EL BALANCE DE CAMPAÑA ANTES DEL 20-D

El PSOE afronta un 20-D incierto tras reactivarse con el cara a cara

Sánchez corona su trayecto hacia las generales con el partido más animado tras el duelo con Rajoy, que cree como un punto de inflexión. El líder llama al voto útil para espantar el peligro de la debacle

Foto: Pedro Sánchez, en el cierre de campaña en Fuenlabrada, con su alcalde, Manuel Robles; el portavoz en la Asamblea, Ángel Gabilondo, y la líder del PSOE-M, Sara Hernández. (EFE)
Pedro Sánchez, en el cierre de campaña en Fuenlabrada, con su alcalde, Manuel Robles; el portavoz en la Asamblea, Ángel Gabilondo, y la líder del PSOE-M, Sara Hernández. (EFE)

El PSOE contiene la respiración. El 20-D no se ventilan sólo unas elecciones generales, las más abiertas de la historia de la democracia española. No sólo el cuestionado liderazgo de Pedro Sánchez. Se dirime también el futuro de un partido más que centenario -casi 137 años, como se clama mitin tras mitin-, el mañana de una formación en horas bajas, menguada como nunca, según las encuestas, con el aliento de Podemos y Ciudadanos en el cogote y con un PP que parece haberse escapado y pillado la delantera. El PSOE se juega prácticamente su vida, su ser. Y no es una exageración. Deslizarse hasta la tercera fuerza, como apuntaron algunos sondeos al comienzo del viaje hacia los comicios, abocaría al partido al colapso y a un probable relevo en la cúpula. Es tanto lo que está sobre la mesa que el temor ante lo que pueda pasar mañana es total.

Los últimos estudios, los publicados en España, y los publicados fuera -por 'El Periòdic d'Andorra', salvando la prohibición legal de publicar encuestas en los últimos cinco días-, parecen dibujar un PSOE que ha sido capaz de contener la hemorragia, estabilizado en el entorno de los 80-90 escaños. Lejos, demasiado lejos no obstante de los 110 de Alfredo Pérez Rubalcaba de 2011, la que era la peor marca de unas generales. El CIS pintó un panorama sombrío, entre los 77 y 89 diputados. Un mazazo en la conciencia de los socialistas que no querían creer y al que han intentado hacer frente para evitar el derrumbe anímico de sus bases. Agarrándose tanto a la cocina de los sondeos como al alto volumen de indecisos, el 41,6%, según el instituto oficial. 

Pero esas cifras, para bien o para mal, sirven como referencia a la hora de leer el 20-D. Aunque los dirigentes rehúsan hacer pronósticos, por la incertidumbre que rodea estas generales, sí existe un cierto consenso en que un resultado por debajo de las 90 actas sería poco salvable y Sánchez se encontraría abierta la puerta de salida. Por encima, el secretario general podría intentar justificarlo, siempre en función de otras variables, como la distancia con el PP y la que el PSOE mantuviese con la tercera formación en el podio.

En la dirección se insiste en que PP y PSOE están “en un puño“, por lo que Sánchez puede ser presidente, mientras que Podemos y C's pugnan por ser tercero

En la dirección intentan mantener la tranquilidad. Desde el entorno del líder se insiste en que los últimos 'trackings' (sondeos diarios) que manejan sitúan a populares y socialistas "en un puño", muy próximos, así que la victoria es posible. No dan cifra alguna, ni muestran sus estudios. Sólo trasladan la convicción de que el "punto de inflexión" del despegue se sitúa en el cara a cara, que el 20-D, "Mariano Rajoy se acabó", de que Sánchez será presidente de un Gobierno "monocolor" aunque apoyado en pactos, y de que la segunda división se la disputan, por este orden, Podemos y Ciudadanos. Desmienten que la formación de Pablo Iglesias les haya superado, una idea trasladada por el PP, arguyen, para "intoxicar". Si vence, Sánchez está dispuesto a dialogar con los emergentes y con otras fuerzas para ofrecerles un "programa común", que no un "tripartito", como se encargó de aclarar desde el principio. 

El "tridente" contra el PSOE

La campaña no ha sido sencilla para los socialistas. Ni para su candidato. Costó que las bases se calentaran, y lo hicieron a raíz del "frente anti-PSOE" que, según la doctrina impulsada desde Ferraz, habían lanzado sus rivales políticos y, sobre todo, tras el cara a cara con Mariano Rajoy. La bala con la que Sánchez más arriesgó y la que le ha servido para animar a las huestes socialistas y tomar aire en la recta final. Y para creer que la brecha con el PP se ha acortado lo suficiente como para que la dirección sueñe con poder sobrepasarlo. Ganar es el único objetivo confesado de Ferraz y de Sánchez. Ese y no otro. 

Sánchez saluda a Pablo Iglesias, Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría, en el debate de Atresmedia, el pasado 7 de diciembre. (Reuters)
Sánchez saluda a Pablo Iglesias, Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría, en el debate de Atresmedia, el pasado 7 de diciembre. (Reuters)

Al PSOE le costó entrar en campaña. En parte, por la coyuntura exterior: la tensión con Cataluña y los atentados de París, el puente de la Constitución. Y también por el enrarecido clima interno. Sánchez arrastraba varias semanas difíciles marcadas, especialmente, por el fichaje de Irene Lozano como número cuatro por Madrid -una decisión que desairó al partido y que ha explotado poco para no levantar más ampollas- y las idas y venidas respecto a la derogación de la reforma laboral contenida en el programa. El estreno en el debate a tres, en 'El País', fue aplaudido, pero en el encuentro a cuatro en Atresmedia, el 7 de diciembre, no brilló y se consolidó la sensación de que le había ganado Pablo Iglesias. Tesis que Ferraz negó desde el primer momento. 

Una vez levantado el muro de contención hacia Ciudadanos, Sánchez buscó un cortafuegos contra Podemos, para escorarlo hacia la izquierda

Sánchez, que hasta entonces se había concentrado en tapar la vía de agua abierta por Ciudadanos -la fuerza en auge, según todos los sondeos realizados antes del arranque de la campaña-, se dedicó a repartir estopa también hacia Podemos, subrayando que su único propósito no era "ganar al PP", sino "dañar al PSOE". 

El candidato, y con él el resto de dirigentes, fue alimentando el mensaje del "frente anti-PSOE", del "todos contra Pedro". La denuncia sostenida de los "ataques" de los adversarios pensados para debilitar al "único partido" capaz de mandar a Rajoy a la oposición. El "tridente" de PP, Podemos y C's contra la "única opción de cambio seguro". Sánchez reiteró hasta la extenuación que sólo el PSOE podía "garantizar" que el PP sale de La Moncloa, porque los dos emergentes se habían "resignado" a desbancar a los populares. El propósito, nada disimulado, era tocar a rebato para concentrar el voto en torno al PSOE. Porque "el voto útil al PSOE es más útil que nunca".

Movilización en ascenso

Ferraz, para evitar quedar atrapado en un sándwich, tenía que levantar un muro de contención a diestra y siniestra. Y considera que la táctica fue la adecuada, en la medida en que logró ubicar a la formación de Albert Rivera en "la derecha" y a la de Pablo Iglesias, en el espacio de la izquierda "que históricamente ha ocupado IU". Ambos por contraposición a un PSOE que anhela construir "un futuro para la mayoría", como reza su eslogan. 

“Ni morado, ni naranja, tarjeta roja para Rajoy el próximo domingo. El PSOE está en pie y preparado para gobernar. ¡A ganar!“, clama en Fuenlabrada

Ni morado ni naranja, tarjeta roja para Mariano Rajoy el próximo domingo!", redondeó Sánchez en el mitin de cierre en Fuenlabrada (Madrid). "Frente a aquellos que quiseron apartarnos de la carrera electoral, y montaron un tridente anti-PSOE para que el PSOE no fuera el cambio razonable, seguro y sensato, el PSOE está en pie y preparado para gobernar. "¡A ganar y a trabajar por España!", clamó ya sobre las 23.50, apurando al máximo el fin legal de la campaña, entre unos fieles entregados que le ovacionaron en varias ocasiones como "¡presidente!". 

Sánchez y Mariano Rajoy, con el moderador del cara a cara, Manuel Campo Vidal, el pasado lunes. (Reuters)
Sánchez y Mariano Rajoy, con el moderador del cara a cara, Manuel Campo Vidal, el pasado lunes. (Reuters)

Los estrategas de la campaña socialista reconocen que la denuncia del "tridente" contra el PSOE marcó un punto de inflexión. Pero más aún el cara a cara con el presidente. Sánchez optó por un estilo agresivo, como le habían aconsejado sus asesores y reclamado las bases -"¡Métele caña a Rajoy!", le gritaban-, para reagrupar sus fuerzas y retomar la iniciativa. Llegó a llamar a su adversario persona no "decente", y el careo se calentó. No encontró críticas entre los suyos. Sí entre los emergentes -el candidato se sorprendió de que Iglesias se "rasgara las vestiduras" con sus invectivas contra el jefe del Ejecutivo, cuando él había sido muy duro contra "la casta"-, entre el PP. Pero cuadros y militantes socialistas encontraron en el duelo televisivo la munición que precisaban para el asalto final. La euforia se desató. Igual que la sensación de que se habían estrechado las distancias con el PP. "No entiendo por qué la derecha se ha enfadado. Dije lo que millones de españoles pensaban", soltó este viernes divertido, entre la celebración del auditorio. 

El PSOE afronta un 20-D incierto tras reactivarse con el cara a cara

La movilización también fluyó en ascenso. 8.000 personas en Valencia, 4.500 en Badajoz -tras el cara a cara con Rajoy-, 3.500 en Murcia, 3.000 en Málaga y, este viernes, en torno a 4.000 en el bastión histórico de Fuenlabrada, en el cierre. El acto más potente, por cierto, en una región clave donde los pronósticos han venido castigando al PSOE y donde la implicación de la militancia ha sido más desigual

Sin errores

"Honestamente, la campaña del PSOE ha sido la mejor de las cuatro grandes -razona un integrante del comité de estrategia, que se ha ido reuniendo a diario-. No ha habido ningún patinazo. Ningún 'HousewaterwatchCooper' y ninguna confusión con el referéndum andaluz de 1980", los deslices de Iglesias que Ferraz entiende que le han salido gratis al líder de Podemos.

Los estrategas ponen en valor que Sánchez no ha cometido patinazos como sus rivales, y que ha logrado rematar una campaña ascendente

Esta fuente subraya, además, los aciertos: que Sánchez propusiera los tres debates, que fuese "coherente" con sus mensajes y con la cuestión de los pactos, aspectos en los que Ciudadanos o ha sido más difuso o, directamente, ha errado, como con el tratamiento penal de la violencia de género. Hasta que Albert Rivera "ha asomado la patita diciendo que se abstendría" en la investidura del ganador del 20-D, dijo este viernes desde el foro Barcelona Tribuna, después de que el líder naranja se mostrara abierto a permitir que el vencedor en las urnas pueda gobernar. Así que "la ecuación está ya despejada". "Si suman PP y C's, habrá cuatro años más de Rajoy. Si Podemos resta a la izquierda, habrá cuatro años más de Rajoy". 

El PSOE afronta un 20-D incierto tras reactivarse con el cara a cara

El de Rivera fue uno de los últimos latigazos de la campaña, junto con el coqueteo del PP con la idea de la gran coalición con el PSOE, pero sin Sánchez al frente. Susana Díaz, la principal interpelada, la repudió enseguida. El secretario general bromeó con el mensaje para expresar lo que todo el partido piensa: que esa posibilidad no es ni planteable. "Si no es una cuestión mía. ¿Queréis un pacto con el PP?", preguntó a los simpatizantes en el cierre en Fuenlabrada, uno de los actos donde se le vio más suelto. "¡¡¡No!!!", bramó la grada, como un resorte. "¡Si lo que hay que hacer es ganar a Rajoy el próximo 20 de diciembre". El tono del secretario general, más relajado y eufórico, denotaba su propio tránsito en estas dos semanas, de menos a más. 

"Tenemos una sensación de una campaña ascendente, en la que se ha trabajado mucho, pero con un clima muy hostil alrededor, contra nosotros, en los partidos y en los medios", indican desde el sanedrín de estrategia. Sólo las urnas dirán si el PSOE ha vivido en medio de un espejismo o si todas las encuestas erraron y le subestimaron. El resultado determinará el futuro del frente interno. Si es desastroso, nadie duda de que Susana Díaz desembarcará en Madrid, y no tardando. Si no es contundente, puede que el partido espere a una digestión algo más lenta. Él siempre se remite a que su futuro lo determinarán los españoles y los militantesPor lo pronto, Díaz y Sánchez han unido esfuerzos en campaña, evitando dar que hablar. El líder ha tenido a todo el PSOE detrás de él. Pero las alianzas se recompondrán tras el 20-D. Es lo que toca a un PSOE acostumbrado a disfrutar, últimamente, de contadísimas noches electorales. 

Sánchez echa el telón acompañado de su mujer y sus niñas: "Gracias, cariños"

Pedro Sánchez llegó al polideportivo Fernando Martín de Fuenlabrada pasadas las 22.30 horas, tras una jornada maratoniana que le llevó a Zaragoza y Barcelona y una caravana en la que ha recorrido 10.000 kilómetros. En la ciudad madrileña, estuvo acompañado de su mujer, Begoña Gómez, y sus dos hijas, Ainhoa y Carlota. A ellas, a sus padres, y a su hermano. "Gracias, cariños. Os quiero mucho".

El secretario general fue el último en intervenir, tras el alcalde de la localidad, Manolo Robles; la líder del PSOE-M, Sara Hernández, y el portavoz en la Asamblea, Ángel Gabilondo. Ella abundó en la idea del "frente anti-PSOE" -"Todos temen al PSOE, porque es el PSOE el que va a ganar"-, y el exministro, en animar a la tropa. Lo hizo, como simpre, tirando de ironía y humor, replicado cada dos por tres por las sonrisas y los aplausos de la grada. "Van a ir a votar con convicción -dijo de los electores del PP-. Así que a nosotros que no nos pille en el psicólogo ese día [...]. Yo no pido el voto -dijo con sorna-, pero se me ve el plumero".

El polideportivo no se habilitó al cien por cien. El PSOE no arriesgó y cerró parte del aforo para evitar exponerse a un pinchazo. Llenó, y a la parroquia socialista se la veía con el ánimo por las nubes.  

La campaña no se ha desplegado sólo en las calles y en un puñado de provincias. También ha cabido en los platós de televisión. En los debates, en multitud de entrevistas y en los programas de entretenimiento, como en 'En tu casa o en la mía', con Bertín Osborne; con María Teresa Campos, en 'Qué tiempo tan feliz', o con Pablo Motos en 'El hormiguero'

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