las ELECCIONES MÁS DIFÍCILES para los socialistas

Pedro Sánchez dice al PP que intente formar Gobierno y deja abierto el escenario de pactos

El PSOE salva los muebles el 20-D y desmiente las encuestas. No cae por debajo de la barrera psicológica de los 90 escaños, se mantiene como segundo y se queda a 21 diputados de Podemos

Foto: Pedro Sánchez, en la sede del PSOE, en la calle Ferraz de Madrid. (EFE)
Pedro Sánchez, en la sede del PSOE, en la calle Ferraz de Madrid. (EFE)

España medía este domingo la dimensión del cambio. Y ese cambio puede pasar por el PSOE. O no. Porque si algo deja el 'tsunami' de este 20-D es un escenario incierto, en el que ningún bloque, ni a izquierda ni derecha, consigue una mayoría absoluta, así que serán necesarios los pactos. O ir a nuevas elecciones. Nada está completamente cerrado. Y a nada cerró la puerta Pedro Sánchez, que celebró los pobres resultados del 20-D con euforia, sin dar por descartado el diálogo con las formaciones a su izquierda en caso de que el PP no logre formar Gobierno, aunque recaiga en Mariano Rajoy la responsabilidad de intentarlo en primera instancia. "España quiere izquierda y quiere cambiar, aunque ha decidido que la primera fuerza política sea el PP", subrayó en su brevísima comparecencia, sin preguntas, en la sede federal. 

[Resultados electorales por municipios y comunidades]

"Hemos hecho historia, hemos hecho presente y el futuro es nuestro". El secretario general y candidato socialista a La Moncloa no podía ocultar su satisfacción pasadas las 23:30. Alegría para brindar por el desmentido a muchas encuestas. Porque los sondeos, incluso los hechos a pie de urna, vaticinaban un hundimiento completo -en torno a 85 diputados- y la caída hasta la tercera posición de la tabla en número de votos, sobrepasados por Podemos. La realidad de las urnas fue negra. Pero no tanto. El PSOE aguantó como segunda fuerza en votos y en escaños, y no se deslizó a la tercera plaza en papeletas, por debajo de Pablo Iglesias, que se había alzado como una amenaza más que real en los últimos días de la campaña.

El recuento incluso acercó a Sánchez a La Moncloa, al situarle como potencial presidente en caso de que Rajoy naufrague en su intento de articular una mayoría en torno a él. Eso sí, con complicadísimos pactos a su izquierda y con el concurso necesario de los nacionalistas. El 20-D, por lo demás, sentencia al bipartidismo, ya que sólo suma el 50,7% de los sufragios (pero el 60,86% de los asientos en la Cámara baja). 

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Pedro Sánchez dice al PP que intente formar Gobierno y deja abierto el escenario de pactos

La noche electoral fue un carrusel de sensaciones para Ferraz. Pedro Sánchez llegó sobre las 19:40 con rostro circunspecto, y los militantes que se encontraban en el interior no mostraban euforia ninguna. Normal, las israelitas que ya se empezaban a rumiar en la sede federal y que escupieron las televisiones a partir de las ocho pronosticaban la debacle. Pero el escrutinio de votos reales cambió por completo las cosas. Desde el principio, el PSOE se situó por encima de las 90 actas, el límite que marcaba, 'grosso modo', la barrera del fracaso o del éxito. Y resistió ahí, en los 90 asientos en el Congreso. 

Pedro Sánchez, a su llegada a Ferraz, este 20-D. (EFE)
Pedro Sánchez, a su llegada a Ferraz, este 20-D. (EFE)

Solo 1,4 puntos por encima de Podemos

Al final, el PSOE logra este 20-D, con casi el 100% escrutado, 90 escaños, con 5,51 millones de votos y un 22% de las papeletas, frente a los 110 diputados, 7.003.511 sufragios y un 28,76% de hace cuatro años. Su peor resultado en unas generales, por descontado. Y el peor dato si se compara con toda la serie histórica, contando municipales y europeas. Pero la política es un juego de expectativas, en este caso partía muy abajo de la tabla y 'solo' cede 20 actas respecto a 2011, pese a la emergencia de dos formaciones nuevas. Un bajón que, en principio, resulta insuficiente para tumbar a Sánchez como inquilino de Ferraz. Y eso explicaba su rostro de contento esta noche en la sala Ramón Rubial de la sede federal, donde compareció arropado por miembros de su ejecutiva y por su mujer, todos con evidente rostro de alegría. 

Además, la igualdad de los bloques izquierda-derecha en el nuevo Congreso es prácticamente total: los 90 escaños del PSOE más los 69 de Podemos (y sus plataformas en Galicia, Cataluña y Valencia) suman 159 actas, por las 163 de PP y Ciudadanos. Aunque los socialistas podrían intentar atraerse a los dos únicos diputados de IU. No obstante, la formación morada consigue el 20,6% de los sufragios, solo 1,4 puntos menos que los socialistas. La Ley Electoral hizo lo propio y les distanció 21 escaños.

El PSOE se hunde hasta la cuarta posición en Madrid, y pierde su escaño Eduardo Madina. En cambio, sí entran los fichajes de Sánchez: Lozano y Cantera

El respiro que conceden estas generales a los socialistas, no obstante, no oculta la enorme debilidad del partido. Solo gana en Andalucía y Extremadura, sus feudos históricos. Y por la mínima, solo un escaño por encima del PP. Eso sí, Susana Diaz puede esgrimir -y su equipo ya lo hizo- que, con sus 22 escaños, aglutina a una cuarta parte del grupo. El poderoso PSOE andaluz cosecha el 31,5% de los votos -casi 10 puntos más que la media nacional, y 14,6 puntos por encima de Podemos-, cifra que en Extremadura sube hasta el 36%

En las demás, es segunda fuerza, excepto en Madrid -donde se hunde, hasta quedar cuarto, por debajo de PP, Podemos y Ciudadanos-, Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana, Galicia, Navarra y País Vasco, donde logra la tercera plaza. Uno de los damnificados del bajón socialista es Eduardo Madina, rival de Sánchez en las primarias internas de 2014, que ocupaba la séptima plaza de la lista por Madrid. En Madrid, en la candidatura encabezada precisamente por el candidato, solo entran finalmente seis parlamentarios y la formación pesca el 17,9% de los votos. Nada que ver con el 25,3% que se anotó Ángel Gabilondo en las autonómicas. Madina sale de la carrera de San Jerónimo y, en cambio, entrarán en la Cámara Baja la exparlamentaria de UPyD Irene Lozano -controvertido fichaje estrella del secretario general- y la excomandante del Ejército de Tierra Zaida Cantera. 

Debilidad en las ciudades

El 20-D deja otra reflexión llamativa: desde las autonómicas y municipales del pasado mayo, el PSOE dirige siete comunidades -Andalucía, Asturias, Valencia, Extremadura, Aragón, Castilla-La Mancha y Baleares- y cogobierna en otras dos (Cantabria y Canarias), pero solo en dos se alza con la primera posición del podio. No ha logrado capitalizar el cambio en otras cinco. Y en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, el partido se hunde hasta el cuarto escalón. Una posición irrelevante, como ya demostraron las locales, en las que Podemos y sus marcas se hicieron muy fuertes.

¿Dónde pierde el PSOE sus 20 escaños? Seis en Cataluña, cuatro en Madrid, tres en Valencia, tres en Andalucía, dos en Castilla y León, uno en Asturias, Baleares y País Vasco, y gana uno en Extremadura. De las 52 circunscripciones, los socialistas sólo se imponen en seis: Sevilla, Huelva, Córdoba, Jaén, Cádiz y Badajoz. 

 

Pese a los agujeros negros de este 20-D, Sánchez enhebró una lectura triunfalista: agradeció a los 5,5 millones de ciudadanos que habían otorgado la confianza a su partido, pese a que le habían "intentado hacer desaparecer" y "no lo han conseguido". Y aunque él salió a "ganar" los comicios para "poner fin a las políticas injustas de la derecha", España ha demostrado que "quiere izquierda y quiere cambiar", analizó. "Se abre una nueva etapa política", que deja atrás "la imposición" y apuesta por el "diálogo, el debate y el acuerdo". "Y el PSOE está dispuesto a dialogar, debatir y acordar", señaló, mostrándose abierto a cualquier negociación poselectoral. 

En el partido no descartan que España se conduzca hacia nuevas elecciones

"En coherencia con lo que he defendido en campaña, corresponde a la primera fuerza intentar formar Gobierno", puntualizó, tras felicitar al PP y a Rajoy públicamente por su resultado, como había hecho minutos antes telefónicamente. Unos 300 militantes y simpatizantes celebraban con el secretario general el resultado, al grito de "¡presidente, presidente!". 

El escenario comenzará a despejarse a partir de este lunes. La ejecutiva federal está convocada a las 11 de la mañana en Ferraz. Pero fuentes del partido adelantaban ya que no hay que descartar que España se vea abocada a unas nuevas elecciones, en vista de que la articulación de mayorías estables de gobierno serán harto complicadas. 

Simpatizantes del PSOE aguardan el escrutinio del 20-D en la sede federal. (Reuters)
Simpatizantes del PSOE aguardan el escrutinio del 20-D en la sede federal. (Reuters)

El PSOE se encuentra ante un dilema endiablado: o apoya al PP en la investidura -bastaría con su abstención-, o intenta liderar un Ejecutivo ayudándose de Podemos, IU y los nacionalistas o facilita la convocatoria de nuevos comicios, rechazando toda solución de consenso con el PP. En principio, la idea de una gran coalición está descartada. El PSOE sabe que eso sería su muerte política en el medio plazo. Pero a la vez Susana Díaz ya ha advertido que bajo ningún concepto quiere una entente de su partido con Podemos. Antes de conocerse el escrutinio final, César Luena, secretario de Organización de los socialistas, señalaba, en conversación informal con los periodistas, que el PSOE no renunciaba a ganar y a que Sánchez fuera investido presidente

Combate a las encuestas

Ferraz había apuntalado la idea de que la victoria era posible, al alcance de la mano. El mismo viernes, tras el cierre de campaña, en el entorno del secretario general se subrayaba que PP y PSOE estaban "en un puño" y que no eran creíbles las encuestas que día tras días desmentían la tesis oficial de que había un complot demoscópico, político y mediático contra el candidato. 

 

Sánchez había desplegado una campaña diseñada, sobre todo, para no cometer errores que luego fuera difícil remontar. Riesgo mínimo. Solo hacia el final echó el resto con el cara a cara con Mariano Rajoy. Venía de un debate a cuatro, el de Atresmedia, que perjudicó sus expectativas, ya que el líder de Podemos, a decir de los analistas, se coronó como vencedor, pese a sus patinazos. Venía también de defenderse de un "frente anti-PSOE", el "tridente" de PP, Podemos y Ciudadanos que, según se encargaron de repetir él y el resto de dirigentes del PSOE, buscaba aplastarle, sacarle de la carrera. Él se rehízo y, con ese argumento del "todos contra Pedro", comenzó a apretar unas filas que habían despertado tarde para la campaña, desanimadas por el chorreo de encuestas negativas.

La bala del cara a cara

Pero necesitaba sacar la munición final, y fue el "usted no es una persona decente" que le lanzó a la cara a Rajoy en el rifirrafe organizado por la Academia de la Televisión. El durísimo enfrentamiento con el presidente resituó el bipartidismo en campaña y ayudó a galvanizar el apoyo de las huestes socialistas. Sin embargo, se ha probado improductivo para atraerse a los electores y, especialmente, a la jugosa tarta de indecisos -un 41,6%, según el último CIS-.

Sánchez llamó al voto útil en campaña, porque sólo el PSOE era la garantía del “cambio“. A la impresión final ayudó que las expectativas se habían desplomado

En todo momento, Sánchez quiso erigirse como la única garantía de "cambio". Tras los ataques de sus rivales, se desgañitó diciendo que Podemos solo buscaba "dañar al PSOE", con tal de superarle, que Ciudadanos se encargaría de apoyar a Rajoy, y que ambos se habían "resignado" a no ganar al PP. Así que "el voto útil al PSOE" era "más útil que nunca". En realidad, el secretario general y candidato tuvo que abordar tres frentes: el combate al PP, a la emergencia primera del partido de Albert Rivera, asimilándolo a "la derecha" de Rajoy, y al ascenso de Podemos después, llevándolo hacia la izquierda "comunista". La formación morada se ha mostrado al final como su principal amenaza. La dirección pensó que ese riesgo ya había quedado desactivado tras las andaluzas, las autonómicas y municipales y las catalanas, pero en plena campaña reparó en que tenía que tapar esa vía de agua para que Iglesias no se comiera a Sánchez. Podemos no ha fagocitado al PSOE, pero le acecha y está muy cerca en número de votos. No le pisa los talones en escaños por las ventajas que la Ley Electoral confiere a las dos formaciones mayoritarias. Y eso ha obrado a favor del PSOE, salvándole de un más que probable declive.  

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