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"Defendamos el dinero efectivo para evitar que el capitalismo corporativo lo controle todo"
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¿Llevas suelto o has caído en la 'trampa'?

"Defendamos el dinero efectivo para evitar que el capitalismo corporativo lo controle todo"

El exbróker sudafricano Brett Scott se ha convertido en el mayor defensor del metálico en el mundo y ahora publica un nuevo libro en el que descarta también las criptomonedas como contrapoder

Foto: Brett Scott, durante la entrevista con El Confidencial. (Alejandro Martínez Vélez)
Brett Scott, durante la entrevista con El Confidencial. (Alejandro Martínez Vélez)
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En la mañana de este miércoles, en pleno centro de Madrid, Brett Scott abre su cartera. Lleva 140 euros en efectivo y dos tarjetas bancarias. Para muchos, esto podría ser una información poco reseñable, pero en el caso de este exbróker sudafricano, es un dato a tener en cuenta. Porque Scott se ha convertido en el mayor defensor del dinero en efectivo del mundo. Y uno de los activistas que atacan con más dureza la evolución del sistema monetario global, señalando el "capitalismo corporativo" que esconde la digitalización. Para él, cada pago puede convertirse en un acto de activismo revolucionario.

Este periodista, antropólogo y activista presenta ahora en España su nuevo libro, 'Cloud Money'. Un texto en el que alerta del peligro que rodea la transformación exagerada de nuestro sistema monetario. Para ello, este renegado del mundo financiero ataca a sus antiguos jefes. "Aprendí que, cuanto más alto es un edificio, menos tienes los pies en la tierra. Nadie utiliza una oficina en un trigésimo quinto piso para hacer pan artesanal con harina molida a la piedra, por ejemplo, pero sí para hacer apuestas gigantescas sobre el precio del trigo", escribe en uno de los primeros capítulos. Y hace apología del efectivo como el contrapoder público que nos queda para evitar que las corporaciones se hagan con todo. Una llamada al activismo del monedero llena de metáforas en que compara el sistema de dinero digital con Uber y convierte las monedas y billetes en las bicicletas públicas. "Necesitamos alternativas, contrapesos", repite sin cesar.

Foto: Un trabajador de Loomis, trasladando fajos de billetes al furgón blindado. (Alejandro Martínez Vélez)
Dentro del furgón del dinero: el negocio del efectivo se resiste a morir en España
Carlos Barragán Fotografías: Alejandro Martínez Vélez

En un momento en que la pandemia ha asestado un golpe casi definitivo al dinero suelto en países como España, y la inflación ha vuelto a poner el objetivo sobre el mundo financiero, Scott llega buscando una revolución cultural a contracorriente que se plante frente a la digitalización acelerada. "Todo lo digital puede parecer más cómodo y moderno, pero eso lo pensamos porque llevan años bombardeándonos con esas ideas, y ya es hora de cambiar el discurso", añade.

PREGUNTA. Le he de confesar que yo no llevo nada de efectivo encima, solo tarjetas. ¿Cree que ya he caído en la trampa del 'capitalismo corporativo'?

RESPUESTA. Sí, efectivamente. Este es uno de los argumentos principales del libro. Hay que tener claro que el sistema de efectivo y el del dinero digital son totalmente independientes, con distintas dinámicas, distintos problemas. La trampa es que te quedes en un solo sistema. Una vez que estás encajado en uno, es como cerrar una puerta, cierras la posibilidad de cualquier alternativa, y en este caso, usando solo el dinero digital, das todo el poder al sector privado que controla el dinero digital en estos momentos.

P. ¿Por qué piensa que hemos caído entonces en esta trampa?

R. En realidad, en España se siguen realizando muchas transacciones en efectivo si lo comparamos con otros países. Yo antes vivía en Londres y allí todo depende del sistema bancario. Pero, volviendo al cambio, la narrativa tradicional dice que la gente está dejando de utilizar efectivo y pasando al digital de forma natural. Un proceso de abajo arriba. Y yo diría que sí, que quizás haya algo de movimiento natural, pero lo que falta ahí es la explicación de lo que ocurrió antes. Durante muchas décadas ha habido movimientos que se han hecho desde arriba hacia abajo por parte de los bancos, del sector de las tarjetas y de las 'fintech' para conseguir la situación actual. Si no ves estos procesos, quizá pienses que eres tú mismo el que está iniciando ese cambio.

P. Esto me recuerda al caso que tenemos aquí con Bizum. Un sistema ideado por los bancos, pero que la gente ha adoptado y popularizado viendo que es un servicio que le ayuda a hacer pagos y pequeñas transferencias entre amigos, por ejemplo. Evitando momentos más farragosos con dinero en efectivo.

R. No conozco personalmente el caso de Bizum, pero cada país tiene sus propios inventos. En Suecia tienen Swish, por ejemplo, que se hizo después de que todas las entidades se unieran y decidieran permitir un sistema de pagos entre bancos. Históricamente, los pagos digitales funcionan con el sector bancario, controlando la infraestructura en general y las empresas de tarjetas Visa y Mastercard, encargándose de los detalles de las transferencias, pero ahora los bancos intentan hacer también este trabajo y quitarse un intermediario de encima.

placeholder Brett Scott, durante la entrevista. (Foto: A. M. V.)
Brett Scott, durante la entrevista. (Foto: A. M. V.)

P. ¿Y le parece correcto que se usen estas herramientas?

R. A ver, mi crítica no es a todo el sistema de dinero digital. No digo que la gente no considere que estos artilugios sean interesantes o que les empoderan de alguna manera. No soy una persona 'antidigital' en sí. Lo que critico es la política detrás de la evolución de estos sistemas. Muchas veces digo que el efectivo es como las bicicletas públicas de los pagos y el dinero digital es Uber. Es una metáfora que repito porque, por ejemplo, yo utilizo Uber. Pero es diferente el que yo lo use con que defienda que necesitamos más y mejores carriles bici en las ciudades.

Creo firmemente que hay que asegurarse de que hay un equilibrio de poder, tanto en el transporte como en las finanzas, porque en los últimos años se está perdiendo. Mucha gente lo tiene más claro cuando hablamos de Uber, pero no se dan cuenta del cambio de equilibrio cuando van dejando el sistema efectivo y se quedan encerrados en un sistema con unos actores políticos privados que tienen el control total. Es como si Uber se quedara con todo el control del transporte, algunos dirían que es muy eficiente, pero no se trata de eso. Se trata de dónde está ese equilibrio del poder.

P. Algo que no me cuadraba del libro y de toda su explicación es la defensa a ultranza del efectivo frente al sistema bancario. Porque cerca del 40% de todas las personas del planeta sigue sin estar bancarizado y ese 40% coincide con las zonas menos desarrolladas del planeta. ¿Deberíamos volver atrás para recuperar ese equilibrio que comenta?

R. No estoy defendiendo una sociedad que funcione totalmente con efectivo, si no un equilibrio. Volviendo a la metáfora de las bicicletas, imagínate que vives en una economía que estuviera llena de bicicletas y que no hubiera ningún otro medio de transporte. Esto 'desempoderaría' a las personas y dejaría vía libre para que cualquier otro medio llegase y se hiciese con el control de todo el mercado, generando un nuevo desequilibrio. Lo que defiendo es que haya un equilibrio en el poder.

Sobre la conexión histórica entre personas más pobres y menos bancarización. Básicamente, es porque el sector bancario históricamente han sido entidades de la elite que se dirigen a personas adineradas. La gente en la periferia de la economía opera a pequeña escala en general por lo que no necesita esa intermediación institucional y en muchos casos no es apropiado, incluso culturalmente hablando, para ellos. La gente no se fía de la intermediación. Es muy curioso ver la diferencia entre un mercado callejero en el que todo el mundo utiliza efectivo y apenas hay intermediarios y un café de Suecia en el que todo tiene una institución en medio y se ve como algo normal y hasta bueno.

P. ¿Los intermediarios son los que marcan el desarrollo?

R. Es el argumento que usan las instituciones que aterrizan en las zonas sin bancarizar, que lo moderno es emplear sus herramientas de dinero digital con intermediarios, y no seguir con el efectivo. Pero para mucha gente el desarrollo no es eso. La gente prefiere trato directo, no sienten la necesidad de que haya una institución por medio y no lo viven como un problema hasta que viene una entidad y les vende que hay algo que no está bien. Esas entidades les hacen sentir vergüenza, les dicen que están viviendo de forma atrasada por no usar Apple Pay.

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Foto: A. M. V.

P. Ahora pienso en casos como el de Argentina, con muchos problemas con las instituciones bancarias y políticas. ¿Cómo se consigue que en esas zonas se recupere la confianza en las instituciones públicas, por ejemplo, y se evite que caigan en potenciar otros métodos privados?

R. No sé qué es lo que se podría hacer para aumentar la confianza en el sistema público. De hecho, yo lo que digo es que hay que tener siempre un contrapoder. Hace falta un equilibrio entre los poderes, precisamente para que existan opciones para pasar de un sistema a otro fácilmente evitando el monopolio. Justo la demonización del efectivo proviene de la industria que gestiona los pagos digitales, porque quiere que la gente se vea absorbida por lo digital y conseguir la monopolización.

Entiendo que las instituciones se preocupen por los no bancarizados y se busque que se incluyan en el sistema para el crecimiento social, pero mi gran lucha es que la bancarización actual no sea la única alternativa. Es decir, no pasa nada porque se piense en la bancarización como medio para mejorar y nos preocupemos por ello, pero mientras nos centramos en ese asunto, dejamos de lado otras soluciones, y una vez que esté todo el mundo dentro del mismo mundo, el equilibrio desaparecerá del todo. Yo digo que defendamos el dinero en efectivo para evitar que el capitalismo corporativo controle todo.

P. Es decir, cree que lo mejor, o lo más sano, sería que hubiese alternativas públicas a esta digitalización privada de los sistemas de dinero.

R. Efectivamente, por eso la metáfora de Uber y las bicis. Ambos pueden coexistir, pero necesitas que el sistema público defienda las alternativas, algo que ahora no pasa en el entorno monetario. En estos momentos el sector bancario y las 'fintech' defienden que usar el efectivo es como ir en un coche de caballos, algo arcaico, y que la solución es usar sus coches a motor. El ente público en vez de apostar por la bici y defender también a los que prefieren el uso de los coches de caballos, lo único que pide es que se dé tiempo a los más mayores para que se adapten a los nuevos vehículos. Esa no debería ser la postura porque acabarán cediendo todo el poder al coche. Deberían apoyar las alternativas también para los jóvenes y ese es el discurso que hay que conseguir cambiar.

P. ¿Hay ahora mismo alternativas?

R. El efectivo. Pero hay que tener en cuenta que el efectivo es el sistema público, entonces no tiene publicidad ni comercialización. Todas las compañías que gestionan los sistemas digitales vienen del capital riesgo y hay empresas que generan beneficios gracias a ellos, que los promocionan. Son décadas de inversión y propaganda que fomenta los pagos digitales mientras la alternativa no recibe ningún tipo de comercialización ni marketing.

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Foto: A. M. V.

P. ¿Podemos considerar alternativas o herramientas aliadas frente a las grandes corporaciones inventos como PayPal? En muchos países, han sido claves para acabar con las altas comisiones de las remesas, por ejemplo.

R. No, porque aunque parezcan alternativas, generen competencia y tengan su hueco en nuestra mente como rivales de los bancos, son parte del mismo sistema. Aunque la gente tenga cuenta de PayPal, esos perfiles están vinculados con su cuenta bancaria. Es más, estos desarrollos ayudan a capturar más usuarios. Es cierto que repite la misma idea de todas las 'fintech' de que 'democratizan' las finanzas con una automatización que reduce costes. Esa reducción hace que sea más interesante atraer a personas con menor poder adquisitivo que antes se quedaban fuera del sistema, pero que eso sea democratización es muy discutible.

Beben de esa capacidad de las grandes tecnológicas de vender un aire progresista y moderno, dejando cualquier alternativa en un invento viejo y anticuado. Pero básicamente la herramienta que habla de democratización en realidad lo que está haciendo es secuestrarte.

P. ¿Y qué pasa con las criptomonedas? En el libro, dedica una buena parte a este nuevo invento y desmonta la teoría de que es una alternativa.

R. Cuento en el libro que las criptomonedas sí nacen de la idea de que si vamos hacia una sociedad sin efectivo necesitaremos un efectivo digital que sea un contrapoder. Muchos de sus impulsores conocían los riesgos de depender solo de las grandes corporaciones y darles todo el poder, control y vigilancia. Pero, lamentablemente, el bitcoin está mal diseñado desde el punto de vista monetario al igual que es muy ingenioso desde el punto de vista tecnológico. Se ha convertido en un objeto más para intercambiar en el sistema monetario tradicional, no en un sustituto. Es decir, cualquier transacción con bitcoins antes de hacerse se revisa con su precio en dólares en el mercado y con eso se efectúa la transacción. No se usa como dinero, es un proceso de contrapartida. Por lo que no resuelve el problema del dinero efectivo y el sistema digital.

P. Usted fue una de las primeras personas en usar bitcoins, según cuenta en el libro. ¿Cuándo se dio cuenta de que no servía como solución, que no se podía utilizar como dinero efectivo digital?

R. Lo hice muy rápidamente. Desgraciadamente, el bitcoin es muy bueno mimetizando el dinero, pero no opera como tal, puesto que mucha gente no tiene formación para apreciarlo así. Dicen que es un sistema monetario, pero dicho sistema es una red, algo muy complejo de describir que el bitcoin no es. Además, los que más defienden este invento son personas con una ideología económica muy conservadora que se centran mucho en el valor del activo, obviando todo lo demás, por lo que al final lo que hacen es una promoción de un activo especulativo. Y como pongo en el libro, lo he utilizado muchas veces para comprar y vender, y sigo participando en el ecosistema de las criptomonedas, pero no es una alternativa.

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Foto: A. M. V.

P. ¿Cómo ve la idea de que el bitcoin es el nuevo oro digital?

R. Hay una gran confusión con esto. Porque a veces sus defensores hablan de que es un activo limitado y otras de que es un sustituto del sistema monetario, y en ese debate hay diferencias muy grandes, un activo que se aprecia o una moneda es deflacionaria. Lo que es cierto es que su precio se fija en el sistema monetario y en eso sí se parece al oro. El debate es muy interesante, pero si miramos al final del camino, lo que al menos ahora mueve a gran parte de los que acuden a bitcoin es la especulación con una mentalidad muy conservadora. Ahora, por ejemplo, usan el punto de que es una protección contra la inflación. Y bueno, lo es como cualquier otro activo limitado.

P. Hablando justo de la inflación, ¿cómo cree que afecta la crisis actual en el sistema monetario?

R. Es una pregunta muy amplia y difícil de contestar siendo conciso, pero es interesante cómo la gente ha vuelto en parte al efectivo ante el aumento de la inflación. Históricamente, el efectivo es muy importante para las personas más pobres, que lo utilizan para preparar sus presupuestos. Lo hacen porque es más intuitivo para poder pensar en tu presupuesto particular. Y lo dicen las encuestas que hacen los bancos. En Reino Unido, no sé en España, las estadísticas de los últimos meses han demostrado que hay un aumento importante en el uso de efectivo, precisamente porque el coste de vida ha aumentado. Los más pobres están sacando más efectivo porque es una manera de gestionar los presupuestos de forma tangible y sabiendo realmente lo que tienes. Pero la pregunta sobre la inflación es muy amplia y afecta a todo tipo de dinero en el gran 'casino' en el que se ha convertido el sistema.

P. Y ya, para terminar, si la digitalización es imparable y el poder de las tecnológicas sigue creciendo, ¿qué hacemos?

R: En cuanto a la digitalización, no creo que la absorción del control por parte de las corporaciones sea inevitable. Es verdad que hay un discurso en el dominio político que nos lleva a creer que no hay forma de darle la vuelta, que el futuro solo es uno, pero la realidad es distinta. La realidad es que muchas personas siguen necesitando el sistema de efectivo. Psicológicamente estamos en un mundo donde la gente es cada vez más consciente de los peligros de la tecnología. Comparado con hace 10 años, tenemos mucho más claro los peligros en este sistema financiero y creo que vamos a empezar a ver movimientos culturales que empiecen a reclamar volver a lo analógico, sobre todo en una era de cambio climático.

Ahora mismo, somos totalmente dependientes de infraestructuras digitales a gran escala y la gente se va dando cuenta de que es un gran problema. Incluso los encargados de la seguridad se dan cuenta de ello. Sin ir más lejos, el Banco Central de Suecia ha instado a la gente a volver a utilizar efectivo porque les preocupa Rusia. La gente entiende que el ser absorbido por estos sistemas digitales no es necesariamente una buena idea. Pero lo que tiene que ocurrir ahora es que haya un movimiento cultural que obligue a la acción política. Que obligue al sistema público a alertar a las personas sobre esta situación y proteja el sistema. Porque, como ya he dicho, en los últimos 30 años han sido los actores privados los que han ido transmitiendo este mensaje en todo momento. Hay mucho trabajo que habría que hacer para reequilibrar el sistema.

En la mañana de este miércoles, en pleno centro de Madrid, Brett Scott abre su cartera. Lleva 140 euros en efectivo y dos tarjetas bancarias. Para muchos, esto podría ser una información poco reseñable, pero en el caso de este exbróker sudafricano, es un dato a tener en cuenta. Porque Scott se ha convertido en el mayor defensor del dinero en efectivo del mundo. Y uno de los activistas que atacan con más dureza la evolución del sistema monetario global, señalando el "capitalismo corporativo" que esconde la digitalización. Para él, cada pago puede convertirse en un acto de activismo revolucionario.

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