La gran burbuja: China se enfrenta a sus contradicciones capitalistas
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ESTABILIDAD O CRECIMIENTO

La gran burbuja: China se enfrenta a sus contradicciones capitalistas

Las grandes empresas chinas están en el ojo del huracán. Las autoridades deben decidir si frenan el endeudamiento o apuestan por seguir creciendo. Las dos opciones tienen riesgos

Foto: El China Evergrande Centre, en Hong Kong. (Reuters)
El China Evergrande Centre, en Hong Kong. (Reuters)

Puede parecer una paradoja, pero no lo es. Las autoridades chinas quieren más disciplina de mercado. No es que hayan renunciado a la planificación estratégica por parte de la dirección del Partido Comunista, y menos en su centenario, que eso sería casi como renunciar a Confucio, sino que han decidido poner orden en casa. Y nunca mejor dicho.

Detrás de la crisis de Evergrande y de Huarong, un enorme emporio inmobiliario que nació en los años noventa como un banco malo para gestionar fallidos, lo que hay, ni más ni menos, es una enorme burbuja de crédito, con la que se ha financiado el ladrillo, y que ahora Pekín quiere pinchar de la manera menos dolorosa posible. Justo en unos momentos en que se está desacelerando la demanda de viviendas. Ambas corporaciones acumulan un pasivo equivalente a 540.000 millones de dólares y, en el caso de Evergrande, han dejado tiradas sin su vivienda a cientos de miles de familias. Unas 800 promociones inmobiliarias están paradas.

Foto: Foto: EC Diseño.

No lo tendrán fácil los reguladores chinos. El brutal endeudamiento chino no solo amenaza la estabilidad financiera mundial, lo que puede afectar a su propia economía, sino que compromete su patrón de crecimiento.

Pekín ha intentado en los últimos años pasar de un modelo basado en las exportaciones a otro construido a partir de la demanda interna (consumo e inversión), pero en la medida en que restrinja la oferta de crédito, esto puede afectar a la tasa de crecimiento. Y la receta clásica en este tipo de situaciones es rebajar la deuda. Desapalancamiento. Lo que está en riesgo, en definitiva, es alcanzar el célebre ‘made in China’ en 2025 lanzado una década antes de esa fecha para lograr que el gigante asiático sea más autosuficiente mediante la llamada ‘doble circulación’, que significa, lisa y llanamente, mirarse más al ombligo, pero también prestar más atención a sus fronteras por mar no reconocidas, y que es lo que está, precisamente, detrás del nacimiento de Aukus, la reciente alianza entre EEUU, Australia y Reino Unido.

El gran acreedor

Hay mucho por hacer, entre otros motivos, por la existencia de un mercado bancario en la sombra ajeno al convencional a través de préstamos entre empresas altamente apalancadas y particulares. No en vano, según datos del BIS (el banco de los bancos centrales), la deuda del sector no financiero chino (excluida la banca) es ya similar a la de EEUU. Paradójicamente, el país al que Pekín ha comprado la deuda desde que abrazó el capitalismo, hasta convertirse en el gran acreedor gracias a sus enormes excedentes de balanza de pagos.

Hoy, por el contrario, empieza a ser el gran deudor. Los datos del BIS muestran, en concreto, que la deuda de su sector no financiero —excluidos los bancos— alcanza ya el 289,5% del PIB, prácticamente el mismo nivel que EEUU (296,1%). La diferencia es que hace apenas un cuarto de siglo, en 1996, Washington tenía el doble de deuda que Pekín, lo que explica las preocupaciones de las autoridades chinas, que tras la pandemia se vieron obligadas a rebajar los tipos de interés, hasta el 4,65%, lo que ha sido como echar más leña al fuego. La mayoría de esa deuda es privada, alrededor del 77%, lo que puede poner en apuros a familias y empresas si el Banco Popular de China (BPCH) decide endurecer su política monetaria.

Foto: El logo de Evergrande. (Reuters)

Es verdad que los niveles de morosidad son hoy relativamente bajos para los estándares occidentales, apenas el 1% de fallidos frente al 2,7% a nivel global, pero cada vez hay menos dudas de que las autoridades chinas tarde o temprano tendrán que aflorar pérdidas. Sin embargo, no está claro si en su renovada fe en el capitalismo más ortodoxo, ajustándose a las reglas del mercado, las autoridades harán suyo un viejo principiotoo big to fail’ (demasiado grande para caer), que se puso de moda en la anterior crisis económica.

Banca en la sombra

Como señaló recientemente de forma irónica ‘The Economist’, los bancos estatales de China pueden estar dispuestos a expresar su admiración por el pensamiento de Xi Jinping, pero tienen más dudas a la hora de confesar sus préstamos fallidos. Entre otros motivos, por las dudosas calificaciones crediticias que en ocasiones ofrecen las agencias de 'rating' para respaldar compañías que en cualquier otro país estarían al borde del bono basura. Hasta 2017, las grandes agencias no estaban autorizadas a calificar la deuda emitida a escala local.

Foto: Foto: EC.

A ello hay que añadir, como se ha dicho, la existencia de una fuerte ‘banca en la sombra’ que ha obligado al gobernador del banco central chino, Yi Gang, a ser especialmente duro en una reciente comparecencia con el presidente del Bundesbank. “Las autoridades se esfuerzan por equilibrar la relación entre el fomento del desarrollo y la prevención de riesgos. Todas las actividades deben ser supervisadas y los negocios operados deben contar con licencia”, advirtió Gang.

En los últimos años, sin embargo, grandes corporaciones chinas han ganado credibilidad y las han aceptado en los índices más prestigiosos, como el FTSE Russell, de donde algunas han sido expulsadas por sendas órdenes ejecutivas firmadas por Trump y Biden que prohíben a las entidades estadounidenses invertir en docenas de empresas chinas por supuestos vínculos con los sectores de tecnología de defensa o vigilancia.

Lo más complicado será saber cómo podrán pinchar la burbuja

Por el momento, lo que han hecho las autoridades chinas, en aras de ganar credibilidad, es llevar ante la Justicia —hasta ejecutarlo el pasado mes de enero— al antiguo presidente de Huarong, Lai Xiamin, que es lo más fácil. Más complicado será saber cómo podrán pinchar la burbuja. Por ahora, lo que están haciendo es inyectar capital en las empresas con problemas, como la propia Huarong (16.000 millones de dólares en pérdidas), a través de algunos de sus agentes financieros, Citic Group y China Cinda. Pero está por ver si la reestructuración de la deuda, con sus quitas incluidas, afectará a los tenedores de bonos extranjeros, algo que explica el nerviosismo que se ha instalado en los mercados, con fuertes sacudidas en las bolsas. No hay que olvidar que Evergrande representa el 11% de todos los bonos de alto rendimiento de Asia

No es de extrañar, debido a que en los últimos años ha crecido de forma significativa el peso de China en los índices globales, lo que quiere decir que la exposición de las carteras a lo que allí suceda ha ido en aumento. De hecho, según Schroders, el mercado de deuda chino es ya el tercero más grande del mundo, tras EEUU y Japón, y los propietarios son bonistas que quieren recuperar su inversión. El tiempo dirá si las autoridades chinas hacen primar la estabilidad financiera sobre el crecimiento. Lo primero exige sacrificio, y no está claro que se quiera asumir ese riesgo en un país que desde hace tres décadas cabalga a lomos de elevadas tasas de aumento (un 8% este año), pero todavía con importantes insuficiencias.

Puede parecer una paradoja, pero no lo es. Las autoridades chinas quieren más disciplina de mercado. No es que hayan renunciado a la planificación estratégica por parte de la dirección del Partido Comunista, y menos en su centenario, que eso sería casi como renunciar a Confucio, sino que han decidido poner orden en casa. Y nunca mejor dicho.

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