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España gasta ya 3.000 M al mes en importar energía, máximos desde la primavera árabe
  1. Economía
Pone en riesgo el superávit exterior

España gasta ya 3.000 M al mes en importar energía, máximos desde la primavera árabe

La escalada del precio del gas y el petróleo hace un agujero a la economía española. Este coste supera en un 50% al existente antes de la pandemia y es un 200% superior al de hace un año

Foto: Un hombre camina sobre un gasoducto en construcción. (Reuters)
Un hombre camina sobre un gasoducto en construcción. (Reuters)
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El encarecimiento de la energía es uno de los factores más relevantes a los que se enfrenta la economía española en estos momentos. Las familias y las empresas están sufriendo una caída de su renta disponible como consecuencia de la subida del precio de los suministros energéticos, desde el recibo de la luz hasta los combustibles para el coche. Una buena parte de este dinero sale del país para sufragar el coste de las importaciones de materias primas energéticas, en especial petróleo y gas. Esto está provocando una transferencia de rentas de las familias y las empresas hacia terceros países de miles de millones de euros.

En el mes de noviembre, España tuvo un déficit de la balanza energética superior a los 3.000 millones de euros, nivel que no se había visto desde la primavera árabe, en el año 2012, cuando el precio del barril de Brent cotizaba por encima de 120 dólares. Como estas cifras tan elevadas son difíciles de comprender, es más útil hacer comparativas.

Foto: Imagen de una plataforma petrolífera en California. (Reuters/Lucy Nicholson)

El polémico impuesto sobre el patrimonio recauda anualmente unos 1.100 millones de euros, esto es, en un solo mes el coste de las importaciones energéticas casi triplica este tributo. Si se compara con el IVA, mensualmente la Agencia Tributaria recauda unos 6.000 millones de euros, esto es, el coste de las importaciones energéticas sería equivalente a la mitad del IVA.

Estos datos reflejan a la perfección el esfuerzo que están realizando empresas y familias para soportar el encarecimiento de los productos energéticos. En el último año, el coste de las importaciones se ha triplicado, pasando de 1.000 millones de euros en noviembre de 2020 a superar los 3.000 millones de euros en noviembre del 21, último dato publicado por el Ministerio de Comercio.

Esta cifra es, además, un 50% superior al coste de las importaciones antes de la pandemia, lo que evidencia que el cambio de ciclo en los precios energéticos está afectando a la situación exterior del país. Como España no tiene materias primas energéticas, toda la energía que no produce como electricidad (renovables y nuclear) tiene que importarla. Esto supone una gran transferencia de rentas desde los residentes hacia el extranjero que resta crecimiento al PIB.

Es importante tener en cuenta que no toda la factura energética que han soportado las familias en 2021 se ha ido al exterior, ya que una buena parte se ha ido a retribuir a las nucleares y las renovables nacionales, que han generado pingües beneficios gracias al sistema de formación de precios del recibo de la luz. Pero sí una parte muy importante ha sido una transferencia de rentas al extranjero.

Foto: Vista de una torreta de alta tensión en El Berrón, Asturias. (EFE/Eloy Alonso)

Tres de cada cuatro euros del déficit de bienes de España de noviembre fueron consecuencia de la balanza energética. Si al encarecimiento de la energía se suma la debilidad que todavía muestra el turismo internacional, el resultado es que España está multiplicando el coste de sus importaciones, pero las exportaciones siguen lastradas.

En el conjunto del año, España gastará algo más de 25.000 millones de euros en la importación de productos energéticos (una vez descontadas las exportaciones), una cuantía que supera toda la recaudación con el impuesto sobre sociedades de un año entero. La mayor parte del gasto irá destinada a la compra de petróleo y derivados, en total, algo más de 16.000 millones de euros. El gas tendrá un coste de unos 8.000 millones y el carbón, de 900 millones.

En términos interanuales, la factura de las materias energéticas seguirá aumentando, al menos hasta el mes de septiembre. Esto implicará un esfuerzo adicional para hogares y empresas, que verán como su renta real se reduce a consecuencia de los costes energéticos. La gran duda ahora es si este deterioro de la balanza de bienes, unido a la situación todavía delicada del turismo exterior, puede acabar con el superávit de la balanza por cuenta corriente de España. Esto es, con el repago de deudas con el exterior que el país lleva haciendo desde 2013.

Para los analistas de BBVA Research, el superávit desaparecerá este año, con un saldo negativo del 0,2% del PIB, y el déficit se incrementará en 2023 hasta el 1,4% del PIB. Si se confirman estos datos, sería uno de los cambios más relevantes provocados por la pandemia, quizás el que más, ya que supondría la pérdida de una de las grandes fortalezas que tiene la economía española: el superávit exterior.

Funcas, por su parte, no es tan pesimista, pero sí teme que el superávit exterior vaya a situarse por debajo del 1% del PIB en los próximos años. En estos momentos en que la economía todavía está en fase de recuperación, este indicador parece secundario, pero cuando la actividad se normalice, se convertirá en una de las grandes preocupaciones de los economistas, ya que España todavía tiene una abultada deuda exterior que ir pagando, lo que supone un punto de vulnerabilidad para la economía del país.

Una de las claves de esta crisis energética es cómo se repartirá esta factura de 3.000 millones de euros mensuales entre empresas y familias. Las rentas bajas sufren con mayor dureza el golpe de esta crisis porque son quienes más destinan al gasto energético sobre el total de su renta. En cuanto a las empresas, el coste se concentra en los sectores electrointensivos y en los transportes, que difícilmente pueden poner en marcha medidas de ahorro de suministros. La distribución de este coste será clave para combatir la desigualdad entre los hogares y minimizar la pérdida de competitividad de las empresas.

El encarecimiento de la energía es uno de los factores más relevantes a los que se enfrenta la economía española en estos momentos. Las familias y las empresas están sufriendo una caída de su renta disponible como consecuencia de la subida del precio de los suministros energéticos, desde el recibo de la luz hasta los combustibles para el coche. Una buena parte de este dinero sale del país para sufragar el coste de las importaciones de materias primas energéticas, en especial petróleo y gas. Esto está provocando una transferencia de rentas de las familias y las empresas hacia terceros países de miles de millones de euros.

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