NOCHE DE TOTAL EUFORIA EN FERRAZ

Clamor a Sánchez en Ferraz tras el primer triunfo del PSOE en 11 años: "¡Con Rivera no!"

Los socialistas logran 123 diputados y un 29% de los votos, y casi doblan en escaños al PP, que firma el hundimiento total. El presidente sería reelegido sin el voto a favor de los independentistas

Foto: Pedro Sánchez besa a su mujer, Begoña Gómez, en la celebración de la victoria electoral de este 28-A. (Reuters)
Pedro Sánchez besa a su mujer, Begoña Gómez, en la celebración de la victoria electoral de este 28-A. (Reuters)

—¡Con Rivera no! ¡Con Rivera no! ¡Con Rivera no!

El grito de Ferraz a Pedro Sánchez es contundente, nítido. Inequívoco.

Creo que ha quedado bastante claro, ¿no? —sonríe el líder del PSOE, mientras la multitud estalla de júbilo—. Desde nuestras ideas de izquierdas, queremos tender la mano a todas las formaciones políticas.

¡Con Rivera no! ¡Con Rivera no! —vuelven a clamar los centenares de militantes y simpatizantes socialistas apiñados en Ferraz.

—Lo he escuchado, pero mirad una cosa: nosotros no vamos a hacer como ellos, que ponen cordones sanitarios. La condición es respetar la Constitución española y avanzar en justicia social, regeneración y limpieza. Pero eso será a partir de mañana.

Casi se hundía en la memoria la imagen del triunfo. Había que retroceder 11 años, hasta 2008, para ver al PSOE ganar unas elecciones generales, para presenciar una calle de Ferraz cortada y llena de banderas con las siglas del puño y la rosa; 11 años para que los militantes y simpatizantes, eufóricos, aclamasen a su jefe ganador. El 28 de abril pasó. Una victoria limpia, cómoda, rotunda, inapelable de Pedro Sánchez. Un triunfo a la tercera y que le llega desde el sillón de la Moncloa. El líder socialista, el hombre que llegó a atesorar dos fracasos históricos, el secretario general defenestrado por los suyos y que reconquistó el poder contra todo y contra todos, se legitima como presidente del Gobierno. Consigue 123 escaños en el Congreso, 7,48 millones de papeletas y cerca del 29% de los votos, y mayoría absoluta en el Senado. Y podrá obtener la investidura sin necesitar el voto a favor de los independentistas catalanes. Sánchez podría sumar escaños con Unidas Podemos, PNV, Compromís y los regionalistas cántabros, y se quedaría muy cerca de la mayoría absoluta. Las derechas, dado el hundimiento absoluto del PP y el cometa corto de alas de Vox, se quedan lejísimos del umbral preciso. También habría otra suma posible: con Ciudadanos. Pero Sánchez recibió pronto el grito bien claro de la calle: "¡Con Rivera no!".

Lo he escuchado, pero mirad: nosotros no vamos a hacer como ellos, que ponen cordones sanitarios", responde Sánchez


Sánchez salió a la balconada provisional instalada en Ferraz cerca de la medianoche, acompañado de su mujer, Begoña Gómez, de la vicepresidenta, Carmen Calvo, de la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, del director de campaña y secretario de Organización, José Luis Ábalos, y de la vicesecretaria general, Adriana Lastra. El núcleo duro arropando al líder en la noche que siempre soñó.

"¡Sí se puede, sí se puede!"

"Ha ganado el futuro y ha perdido el pasado", gritó el ya presidente en funciones nada más saludar a los militantes y simpatizantes congregados en Ferraz. Enseguida agradeció la altísima participación, del 75,75%, con la que España demuestra que tiene una "democracia sólida de calidad", y que millones de españoles han acudido en tromba a las urnas para defender sus derechos y libertades.

Sánchez pone como límites para los pactos el respeto a la Constitución y avances en justicia social, regeneración democrática y convivencia

Sánchez interpretó que el mensaje de los ciudadanos ha sido claro: no quieren "involución" ni "retroceso". Pero también España lanza un mensaje al mundo: que, en tiempos de auge del trumpismo, de los Jair Bolsonaro o de los Matteo Salvini, "se puede ganar a la reacción, a la involución y al autoritarismo". "¡Sí se puede, sí se puede!", le replicaban los suyos, tomando prestado el grito de guerra clásico de Unidas Podemos.

Clamor a Sánchez en Ferraz tras el primer triunfo del PSOE en 11 años: "¡Con Rivera no!"

El líder socialista consideró que los objetivos ya estaban más que cumplidos: "Los españoles quieren que el PSOE gobierne y lidere el país en los próximos cuatro años. ¡Hemos ganado las elecciones y vamos a gobernar España!", clamó, mientras la parroquia apiñada en Ferraz coreaba el "¡Ista, ista, ista, España socialista!". El presidente reiteró que sus objetivos son los mismos que ya anticipó en campaña: avanzar en justicia social, acabar con la desigualdad, liquidar la "crispación territorial" y apostar por la convivencia y la concordia, y finalmente "reivindicar la ejemplaridad" y matar la corrupción. "¡No es no! ¡No es no!", bramaban los simpatizantes.

Para afrontar esos desafíos, siguió, el Gobierno y él como presidente quieren serlo "de todos los españoles", y en ese sentido promete tender la mano "a todas las formaciones políticas". De nuevo se escuchaba el grito de "¡con Rivera no!". "No vamos a hacer como ellos, que ponen cordones sanitarios", respondió Sánchez a la multitud, recordando a su vez que sus límites son esos objetivos y el respeto estricto a la Constitución española.

Sánchez recordó cómo hace no mucho decían al PSOE que era un partido "sin futuro", que tenía que "resignarse", que no le quedaba otra que ser "muleta" del PP. Y aquí está ahora, presumió, reivindicando el presente y el futuro de una formación que cumplirá 140 años de vida el próximo jueves. Un mensaje poderoso, añadió, para la socialdemocracia europea, que vive sus horas bajas y que mira ya a un 26-M que puede saldarse con caída en el Viejo Continente. "Nos miran fuera de España. Formaremos un Gobierno proeuropeo para fortalecer y no para debilitar Europa". Y sí, "hoy es un gran día", reconoció. Pero a renglón seguido advirtió a los suyos de que no todo el trabajo está hecho: quedan las autonómicas, locales y europeas del 26 de mayo. "Necesitamos mayorías progresistas y a ello nos vamos a dedicar. ¡Ánimo, ánimo y ánimo!", chilló desde el escenario y rodeado de una euforia jamás vista en más de una década.

Victoria inapelable

En las horas previas al escrutinio, se palpaba una alegría muy contenida en Ferraz. Todos cruzaban los dedos, porque los síntomas de los últimos días que detectaban los sondeos internos no eran tan positivos y porque les hacían perder el suelo de los 130 escaños que pintaban algunas encuestas previas al apagón informativo. Pero la noche se saldó con éxito para el PSOE ocho años después del batacazo de 2011 que lo desalojó del poder. Y entonces se desató la euforia total, pese a que la negociación de los pactos no será fácil. Con casi el 100% escrutado, los socialistas consiguieron 123 diputados, 39 más que los 84 obtenidos en las generales del 26 de junio de 2016 (85 si se cuenta el de Nueva Canarias, socio de coalición en los dos comicios anteriores): 7,48 millones de papeletas, el 28,68%, por el 22,63% (y 5,4 millones de sufragios) de hace tres años. Un avance de 6,05 puntos.

El PSOE gana en todas las CCAA salvo en Cataluña, Euskadi y Navarra, y en la mayoría de las provincias, y además logra la mayoría absoluta del Senado

El PSOE vence en todas las comunidades autónomas, salvo en Cataluña —la victoria allí es de ERC—, Navarra —se impone en sufragios, aunque no en diputados, la coalición Navarra Suma, que forman PP, Unión del Pueblo Navarro y Ciudadanos— y Euskadi, donde vence el PNV. Sánchez gana en escaños en 28 de las 50 provincias, además de en la ciudad autónoma de Ceuta. En número de votos, España se tiñe de rojo: el PSOE es primera fuerza en todo el país salvo en Lugo, Ourense, Salamanca y Ávila (el PP es primero allí), los tres territorios vascos (del PNV), Navarra, y Lleida, Girona y Tarragona (vence ERC). También sentaría a 121 senadores de los 208 en disputa este domingo. Un éxito arrollador y aplastante en unos comicios de una participación histórica, de cerca del 76%, lo que vendría a probar la extraordinaria movilización de la izquierda ante el miedo de un triunfo de las derechas. Es la séptima vez que el PSOE vence en democracia (1982, 1986, 1989, 1993, 2004, 2008 y 2019), pero la primera en la que tendrá más dificultades para formar Gobierno. El partido centenario sube en todas las autonomías y logra más botín de escaños en Andalucía (24), Cataluña (12), Castilla y León (12), Madrid (11), Comunidad Valenciana (10) y Galicia (10).

Sánchez casi dobla en escaños al PP: Pablo Casado pasa de los 137 parlamentarios conseguidos por Mariano Rajoy en 2016 a solo 66 (16,70%), 12 puntos más de ventaja. El PSOE podría sumar sus 123 actas a las 42 de Unidas Podemos-En Comú Podem; 165 diputados que ya superan la suma de PP, Cs (57) y Vox (24), que es de solo 147 asientos en el Congreso. Con el PNV (6), Compromís (1) y Partido Regionalista de Cantabria (1) —Miguel Ángel Revilla es socio en la comunidad—, se alcanzarían los 173 escaños, a solo tres de la mayoría absoluta. Sánchez podría ser investido en segunda vuelta, siempre que alguno de los otros partidos (Coalición Canaria o ERC, por ejemplo) se abstuviera. La otra alternativa sería una alianza con Albert Rivera, mucho más improbable, pero que también llegaría a la mayoría absoluta (180). Aunque Sánchez ya sabe que a sus bases no les gusta esa combinación. Aquel atronador "¡Con Rivera no!" rememoraba el "¡No nos falles!" que los seguidores del partido chillaban en 2004 a José Luis Rodríguez Zapatero, con una España traumatizada por los atentados del 11-M.

La ejecutiva federal se reunirá este lunes por la tarde para tomar las primeras decisiones o dar al menos algunas pistas de los primeros pasos. De las palabras del presidente se colige que pondrá a Rivera ante la tesitura de tener que elegir si abstenerse ante la investidura de Sánchez —no hay una alternativa de derechas viable— para evitar que sea ERC quien deba permitir la reelección del socialista. La alianza con Rivera sería la preferida por los mercados, pero los naranjas han de decidir si quieren convertirse en la oposición a Sánchez, vista la debacle total del PP, o colaborar con él.

La dirección socialista, encabezada por José Luis Ábalos y el gurú del líder, Iván Redondo, había optado por una campaña de perfil bajo, deliberadamenta amarrona, para que la inercia llevase en volandas al líder hasta la victoria. Por el camino se le cruzó el patinazo con la gestión de los debates y una actuación en ellos que le sirvió para salir del paso, pero no para brillar, y eso quizá pudiera haberle penalizado en la recta final. Pero ya poco importa, porque la victoria del PSOE, en un panorama pentapartito, admite pocos peros, sobre todo por el hundimiento del PP y la distancia de las derechas de la mayoría absoluta. La pega de la noche, eso sí, llegaba desde la Comunidad Valenciana. Allí se celebraban autonómicas: el PSOE logró ser primera fuerza, algo que no ocurría desde 1991, pero Ximo Puig mantiene la presidencia por la mínima.

Clamor a Sánchez en Ferraz tras el primer triunfo del PSOE en 11 años: "¡Con Rivera no!"

El 28-A se cierra una noche como pocas, como poquísimas en Ferraz. El sabor dulce de una victoria que había tardado muchos años en conseguirse, la ilusión de unos militantes y simpatizantes que han visto en este tiempo muchas derrotas y un enorme desgarro interno. Pero ya estaba hecho. "¡Lo que nos ha costado!", exclamaban algunos a las puertas de la sede, entre abrazos, suspiros de alivio y sonrisas. "¡Vivimos en un país decente!", se decían otros. "¡Viva España y viva el socialismo!", gritó Ferraz. "Eso es lo que ha ganado, una España plural y diversa, que ama la igualdad y se reconoce en su diversidad", completó el presidente, relajado y visiblemente contento. Sánchez ha devuelto la autoestima a un partido muy herido y que ahora tiene cuatro años por delante de estancia en la Moncloa. No será ni mucho menos fácil, y quizá tenga que compartir su Gobierno con Unidas Podemos, pese a su deseo de liderar un Ejecutivo en solitario. Todo cambia, y España también. Pero a la victoria del PSOE se superponía también la satisfacción por el triunfo de la izquierda sobre la amenaza de la derecha y la ultraderecha de Vox, el tormento que amenazaba el 28-A y que finalmente voló más bajo de lo previsto.

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