augurios.

Después de la fiesta, llega la resaca. El verano de 2022 fue el mejor de la historia para el sector turístico, que lleva un año extraordinario. Tanto, que los principales organismos han tenido que revisar al alza sus previsiones para España. Pero para el año que viene sucede justo lo contrario: el recorte de los pronósticos es la norma, ante la incertidumbre sobre una recesión europea que frenaría considerablemente el crecimiento de nuestro país. Los primeros síntomas de agotamiento ya se notan en el consumo, que se está ralentizando en plena espiral inflacionista. De cara a los próximos meses, las preocupaciones se centran en la evolución de la demanda externa, gran propulsora de la economía durante el segundo trimestre.

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