Los jóvenes buscan carretes: el auge de la fotografía analógica en plena era digital
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Instagram, lleno de fotografías noventeras

Los jóvenes buscan carretes: el auge de la fotografía analógica en plena era digital

Empezó a caer en picado a partir de los 2000, pero ahora la fotografía analógica vuelve a estar más viva que nunca y no renuncia a los beneficios que le aporta lo digital

Foto: Foto: Instagram @reum_my.
Foto: Instagram @reum_my.

"¿Por qué están agotadas en todas partes?" pregunta un joven que busca, ya desesperado, una cámara desechable de la marca Kodak un jueves de agosto. “Siempre compro cuando hago viajes y ahora en verano están ‘agotadísimas’ en todas partes. Amazon, El Corte Inglés, Fnac, Media Markt”. Ha dado con ella, por fin, en Fotocasión, una tienda de fotografía situada en la misma calle donde se monta el tradicional rastro madrileño cada domingo. En la cuna de lo ‘vintage’ y de los objetos de segunda mano. Unos minutos antes una pareja entraba buscando hacerse con un kit de revelado, poco después otro joven pide varios carretes. En los últimos dos años los empleados de este comercio han notado un apogeo exagerado entre el público más joven, que acude al establecimiento en busca de cámaras y películas, dispuestos a lanzarse al mundo de lo analógico en pleno auge de lo digital.

La tecnología avanza y las cámaras actuales captan la imagen, cada vez más, al detalle. Las memorias de nuestros dispositivos se llenan de fotografías que tomamos siempre que queremos, basta con echar mano al bolso, o al bolsillo, y coger nuestro móvil. Pero, mientras las marcas luchan por lanzar el ‘smartphone’ que haga las mejores fotografías del mercado, la estética de lo 'vintage', de la imagen imperfecta, se abre paso. Proliferan las ‘apps’ que dan al instante capturado un aspecto analógico. Huji Cam o Dazz Cam son algunas de ellas, que incluyen efectos como destellos de luz, matices verdes, viñeteado, manchas o grano. Redes como Instagram, por su parte, acogen el resultado de carretes revelados por sus usuarios, que experimentan esa emoción tan del siglo pasado de esperar impacientes al fruto de sus capturas, aunque ahora las recogen, también, en formato digital.

Foto: Foto: iStock.

En el año 2001, la venta de carretes alcanzó su punto álgido. Había cerrado las cuentas del año 2000 con un beneficio de 1.407 millones de dólares, un 1% más que el año anterior. Entonces apareció lo digital, y la fotografía analógica se fue desinflando. Fujifilm empezó a tiempo su diversificación al ver cerca el declive de la película. Kodak no corrió la misma suerte y llegó a proclamarse en bancarrota 12 años más tarde. "Ha bajado la producción, pero ahora ha aumentado la demanda”, explica a Teknautas Albert Roig, uno de los fundadores de Carmencita Film Labs, un laboratorio valenciano que trabaja la fotografía analógica desde 2012. “Ahora el problema que hay en el mundo analógico es que Kodak no llega a fabricar todos los carretes que se demandan”, añade.

“Al ser una tienda especializada, nosotros siempre hemos vendido carretes, pero en estos últimos dos años sí que hemos notado un interés que crece, sobre todo, entre el público más joven”, explican desde Fotocasión, donde han visto crecer sus ventas de cámaras desechables, cámaras compactas y réflex analógicas, carretes y kits de revelado. “Es interesante que esto pase en esta época de la inmediatez, que vuelva a haber un interés por esta fotografía en la que tienes que tomarte tu tiempo para mirar, para seleccionar. Tienes 24 o 36 fotos y las tienes que elegir bien”, comentan.

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Foto: Carmencita Film Lab.

“Ha aumentado la demanda muchísimo, sobre todo entre el público joven. Desde fotógrafos aficionados que tienen ganas de tomarse la fotografía de una forma más especial a profesionales que vuelven a realizar sus proyectos con fotografía analógica”, cuentan desde La Peliculera, otra tienda madrileña especializada en este tipo de fotografía. Pero este público no captura en analógico porque lo eche de menos. “Lo mejor de todo es que la gente nueva no dispara por nostalgia, sino porque encuentra algo interesante en ello. Es gente que nunca ha disparado y que, de hecho, muchas veces no sabe ni cómo colocar el carrete dentro de la cámara. Vienen muy a menudo y nos lo preguntan”, añade Albert Roig, de Carmencita Film Labs.

Pero, ¿por qué gusta tanto lo analógico? Los colores, la espera o la aleatoriedad del resultado, son algunas de las razones más repetidas entre sus adeptos. “La fotografía analógica le da otro valor a la imagen. No es ni mejor ni peor, solo distinto”, explica a Teknautas Jaime, un joven de 25 años que siempre lleva consigo su cámara desechable. “Más que porque el resultado sea estéticamente más atractivo, que también, es porque creo que es un formato con más peso. Ya que vas a tirar fotos para conservar determinados recuerdos, mejor hacerlo en el formato que sea más definitivo”.

‘Youtubers’ de lo analógico

Este cruce de caminos y de paradojas da lugar a situaciones tan llamativas como 'youtubers' que te enseñan a fotografiar con una cámara analógica mientras graban con un modelo digital. “Yo soy una persona nerviosa y con poca paciencia, pero el hacer fotografía analógica me ayuda a dejar de "correr", a pensar detenidamente y disfrutar de cada una de las fotografías que hago”, explica a Teknautas Carla Dief, una fotógrafa y 'youtuber' que disparó su primer carrete con 15 años, gracias a que su abuela le había regalado con anterioridad un par de cámaras que pertenecían a su familia. “No recuerdo qué carrete era porque mi conocimiento era nulo en aquel entonces. Fui a una tienda de fotografía de mi barrio y pedí un carrete que la dependienta puso en mi Zenit TTL, porque yo no tenía ni idea de como se hacía”.

Ahora tiene 24 y sube contenido relacionado con la fotografía analógica a su cuenta de Instagram y a su canal de YouTube, donde ha visto crecer el interés por este tipo de formatos entre sus seguidores. “Hay mucha gente muy joven que se ha empezado a interesar. Me llegan muchas preguntas sobre cómo comenzar a hacer fotos con cámaras analógicas”, nos cuenta.

“Cómo empezar en la fotografía analógica”, “Los mejores carretes para disparar”, “¿Qué pasas si haces fotos con un carrete caducado?”. Cualquier duda que les surja a los nuevos forofos de esta disciplina puede resolverse haciendo una búsqueda rápida en internet. YouTube está lleno de videotutoriales realizados por fotógrafos y aficionados, que empezaron en la fotografía porque, por algún motivo, una de estas cámaras llegó a sus manos, y se han topado con un público cada vez más interesado en ellas.

El fotógrafo Leo Amaya también tiene su propio canal, donde acumula 16.000 suscriptores una cuenta de Instagram, a la que siguen más de 25.000 personas, donde sube exclusivamente sus fotos disparadas en analógico. Su andadura comenzó gracias una cámara que tenía en casa, que ya había capturado parte de su infancia. “La probé y me di cuenta de que esas fotos me gustaban más que las que hacía en digital”, asegura a este periódico.

Después, decidió empezar la divulgación en YouTube precisamente porque sus seguidores le preguntaban dudas muy a menudo. “Me planteé que podía atender a más personas haciendo videos. La gente empezó a interesarse mucho entre 2018 y 2019, y lo sigue haciendo ahora”. “Para los nacidos en la era de lo digital, la captura digital aburre, buscan nuevas maneras de ver el mundo y la fotografía”, explica Amaya.

Esa nueva manera de ver el mundo se desprende de la inmediatez y de la perfección basada en repetir una y otra vez la misma captura hasta que salga como queremos. “A lo mejor sacas una foto de grupo de tu familia y alguien sale mal, o con los ojos cerrados. Pero no puedes hacer otra, es la que tienes y, por eso, la recuerdas con cariño”, expone Amaya.

“Existe cierto factor aleatorio por los procesos por los que tiene que pasar una foto analógica hasta que está revelada. Ese pequeño misterio me hace salir de mi zona de confort”, añade Dief. Además, “aunque se pueden obtener resultados similares con cámaras digitales creo que los colores, el contraste y la textura de algunos carretes es muy difícil de igualar”.

Pero no todo son ventajas, y uno de los contras es su precio. “Cuando empecé en 2015, un carrete me costaba unos tres euros, ahora el mismo carrete te cuesta cinco. Cada vez es más caro”, cuenta Leo Amaya. A eso, hay que sumarle el revelado. El mercado de lo analógico ha disminuido, y la subida de precios al aumentar la demanda era inevitable.

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Foto: EC.

Por otro lado, cada vez es más dificil localizar a especialistas que reparen y acondicionen las cámaras. “Es muy complicado encontrar técnicos buenos, la mayoría están jubilados y los pocos que hay están saturados”, explican desde Carmencita Film Lab, “Nosotros empezamos a dar servicio a través de un ‘partner’, pero se han saturado. Estamos tratando de buscar una solución a largo plazo, porque si no hay cámaras, la gente no puede disparar”.

La fata de inmediatez también puede convertirse en un problema, sobre todo si te dedicas a crear contenido en redes sociales. Plataformas como Instagram, valoran a aquellos usuarios que publican contenido de manera regular y su algoritmo puede perjudicar a aquellos que no lo hacen. “Mis redes sociales no son como las de una persona que está activa en ellas. Si me voy de viaje no puedo subir las fotos al día siguiente, es muy poco instantáneo”.

Capturar en analógico, compartir en digital

“Los puristas dirán que esto no es analógico, que es fotografía híbrida”, explica Amaya. Se refiere a la tendencia actual, porque el fenómeno ha vuelto, sí, pero lo ha hecho de forma distinta. “La captura es analógica, desde la cámara y el carrete, pero ahora hay un proceso de digitalización de por medio, ya no es como antes, que te daban las copias en mano. Ahora los negativos se pasan por un escáner y se digitalizan”, añade el fotógrafo.

Muchas de estas fotos en versión digital acaban en las redes sociales. En Instagram, por ejemplo, lo analógico se esconde tras el ‘hashtag’ #35mm, la película más habitual y de las pocas que se ha mantenido en el tiempo. Una etiqueta utilizada por fotógrafos profesionales y amateurs para subir sus fotografías una vez escaneadas.

“Les damos tres opciones”, cuentan desde Fotocasión, “recoger solo el negativo, el negativo y las copias en físico o el negativo y el CD con las copias en digital”. La favorita, nos dicen, es esta última. Cuesta 9,5 € y les permite volcar sus fotos en cualquier dispositivo y compartirlas donde quieran. “A lo mejor por cada revelado con fotos te piden tres con CD. Aunque hacen analógico les gusta subirlo a las redes, trastear con ello, compartirlo”, explican desde la tienda.

En Carmencita Film Lab todo se envía a través de la web. “El 90% del servicio es escaneado digital y se envía digitalmente. Luego, si el cliente quiere hacer una copia, viene a posteriori. Pero esto es mínimo”, comenta Albert Roig. Este laboratorio, que trabaja tanto en España como en el extranjero, revela alrededor de 100 carretes al día en invierno y de 250 en verano. “El fotógrafo quiere lo mejor de la experiencia de disparar en carrete, que es usar la cámara, pero también tener el resultado de la manera más cómoda para trabajar hoy en día, que es el digital”, añade Roig.

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Cámaras analógicas y carretes, Fotocasión. (EC)

Ocurre lo mismo en La Peliculera, donde el 90% de sus clientes prefiere una versión digital de los negativos. Desde allí, además, nos comentan que han notado una cierta evolución entre sus clientes, que podría demostrar que el gusto por lo analógico, no es algo pasajero. “Normalmente empiezan con cámaras desechables, luego deciden comprar una cámara compacta (automática) y cuando esta no les ofrece lo suficiente, adquieren una cámara réflex, un poco más versátil, que se ajuste a sus necesidades más concretamente”, declaran.

¿Ha vuelto para quedarse? Es difícil saberlo a día de hoy pero los profesionales apuestan porque este cambio de tendencia va más allá de una moda pasajera. “Precisamente porque nosotros no somos digitales, hay cosas que nos atraen de lo no digital. Nos sentimos un poco más realizados y más conectados a ello. El digital es perfecto, cómodo, rápido, gratis, pero no te llena. Es más frío, por así decirlo”, explica Albert Roig.

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