PRESENTACIÓN, EL JUEVES

Las perlas del libro de Sánchez: del "intruso" entre barones al error con Fray Luis de León

El presidente recorre su llegada a la primera línea, su caída y su resurrección, plagada de "deslealtades" y "desplantes" de sus críticos. Pero no se recrea en los momentos de crisis ni apuñala a Díaz

Foto: Pedro Sánchez, este 19 de febrero en la presentación de su precampaña a las generales. (EFE)
Pedro Sánchez, este 19 de febrero en la presentación de su precampaña a las generales. (EFE)

"Siendo fiel a la verdad y a la cronología, debo decir que mi primera decisión como presidente del Gobierno la tomé con mi mujer, Begoña [Gómez], porque las cuestiones de intendencia se anteponen a casi todo. Esa primera decisión fue renovar el colchón de la cama de matrimonio y pintar nuestra habitación del Palacio de la Moncloa. Decidimos no cambiar nada más, salvo colchón y pintura, por razones que entiende cualquiera que haya vivido en un piso amueblado. Además, el refranero asegura que «dos que duermen en el mismo colchón acaban siendo de la misma opinión», y yo quería mantener mi criterio alejado del de mi predecesor".

¡Zas! Arranque del libro de Pedro Sánchez, 'Manual de resistencia' (Península, 2019), ese al que dio "forma literaria" la exdiputada Irene Lozano tras horas y horas de conversaciones grabadas entre ambos, la mayoría antes de acceder al Gobierno, y actualizado al tocar la Moncloa. Su primerísima decisión fue esa, una doméstica, como la de cualquier familia que llega a un piso de alquiler y tiene que resolver las primeras cuestiones de intendencia. Pero la obra de Sánchez, que sale a la venta este 19 de febrero —el mismo día de lanzamiento de su precampaña de las generales del 28 de abril— y que él mismo presentará este jueves en Madrid, es mucho más jugosa que esa pequeña experiencia iniciática en el palacio gubernamental. El hoy presidente se detiene en su tortuoso camino para afianzarse dentro del PSOE, sorteando los obstáculos internos, incluso la sensación de sentirse un cuerpo extraño en el partido, hasta reconquistar la cima de nuevo en 2017 y convertirse un año después en el responsable del país.

Pero no, no esperen morbo a punta pala. No hay descalificaciones. Hay reconocimiento de lo ya conocido, de esa conflictiva relación con los capitanes regionales del PSOE. Sánchez relata ese juego de traiciones y "desplantes" que él vivió, sin recrearse en los detalles ni apuñalar a su eterna enemiga, Susana Díaz. El líder del PSOE lanza mensajes claros para sus detractores, aquellos que sintió que le asfixiaban y no le concedieron ni un minuto de tregua, en una obra que se consume rápido y que tiene la virtud de contar en primera persona sus días de gloria y pasión durante algo más de cuatro años, aspectos que había sido remiso a narrar con crudeza en todos estos años. Incluso se le cuela una incorrecta atribución de cita a San Juan de la Cruz, porque correspondía a Fray Luis de León (error luego subsanado, eso sí)... pero eso para más adelante.

Me veían como alguien que no pertenecía a su círculo, un 'outsider', ajeno a las élites que tienen los partidos, también el mío


"Desde el principio tuve esa incómoda sensación de intruso", confiesa. Sánchez repasa su defenestración en el esquizofrénico comité federal del 1 de octubre de 2016, empujado por los barones. "Los militantes me apoyaban, pero la dirigencia del partido había logrado que me fuera. Me veían como alguien que no pertenecía a su círculo, como a un 'outsider', alguien ajeno a las élites que tienen todos los partidos, también el mío". El líder socialista sentía que no había encontrado su sitio dos años después de haber accedido a la jefatura del PSOE, en el congreso extraordinario que ganó gracias al impulso de los aparatos regionales, concertados a su vez con Susana Díaz. Él era la persona designada para vencer a Eduardo Madina. Y lo consiguió gracias a ellos.

Los "propietarios" del PSOE son los militantes

"Mi victoria en las primarias de 2014 se produjo con el apoyo de la federación andaluza, y ya entonces percibí que algunos me respaldaban solo para ganar tiempo hasta que Susana ocupara mi lugar. Obtuve el cargo de secretario general, pero esa élite no me concedió la legitimidad política para ejercerlo. Durante dos años y dos meses esa interinidad que algunos habían decidido para mi mandato volvía frágiles mis decisiones y mi posición en la dirección política del partido. En el proceso de primarias que tuvo lugar para sustituir a [Alfredo Pérez] Rubalcaba en 2014 pesaron los aparatos y no la militancia. La dimisión de la mitad de mi ejecutiva demuestra la debilidad de mis apoyos internos desde el primer momento, cuando se conforma aquel equipo. De todas formas, siempre he pensado que los verdaderos propietarios del partido son los militantes, como acabó demostrándose en las primarias de 2017 [...]".

Niega que pactara con Díaz en 2014 que él sería secretario general y ella candidata a la Moncloa. Ese pacto, dice, no habría tenido "sentido" ninguno

En todo el libro, Sánchez deja entrever sus dificultades de entendimiento con los barones. Explica que lo que subyacía entonces, antes del último congreso, en el que ya configuró un PSOE a su medida, era un problema de organización interna, de cómo se articulaba la distribución del poder. La piedra en su camino era la excesiva "descentralización". Federaciones territoriales "que han condicionado demasiado al secretario general nacional". "Hoy tenemos una dirección federal, que consulta, coordina y coopera con los territorios, por supuesto. Somos un partido federal y somos un país muy descentralizado. Cuando se suscita el debate de la financiación autonómica, el secretario general del PSOE debe hablar con los territorios, desde luego, porque les incumbe. Pero otra cosa muy distinta es tener una ejecutiva federal hecha al dictado de las direcciones territoriales, porque eso dificulta ofrecer un proyecto de país. Esa debilidad del secretario general resulta nociva para España".

En definitiva, los territorios (los barones) "no pueden imponerse a los del conjunto, por lo que Ferraz ha de gozar de "autonomía", defiende. De hecho, comenta que le resultaba "pasmoso" que él, en 2015, permitiera a los líderes autonómicos tejer sus propias alianzas, mientras que él no disfrutó de una "confianza equivalente" a la hora de formar gobierno en España. "Una incongruencia difícil de sostener". El resultado fue el "desdibujamiento" del proyecto nacional.

Las perlas del libro de Sánchez: del "intruso" entre barones al error con Fray Luis de León

Sánchez no se detiene demasiado en el comité federal del 1 de octubre que le arrebató el poder. Lo resuelve en apenas un párrafo y no da detalles. "Todo fue terriblemente duro, traumático. Viví algunas deslealtades minuto a minuto. Fue terrible en lo personal y me permitió saber a quién podía considerar amigo y a quién no". El líder dimitido se dirigió a su casa y allí le esperaba su mujer, Begoña Gómez, protagonista omnipresente del libro, lo que da buena cuenta de su influencia y de su apoyo constante. "Me esperaba con lágrimas en los ojos, porque no entendía bien lo que había sucedido. Empecé a cobrar conciencia de la capacidad de resistencia que yo podía llegar a tener, pues se había puesto a prueba en todos los meses anteriores. Nunca me había encontrado en situaciones tan traumáticas, e ignoraba cómo reaccionaría en esas condiciones de acoso, presión, agitación y, finalmente, de forzada dimisión". Resistencia. Una actitud ante la vida y que Sánchez convierte en una categoría política que explicaría parte de su ascenso en la política. Y su permanencia en ella tras su muerte civil en 2016.

La primera medida, el Aquarius

El mandatario socialista, que arranca su libro con su primera decisión en el Gobierno —que es la acogida del Aquarius, no el cambio de colchón, que no deja de ser una anécdota—, regresa a 2012 y 2013, tras salir del Congreso (momento en que aprovecha para escribir su polémica tesis) y volver a él y ser repescado como ponente de la conferencia política que el entonces secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, montó para reanimar el PSOE. A partir de entonces empezó a recorrer las agrupaciones de toda España y ese pulso en las bases le hizo ambicionar cumbres mayores.

El presidente se queja de que sus críticos se lanzaron a aventar sus discrepancias enseguida. Su primer mandato fue una "carrera de obstáculos"

La suerte —esos golpes que tanto se han repetido en la vida política de Sánchez— se cruzó en su camino. Tras la debacle de las europeas de mayo de 2014, Rubalcaba convocó congreso y no primarias. Y Díaz decidió dar un paso atrás y no competir contra Madina (al que por cierto afea la "improvisación" de su campaña interna). Ella lo apoyó. Y ese respaldo fue clave. Sánchez narra entonces, "en contra de lo que se ha contado", que no pactó con ella ser secretario general y no candidato a la Presidencia del Gobierno. "No habría tenido sentido" que hubieran acordado que ella fuera la aspirante presidencial, porque su "obligación" con Andalucía "no se extinguiría en un año". "Ni yo me comprometí a no presentarme a las primarias, ni ese pacto hubiera tenido sentido. Se ha explicado así, pero nunca ocurrió así. Las cosas en política tienen sus tiempos y su lógica: sencillamente no era su momento", arguye.

Pedro Sánchez y Susana Díaz, el 20 de mayo de 2015, en la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra, donde ambos fueron incapaces de disimular sus diferencias. (EFE)
Pedro Sánchez y Susana Díaz, el 20 de mayo de 2015, en la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra, donde ambos fueron incapaces de disimular sus diferencias. (EFE)

Sánchez venció y, en efecto, enseguida tropezó con las zancadillas internas. Sus "detractores" comenzaron a "hacerse notar" al cabo de muy poco tiempo, y tuvo que lidiar con la "la desagradable sensación de estar siendo juzgado antes de tiempo". Sus críticos "empezaron enseguida a aventar sus discrepancias" y sus "supuestas incapacidades". Otros, en cambio, sí le ayudaron: Manuel Chaves y José Antonio Griñán, los dos expresidentes andaluces del PSOE encausados por los ERE, que primero dejaron su escaño y luego renunciaron al carné, y a ambos les agradece el gesto.

Uno de los primeros en descolgarse del apoyo fue el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, a quien molestó que abjurara de la reforma del artículo 135 de la Constitución, que él había votado como diputado raso en 2011. Sánchez reconoce que debió de haberle avisado con mucha más antelación, pero añade que esa posición ya había sido asumida por el PSOE en su conferencia política de 2013. A su vez, al secretario general le irritó enterarse por terceros de la cena que Zapatero, Pepe Bono y Emiliano García-Page mantuvieron con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, justo en el momento en que Podemos estaba en auge y la dirección intentaba contener su empuje. Ahora, la relación con Zapatero es "fluida" y le gusta compartir con él puntos de vista.

Las perlas del libro de Sánchez: del "intruso" entre barones al error con Fray Luis de León

Pero en aquellos momentos, 2014 y 2015, Sánchez sufría "desaires de figuras socialistas con cierta frecuencia", y que incluso eran notorias en público. "La política es una carrera de fondo, y aquellos meses fueron además una llena de auténticos obstáculos en la que yo me fui curtiendo día a día".

La intervención de Felipe González

Su gran obstáculo fue Susana Díaz. El líder socialista se retrotrae a la convención autonómica del PSOE de enero de 2015. Ella no acudió porque estaba enferma, y eso arruinó el acto. "El lunes la vi en un acto público y me alegré mucho de su rápida recuperación", comenta, deslizando que la baronesa en realidad nunca quiso ir. Ella tampoco le informó por adelantado del adelanto electoral que venía madurando. Y cuando meses después no lograba formar gobierno, él se ofreció para "gestionar con Pablo Iglesias lo que fuera necesario", pero "ella prefirió hablarlo personalmente con él". "Hubo numerosos desplantes, en público y en privado, destinados a mí, pero que hacían un daño enorme al partido". Hasta que el propio Felipe González "hubo de intervenir", salir en defensa del secretario general para detener las hostilidades, ya que el partido estaba a un mes y medio de las municipales y autonómicas de mayo de 2015.

El líder relata cómo estableció una "relación muy franca" con el Rey, la "desconfianza" que hubo con Iglesias y la relación al principio "fluida" con Rivera

"Seguro que yo también cometí errores en aquel año tan difícil de 2015, probablemente debí abordar esa división mucho antes y tejer alianzas fuertes. A lo mejor podía haber sembrado más confianza; tal vez no hubiera servido para nada, pero sin duda, todos lo pudimos haber hecho mejor". En ese "difícil" 2015 también hay que anotar la decapitación de Tomás Gómez, que tenía "secuestrada a la organización". Así como Sánchez se muestra cuidadoso con los actuales líderes territoriales, es más contundente contra el exbarón madrileño, a quien acusa de dejar "desmoralizado" al PSOE-M y haberlo conducido a un enorme "deterioro interno".

Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, el pasado 11 de octubre en la Moncloa. (EFE)
Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, el pasado 11 de octubre en la Moncloa. (EFE)

El año concluyó con el primer intento de los barones para destronarle tras los pésimos resultados electorales de las generales de diciembre de 2015 (90 escaños). No lo tumbaron, pero sí le ataron de pies y manos en la negociación con el resto de fuerzas: no podía sentarse a la mesa si las demás fuerzas (Podemos y los soberanistas) no renunciaban al derecho de autodeterminación. Un camino "difícil de transitar", un "desfiladero". Sánchez se queja de nuevo de la "desconfianza" de los barones hacia él, algo que le "dolió" especialmente.

El líder socialista se detiene después en las negociaciones de investidura. Cómo le costó "superar la barrera de la desconfianza" con Pablo Iglesias, cómo en aquellos primeros meses de 2016 su relación con Albert Rivera fue "fluida". Y también relata cómo estableció desde entonces una "relación muy franca" con el Rey, que aún se mantiene. Se instaló "una corriente de confianza mutua" y la "prueba" es que Felipe VI le llamó tras su caída como secretario general. "Ahora solemos hablar de manera regular, su preocupación por Cataluña es enorme, pero a él le apasiona la política internacional y especialmente la latinoamericana. Siempre que nos vemos, conversamos sobre la situación en el mundo". Tras la investidura fallida, España caminó a nuevas elecciones.

El PSOE se hundió a su peor resultado histórico (85 escaños, incluyendo uno de Nueva Canarias). Sánchez sí se llegó a plantear la abstención a Mariano Rajoy. Pero la desechó porque el presidente requería el apoyo a sus Presupuestos. El secretario general defiende que los barones querían, de manera "subrepticia" que él diera el paso de la abstención, con la que no estaba de acuerdo, y asumiera el coste de esa decisión ante la militancia. Tras las elecciones gallegas y vascas del 25 de septiembre de 2016, en las que el PSOE también se hundió, todo se precipitó. Él precisa que en aquel momento perseguía un pacto con Podemos y Ciudadanos, y no con los independentistas. Eso era "un bulo". Al final, Sánchez cayó.

La vuelta a Ferraz

El secretario general dejó su escaño y pasó una travesía en el desierto, plagada de dudas sobre si debía intentar reconquistar el poder o no. Hubo entonces quienes tiraron de él: Adriana Lastra, José Luis Ábalos, Margarita Robles, Paco Salazar, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, Josep Borrell... o sus dos fieles colaboradores, su jefe de Gabinete en Ferraz, Juanma Serrano, y la directora de Comunicación del PSOE, Maritcha Ruiz, sus dos "pilares emocionales" en aquellos momentos de tribulación. Debía seguir por su "capital político de coherencia" acumulado, le razonó Ábalos. Sánchez al final se lanzó, compitió contra Susana Díaz y Patxi López y ganó. Arrasó a la favorita en unas primarias "durísimas", empujado por una militancia entusiasmada y pese a que tenía a los medios en su contra, protesta.

Sánchez revela que llegó a trenzar una relación de "confianza mutua" con Rajoy y que le resultó "duro" desalojarle del poder a través de la moción

Y ahí se calza el gazapo. Sánchez cuenta que al día siguiente de su victoria, el lunes 22 de mayo de 2017, le fueron a recoger a la puerta de su casa sus conductores, como habían hecho dos años y medio. "Se subieron al coche y me preguntaron: «¿A Ferraz?». Me acordé de San Juan de la Cruz en Salamanca: «Como decíamos ayer…»". Aquella célebre frase era de Fray Luis de León. Un error que en la edición digital del libro ya estaba corregido.

Después llegó la crisis catalana, en la que el PSOE, como siempre presume el hoy presidente, apoyó y fue "leal" con Rajoy. Juntos pactaron la activación del 155. Ambos, narra, llegaron a superar las "dificultades de la primera legislatura" y establecieron una "relación de verdadera confianza mutua". "Los dos cumplimos". Al final de una de sus conversaciones, a las puertas de la declaración de independencia, Rajoy le llegó a invitar a cenar en su residencia en la Moncloa.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, el 15 de mayo de 2018 en la Moncloa. (EFE)
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, el 15 de mayo de 2018 en la Moncloa. (EFE)

Cataluña les unió, había generado "una buena relación entre los dos". Pero sobrevino la sentencia de la Audiencia Nacional que condenó al PP por corrupción. "Para mí resulta duro desalojarle de la Presidencia [del Gobierno] mediante una moción, y hasta el último minuto deseo que él plantee la dimisión, por motivos personales, pero también por dignidad política, la suya y la del puesto que ocupa". No ocurrió. Prosperó la moción de censura. Y Sánchez se convirtió en jefe del Ejecutivo, de la noche a la mañana. A través de una moción para la que el PSOE "no negocia nada" con ninguna fuerza.

"La pugna entre las derechas no deja de tener un beneficiario: Vox, que engorda a costa del discurso extremista y recentralizador de PP y Cs", afirma

Las tornas se cambian. Sánchez agradece a Iglesias el apoyo, igual que considera que Rivera es una "persona no fiable" porque le acusó de no haberle llamado, cuando en realidad se había "negado" a verse con él. Pero lo cierto es que con el cambio en el Ejecutivo, juzga Sánchez, cambió España. "Cambió" la política, cambió la "posición en Europa", arrancó un nuevo intento (luego fracasado) de encauzar el conflicto independentista, y dio comienzo "la batalla por la hegemonía en la derecha". PP y Cs, denuncia, han elegido la "estrategia de la crispación y la polarización", porque "solo da alas a la extrema derecha". "Con todo, la pugna entre las derechas no deja de tener un único beneficiario: Vox, que engorda a costa del discurso extremista y recentralizador de PP y Cs".

Ahora ese combate salta de las páginas de un libro a las urnas. Y la campaña ya ha empezado. Este libro, 'Manual de resistencia', es una pieza más en los casi 70 días que quedan hasta el 28-A. Al margen de ese colchón del dormitorio de los Sánchez ya famoso y carne de meme o del cambio de la prensa deportiva que tanto amaba Rajoy por la internacional. Por cierto, para los amantes de los datos: la muda de mobiliario en la Moncloa costó 3.466 euros.

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