Tras cuatro días de negociaciones

El fondo es más importante de lo que crees y España e Italia deben demostrarlo

El término 'histórico' ha acabado desgastado por su abuso continuo por los líderes europeos. Esta vez no es exagerado. España e Italia deben estar a la altura

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a Ursula von der Leyen, Giuseppe Conte, Emmanuel Macron y Angela Merkel, entre otros. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a Ursula von der Leyen, Giuseppe Conte, Emmanuel Macron y Angela Merkel, entre otros. (EFE)

Poco después de las cinco y media de la mañana del martes el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha escrito una simple palabra en su red social Twitter: “Acuerdo”. La sencillez del mensaje choca con la importancia del paso dado por la UE al acordar un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros con el que se planea financiar la recuperación económica.

“Histórico” es una palabra desgastada por su uso en Bruselas. Unos líderes europeos que perdían el contacto con la sociedad y que buscaban reengancharse a sus ciudadanos han abusado de ella en demasiadas ocasiones. La hipérbole bruselense ha llevado a utilizarlo hasta la extenuación, en ocasiones en contextos absurdos.

Esta vez el término sí se ajusta a la situación. Y, aunque pueda resultar sorprendente, lo más importante no son precisamente las cifras. La idea que hay de fondo es la que tiene un valor real y está ahí desde que Francia y Alemania presentaron en mayo su plan para la creación de un fondo de medio billón de euros que se distribuyera en forma de transferencias.

Para Berlín fue una absoluta revolución. La idea es tan sencilla como imposible parecía implementarla hace poco: que la Unión Europea se endeude de manera masiva en los mercados para financiar la recuperación económica y que la devolución se produzca según la capacidad de cada uno de los Estados miembros. El cambio de paradigma respecto a la anterior crisis es total: frente a la asistencia financiera con condiciones draconianas, ahora Europa tiene entre manos un modelo basado en el endeudamiento común para ayudar a los países más golpeados. Y todo ello enmarcado en unas condiciones que, si bien se han visto algo endurecidas en la cumbre europea, tienen como objetivo mejorar el crecimiento y dirigir a los países hacia la transición verde y digital.

No hay ningún vínculo más fuerte que la deuda. Ese es el paso que se ha dado en las últimas horas. Aunque los eurobonos coparon titulares e informativos al inicio de la crisis, lo cierto es que la emisión conjunta de deuda europea, que cumple esa misma función, ha pasado, al menos hasta ahora, desapercibida en el debate público. Se ha señalado las condiciones y el estilo impuesto por Países Bajos, Dinamarca o Suecia, pero lo cierto es que todos, los veintisiete, han dado el pasado de endeudarse en una escala masiva.

Después, más allá de la idea de fondo, están los números, que se llevarán ahora la mayoría de los focos. El acuerdo alcanzado por los líderes no es del todo satisfactorio porque la idea franco-alemana de medio billón de euros en transferencias se ha visto reducido hasta los 390.000 millones. Quizás sea menos de lo que la economía europea necesita ahora mismo, y sin embargo todo el mundo está de acuerdo en que es más de lo que se podía esperar al inicio del debate hace meses.

Hablamos fundamentalmente de las transferencias o subvenciones y no tanto de los créditos, que son otros 360.000 millones de euros, porque precisamente no hay una muestra más clara de la solidaridad europea que la transferencia a fondo perdido, además de ser, desde el punto de vista económico, la mejor opción: no se suma a la montaña de deuda pública de países ya endeudados, algo que lastra todavía más su crecimiento.

Lo importante ahora es lograr que la operación sea un éxito. Cuando se ha hablado del fondo de recuperación en todo momento se ha mirado a España e Italia, los dos países más golpeados por el covid-19. Curiosamente son, también, dos de los que más desconfianza generan entre los socios nórdicos y los calificados “halcones”. Han sido muy criticados en la opinión pública, en parte con razón, pero el paso dado debe ser entendido como un gesto no solo de solidaridad, sino de comprensión de que el futuro de todas las economías del mercado único están conectadas, y que si una se ahoga todas se hunden.

Será de Italia y de España de quien dependa si esta operación se repite o no en el futuro. Aunque Alemania insista una y otra vez en que esta es una medida “excepcional” y “única” que no volverá a repetirse, no hay ningún parche temporal que funcione en la Unión Europea y que no se acabe quedando para siempre. Si Roma y Madrid son capaces de hacer buen uso y sus economías reaccionan bien, entonces el argumento económico a favor de este instrumento se verá reforzado todavía más.

Llega el momento de que las administraciones española e italiana se preparen para gestionar una auténtica ola de transferencias y créditos durante los próximos seis años. No será fácil. Pero el futuro de la gestión de crisis europeas puede depender de la eficacia y eficiencia de Madrid y Roma a la hora de hacer uso de esta oportunidad sin precedentes. No hay éxito en Europa al que se le haga un contrato temporal. Si funciona se queda.

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