Confesiones de un exdirectivo de BlackRock, el converso de las ESG: "Es 'marketing"
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ENTREVISTA A EL CONFIDENCIAL

Confesiones de un exdirectivo de BlackRock, el converso de las ESG: "Es 'marketing"

Tariq Fancy fue fichado por Larry Fink para hacer de la gestora un ejemplo de inversión sostenible. Dos años después de marcharse desencantado, relata cómo funciona el sector

Foto: Tariq Fancy. (The Rumie Initiative)
Tariq Fancy. (The Rumie Initiative)

"Escucha, tú sabes que es un truco de 'marketing' [espera por una respuesta, pero no la encuentra]. Lo sabes. Todos lo sabemos".

Al otro lado de la pantalla, Hal Goldstein, antigua mano derecha de Mark Rachesky —presidente de Lionsgate y director de MHR, una firma de inversión que maneja 5.000 millones de dólares—, se desahoga desde el jardín de su casa. Con un iPad en el regazo, y rodeado de los juguetes de sus hijos, ya mayores de edad, y de su perro Sparky, que juguetea con un hueso, este abogado retirado espeta una frase que resume lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir. Se refiere a los criterios ESG (medioambiental, social y de gobernanza, por sus iniciales en inglés), empleados por numerosos fondos de inversión para colocar el dinero en actividades beneficiosas para el bien común. Es lo que en español se conoce como inversión socialmente responsable.

De este lado de la pantalla, Tariq Fancy (Toronto, Canadá, 43 años) escucha pacientemente. Lleva unos meses como director de Inversiones Sostenibles de BlackRock, la mayor empresa de gestión de activos del mundo. Y empieza a dudar. Por eso llama a su viejo amigo, al que conoció con veintipocos años, cuando trabajaba en el banco de inversión Credit Suisse y quería entrar en MHR. Su afición común al rap le dio aquel puesto, y desde entonces no ha dejado de ascender en Wall Street. Tras marcharse de Nueva York desencantado por una vida que no era la suya, está de vuelta para cumplir un buen cometido. Pero lo que parecía un cambio definitivo para las finanzas mundiales no resultó ser otra cosa que más de lo mismo.

Foto: EC.
El marketing insostenible de la inversión sostenible
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Han pasado tres años de esta anécdota y Fancy ya no trabaja para BlackRock. Decepcionado por segunda vez, decidió abandonar definitivamente el mundo financiero y dedicarse en cuerpo y alma a The Rumie Initiative, una organización sin ánimo de lucro que fundó en 2016 para educar a niños de comunidades desatendidas a través de una tecnología asequible. En sus tiempos libres, el ex banquero de inversión ha escrito "The Secret Diary of a 'Sustainable Investor" ("El diario secreto de un 'inversor sostenible"), un ensayo en tres partes en el que, a través de estampas como la anterior, narra su experiencia personal para desmontar el cinismo de un negocio que ha sabido aplicar como ningún otro el célebre principio lampedusiano: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie".

Desde los años 90, que supusieron su inicio en el mundillo, hasta ahora, los grandes fondos han cambiado totalmente su comportamiento, especialmente después de la crisis de 2008, cuando sufrieron un fuerte impacto reputacional y la opinión pública hizo suyos los anhelos del expresidente francés, Nicolas Sarkozy, para refundar el capitalismo. La introducción de la ética como una condición para invertir, con la variable medioambiental en el centro, se ha consagrado en el inicio de esta década, espoleada por la ola ecologista y el impacto brutal de la crisis del coronavirus. Pero, mientras muchos se convierten a los ESG, Fancy ya está de vuelta.

"La ESG no solo no ayuda, sino que es perjudicial, porque nos hace perder el tiempo"

En una entrevista a El Confidencial desde su casa de Toronto, este antiguo banquero de inversión lanza un mensaje tan contundente como el de su mentor Goldstein: "La ESG no solo no ayuda, sino que es perjudicial, porque nos hace perder el tiempo. Es obvio que es 'marketing". Con un estilo distendido, lleno de metáforas deportivas y que concuerda con su aspecto casual, Fancy desmonta, uno por uno, todos los lugares comunes que, en su opinión, utilizan los fondos —y las empresas que reciben su inversión— para engordar el mercado ESG.

Rentabilidad. "Decían que los fondos ESG lo hicieron mejor que el resto el año pasado, pero eso no fue lo que pasó. Simplemente invierten en activos con menos huella de carbono, por lo que redujeron su exposición a los combustibles fósiles y la aumentaron en las compañías tecnológicas, que no generan emisiones. En el año de la pandemia nadie viajó y el petróleo bajó, pero todo el mundo escuchó música. No hay ninguna garantía de que puedas tener más beneficios. La rentabilidad es muy incierta".

Asequibilidad. "Los ESG son la excusa para cobrar tasas más altas. Los fondos que incluyeron ESG pasaron del 0,04% al 0,20%. Es por eso por lo que lo hacen, porque necesitan dólares".

"Aunque inviertas en cosas buenas, no detiene a las empresas para dejar de hacer cosas malas"

Regulación. "Los ESG se basan en las ideas neoliberales de que el mercado resuelve todos nuestros problemas, pero la solución es la regulación de los gobiernos, como las tasas de carbono. Los mercados competitivos son como los deportes: hay jugadores que juegan sucio, árbitros y normas, pero estamos dejando de ponerlas. Cuanto más tiempo sigamos confiando en los fondos verdes, más estaremos retrasando las regulaciones de los gobiernos sobre cambio climático o desigualdades".

Impacto. "El impacto de los fondos verdes no es sustancialmente diferente al de los fondos regulares. Yo estuve en medio de la máquina, lo intenté, pero no pude crear este impacto ni encontré evidencias de que los ESG puedan aportar absolutamente ninguno. Aunque inviertan en cosas buenas, eso no detiene a las empresas para dejar de hacer cosas malas. Si inviertes en un fondo, no significa que vaya más dinero para buenas empresas o buenas causas, porque la mayor parte se revende en el mercado secundario".

Progreso. "Si tienes a gente comprando un fondo porque piensa que tiene impacto, es doblemente malo. Primero, porque estás siendo deshonesto, ya que van a tener que pagar más y piensan que están haciendo algo por el mundo, aunque no es así. Pero lo peor es que, cuantas más personas se apunten a eso, es menos probable que apoyen una tasa al carbono, porque creen que ya han cumplido con su parte".

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Ecologismo. "Si tú eres una gran compañía que necesita miles de millones de dólares de financiación, de toda la actividad que tienes, una parte podría ser calificada como verde. Lo que haces es separar esos activos, pensando en que los inversores verdes te van a apoyar, y emites bonos verdes. Pero, en la mayoría de los casos, nada cambia. Simplemente sigues haciendo lo que quieres con el resto del dinero".

Transparencia. "Lo que hacen, por mi experiencia, es meter en una cesta los activos más rentables, y alguno verde, y se lo venden con mayores tasas a los clientes que quieren invertir en activos que causan un impacto positivo, porque saben que las van a pagar".

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Responsabilidad social. "Para las empresas tampoco cambia nada. El coste del capital no varía y no invierten más en proyectos socialmente responsables".

Ejemplaridad. "El CEO de BlackRock ha invertido en fondos sostenibles 400.000 millones de dólares este año. Parece un montón de dinero, pero no va a proyectos renovables, sino que en realidad es una forma de volver a empaquetar lo que ya existe".

Foto: Imagen de las Cuatro Torres de Madrid, en donde tienen su sede KPMG y PwC.

Ese hombre del que Fancy habla es Larry Fink, al que conoció en 2017 y con el que empatizó enseguida gracias a que ambos aborrecían Dubái —la esposa del ex banquero de inversión procede de allí— y el primero admiraba una curiosa costumbre del magnate: llamar a su mujer todos los días al llegar a la oficina. Pero lo que realmente cimentó la relación personal entre ambos, que unos meses después acabaría cristalizando en una relación laboral, fue su visión optimista sobre el futuro de la inversión sostenible.

En aquellos años, Fink se convirtió en el gran profeta de las ESG y sorprendió al mundo con una carta dirigida a los responsables de las principales multinacionales del planeta: "Las compañías necesitan hacer algo más que conseguir beneficios. Tienen que contribuir a la sociedad si quieren recibir el apoyo de BlackRock". ¿Cómo no aceptar su oferta para volver?

Sin embargo, no todos pensaban lo mismo en la gestora de fondos. Desde un directivo británico que llamaba "idiota" con acento 'posh' a Alexandria Ocasio-Cortez —miembro demócrata de la Cámara de Representantes de Estados Unidos conocida por promover el Green New Deal— hasta los ejecutivos que le pedían simplificar sus mensajes para que los clientes los entendiesen —"solo tienes que decir que reduces la huella de carbono", le dijo uno—, Fancy va presentando en sus tres ensayos los diferentes personajes que se fue encontrando hasta que dejó la gestora a finales de 2019. Plutócratas que no entendían, no le daban importancia o simplemente se oponían a su trabajo, que tenía como objetivo garantizar que las inversiones de BlackRock tuviesen un impacto positivo en la sociedad. "La inversión es algo que necesita tiempo para aprender, y me di cuenta de que la mayoría de la gente que está en ESG no tiene demasiado 'background' sobre cómo hacerlo", rememora el exgestor.

Los criterios ESG eran solo una estrategia, una forma de diferenciarse para seguir creciendo. Y a veces ni eso

Desde el principio hubo una contradicción, que el paso del tiempo y las reuniones en grandes hoteles y restaurantes de Londres, Hong Kong o Tokio para decidir qué era bueno para el planeta no hicieron más que acentuar. Pese a los discursos de Fink y los valores de Fancy, el principio fundacional de BlackRock seguía vigente: generar el mayor beneficio posible para sus clientes, en lo que se conoce como responsabilidad fiduciaria. Los criterios ESG eran solo una estrategia, una forma de diferenciarse para seguir creciendo. Y a veces ni eso.

"No tienen ningún sentido financiero —concluye el fundador de The Rumie Initiative—. Entré porque creía que sí podían tenerlo, pero ahora estoy preocupado. Me di cuenta de que sé que son inútiles porque lo he vivido, pero el resto del mundo no lo sabe porque no ha visto lo que yo he visto".

Según BlackRock, Fancy no vio nada. Jim Barry, director de Inversiones de la unidad de Inversiones Alternativas de la gestora, desmintió a Bloomberg las acusaciones del protagonista de esta historia: "Tariq se fue mucho antes de que Larry adoptara la sostenibilidad como lo ha hecho, por lo que su marco de referencia en BlackRock no es relevante para lo que hemos estado haciendo en los últimos años". Cualquiera diría que es el enésimo truco de 'marketing'.

La empatía no cotiza en bolsa

El pasado 30 de agosto, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, lanzó en el Congreso una inédita advertencia a las compañías eléctricas: "La empatía cotiza en bolsa".

¿A qué se refería? La también vicepresidenta tercera lo dejó claro a renglón seguido: "Muchas de estas compañías tienen entre sus accionistas a fondos de inversión que responden por los principios ambiental, social y de gobernanza". Es decir, los criterios ESG. Ribera dibujaba un escenario en el que la mano invisible del mercado serviría para cortar los abusos de las empresas, como el vaciado de embalses.

¿Qué pasaría si los amos del dinero se enfadasen al ver que las eléctricas no respetan sus criterios? La explicación de Ribera parecía apuntar a una reacción: en el mercado actual, si abusas de los débiles, los que son más fuertes que tú pueden castigarte. Y, como corolario, a un incentivo: hay que portarse bien. Pero Tariq Fancy no cree que esto pueda ocurrir.

Para el ex banquero de inversión, la complejidad del mercado invalida la posibilidad de que los fondos presionen a las empresas con retirarles su financiación si no detienen las prácticas contrarias a los criterios ESG. La explicación es muy sencilla: la mayoría de los vehículos de inversión operan con productos que ya han sido negociados en el mercado, en vez de comprarle directamente las acciones a las compañías. En el caótico mundo de los derivados, el poder para condicionar la actuación de las cotizadas resulta, por tanto, muy limitado.

"El ESG no cambia nada, solo la distribución de las acciones", concluye Fancy.

"Escucha, tú sabes que es un truco de 'marketing' [espera por una respuesta, pero no la encuentra]. Lo sabes. Todos lo sabemos".

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