LA LUCHA DEL 39º CONGRESO FEDERAL

Qué dice la historia del PSOE: el triunfo en los avales anticipa la victoria en las urnas

Hasta ahora ha funcionado la norma no escrita de que quien recoge más firmas gana en votos. No ocurrió en las primarias gallegas de 2016. Otra cosa fueron los congresos de 2000 y 2012

Foto: Susana Díaz, durante la visita que hizo este 2 de mayo a varias casetas de la Feria de Abril de Sevilla, en algunos momentos con su marido y su hijo. (EFE)
Susana Díaz, durante la visita que hizo este 2 de mayo a varias casetas de la Feria de Abril de Sevilla, en algunos momentos con su marido y su hijo. (EFE)

¿Los avales tienen que ver con los votos? Por regla general, sí.

Pregunta simple y respuesta también sencilla, y que tiene su fundamento en lo que ha ocurrido en el PSOE en los últimos años, en sus congresos federales y en sus principales y recientes procesos autonómicos. Quien se cuelga la medalla en la primera batalla suele vencer en la final. Hay excepciones contadas que confirman la regla, como las primarias para la elección del candidato a la Xunta de Galicia de 2016, y que también tienen su explicación. Pero es cierto también que jamás en su historia más fresca había estado el PSOE tan encanallado internamente, con parte de la militancia muy disgustada y revuelta por lo que ocurrió en aquel funesto comité federal del 1 de octubre —cuando Sánchez dimitió tras un desgarrador tira y afloja con los barones— y por la abstención posterior que dio el Gobierno al PP.

Qué dice la historia del PSOE: el triunfo en los avales anticipa la victoria en las urnas

Es decir, que ya nada es como antes y, de hecho, lo que se juega en este 39º Congreso Federal, en las primarias del próximo 21 de mayo, es si las normas no escritas que funcionaban hasta ahora han decaído, si el poder de las élites y los aparatos ha menguado. Si las urnas esconden una sorpresa, mayor o menor. Y lo sería si venciera en la contienda Pedro Sánchez y más aún si lo lograra Patxi López, porque Susana Díaz es todavía la gran favorita y la que se espera que avasalle a sus oponentes en el primer duelo, el de los avales. El que se resolverá en muy pocas horas: este jueves 4 de mayo, a las 12 de la mañana, las firmas de apoyo a cada aspirante deben estar en Ferraz para su recuento y verificación y solo el que disponga de 9.368 rúbricas verá escrito su nombre en una papeleta el día de la votación.

En 2014, Sánchez se anotó 41.338 avales (por los 25.238 de Madina), el umbral que Díaz pretende superar en la entrega de este jueves en Ferraz

Tanto Sánchez como López asumen que Díaz se apuntará el primer tanto. El de los avales. Y con holgura. En el equipo de la presidenta dicen que las cosas han ido mejor de lo esperado, no niegan que ella pretende mostrar poderío y están convencidos de que esa exhibición de músculo afianzará su ventaja, y saben que el umbral psicológico a superar está en los 41.338 apoyos que Sánchez, su protegido en 2014, recogió en toda España [aquí en PDF]. Los colaboradores del exlíder creen que esa demostración de fuerza le perjudicará, y que tendrá más avales que votos, dado que los aparatos presionan para que se recaben respaldos públicos pero no pueden fiscalizar el voto secreto y en urna de los militantes. El exlendakari ha perseguido la recolección de las firmas necesarias más un colchón de seguridad, e incluso propone reemplazar el sistema actual por otro a dos vueltas en el que no haga falta presentar avales en la primera ronda. Todo cambiaría si, por estrategia, Sánchez decidiera imitar a López, ya que entonces no se visualizaría la magnitud de la distancia (si la hay) con la política sevillana.

Pequeñas correcciones en territorios

Las 41.338 rúbricas que Sánchez cosechó en 2014 le colocaron claramente como favorito. Le separaba una gran distancia de las recogidas por Eduardo Madina (25.238), y más aún de las recabadas por el candidato de Izquierda Socialista, José Antonio Pérez Tapias, 9.912, parte de las cuales habían sido aportadas por los impulsores del madrileño —los grandes aparatos— para asegurarse de que el diputado vasco, el preferido por el entonces secretario general y su número dos, Alfredo Pérez Rubalcaba y Elena Valenciano, se quedaba fuera de la carrera. Y así fue.

El madrileño se hizo con el 54,04% de las firmas válidas, y luego cosechó el 48,67% de los votos; Madina en cambio creció del 33% al 36,25%

Sánchez ganó en avales en 13 territorios: Andalucía, donde recogió 14.389 firmas; Aragón, Baleares, Canarias, las dos Castillas, Comunidad Valenciana, Galicia, Madrid, Navarra, Euskadi, La Rioja y Ceuta. También se embolsó más firmas de Juventudes Socialistas. Madina se impuso únicamente en Asturias, Extremadura —Javier Fernández y Guillermo Fernández Vara eran sus dos grandes valedores—, Cataluña, Cantabria, Murcia, Melilla y la federación del exterior.

El político madrileño venció en avales… y en votos también. Con alguna corrección, eso sí. Sánchez se hizo con el 54,04% de las firmas válidas, y el 13 de julio de 2014, el día de las primarias, recibió 64.116 papeletas, el 48,67% [aquí el escrutinio en PDF]. Madina evolucionó del 33% de la primera fase al 36,25% (47.750 votos). Pérez Tapias creció un poco: del 12,96% de los avales hasta el 15,08% (19.869 papeletas) el día de la consulta. Aquel 13 de julio participaron 132.850 militantes, el 66,76% de los 198.123 afiliados censados. Ahora, para las primarias del 21 de mayo se espera una movilización mayor, dado el grado de tensión del partido, y ello podría hacer crecer la diferencia entre avales y votos.

Eduardo Madina, Pedro Sánchez y José Antonio Pérez Tapias, minutos antes de su debate previo a las primarias del PSOE, el 7 de julio de 2014. (Inma Mesa / PSOE)
Eduardo Madina, Pedro Sánchez y José Antonio Pérez Tapias, minutos antes de su debate previo a las primarias del PSOE, el 7 de julio de 2014. (Inma Mesa / PSOE)


Donde Sánchez venció en la recogida de firmas también se impuso en las urnas, por norma general. Solo perdió Castilla y León, Navarra y Ceuta, que prefirieron a Madina. A cambio, el madrileño batió al vasco en sufragios en Murcia y Melilla.

Gracias al apoyo del tercero al segundo

Las de 2014 fueron las primeras primarias federales para la elección del secretario general —y con carácter consultivo, por cierto, a diferencia del proceso actual, que es vinculante—, pero antes hubo un ensayo. En Galicia, en 2013, y por empeño del entonces jefe saliente del PSdeG, Pachi Vázquez. El lucense José Ramón Gómez Besteiro se hizo con 5.189 avales, y luego con 5.469 votos. Su oponente, Manel Vázquez, entonces alcalde de A Illa, cosechó 1.307 avales y 1.429 votos.

En 2000, Bono logró 350 apoyos de delegados, y Zapatero, 184. Este después le ganó por nueve votos gracias al trasvase de algunos guerristas

Tres años después, también en Galicia, se celebró el último proceso interno. Fue en mayo de 2016, y para elegir al candidato a la Xunta. José Luis Méndez Romeu, el aspirante patrocinado por el alcalde de Vigo, el poderoso Abel Caballero, consiguió 2.539 avales, por los 2.216 del promovido por Ferraz y la gestora del PSdeG, el profesor Xoaquín Fernández Leiceaga. Fuera de la competición se quedó el sobrino del regidor vigués, Gonzalo Caballero, que solo recabó 556 firmas, insuficientes para pasar a la siguiente ronda. Pero este rubricó un acuerdo con Leiceaga, lanzando un mensaje a sus seguidores de que tenían que apoyar a este.

El último candidato del PSdeG a la Xunta, Xoaquín Fernández Leiceaga, en marzo de 2016 en Santiago. (EFE)
El último candidato del PSdeG a la Xunta, Xoaquín Fernández Leiceaga, en marzo de 2016 en Santiago. (EFE)

Leiceaga ganó: 3.662 votos (55,67%) fueron para él, por los 2.916 (44,33%) cosechados por Méndez Romeu, con una participación del 65%. Este es uno de los rarísimos casos en los que el ganador en avales no se impone luego en las urnas. Pero también tiene una explicación: el respaldo explícito de uno de los aspirantes (Caballero) al que partía como segundo (Leiceaga) pero cerca del primero (Romeu).

¿Y la comparación con Borrell?

Las otras dos excepciones recientes las hallamos en los congresos federales de 2000 (el número 35 en la historia del PSOE) y de 2012 (el 38, el que se celebró en Sevilla). Pero ambos tampoco son comparables con el cónclave extraordinario de 2014 o con el actual proceso entre Sánchez, Díaz y López. En 2000 y 2012, eran los delegados (en torno a un millar) los que elegían al líder. En 2014 y 2017, son las bases, los militantes, por lo que el cuerpo electoral es sustancialmente distinto y también las formas de actuar.

En 2012, Chacón recibió un aval más que Rubalcaba, pero había límite por arriba. El ex número dos del Gobierno se impuso por 22 votos

En el 35º Congreso, el entonces presidente manchego, José Bono, se hizo con 350 avales del total de 998 compromisarios. Un por aquellos días desconocido diputado leonés, José Luis Rodríguez Zapatero, consiguió 184 rúbricas. Le seguían Rosa Díez (103) y Matilde Fernández (101). A la hora de la votación, parte de los guerristas abandonaron a su candidata, Fernández, para impedir que Bono, su tradicional enemigo, venciera. Y ocurrió. Zapatero ganó aquel congreso por solo nueve votos: sus 414 papeletas (41,69%) bastaron para vencer al barón manchego (405, el 40,79%), y dejar muy atrás a Fernández (109) y Díez (65). 2012. 38º Congreso. Carme Chacón, la favorita y la discípula de Zapatero, consiguió 287 avales, el 30%, el máximo permitido. Su rival, Alfredo Pérez Rubalcaba, entregó 286 (el 29,9%). Horas después, y gracias a la movilización de la vieja guardia a favor del exvicepresidente del Gobierno, Rubalcaba ganó: cosechó 487 votos, 22 más que la extitular de Defensa (465), que estaba respaldada por los aparatos de Andalucía, Cataluña, Valencia y Madrid.

Los exministros socialistas Trinidad Jiménez y Josep Borrell, el pasado marzo en Madrid. (EFE)
Los exministros socialistas Trinidad Jiménez y Josep Borrell, el pasado marzo en Madrid. (EFE)


Los sanchistas invocan lo ocurrido en 2000 y, sobre todo, lo que pasó en 1998, para advertir de que no siempre el favorito vence. Pero es que el ejemplo de las primarias entre Joaquín Almunia y Josep Borrell no es exactamente parangonable. El entonces líder del PSOE, el designado por el expresidente Felipe González, recopiló 50.170 firmas de militantes. Pero el exministro de Obras Públicas optó por otra vía que en aquel año estaba permitida para confirmarse como candidato: recogió 65 firmas de miembros del comité federal (esa opción no está contemplada hoy). Borrell, por tanto, no acudió a las bases.

Borrell y Almunia recolectaron avales de forma distinta: el primero, recogió 65 firmas de miembros del comité federal; el segundo, de militantes

El 24 de abril de 1998, cuando se celebraron las primarias, el dirigente catalán venció: de los 207.774 votos escrutados (el censo era en aquel momento de 383.462 militantes), 114.254, el 54,99%, llevaban el nombre de Borrell, que conquistó así la candidatura presidencial. Almunia recibió 92.860 sufragios, el 44,67%. Borrell venció por 21.394 votos y en todas las federaciones, a excepción de Andalucía (allí Almunia tuvo el 56,05%), País Vasco y Castilla-La Mancha. Lo que pasó después es conocido: Borrell, boicoteado desde el principio por el aparato, abandonó la nominación a La Moncloa en mayo de 1999 por la investigación por fraude fiscal de dos de sus colaboradores cuando era secretario de Estado de Hacienda. El exministro es uno de los avalistas de la candidatura de Sánchez, al igual que su pareja, la exministra de Medio Ambiente Cristina Narbona.

[Consulta aquí el calendario de las primarias 2017]

Correspondencia bastante exacta

En los recientes procesos de primarias autonómicas la regla no escrita en el PSOE se ha cumplido. En julio de 2015, en la consulta a los militantes madrileños para elegir a su secretario general, la alcaldesa de Getafe, Sara Hernández, ganó primero en avales (4.483) a su oponente, el diputado autonómico Juan Segovia (2.775). Y también lo hizo en los votos, aunque la menor participación —las urnas se abrieron un 26 de julio, en plenas vacaciones— hizo que Hernández tuviera menos sufragios (3.693, el 57,51%) que firmas. Los votos de Segovia, 2.729 (el 42,49%), casi calcaron los avales. Esta fue la primera vez en que se llevó a término el proceso de un militante, un voto para designar al líder después de la victoria de Sánchez.

Sara Hernández consuela a su rival, Juan Segovia, tras ganar las primarias del PSM, en julio de 2015. (EFE)
Sara Hernández consuela a su rival, Juan Segovia, tras ganar las primarias del PSM, en julio de 2015. (EFE)


En Madrid, en 2010, se celebraron otras primarias, pero para elegir al candidato a la Presidencia de la Comunidad. Desde el principio se sabía que iban a ser muy reñidas. Tomás Gómez, líder del PSM, solo aventajó en 745 avales (6.549 frente a 5.804) a su rival, la entonces ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, impulsada por Zapatero. La diferencia en votos fue más corta, 547, de nuevo a favor del favorito, Gómez, que tenía el control del aparato: 7.606 sufragios (51,71%) frente a los 7.059 (47,99%) de Jiménez.

En 2014, ya con Sánchez de secretario general, se celebraron varias primarias regionales para elegir al candidato autonómico. En Valencia, Baleares, Navarra y Canarias fueron abiertas, en las que pudieron participar no solo los militantes con carné, sino los simpatizantes que se inscribieran. En Murcia fueron cerradas, exclusivas para los afiliados. Pero en todas ellas ganó quien venció en la fase de avales.

En los últimos procesos autonómicos, tanto cerrados a militantes como abiertos, los candidatos favoritos acabaron batiendo a sus oponentes

Así, el secretario general del PSPV, Ximo Puig, cosechó 8.650 avales y 37.844 votos (68,82%) frente al todavía alcalde de Faura (Valencia), Toni Gaspar (2.760 firmas entregadas y 17.142 papeletas, el 31,18%), con una participación muy alta, de 55.447 personas, el 82,82% de los censados. En Baleares, la líder del PSIB, Francina Armengol, dijo haber recogido 1.055 avales y se hizo con 6.418 votos (54,58%). Su rival, la exalcaldesa de Palma Aina Calvo, dio 503 rúbricas y recibió 5.341 papeletas (45,42%). Armengol y Puig son, desde 2015, presidentes autonómicos.

Patricia Hernández, exvicepresidenta del Gobierno canario, en diciembre de 2016. (EFE)
Patricia Hernández, exvicepresidenta del Gobierno canario, en diciembre de 2016. (EFE)

En Canarias, la vencedora en la primera fase fue la tinerfeña y madinista Patricia Hernández (1.410), por delante de Carolina Darias (1.193) y Gustavo Matos (1.169). El orden se repitió en los votos, y eso que participaron simpatizantes: Hernández se impuso con el 38,5% (3.379 sufragios), le siguió Darias (31,8%, 2.925) y cerró Matos (29,7%, 2.790), y eso que la víspera de las primarias se anularon varias inscripciones en el censo. El PSOE canario pasó a ser primera fuerza en las islas, pero no en escaños, y Hernández se convirtió en vicepresidenta del Gobierno del archipiélago (2015-diciembre de 2016).

Finalmente, en Navarra, una federación muy pequeña, rivalizaron la elegida por Sánchez, María Chivite (668 avales, que se tradujeron en 2.506 votos, el 58,59%), que después se convirtió en la secretaria general, y la exparlamentaria foral Amanda Acedo (319 firmas, después 1.771 papeletas, el 41,41%). En Murcia se optó en 2014 por primarias cerradas: El líder regional, Rafael González Tovar, fue primero en firmas (más de 2.300) y en sufragios 2.413, el 56,66%), claramente por encima de su contrincante, el entonces alcalde de Beniel, Roberto García (1.350 apoyos públicos y 1.825 votos, el 42,85%).

Censo definitivo: 187.949 militantes

El PSOE comunicó el pasado sábado a los medios cuál es el censo definitivo del partido con el que cuenta en estas primarias: 187.949 militantes. Son 589 más (un 0,32% más) respecto al censo provisional (187.360), del que se informó el 18 de abril. En los 10 días que mediaron entre una fecha y otra Ferraz atendió y resolvió las reclamaciones existentes.

Sin embargo, el cálculo sobre el número de avales necesarios para que los aspirantes se conviertan formalmente en precandidatos se hizo sobre el censo provisional. Es decir, que para pasar el corte este jueves tendrán que disponer de 9.368 firmas, que es el 5% de 187.360 afiliados.

Ferraz aún no ha desglosado territorialmente el censo. La gestora tampoco tiene previsto desmenuzar la procedencia de los avales validados a cada uno de los precandidatos, según advertían ayer martes fuentes del argumento. Sí se hizo en 2014 (a petición de Eduardo Madina, que luego secundó Pedro Sánchez), pero la dirección provisional quiere “destruir” las rúbricas en cuanto sean computadas, pues para saber su origen tendría que “procesarlas” y no quiere ser “acusada” de haber utilizado esa información.

Si se compara el censo definitivo de 2014 (198.364) con el actual (187.949), se observa que el PSOE ha perdido, en estos casi tres años, 10.415 militantes. Hay que tener en cuenta que el cuerpo electoral del PSC ha menguado (de casi 18.000 a 14.322), al poder participar únicamente aquellos militantes al corriente del pago de sus cuotas

La gestora espera poder facilitar los datos de los avales válidos avanzada la tarde del jueves. Las primeras firmas, las que importan hasta alcanzar el umbral mágico de los 9.368 apoyos, se computarán manualmente. Luego, se hará a través de una aplicación informática. Susana Díaz dio muestras este martes de tranquilidad en esta primera fase: se la pudo ver en la Feria de Abril de Sevilla -pasó bastante tiempo en la caseta de Cajasol- con sus colaboradores más cercanos y parte de su Gobierno. 

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