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Todas las crisis golpean a España: la debilidad energética agrava el castigo de la guerra al PIB
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Las repercusiones de la contienda

Todas las crisis golpean a España: la debilidad energética agrava el castigo de la guerra al PIB

La economía nacional tiene la mala costumbre de situarse entre las perdedoras de las crisis. Lo fue en 2008, en 2012 y en 2020. En 2022 vuelve a tener un flanco débil en la energía

Foto: Imagen de una central de gas en Alemania. (Reuters/Christian Charisius)
Imagen de una central de gas en Alemania. (Reuters/Christian Charisius)
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Cuando Rusia comenzó la invasión de Ucrania, España parecía que, por una vez, conseguiría salir indemne del impacto económico. Desde el primer momento de la guerra, la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, quiso calmar a la población: "España es de los países menos expuestos al conflicto tanto desde el punto de vista de la exposición comercial como de la dependencia energética por la diversificación de suministros y una menor dependencia del gas".

En efecto, el impacto directo de las sanciones y de la profunda recesión que sufrirá Rusia es limitado, ya que apenas del 0,5% del valor añadido de la producción española tiene como destino el país. Una cifra sin parangón con el casi 3% que alcanzan las repúblicas del Báltico o el más del 1% de dependencia de otras naciones del este de Europa. El suministro de gas y de petróleo tampoco está en peligro, ya que la mayor parte de las importaciones que realiza España procede de Argelia y Estados Unidos.

Foto: El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez junto a Calviño y Montero. (EFE)

Sin embargo, las debilidades estructurales de España suelen pasar factura a su economía durante las crisis. Nuestro país tiene la mala costumbre de situarse entre las naciones desarrolladas que salen perdedoras de estas situaciones. Lo fue en 2008, en 2012 y en 2020, y lo volverá a ser en 2022. En esta ocasión, el gran temor es la dependencia energética. La negociación del último Consejo Europeo constituye un reflejo de las fortalezas y vulnerabilidades de España en relación con el resto del continente. Mientras la mayoría de los Estados centraban su discurso en asegurar el suministro de energía, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ponía el énfasis en los precios.

Un informe de JP Morgan publicado esta semana situaba a España, junto con Italia, entre las economías europeas más afectadas por la crisis energética, incluso aunque no tengan dependencia de Rusia. "Nuestras revisiones para Italia y España han sido más profundas que para las otras grandes economías del euro reflejando el mayor impacto del 'shock' energético e inflacionista", escribía el economista Marco Protopapa en la nota. En concreto, la entidad rebajó del 6% al 4,2% su previsión de crecimiento para nuestro país.

La esperanza de que España pudiera salir indemne de la onda expansiva de la guerra se ha desvanecido rápidamente

Aunque no hay consenso entre los analistas de que España vaya a ser la economía perdedora por la guerra, sí coinciden en que la crisis energética la golpeará con dureza. De ahí que la esperanza de que España pudiera salir indemne de la onda expansiva de la guerra se haya desvanecido rápidamente por la gran crisis energética que ha provocado. "No creo que España vaya a perder más PIB que el resto de Europa por una cuestión de geografía y de suministro energético", explica Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas. "La proximidad geográfica a Ucrania hace que el clima de negocios en los países del este y centro de Europa se haya deteriorado más rápidamente", añade. Al mismo tiempo, señala que estos países "se arriesgan a que haya cortes de suministro, lo que genera más incertidumbre". "Mi intuición es que España sufrirá un poco menos que los demás países, pero el alza de los precios energéticos sí que nos afecta más que a otros", sentencia.

La última encuesta a analistas que hace mensualmente 'Bloomberg' recortó en 3 décimas las previsiones del PIB para España, una cifra inferior a las siete décimas de rebaja para la eurozona o para Alemania. Sin embargo, esa encuesta tenía en cuenta principalmente el impacto directo de la guerra y no tanto su 'onda expansiva' a través de la energía. Así es cómo otra de la debilidades estructurales de la economía española vuelven a pasar factura amplificando los efectos de una crisis económica externa.

La dependencia energética

España solo importa de Rusia el 8,9% de su gas —según el informe anual de 2021 del operador del sistema Enagás— y el 1,8% de su petróleo —de acuerdo con el informe anual de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores) de 2020, el último disponible—. Pero eso no significa que la guerra no afecte a sus costes energéticos.

Foto: Terminal de Enagás en el puerto de Barcelona. (Reuters/Nacho Doce)

La espiral inflacionista comenzó a mediados de 2021 por la reapertura de las economías tras lo peor de la pandemia y el conflicto la ha acentuado, causando un impacto especialmente grave en nuestro país. España solo extrae el 0,2% del gas y el 0,06% del crudo que consume, frente, por ejemplo, al 5% y el 2% de Alemania, según los datos del Instituto Nacional de Geociencias y Recursos Naturales de la nación centroeuropea. De acuerdo con Eurostat, la dependencia energética de la economía nacional roza el 80%, casi 20 puntos más que la media comunitaria. Este problema, compartido con la mayor parte de la Unión, pero especialmente grave en los países del sur, los hace muy sensibles a las oscilaciones del valor de las materias primas en los mercados internacionales.

Ocurrió durante la recuperación económica tras la Gran Recesión, cuando el petróleo rondaba los 50 dólares; y ocurre con la salida de la crisis del coronavirus, cuando supera los 100 y el gas alcanza máximos históricos. Entonces se hablaba de vientos de cola; ahora, de vientos de cara. Cualquiera que haya salido a la carretera con una bicicleta conoce muy bien la diferencia.

Ya en noviembre, mucho antes de que Putin sacase los tanques hacia Kiev, España había disparado su déficit comercial en productos energéticos hasta los 3.008 millones de euros, un nivel que no se había visto desde hacía una década, cuando la Primavera Árabe llevó al petróleo a los 120 dólares —guarismos, por cierto, muy similares a los actuales—. Aunque todavía no hay datos desde el inicio de la guerra, el último informe del Ministerio de Turismo y Comercio señala una cifra similar: en enero, las importaciones energéticas superaron a las exportaciones en 3.353 millones de euros. Sin ir más lejos, cada dólar que sube la cotización del petróleo le cuesta a España 300 millones de dólares (unos 270 millones de euros) al año.

Foto: Un hombre camina sobre un gasoducto en construcción. (Reuters)

El caso de la electricidad es muy diferente, pero hasta ahora esto no ha servido para amortiguar el impacto. España es una isla energética dentro de Europa, con una interconexión con el resto del continente de apenas el 3%. El gran peso de las renovables le permite gozar de una considerable autonomía, y las centrales de ciclo combinado solo representan el 15% de la producción total. Sin embargo, el golpe que ha supuesto el encarecimiento del gas durante los últimos meses se ha sufrido igual —y, en algunos momentos, más— en los récords de la luz de Madrid que en los de Berlín. El sistema marginalista, por el que la energía más cara de las que entran en el 'mix' marca el precio, funciona en toda la UE.

Esto no solo tiene consecuencias para las empresas, con parones en algunas factorías que impactan en la producción y, por tanto, en el crecimiento económico. También para los particulares, especialmente los 10 millones de familias acogidas a la factura regulada, que depende directamente de los precios del mercado mayorista. Los mayores costes energéticos afectan a su capacidad de compra en otros ámbitos, lo que retrae el consumo. Hasta ahora, España no escapa a este círculo vicioso que afecta a toda Europa, pese a contar, en este caso, con una ventaja comparativa respecto al resto del continente.

Foto: Sánchez, junto a Costa, ayer en rueda de prensa. (EFE/Horst Wagner)

Los acuerdos del Consejo Europeo celebrado esta semana abren la puerta a un tratamiento excepcional para el mercado ibérico de la electricidad, pero no tendrán un efecto inmediato y, sobre todo, no resuelven el problema de fondo de los costes energéticos: la gran dependencia de la importaciones de petróleo y gas. Como se ha señalado, las primeras proyecciones elaboradas tras la guerra ya advierten de un posible impacto superior para la economía española en relación con sus vecinos europeos.

Una recuperación consolidada

La vulnerabilidad energética, pese a todo, no debería poner en riesgo la recuperación de la economía, aunque sí va a ralentizar el crecimiento. La inercia del PIB previa al inicio de la guerra era muy fuerte por la salida de la pandemia. España crecía a un ritmo del 2,2% trimestral antes de la guerra y los expertos anticipaban un crecimiento próximo al 6% para el conjunto de 2022. Esto significa que el 'shock' provocado por la invasión de Ucrania y la crisis energética tendría que ser muy superior al actual para generar una recesión.

Foto: El presidente de Rusia, Vladímir Putin. (EFE)

España tiene más terreno por recuperar para volver a los niveles de producción previos a la pandemia en comparación con el resto de Europa. Un simple análisis de los datos del turismo muestra el gran margen de recuperación que tiene España en 2022. En 2021 los ingresos por la llegada de viajeros internacionales fueron apenas el 41% de los que había antes de la pandemia, sin embargo, si se tiene en cuenta solo el cuarto trimestre del año, esos ingresos fueron ya del 76% de los que hubo en el mismo periodo de 2019. Esto significa que, si la recuperación se detuviese y se quedase en ese 76% durante todo el año 2022, los ingresos se dispararían un 85%. El inicio del año apunta al optimismo, ya que en enero y febrero se recibieron en torno al 80% de los turistas que había antes de la pandemia.

Este punto de partida tan bajo que tiene España es el que hace que el margen de mejora sea muy amplio. Incluso aunque no lleguen los turistas rusos, la recuperación de la hostelería será muy intensa. Y lo mismo ocurre con otros sectores que van con retraso en la recuperación, como es el turismo o las distintas actividades de ocio y restauración.

Además, existe otro elemento clave que puede contrarrestar la crisis energética: el ahorro de los hogares acumulado durante la pandemia. Desde el primer trimestre de 2020 hasta el tercero de 2021, las familias tuvieron un exceso de ahorro del 68.000 millones de euros. Se trata de un ahorro que casi duplica al habitual y que supera ampliamente al acumulado por los hogares europeos. "Es cierto que nos afecta más la subida de precios energéticos, pero también disponemos de una bolsa de sobreahorro que amortigua la subida de los precios", explica Torres.

La escasa movilización de este ahorro embalsado era un motivo de preocupación para la recuperación en España, ya que indicaba que las familias todavía dudaban de la recuperación. Sin embargo, ahora ese colchón puede ser clave para que los hogares puedan soportar el repunte de la inflación sin reducir sus compras. Las familias pueden utilizar ese exceso de ahorro para sufragar la subida de los precios sin sacrificar su consumo, lo que permitiría contrarrestar el 'shock' energético.

Los fondos europeos también impulsarán la recuperación durante todo el año 2022. España, junto con Italia, será el país que más recursos reciba, de modo que tendrá aquí un motor adicional de crecimiento. Es cierto que esta política fiscal expansiva contribuirá a elevar la inflación por el aumento de la demanda que conlleva. De hecho, algunas de las convocatorias que han sacado las administraciones públicas con cargo al Plan de Recuperación se han quedado vacantes porque los precios ofertados no eran suficientes, lo que obligará a mejorar las ofertas y, por tanto, contribuir a la subida de los precios.

En España, los primeros datos económicos de las primeras semanas de la guerra empezarán a caer esta semana con el dato adelantado del IPC de marzo. Sin embargo, en Europa ya están disponibles los primeros indicadores de confianza y actividad. Es el caso de la encuesta a gestores de compras (PMI) que elabora S&P Global y mide la producción en las empresas. La encuesta de la eurozona arrojó un resultado de 54,5 puntos. Si bien es cierto que está un punto por debajo del dato de febrero, se mantiene claramente por encima del umbral de 50 puntos, que es el que marca la diferencia entre la expansión y la contracción de la actividad. Este dato es compatible con un crecimiento trimestral del entorno del 1%, una cifra muy positiva que muestra que el impacto del conflicto podría ser inferior al temido inicialmente.

Cuando Rusia comenzó la invasión de Ucrania, España parecía que, por una vez, conseguiría salir indemne del impacto económico. Desde el primer momento de la guerra, la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, quiso calmar a la población: "España es de los países menos expuestos al conflicto tanto desde el punto de vista de la exposición comercial como de la dependencia energética por la diversificación de suministros y una menor dependencia del gas".

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