El lado gris de la inversión verde: la mala praxis salpica al sector y crece el escrutinio
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INVERSIÓN SOSTENIBLE O ESG

El lado gris de la inversión verde: la mala praxis salpica al sector y crece el escrutinio

Los flujos hacia fondos con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) alcanzan niveles récords. La industria no ha logrado alejar las dudas sobre cómo cumplen con ellos

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

La ofensiva por canalizar el ahorro de las familias hacia fondos de inversión cada vez es mayor en el sector financiero. Y, a la vez, la tendencia es que sea con la comercialización de productos sostenibles, que operan con criterios medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés), sin que se despejen las dudas sobra la exageración de los mensajes comerciales. Tres de cada 10 euros que se invierten en renta variable llegan con este requisito, elevando el patrimonio de fondos ESG a un récord de 1,4 billones (millones de millones). Una revolución con impacto en las empresas, muy rentable para las gestoras, a la que ha aludido hasta el Gobierno.

No hay semana (y casi día) en el que no haya un anuncio por parte de una gestora de fondos sobre cuestiones ESG, un evento para hablar de sostenibilidad o fichajes para apostar por ello. Esta misma semana, por ejemplo, Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, fue el principal ponente en una sesión sobre sostenibilidad, mientras que, la semana pasada, la consultora de comunicación Atrevia anunció el fichaje para este campo de Belén Romana, expresidenta de Sareb y consejera externa de Banco Santander.

Foto: Tariq Fancy. (The Rumie Initiative)

El ESG centra la ofensiva comercial de la gestión activa —y ya se han sumado también productos indexados—. Como suele decir un ejecutivo español del sector, el hecho de que apenas haya fondos gestionados de forma activa que superen a los índices hace que este mensaje de 'invierte aquí para hacer de este planeta un lugar mejor' sea la mejor baza para defender cuota de mercado frente al auge de ETF y fondos indexados.

El cliente puede aceptar resultados a largo plazo inferiores a los índices por contribuir a una buena causa. Pero el 'marketing' creciente también eleva las dudas, como también lo hacen exejecutivos de algunas de las principales gestoras globales. Son los casos de Tariq Fancy, exresponsable de Inversiones Sostenibles de Blackrock, o Desiree Fixler, exresponsable de Sostenibilidad de DWS.

Este verano se puso el foco en DWS, una de las mayores gestoras de Europa —filial de Deutsche Bank—, por una investigación del supervisor estadounidense (SEC, por sus siglas en inglés) por posible exageración de la aplicación de los criterios ESG (‘greenwashing’, en la jerga financiera), después de una denuncia de un antiguo empleado. “Rechazamos firmemente las acusaciones”, señaló la gestora. “Contamos con una larga tradición de inversión sostenible y responsable”, añadió DWS.

Para este reportaje, DWS ha rechazado participar contestando a un cuestionario que El Confidencial ha enviado a 34 grandes gestoras. Han contestado total o parcialmente 30, que tienen más de 18 billones bajo gestión a escala global y más de 360.000 millones en España, lo que supone más del 50% de los 700.000 millones que contabiliza la patronal Inverco. Una de las preguntas es si consideran que en la industria puede haber casos de exageración o fraude con ESG que perjudiquen al sector. Hay respuestas sobre ello de 20 gestoras, de las que más de la mitad afirma que existen y les preocupa el impacto reputacional en el sector.

Foto: Una mujer saca dinero de una entidad bancaria. (iStock)

"Creemos que es probable que la exageración sea más frecuente que el fraude, pero existe un enorme incentivo en las instituciones financieras para participar en la 'fiebre del oro' que es el ESG. El volumen de productos ha superado la capacidad de los reguladores para establecer reglas sobre cómo se comercializan", aseveran en MFS Investment Management. “Las afirmaciones exageradas de cumplimiento de los ESG son un peligro para la credibilidad del sector financiero en su conjunto, al igual que lo es para las empresas de otras industrias que exageran sus credenciales ecológicas y sociales”, afirman en Nordea AM. “Creemos que muchos competidores presentan de forma algo desmesurada sus credenciales verdes o ESG”, añaden en Oddo. “El 'greenwashing' está dañando a la industria y es necesario adoptar un enfoque más integrado y transparente de la sostenibilidad”, apuntan en DNB AM.

En Mapfre AM consideran que puede haber casos de ‘greenwashing’, pero que, “conforme el proceso evoluciona, tanto desde el punto de prácticas en la industria como regulatorio y de mercado, es cada vez menor”. No obstante, advierten del “uso masivo de datos externos que al final no se conocen con la profundidad debida” y precisamente por eso han desarrollado una metodología propia.

Es decir, en la gestora inciden en que gran parte de la inversión ESG se basa en estadísticas y ‘ratings’ de proveedores externos. “Las crisis financieras nos enseñaron a dónde puede llevar la confianza ciega en las calificaciones. No hay nada de malo en leer el análisis ESG, pero nunca se debe confiar en ellos, hay que tener cuidado. Los analistas de ESG a menudo toman sus decisiones sin contactar a la empresa. Hay buenas razones para temer muchos proveedores de ESG”, advierten en Flossbach von Storch. No obstante, todas las gestoras consultadas afirman tener integrado en el método de inversión el análisis de ESG, aunque la mitad se apoya en datos externos.

Difícil etiquetado

Un punto en el que coinciden varias gestoras es en “la falta de homogeneidad en las definiciones”, indica Santander AM. La normativa de divulgación ESG que entró en vigor el 10 de marzo (SFDR) divide a los fondos en tres grupos: el artículo 6, cuando para los fondos el ESG no es un factor diferencial; el artículo 8, que quiere decir que cumplen con criterios ESG (‘green light’, en la jerga), y el artículo 9, de inversión de impacto (‘dark green’). Este marco aún deja “demasiado abiertos o inconcretos los requisitos en cuanto a niveles de cartera, activos y aplicación de estrategias ESG que se están validando en los diferentes supervisores locales”, apostilla. En la misma línea, BBVA AM opina que hay “un grado de incertidumbre elevado sobre cómo aplicar criterios sostenibles a la construcción de las carteras”, y espera mayor claridad en 2022 con la taxonomía sobre sostenibilidad, los cambios de MiFID II y el nivel II de SFDR. “Es crucial una mayor estandarización de las definiciones y los conceptos para el avance de la inversión sostenible, ya que los inversores buscan una mayor transparencia sobre los riesgos y las oportunidades en esta materia”, sentencia BlackRock.

En Mainfirst citan la investigación de los economistas Chen y Yang que encuentran que en el mercado de Taiwán se exagera “sistemáticamente” la información ESG, y que, aun así, esto hace que se potencie la tendencia de invertir con mayor sostenibilidad. Hay una creciente literatura al respecto. Pero en la gestora también recuerdan que el ESG está impulsando cambios en la regulación, en la política monetaria y en varios mercados. Es decir, aunque haya casos de exageración, la dinámica se retroalimenta para que cada vez sea más importante la sostenibilidad. Desde Allianz GI creen que el ESG “es un reto y hay gran desconocimiento”. Y, aunque “es una herramienta muy atractiva para el diálogo comercial”, creen que “hay demasiada atención en el ‘greenwashing’ y debería haberla en que haya más flujos”.

Foto: Torre de Iberdrola, sede social de la firma en Bilbao. (EFE)

Sea por convicción, por motivos comerciales o por ambas cosas, el auge de la sostenibilidad en la gestión y venta de fondos de inversión parece imparable. Según datos recopilados por Bank of America, un total de 2.300 fondos ESG de todo el mundo han alcanzado la cifra récord de patrimonio de 1,4 billones (millones de millones). Asimismo, tres de cada 10 euros que se invierten en renta variable llegan con criterios ESG.

En España, según datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), hay 124 fondos del artículo 8, y uno en el artículo 9, de inversión de impacto (‘dark green’). Asimismo, está en trámite el lanzamiento de otros 20 fondos en estos campos. Los 145 fondos supondrán el 9,6% de los fondos españoles. Sin embargo, casi todas las acciones de 'marketing' de las grandes gestoras pasa por el ESG, pese a que más del 90% de fondos está en el artículo 6 (el ESG no es un factor fundamental en la inversión). "La oferta para el inversor minorista es escasa", avisan en Micappital. "Hay fondos con nombres que parecen ESG, pero en realidad es una nomenclatura comercial, parece más una estrategia de 'marketing' que una estrategia de inversión. Los reguladores están poniendo las pautas para que se cumplan ciertos criterios que permiten determinar si un fondo es ESG o no. Pero falta mucha transparencia", añaden.

Foto: La sede de Deutsche Bank. (Reuters)

Esta semana, Bloomberg publicó que DWS y Allianz GI, gestoras de Deutsche Bank y Allianz y entre las mayores de Europa, están reduciendo el número de fondos con etiqueta ESG ante la mayor preocupación de los supervisores sobre el ‘greenwashing’. Desde Allianz explican que había una clasificación interna según la cual algunos fondos tenían una aproximación ESG según la cual el gestor debe tener en cuenta factores sostenibles, pero no entran dentro de los artículos 8 y 9 que incorporó a la normativa SFDR en marzo de este año. Fuentes del mercado aseguran que esta práctica ha sido común en los últimos años. Importada desde Estados Unidos, se trataba de tener en cuenta el ESG en la gestión de las carteras, pero sin vinculación. Un avance respecto a la situación previa a que surgiera esta revolución, pero que se quedaba corta respecto a la sostenibilidad que pregonaban las gestoras y a la que pide la nueva normativa para declararse ESG.

Ricobayo, Villarejo...

El aluvión es de tal magnitud que, ante un problema social y ambiental como fue el vaciado de embalses este verano, simbolizado en Ricobayo, la vicepresidenta Teresa Ribera recordó que “la empatía social cotiza en bolsa”. Es decir, el Gobierno no realizó ninguna medida, pero sí aludió al criterio sostenible que guía a muchos grandes fondos. En España ya se había puesto el foco antes en el ESG por la crisis de gobernanza de empresas como BBVA o Iberdrola que son habituales en las carteras de fondos sostenibles.

BlackRock, principal accionista del Ibex 35 y mayor gestora del mundo con nueve billones (millones de millones) bajo gestión, protagonizó un punto de inflexión en enero de 2020 con la carta de su CEO, Larry Fink, advirtiendo a las empresas de que votarán en contra de las propuestas de los consejos de administración si no hay transparencia medioambiental.

Foto: Larry Fink, CEO de BlackRock. (Reuters)

“Es nuestra nueva norma de inversión”, afirma BlackRock a El Confidencial. En el cuestionario, la gestora explica que se ha integrado el ESG en el 100% de las carteras activas y delegadas y que ha lanzado casi un centenar de nuevos fondos sostenibles. El gigante estadounidense votó entre el 1 de julio de 2020 y el 30 de junio de 2021 en 165.000 propuestas de directivos y accionistas, y votó en contra en el 36% de los casos por criterios medioambientales, en el 65% por cuestiones sociales y en el 68% por gobernanza.

Pero no todo el que ha pasado por BlackRock piensa lo mismo. En este caso es el exjefe de Inversiones Sostenibles, Tariq Fancy, que defiende que las instituciones financieras tienen incentivos para ofrecer más productos de este tipo por cobrar más comisiones y que hay problemas en cuanto a subjetividad de los datos. Además, habla de placebo que desincentive a las autoridades a tomar medidas para mejorar en estos campos a la espera de que sean los fondos de inversión ESG los que promuevan el cambio.

“Tariq se fue mucho antes de que Larry Fink adoptara la sostenibilidad como lo ha hecho, por lo que su marco de referencia en BlackRock no es relevante para lo que hemos estado haciendo en los últimos años”, defendió en Bloomberg Jim Barry, director de Inversiones de la unidad de Inversiones Alternativas. La parte de las comisiones es verdad parcialmente. El universo de fondos ESG tiene más comisiones porque la gestión pasiva, aunque también está incorporando la sostenibilidad, cuenta con menos peso. Pero un informe de Morningstar en 2020 encontró que en categorías comparables habían bajado más las comisiones en los fondos ESG. La firma de análisis lo achacó a la competencia cada vez mayor en este terreno. Por otro lado, la crítica de Fancy del desincentivo a actuar para los gobiernos cobró sentido en verano con Ricobayo y las palabras de la ministra de Transición Energética.

placeholder La vicepresidenta Teresa Ribera. (EFE)
La vicepresidenta Teresa Ribera. (EFE)

Asimismo, BlackRock tiene una respuesta oficial al discurso de su exejecutivo: “El riesgo climático es un riesgo de inversión que afecta al atractivo a largo plazo de los activos. Creemos que el valor de los activos aumentará en el futuro, sobre todo teniendo en cuenta la transición necesaria para cumplir con los principales compromisos sobre cambio climático asumidos por las empresas, los gobiernos y los inversores. Apoyamos firmemente las iniciativas regulatorias destinadas a establecer normas coherentes y aumentar la transparencia de las carteras sostenibles. En los últimos dos años hemos adoptado una serie de medidas para ofrecer a nuestros clientes —mediante el acceso a la tecnología y al análisis, así como a una serie de estrategias de inversión— las herramientas necesarias para posicionar sus carteras en la transición hacia una economía mundial con cero emisiones netas”.

Foto: Larry Fink, CEO de BlackRock. (Reuters)

En cualquier caso, el vaciado de los embalses ha quedado olvidado, y las contrataciones de Villarejo no han impedido que las empresas que lo hicieron estén en carteras sostenibles. BlackRock también deja sin resolver cuestiones como el modelo de gobernanza en algunas de sus participadas. Por ejemplo, en un informe del año 2020 criticó a una compañía energética española por la acumulación de funciones de su consejero delegado, pero lo hizo sin revelar su nombre. Solo despejando las equis uno podía deducir que la empresa era Iberdrola, de la que es su segundo accionista con el 5,14% el capital. Ignacio Sánchez Galán es desde 2006 el presidente ejecutivo de la compañía y no cuenta con ninguna figura interna que le haga contrapeso.

Desde las gestoras cada vez hay más predisposición a contratar a empresas de investigación para auditar las prácticas ESG. Si bien esto pasa en mayor medida entre grandes grupos internacionales que en las firmas españolas. Otras opciones son las etiquetas de algunas instituciones europeas, como la etiqueta de inversión socialmente responsable del Ministerio de Finanzas francés que, por ejemplo, tienen fondos de Mapfre AM.

“Es habitual que las gestoras de fondos nos contraten para realizar 'due diligence' reputacionales (DDR). También están solicitando ampliación del alcance para cubrir criterios de ESG enfocados a reputación, forma de hacer negocios o iniciativas relacionadas con diversidad, inclusión o medioambiente”, señalan Fernando Mirgone y Jordi González del Pino, directores de FTI Consulting.

¿Acto de fe?

Ante la falta de homogeneidad y dudas que reconocen las propias gestoras con las etiquetas o la regulación, ¿cómo puede el inversor estar seguro de que contrata un fondo ESG? “El inversor debe investigar la metodología que el gestor de activos dice estar utilizando en la creación del fondo”, afirma Douglas Beal, socio y director de Boston Consulting Group en Nueva York.

Asimismo, recomienda prestar atención a los criterios de selección que se usan para justificar que el fondo es ESG, responsable o sostenible. “Debe pedirle al gestor ejemplos en los que estos criterios le hicieron cambiar la decisión de inversión al integrar factores de ESG”. La realidad, sin embargo, es que las gestoras evitan esto. “Lo que falta es la estandarización de las métricas, no hay una voz común en cuanto a qué aspectos debe reportar un fondo ESG. En aspectos ambientales empieza a haber cierto consenso alrededor de métricas de cambio climático, pero en aspectos sociales y de buen gobierno es más complejo consensuar métricas”, apunta Cristina San Juan, socia de Mercer Investments.

Foto: Foto: iStock. Opinión
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En Portocolom, agencia de valores que asesora en ESG, afirman que, cuando hay una vulneración de criterios ESG, “se lleva a los comités de riesgos y de inversión. En algunos casos, dependiendo del tipo de vulneración, el equipo de análisis se pone en contacto con la empresa para conocer el asunto más a fondo y ver si existen vías de solución. El comité de riesgos decide con lo anterior si la vulneración de los criterios exige la desinversión o, si por el contrario, es transitoria y hay voluntad de la empresa por recuperar la situación. En el primer caso, se decide la desinversión y el comité de inversiones o los gestores deciden el proceso y tiempo necesarios para ello”. La mayoría de gestoras rechaza hablar de nombres propios y aboga por contacto con la empresa y análisis interno de la vulneración.

Para evitar que invertir en ESG sea un acto de fe, en Schroders piden más transparencia: “Los gestores tienen la responsabilidad de ser proactivos para evidenciar objetivamente la sostenibilidad de sus carteras”. Se debería poder demostrar que los criterios de ESG influyen en la cartera”, añaden en UBP. “Los inversores están tomando más conciencia ambiental y social para invertir”, opina AXA IM, que también pide una regulación clara: “Creemos que SFDR ayudará a fortalecer la transparencia y la consistencia cuando hablamos con clientes aunque no tenemos aún una armonización de prácticas y estándares”.

*Han participado en la encuesta Allianz GI, AXA IM, BBVA AM, BlackRock, CaixaBank AM, Carmignac, Credit Suisse, DNB, Edmond de Rothschild, Eurizon, Federated Hermes, Flossbach von Storch, Janus Henderson, Jupiter, La Française, LFDE, Mainfirst, Mapfre AM, March AM, MFS Investment Management, M&G, Muzinich, Natixis, Nordea, Oddo, Pimco, Portocolom, Santander AM, Schroders y UBP. Han declinado participar Aberdeen, Amundi, DWS y Fidelity.

La ofensiva por canalizar el ahorro de las familias hacia fondos de inversión cada vez es mayor en el sector financiero. Y, a la vez, la tendencia es que sea con la comercialización de productos sostenibles, que operan con criterios medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés), sin que se despejen las dudas sobra la exageración de los mensajes comerciales. Tres de cada 10 euros que se invierten en renta variable llegan con este requisito, elevando el patrimonio de fondos ESG a un récord de 1,4 billones (millones de millones). Una revolución con impacto en las empresas, muy rentable para las gestoras, a la que ha aludido hasta el Gobierno.

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