UNA OBRA BAJO LUPA

La "verdad" de Sánchez que cuenta en su libro... frente a la que los críticos relatan

'Manual de resistencia' ha irritado a algunos contrarios del presidente por algunos pasajes, como el relato de las primarias de 2014 o las relaciones con los barones. Dos versiones (o más) enfrentadas

Foto: Pedro Sánchez, con Mercedes Milá y Jesús Calleja, el pasado 21 de febrero en la presentación de 'Manual de resistencia'. (Inma Mesa | PSOE)
Pedro Sánchez, con Mercedes Milá y Jesús Calleja, el pasado 21 de febrero en la presentación de 'Manual de resistencia'. (Inma Mesa | PSOE)

"Lo que he trasladado es mi verdad".

Pedro Sánchez lo repitió el pasado jueves en varias ocasiones. Su "verdad". Su versión de los hechos, de lo vivido, lo sentido y lo decidido en sus más de cuatro años en la primera línea de la política. Su "verdad", la suya y la de los suyos. No "la verdad" absoluta que, lógicamente, comprende más aristas y matices. Su relato, de hecho, no casa con la narración que hacían y hacen los otros protagonistas de su libro 'Manual de resistencia' (Península, 2019), escrito "a cuatro manos" con la exdiputada Irene Lozano. Sus críticos se llevaban las manos a la cabeza con lo que leían, con los extractos que la prensa publicaba desde el pasado martes. "Es falso lo que dice", "no es así", "no se ajusta a la realidad", comentaban algunos de los dirigentes consultados y que también sostienen su "verdad". En realidad, la biografía-ensayo no cuenta nada que no se conociera ya, aunque tiene el interés de esa crónica en primera persona.

Quizá uno de los pasajes que más ha soliviantado a sus detractores es su reconstrucción de las primarias de 2014, las primarias que él ganó gracias al apoyo fundamental de Susana Díaz y de la movilización de los grandes aparatos a su favor. Es cierto que su nombre había emergido como un aspirante posible a comienzos de aquel año. Se había intentado abrir paso frente a los candidatos de mayor peso que todos en el PSOE señalaban: Eduardo Madina, Patxi López y Carme Chacón. Pero para entonces él era un completo desconocido para la opinión pública. En diciembre de 2013 había publicado junto a Carlos Ocaña el libro que contenía parte de su tesis —se había doctorado un año antes—, y la conferencia política que Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces secretario general, montó para noviembre de ese año, y en la que ejerció de redactor de la parte económica, le dio la oportunidad de recorrer muchas agrupaciones socialistas en todo el país.

Madina, Sánchez y Pérez Tapias, antes de su debate de primarias, el 7 de julio de 2014. (EFE)
Madina, Sánchez y Pérez Tapias, antes de su debate de primarias, el 7 de julio de 2014. (EFE)

Las elecciones europeas de mayo de 2014 se saldaron con un enorme batacazo para el PSOE. Bajó hasta el 23,01%. "Susana llama a Alfredo por teléfono y lo convence de la necesidad de dar un paso atrás. Rubalcaba ve entonces claro que no va a poder ser el candidato del PSOE en unas elecciones generales y, forzado por esa llamada, toma la decisión de dimitir y convocar un congreso extraordinario para elegir un nuevo secretario general", cuenta Sánchez.

Sánchez dice que Díaz empujó a Rubalcaba a marcharse en 2014, pero en el entorno de ellos dos repiten que ella le llamó para que no se fuera ya


En aquellos días, sí coleó esa versión del empujón de Díaz, por la relación tormentosa que Rubalcaba mantenía con el entonces presidente del PSOE y exjefe de la Junta, José Antonio Griñán. Pero, según recordaban a lo largo de esta semana fuentes próximas al exlíder socialista y a la expresidenta andaluza, esa charla no se produjo en esos términos. El presidente asturiano, Javier Fernández, íntimo de Rubalcaba y de su número dos, Elena Valenciano, pidió a Díaz que "frenara" el deseo del secretario general de irse.

"Un militante, un voto"

Ella lo telefoneó con ese propósito, según estas mismas fuentes, y no lo consiguió. Hay quienes sostienen que a ella entonces no le convenía: entonces se la veía como un valor al alza, aunque no había pasado el test de las urnas. En su entorno señalan que, simplemente, no era conveniente, máxime cuando estaba en marcha —aunque no había trascendido— el proceso de abdicación del rey Juan Carlos y el PSOE necesitaba estabilidad interna. Rubalcaba, de hecho, dimitió en diferido: en lugar de dar paso a una gestora, pilotó la transición hasta el congreso, que se celebró el 26 y 27 de julio de 2014.

El autor subraya que nunca pactó con Díaz, Puig, Gómez y Zapatero que no fuera el candidato a la Moncloa. Ellos, en cambio, dicen que sí se acordó

Por primera vez, el líder del PSOE sería votado por las bases. "Rubalcaba decide también que toda la militancia vote al secretario general, cuyo nombramiento ratificaría un congreso celebrado poco después —narra el presidente del Gobierno—. Eduardo Madina se encarga de anunciarlo. Aquel representa un hito democrático en nuestro partido, del que todos nos sentimos orgullosos [...]. En aquel momento, Madina compite con numerosos apoyos entre la militancia, y el voto directo le beneficiaba, del mismo modo que fortalecía a sus mentores".

Esa sucesión de hechos es rebatida por quienes conocen de primera mano qué pasó aquellos días. Rubalcaba anuncia su dimisión el 26 de mayo y el miércoles 28 Madina anticipa a Valenciano, a las 7:45 de la mañana, que va a pedir, en declaraciones a los medios, que todos los afiliados voten. "Un militante, un voto". El diputado vasco lanza esa demanda, que compartía la número dos, y es bien acogida por los barones del partido. El líder socialista recoge el guante. Para Díaz es un obstáculo, pues lo que ella perseguía era un congreso en el que pudiera ser aclamada como nueva líder del PSOE. Los jefes territoriales comienzan a mostrar su respaldo a la presidenta andaluza. Solo se apartan Javier Fernández y el extremeño Guillermo Fernández Vara, que sí apoyan a Madina.

Pedro Sánchez y Susana Díaz se saludan el pasado 16 de febrero, antes de su mitin conjunto en Sevilla. (Inma Mesa | PSOE)
Pedro Sánchez y Susana Díaz se saludan el pasado 16 de febrero, antes de su mitin conjunto en Sevilla. (Inma Mesa | PSOE)

El parlamentario vizcaíno no se retira. Díaz decide salir de la carrera, pero vuelca sus apoyos en favor de Sánchez. El presidente reconoce en su libro que ese respaldo fue básico, ya que "los aparatos regionales aún tenían mucho peso". "Cuando Susana decidió apoyarme, sumé la fuerza de la federación andaluza", escribe. No solo sumó al PSOE-A, sino a los grandes territorios socialistas que antes habían empujado a Díaz a dar el paso.

La quiebra que llegó pronto

Dice Sánchez: "En contra de lo que se ha contado, yo mantengo entonces distintas conversaciones, entre ellas con la propia Susana, en las que dejo claro que, en mi visión, el liderazgo orgánico va unido a la candidatura a presidente del Gobierno. Por tanto, puesto que ella decide no presentarse, no habría tenido sentido que hubiéramos pactado —como se ha dicho— que ella iba a ser la candidata a presidenta del Gobierno posteriormente. La obligación que ella tenía con Andalucía no se extinguiría en un año: si en 2014 no podía hacerlo, en 2015 tampoco. Susana no se presentó en aquel momento por su razonable compromiso con Andalucía, no por ningún pacto conmigo. Ni yo me comprometí a no presentarme a las primarias, ni ese pacto hubiera tenido sentido. Se ha explicado así, pero nunca ocurrió así. Las cosas en política tienen sus tiempos y su lógica: sencillamente no era su momento. Aun así, utilizó su influencia y la del socialismo andaluz para apoyar mi candidatura".

Las fricciones aparecieron muy poco tiempo después del congreso de 2014 con muchos de sus valedores: Díaz, Zapatero, Bono...

Ese pasaje duele especialmente a los críticos. Recuerdan que la operación para aupar a Sánchez como jefe de Ferraz se cerró el 19 de junio de 2014, en la jornada de la proclamación del rey Felipe VI. Después de la recepción en el Palacio Real, se citan cinco personas en el AC Hotel La Finca de Pozuelo. Allí están Susana Díaz; los líderes socialistas de Valencia y Madrid, Ximo Puig y Tomás Gómez, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. Entonces se cierra el apoyo de las grandes federaciones con el madrileño. Y a partir de ahí hay discrepancia de versiones: los cuatro primeros —este mismo sábado lo recordaba Gómez en 'La Razón'— han venido sosteniendo que se pactó que Sánchez fuera el líder del PSOE pero no el candidato a la Moncloa. Él defiende lo contrario en su libro. Los pormenores de aquel encuentro secreto, que avalan el relato de Díaz, Puig, Gómez y Zapatero, están contenidos en otro libro, 'El PSOE en el laberinto' (Temas de Hoy, 2017), firmado por la periodista Ainara Guezuraga.

Sánchez venció en aquellas primarias del 13 de julio de 2014 por un 48,67%, frente a Madina (36,25%), que meditó hasta el último minuto si competir o no, consciente de que tenía enfrente a los grandes aparatos autonómicos, y José Antonio Pérez Tapias (15,08%). El presidente admite que la contienda fue "entre estructuras", pero añade que también "salió a la luz todo el trabajo soterrado" que había ido haciendo "en los últimos años", especialmente en los meses en los que se pateó las agrupaciones y bajó al terreno.

La "verdad" de Sánchez que cuenta en su libro... frente a la que los críticos relatan

Aquel supuesto pacto que Sánchez "no respetó" fue el desencadenante de buena parte de los conflictos posteriores. Las grietas con quienes habían sido sus valedores fueron abriéndose desde muy pronto. Incluida la propia Susana Díaz. Y también Zapatero. El hoy presidente sobrellevó mal que él, junto con José Bono y Emiliano García-Page cenaran con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en el momento álgido de Podemos. Y asume que a su antecesor le molestó que anunciara que el Grupo Socialista votaría a favor de la reforma del artículo 135 de la Constitución. "Es cierto que yo no le avisó cuando lo anuncié [...]. Debí haberlo hecho y solo se lo dije una hora antes de anunciarlo". Ese fue su primer encontronazo con Zapatero. Vendrían muchos más. El expresidente fue uno de los que respaldaron con más entusiasmo a Díaz en las primarias de 2017, pero después ambos dirigentes han mantenido una comunicación "muy fluida".

Los "desplantes", el "intruso"

Sánchez no se recrea en sus múltiples tensiones con Díaz. En su bronca conversación en Atocha poco antes de la Navidad de 2014, en la que ambos sellan su distanciamiento, por ejemplo, o en la ruptura total que sobrevendría tras las elecciones de 2015 y 2016. Sí da cuenta de que su relación ya estaba helada en enero de 2015, cuando se celebró la convención autonómica. "Susana Díaz no asistió porque estaba enferma, y su ausencia se convirtió en la noticia más importante [del evento]. El lunes la vi en un acto público y me alegré mucho de su rápida recuperación. También por aquellas fechas leí en la prensa la noticia del adelanto de las elecciones andaluzas", anticipo que se consumó enseguida. Para los próximos a la baronesa, ese comentario es "mezquino" porque ella sí estaba "enferma", con fiebre y gastroenteritis. Por tanto, no habría inventado su indisposición.

En el libro no es pródigo en detalles comprometedores. No cuenta, por ejemplo, la ruptura con González en el verano de 2016

A lo largo de 2015 hubo "numerosos desplantes, en público y en privado", destinados a Sánchez, narra el autor. Hasta el punto de que Felipe González "hubo de intervenir". Y así fue. En la convención municipal de abril, mes y medio antes de las elecciones locales y autonómicas, el expresidente reconoció que no le había votado un año antes en primarias —su elegido fue Madina—, pero pidió a todo el partido apoyarle, parar el ruido interno. Sánchez le agradeció el gesto. La contestación ya era muy audible en aquellos momentos y que tuvo uno de sus picos con la defenestración de Gómez como líder del PSOE-M y su apuesta por Ángel Gabilondo, que sí fue respaldada por las urnas, aunque no llegó a conseguir el Gobierno madrileño.

El libro, es cierto, cuenta con omisiones. No hay "interioridades", en sus propias palabras. Aunque Sánchez subraya que en su primer mandato como líder socialista se sentía como un "intruso", porque en su partido le veían "como un 'outsider", no se detiene en todos y cada uno de los conflictos que estallaron en aquella época. Como el que se desató por la confección de las listas de las generales de 2015, en las que decidió incorporar a Irene Lozano cuando esta aún era diputada de UPYD. Los críticos volvieron a reprocharle su actitud, su falta de una labor de escucha de las federaciones, su aislamiento. Él no la nombra en su libro aunque sí se queja de que afloraron "discrepancias internas", que generaron "ruido mediático", y eso "desmoralizó a la militancia" y lesionó las expectativas electorales del PSOE.

Pedro Sánchez, durante la presentación de su libro 'Manual de resistencia', el pasado 21 de febrero en el hotel Intercontinental de Madrid. (Inma Mesa | PSOE)
Pedro Sánchez, durante la presentación de su libro 'Manual de resistencia', el pasado 21 de febrero en el hotel Intercontinental de Madrid. (Inma Mesa | PSOE)

El 20-D el PSOE se quedó en 90 escaños, su peor resultado. "Hemos hecho historia", dijo Sánchez. Palabras que admite hoy que no fueron "las más afortunadas". La furia interna regresó y los puentes con los barones acabaron por saltar, incluidos los que aún existían con Fernández y Vara. Luego llegó la investidura fallida —en la que se trabó una relación estrecha y "franca" con el Rey— y más tarde las segundas elecciones, el 26 de junio de 2016. 85 escaños.

Sánchez asegura que entonces se plantea "todas las posibilidades". O negociar con Mariano Rajoy las condiciones de una abstención, o intentarlo de nuevo con Podemos y Cs o ir a terceros comicios. La cuarta alternativa, concitar un acuerdo "de toda la Cámara salvo PP y Cs parecía imposible para una parte del PSOE". El secretario general cuenta que "en los días siguientes" mantiene "conversaciones con gente del partido" para "sondear" su opinión. "A todos les digo lo mismo: estoy madurando la decisión y, como es habitual en política, todos los escenarios posibles hay que ponerlos en la mesa y sopesar las consecuencias y el significado de cada uno de ellos. Pero lo primero era reunirme con Rajoy".

La abstención y el desalojo

Uno de esos interlocutores es Felipe González, al que no cita. El expresidente señaló, en septiembre de 2016, que Sánchez le trasladó que se abstendría, y por eso luego se sintió "engañado", cuando comprobó que había optado por el no rotundo al PP. En aquel momento la relación entre ambos se hizo añicos.

¿Qué hacer? "Era una decisión dificilísima, de las más difíciles a las que se ha enfrentado el partido desde 1978. Sería un irresponsable si dijera que nunca tuve dudas. En realidad, tuve muchas". El exministro Jordi Sevilla, que había sido uno de los negociadores del pacto con Cs en la legislatura fallida, cuenta en 'Vetos, pinzas y errores' que la abstención sí estuvo realmente sobre la mesa e incluso se elaboró un informe con las condiciones para darle la investidura a Rajoy. Sánchez no se detiene en ese punto. Sí defiende que su posición, el "no es no", "no era mayoritaria" en las élites del partido.

El relato de Sánchez es especialmente rico en los meses que siguieron a su caída. Cómo le asaltaban las dudas: no tenía claro si debía intentar retornar

"Se pretendía, de manera subrepticia, sin que nadie lo dijera abiertamente, que yo adoptara una decisión con la que no estaba de acuerdo y asumiera la responsabilidad de esa abstención, que a mi juicio era un error de magnitud histórica". Ese punto era cierto: los defensores de la abstención no querían hacerlo públicamente, y no lo hicieron hasta casi el final, en tiempo de descuento. Lo diría abiertamente meses después Javier Fernández, ya como jefe de la gestora: "Al día siguiente de las elecciones del 26 de junio todos sabíamos qué había que hacer, no cómo ganar el congreso después de hacerlo". Lo que subyacía era una descarnada lucha por el poder.

La "verdad" de Sánchez que cuenta en su libro... frente a la que los críticos relatan

La guerra total estalló tras los comicios gallegos y vascos del 25 de septiembre, en los que el PSOE volvió a hundirse. Sánchez apuesta por celebrar un congreso ordinario exprés para dirimir el liderazgo del partido y la posición en la investidura. Para sus detractores, era una añagaza para mantener las riendas del partido. La dimisión de 17 miembros de la ejecutiva buscaba precipitar su dimisión, pero él resistió, alegando que lo que procedía era convocar un cónclave extraordinario. La batalla definitiva se libró en el pavoroso comité federal del 1 de octubre de 2016. Sánchez lo resuelve en su libro en un párrafo. "Todo fue terriblemente duro, traumático. Viví algunas deslealtades minuto a minuto. Fue terrible en lo personal y me permitió saber a quién podía considerar amigo y a quién no".

El secretario general no cita nombres ni entra en los detalles de aquel día de espanto en la historia del PSOE. Habría sido inconveniente ahora, a las puertas de unas generales. Sí omite que lo que impulsó la maniobra final para tumbarle fue su decisión de que se votara en urna sobre el congreso extraordinario, en lugar de a mano alzada. A sus críticos les encolerizó que colocara la urna tras un panel, sin censo ni interventores, decían.

El relato de Sánchez es especialmente rico en los meses que siguieron a su caída y a su dimisión como diputado. Cómo le asaltaban las dudas y no tenía claro si debía intentar reconquistar el PSOE. Algunos de sus colaboradores (César Luena, uno de los grandes ausentes en su libro) y barones próximos se habían esfumado. Le asaltaban las vacilaciones que relataron los medios, se sucedían los chutes de ánimo que le llegaban por su círculo más íntimo —José Luis Ábalos, Adriana Lastra, Santos Cerdán, Susana Sumelzo, Sofía Hernanz, Quico Toscano, Paco Salazar, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, Josep Borrell... y sus "pilares emocionales", Juanma Serrano y Maritcha Ruiz— y a través de las bases, en actos como los de Xirivella (Valencia) y El Entrego (Asturias). Todo se aceleró a mediados de enero, a raíz del comité federal que fija la convocatoria del 39º Congreso del PSOE para junio. "Esa misma tarde se supo que Patxi López anunciaría al día siguiente su candidatura", comenta. En realidad, el exlendakari le había advertido por teléfono de su decisión antes de que se hiciera pública.

La "verdad" de Sánchez que cuenta en su libro... frente a la que los críticos relatan

Una narración que se detiene en el Aquarius

Lo que sigue es una narración épica de esa batalla de primarias. Sánchez hace recaer el peso en una militancia que se rebeló contra los aparatos y nunca aceptó la abstención a Rajoy. Los apoyos (y el dinero, a través de su polémica plataforma de 'crowdfunding') le llovían. Y logró dar la sorpresa en los avales, al acercarse mucho a la gran favorita, Susana Díaz. Hasta entonces, es cierto, ella parecía la ganadora casi indiscutible, pero el golpe de efecto de las 53.692 rúbricas añadió incertidumbre en la recta final. Sánchez se impuso el 21 de mayo: 74.805 votos de los militantes, el 50,26%, frente al 39,90% de su gran rival y el 9,84% de López. Resucitó tras su muerte.

Sánchez se adentra después en Cataluña, en cómo intensificó su relación con Rajoy en aquellos momentos de gravísima crisis territorial. Aprendió de él su "enorme sentido de Estado", reconoció el pasado jueves.

La obra no cuenta cómo Sánchez compuso su Ejecutivo o los primeros meses en la Moncloa. eso quedará, si llega, para un siguiente volumen

La moción de censura volteó el tablero. En el libro se detectan algunas imprecisiones. El líder socialista cuenta que, tras conocerse la sentencia de la Gürtel, se reúne con su sanedrín en Ferraz. Todo correcto. Cita a Ábalos, pero él estaba de viaje fuera de España, igual que Cristina Narbona, presidenta del PSOE. Y apunta que esa noche no pegó "ojo", porque seguía dudando si presentar la iniciativa contra el presidente. Los medios, ya a última hora de ese 24 de mayo, daban por hecho, citando fuentes de Ferraz, que la decisión estaba tomada.

La narración se detiene en la primera decisión política de calado del nuevo Gobierno, la acogida del Aquarius. Sánchez no cuenta cómo va componiendo su Gobierno, cómo cuadra el puzle, cómo encaja la salida de Màxim Huerta a los seis días por descubrirse que había defraudado a Hacienda. El relato de su etapa en la Moncloa, se detenga el 28 de abril o prosiga, quedará por escribir.

La secretaria de Estado de España Global, Irene Lozano, en la presentación del libro. (Inma Mesa | PSOE)
La secretaria de Estado de España Global, Irene Lozano, en la presentación del libro. (Inma Mesa | PSOE)

El presidente se ha cubierto las espaldas. Evita meterse en honduras, poblar su libro de nombres y detalles. No quería hacer una obra ni "acusatoria" ni "exculpatoria". Pero sus 320 páginas, aunque no trasladen grandes revelaciones, sí han servido para remover algo las aguas internas, generar expectación y debate... y hasta traducirse en memes y chanzas, justificadas o no. Porque el colchón matrimonial y Fray Luis de León son parte también de esta historia personal del presidente.

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