LA GRANDEZA DE 'EL CAPITAL'

Un fantasma recorre la derecha: las élites reivindican a Marx

La sorpresa política de este año es el amor que los más poderosos están profesando por el filósofo alemán doscientos años después de su nacimiento

Foto: Exposición sobre Karl Marx en San Petesburgo. (Anatoly Maltsev/Efe)
Exposición sobre Karl Marx en San Petesburgo. (Anatoly Maltsev/Efe)

Tréveris. Primeros días de mayo de 2018. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, hace un elogio del filósofo más demonizado del siglo XX. El líder neoliberal pide “situar a Marx en su contexto” y “no hacerle responsable de las atrocidades cometidas por sus seguidores”. Se trata de dos ruegos clásicos de la izquierda para defender a su pensador más citado y potente. Destacados neoliberales parecen dispuestos a admitir la grandeza del autor de ‘El Capital’.

Esa misma semana, el prestigioso semanario 'The Economist' publicaba un artículo titulado “Dueños del mundo: lean a Karl Marx”. ¿Entradilla? “Doscientos años después de su nacimiento, el diagnóstico de Marx sobre los defectos del capitalismo suena sorprendentemente relevante”. Mejor todavía, la publicación considera crucial leer a Marx para salvar la democracia liberal: “Se está cociendo un rechazo hacia el capitalismo: en forma de rabia populista más que de solidaridad proletaria. Hasta hora, los actuales reformistas liberales demostraron ser tristemente inferiores a sus predecesores, tanto a la hora de controlar la crisis como de generar soluciones. Por eso deberían aprovechar el 200 aniversario de Marx para reconectar con este gran hombre: no solo para familiarizarse con los defectos del sistema, que él identificó de manera brillante, sino para recordar lo que les espera si no son capaces de afrontarlos”. Todo un cambio de discurso. Recordemos que, desde hace al menos cuarenta años, la mayoría de las escuelas de negocios del mundo -especialmente, las españolas- prefieren no explicar a Marx por considerar que sus tesis han sido superadas.

Fukuyama: "Creo que el socialismo" no solo puede regresar, sino también que debe regresar"


Durante muchos años, se pensó que un solo manual de economía política era suficiente para situarse en el mundo: 'La sociedad abierta y sus enemigos' (1945), de Karl Popper. Tras la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, se confiaba que la democracia liberal había demostrado ser la forma más avanzada de gobierno, aquella a la que aspiraba el planeta entero (o casi). Concretando esta tesis, el economista Francis Fukuyama se convirtió en una celebridad por su libro ‘El fin de la historia y el último hombre’ (1992). Para sorpresa de muchos, hace pocos días cambió de opinión: “Si te refieres a programas redistributivos que intentan corregir este gran desequilibrio, tanto en los ingresos como en la riqueza que ha surgido, sí. Creo que (el socialismo) no solo puede regresar, sino también que debe regresar. Este período extendido, que comenzó con Reagan y Thatcher, en el que se impuso cierto conjunto de ideas sobre los beneficios de los mercados no regulados, tuvo un efecto desastroso en muchos aspectos”, explicaba a 'The New Statesman'.

Más que cambiar de opinión, lo que hace Fukuyama es reivindicar los matices de su libro más célebre: “Lo que dije entonces -en 1992- fue que uno de los problemas de la democracia moderna es que proporciona paz y prosperidad, pero la gente quiere más que eso... Las democracias liberales ni siquiera tratan de definir lo que es una buena vida, sino que la dejan en manos de individuos que se sienten alienados y sin propósito, y por eso se unen a estos grupos de identidad que les da un sentido de comunidad”, advierte.

EEUU, una nueva era proletaria

En el mundo de habla hispana, tampoco faltan ejemplos. La revista mexicana 'Letras Libres', influyente cabecera de enfoque liberal, dedicó un número entero al pensador alemán. El cubano Rafael Rojas, estudioso de la derecha y el exilio de la isla, recordaba en un minucioso artículo la sintonía entre Marx y el presidente republicano Abraham Lincoln. “A fines de 1864, un mensaje de la Asociación Internacional de Trabajadores, redactado por Marx, felicitaba al presidente de Estados Unidos por su reelección, luego del triunfo sobre las fuerzas esclavistas de los estados confederados sureños. Allí decía Marx que los obreros europeos ‘sentían instintivamente que los destinos de su clase estaban ligados a la bandera estrellada’. El pensador alemán reconocía la importancia de la ‘idea de una república democrática’, personificada por Estados Unidos, cuyo límite fundamental era la esclavitud recién abolida. Y concluía que así como la Revolución de Independencia había dado inicio a la dominación burguesa, el triunfo del abolicionismo en la Guerra Civil, de la mano de Lincoln –‘hijo honrado de la clase obrera’–, conduciría a la ‘transformación del régimen social’ y a la ‘nueva era de la dominación proletaria’”. ¿Cómo se quedan al imaginar a Marx como asesor entusiasta del partido republicano estadounidense? Como sabemos, la historia tomó otros derroteros.

Vivió para sus ideas y para la revolución, con una indiferencia total hacia el confort de la existencia y el éxito práctico

Rizando el rizo, Rojas especula con la posibilidad de que Marx no se sintiera muy cómodo con las izquierdas actuales: “En el asomo al republicanismo, así como en su resuelta defensa de la libertad de asociación y expresión, Marx es nuestro contemporáneo. Hoy las izquierdas hegemónicas no son mayoritariamente marxistas: no lo son en Europa o Estados Unidos, ni en China, Rusia o América Latina. Pero algo de aquel malestar de las monarquías absolutas del XIX o de los totalitarismos del siglo XX con las libertades públicas se reproduce en esas nuevas izquierdas, en cuanto se adueñan del Estado”, señala. Ejemplos como China y Nicaragua vienen ipso facto a la cabeza.

Los empresarios tuvimos que aprender las tesis de Marx. No para asumirlas, sino para comprenderlas y oponerle razones

En el mismo número de la revista, la española Aurora Nacarino-Brabo, asesora de Ciudadanos, muestra también su respeto por el legado del filósofo. “Es imposible aventurar qué pensaría hoy, pero a buen seguro se sentiría ajeno a las ideas que ha enarbolado buena parte del marxismo autoproclamado en los siglos XX y XXI, bien por su manifestación despótica, bien por su estetización y conformismo teóricos”, escribe. Remata su artículo elogiando el rechazo de Marx hacia el servilismo y recordando el respeto que le profesaba Raymond Aron, gran maestro liberal. “Vivió para sus ideas, vivió para la revolución, con una indiferencia total hacia el confort de la existencia y el éxito práctico”, opinaba el pensador francés.

Empresarios marxistas

Está rehabilitación del pensamiento de Marx entre la derecha remite a una de las teorías del escritor Manuel Vázquez Montalbán. El padre del detective Pepe Carvalho siempre pensó que el empresariado español era profundamente marxista. Incluso expuso la teoría a Carlos Ferrer Salat, líder histórico de la CEOE, durante una comida en 'Jockey', cuya crónica puede encontrarse en el libro ‘Mis almuerzos con gente inquietante’ (1984). Tras la sorpresa inicial -“¿es un sarcasmo?”-, Ferrer Salat reconoce que el planteamiento no es descabellado. “Tienes un punto de razón, solo uno. Ha habido que aprender las tesis del antagonista. Más que aprender ha habido que aprehenderla, pero no para asumirla, sino para comprenderla y oponerle razones. Yo mismo dediqué mi tesina de fin de carrera al marxismo, concretamente a la tecnología en Karl Marx”. El curtido patrón de los empresarios intuía los conflictos sociales que traerían los avances técnicos, esos que sufrimos bajo el yugo de Silicon Valley. ¿Resumen de la jugada? Doscientos años después de su nacimiento, Karl Marx sigue siendo un pensador crucial para entender nuestro mundo, más allá de si eres rico, trabajador empobrecido o superviviente de la clase media.

Alma, Corazón, Vida

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