elecciones 28-A: resultados

Sánchez gana, se hunde Casado y Rivera se postula como líder de la oposición

Las municipales y autonómicas pueden dar la puntilla a muchos y salvar a otros, pero harán que nadie desvele de forma definitiva sus cartas hasta después de volver otra vez a las urnas

Foto: Celebración de la noche electoral en la sede socialista en Ferraz. (EFE)
Celebración de la noche electoral en la sede socialista en Ferraz. (EFE)

Pedro Sánchez ha ganado las elecciones del 28-A con un 28,7% de los votos y 123 escaños, pero dependerá del apoyo o la abstención de ERC para ser investido presidente, porque la suma con los 42 escaños de Unidas Podemos-En Comú Podem, el escaño de Compromís y los seis del PNV le dejan en 172 escaños, a cuatro de la mayoría absoluta. Ni siquiera le basta el escaño de Revilla y su PRC o los dos de CC. Eso sí, nadie duda ya de que Sánchez logrará ser investido.

La victoria socialista se amortiguó en la última semana tras los dos debates, y así lo reflejaban los 'trackings' internos de los partidos, y ha dado aire a Pablo Iglesias, cuyos resultados pueden considerarse como una dulce derrota pese a perder más de 400.000 votos: por fin, la formación morada es clave para designar al inquilino de la Moncloa. Y sus comunes serán protagonistas a la hora de engrasar el apoyo o la abstención de ERC en la investidura.

Sánchez gana, se hunde Casado y Rivera se postula como líder de la oposición

En la derecha, las elecciones de ayer han supuesto una auténtica debacle para Pablo Casado: el PP cosecha el peor resultado de su historia, pasa de 137 escaños a 66 (menos de la mitad de un plumazo) y pesos pesados del organigrama popular como Javier Maroto, número tres, se quedan fuera del Congreso. La sangría de votos de Casado —3,6 millones menos que los que logró Mariano Rajoy en 2016— deja su liderato en el aire y más débil que nunca. De hecho, la salida de Alberto Núñez Feijóo reivindicando sus resultados en Galicia es más que una anécdota. El gallego ha resistido relativamente la marea roja del PSOE pero le han faltado 74.000 votos para mantener la hegemonía.

Casado hizo la renovación en el partido a golpe de cimitarra: eliminó cualquier vestigio de sorayismo y trató con desdén a algunos de los activos que le quedaban por su relación con el pasado —como sucedió con Ángel Garrido—. Ahora, toda España se ha teñido de rojo, salvo un par de provincias en Castilla y León y dos de las gallegas, que conservan el azul popular. Feijóo ya lo recordó anoche en rueda de prensa. Otros dirigentes lo dicen en privado: atacan el mensaje, las formas y la bisoñez del equipo que manda en Génova. Y en el entorno de Casado insisten en que no dimitirá... Al menos hasta después de las municipales y autonómicas.

Sánchez gana, se hunde Casado y Rivera se postula como líder de la oposición

Casado aguanta (por lo menos) hasta el 26-M

Y es que esa es la tabla de salvación a la que se aferra el dirigente popular. Según los datos de ayer —aunque la traslación de las generales a las municipales y autonómicas no puede hacerse automáticamente—, el PP podría conquistar la alcaldía de Madrid y se disputaría con Ciudadanos la presidencia de la comunidad. En la región, el partido naranja ha superado al PP, lo que indicaría que Ignacio Aguado estaría en condición de negociar un Gobierno con Isabel Díaz Ayuso (PP) y Rocío Monasterio (Vox) en el que Cs tendría la presidencia. En Madrid ciudad, el PP apenas saca un punto a Cs, por lo que la batalla entre José Luis Martínez Almeyda y Begoña Villacís está también abierta.

Hasta el 26 de mayo, el PP y Pablo Casado intentarán evitar una descomposición aún mayor de la que se ha vivido estos días, con fugas hacia Ciudadanos y Vox, y, sobre todo, se replanteará la estrategia para evitar que la formación naranja acabe por adelantar ese día a los populares. La distancia entre el PP y Ciudadanos ha sido de nueve escaños (66 a 57), de menos de un punto en porcentaje de voto (16,68% frente al 15,83%) y de apenas 200.000 votos. Para darse cuenta de la magnitud del desastre popular y cómo el sorpaso naranja ha estado a punto de producirse, baste recordar que la diferencia entre Albert Rivera y Mariano Rajoy en 2016 fue de 105 escaños, 20 puntos y 4.800.000 votos. Todo un caudal dilapidado en tres años del que, a buen seguro, Casado y el actual equipo no son los únicos culpables. Pero los tiempos en política son los que tocan, y la hierba bajo los pies del líder popular empieza a ser demasiado corta.

Rivera se erige como líder de la oposición, sobre todo para evitar que incluso el Ibex le presione para explorar otra vez el pacto negado con Sánchez

Rivera, de momento, ya se postula como el verdadero líder de la oposición a Sánchez, más que nada para evitar que la presión —incluida la del Ibex— para que se levanten los 'cordones sanitarios' y se explore de nuevo un pacto PSOE-Cs le ponga contra la espada y la pared. Durante su intervención anoche, dio por descartado que "Sánchez gobernará", logrará ser investido y, descartando el pacto, "Ciudadanos será el primer controlador del nuevo Gobierno". Entre un partido que pierde 3,6 millones de votos y 71 escaños (Casado) y otro que sube 900.000 y 26 escaños (Rivera), parece claro quién puede postularse como líder de la oposición al nuevo Gobierno de Sánchez, por mucho que en las estadísticas Ciudadanos haya quedado tercero o que sus resultados en algunas comunidades, como en Cataluña, donde Inés Arrimadas era la cara representativa, hayan sido más bien discretos.

Vox, de tsunami a 'acqua alta'

¿Y el quinto elemento de la ecuación de ayer? El tsunami de Vox se ha quedado al final en un 'acqua alta'. El 15% que muchos temían y los más de 40 escaños, amenazando incluso la cuarta posición de Podemos o de Ciudadanos, se han quedado en un 10,2%, unos nada desdeñables 2,7 millones de votos y 24 diputados en el Congreso con más formaciones de la democracia, 14. Santiago Abascal y los suyos habían cifrado el éxito, pese a los mítines de campaña que abarrotaban los recintos o las colas de la gente que se quedaba fuera, en 30 diputados. Al final han sido seis menos, lo que para nada puede calificarse de fracaso. Pero después de varias semanas de vértigo, 24 diputados de Vox en el Congreso parecen, incluso, una 'marea' asumible.

Abascal y los suyos intentaron gestionar las expectativas y cifraban en privado el éxito en los 30 diputados: al final, el tsunami fue 'acqua alta'

Pero, aparte de la llegada de Vox a la carrera de San Jerónimo, la otra gran consecuencia de su aparición en estas elecciones es que 800.000 de sus votantes casi una tercera parte de los 2,7 millones de votos que obtuvo ayer no han tenido representación, pero sí han hecho que en esas circunscripciones el PP haya perdido su segundo o tercer escaño en favor, la mayoría de las ocasiones, del PSOE y, también, de Ciudadanos. Así que tanto Sánchez como Rivera tienen que 'agradecer' a Abascal su contribución a sus resultados y, por qué no, a dar la puntilla al desastre del PP y Pablo Casado.

En su mensaje de ayer en Colón —la plaza fetiche de Abascal, flanqueado por Colón, la mayor bandera de España en Madrid y la estatua de Blas de Lezo—, el líder de Vox prometió "llegar para quedarnos" y llevar la voz al Congreso de esos 800.000 votantes que no han tenido representación. Habrá que ver si Vox tendrá una oportunidad igual. Y las elecciones del 26-M serán el mejor test.

Participación casi récord... y nueva campaña

La participación, como se esperaba, ha sido decisiva. El PSOE llamó a la movilización para evitar que sus militantes se quedaran en casa y propiciaran un resultado como el que echó de la Junta de Andalucía a Susana Díaz. Y el llamamiento funcionó: una participación histórica del 75,76% del censo, casi 10 puntos más que en 2016 y solo superada por las elecciones de 1993, cuando se pasó del 76% de participación después de que Felipe González agitara el miedo a la llegada de José María Aznar. Fue la última vez que el PSOE se movilizó así, hasta ayer.

Nada se moverá hasta después de las elecciones del 26-M. Nadie quiere desvelar sus cartas... Y en 11 días comienza otra vez la campaña

En resumen, España sale de estas elecciones con un ganador, Pedro Sánchez, que dependerá de los independentistas de ERC para poder ser investido. Con el líder de estos volviéndose a sentar desde hoy en el banquillo del Supremo, seguirá siendo juzgado mientras tienen lugar las negociaciones para investir a Sánchez. Con un líder del PP más débil que nunca, con su liderazgo cuestionado por los suyos y por sus rivales: con Rivera, que le quiere arrebatar el papel de líder de la oposición desde su izquierda, y con un Abascal que le quiere seguir mordiendo desde su derecha. Y con unas elecciones municipales, autonómicas y europeas que pueden dar la puntilla a muchos, salvar a otros y que harán que nadie desvele de forma definitiva sus cartas hasta después de que los españoles volvamos otra vez a las urnas. Ah, y la campaña empieza otra vez en 11 días...

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