Espera que Sánchez evite a los separatistas

Casado culpa de su debacle a la división del centro derecha y se la juega el 26-M

Con 66 diputados y el 16,7% de los votos, Casado se convierte en el jefe de la oposición con el grupo parlamentario más menguado de la historia de la democracia

Foto: Pablo Casado. (Reuters)
Pablo Casado. (Reuters)

El Partido Popular estaba hecho a la idea de obtener el peor resultado electoral de su historia, pero no a la de perder la mitad de sus escaños en el Congreso, más de cuatro millones de votos y además verse derrotado en sus principales feudos, como Madrid, Murcia y hasta en la mitad de Galicia. Con 66 diputados y el 16,7% de los votos, Pablo Casado se convierte en el presidente del principal partido de la oposición con el grupo parlamentario más menguado de la historia de la democracia. "El resultado ha sido muy malo", reconocía el presidente del PP en la sede de Génova pasada la medianoche, rodeado por todo su equipo de dirección, alguno de sus miembros a punto de llorar.

Nueve meses después de ganar en el congreso donde se designó al sucesor de Mariano Rajoy, Casado se enfrenta a la gestión de una derrota sin precedentes en su partido y con poco margen para el cambio de equipo o la rectificación de proyecto. En cuatro semanas, el PP se juega su futuro en las elecciones autonómicas y municipales del 26 de mayo, con miles de cargos en el aire en toda España.

Casado culpa de su debacle a la división del centro derecha y se la juega el 26-M

La urgencia de esa cita y el hecho de que las candidaturas fueran "de trinchera", para aguantar la derrota y solo compuestas por fieles e incondicionales, como dicen los veteranos marianistas apartados, frenan de momento cualquier movimiento de contestación interno de fondo. La autocrítica, si la hay, se quedará en las cuestiones de mensaje y campaña.

El equipo de Casado tenía en la precampaña la teoría de que había heredado de Rajoy un partido con una intención de voto del 17% que iba remontando poco a poco con el plan de la nueva dirección para reconciliarse con su electorado, pero el resultado de las urnas es exactamente ese porcentaje.

El llamamiento a concentrar el voto del centro derecha tampoco cuajó en la campaña. Los resultados confirman que los estrategas del PP partían de un análisis y pronóstico certeros, pero no consiguieron que sus votantes les hicieran caso. Ese 10% de los votos obtenidos por Vox en toda España ha sido "devastador" para los planes de Casado, según recalcaban anoche en Génova. En la mayoría de las circunscripciones, el apoyo a los de Santiago Abascal no se ha traducido en escaños, al PP le ha costado diputados en las provincias de menos de siete y de rebote el beneficiado ha sido el PSOE, y hasta los nacionalistas. Después de 11 años de presumir de ser el primer partido en la mayoría de las provincias, el PP solo tiene ese título en Ávila, Salamanca, Ourense y Lugo.

Además, en el Partido Popular han comprobado de entrada que Albert Rivera, aunque fracasara en Cataluña, crecía especialmente en sus feudos, más en Madrid, donde están las dos plazas fundamentales en juego para hablar de victoria o derrota el 26 de mayo: la comunidad y la alcaldía de la capital de España. Ciudadanos se ha puesto por delante del PP en la circunscripción que más escaños aporta al Congreso: 37.

Casado dio la cara, como siempre después de un recuento electoral desde 2015, con la diferencia de que antes lo hacía como portavoz del partido y ahora se tuvo que estrenar como presidente en su primera derrota. Contó que había llamado a Pedro Sánchez para felicitarlo, dijo que el PSOE es "un gran partido" y que desea que en sus acuerdos de gobierno no incluya a las fuerzas independentistas. Solo pudo resaltar como positivo que pasaba a ser jefe de la oposición y que el PP seguía primero en el espectro del centro derecha, dado que tiene nueve diputados más que Rivera.

El presidente de los populares destacó que los resultados le daban la razón en que "el centro derecha fracturado no gana" y llamó a la reflexión a Ciudadanos y Vox. "Deben analizar y pensar en si merece la pena". Se refería a las peleas entre ellos y a la negativa de Rivera y de Abascal de estudiar coaliciones o acuerdos para concurrir en los comicios sin estorbarse. Sin contestar preguntas y aplaudido por los suyos, Casado se fue de Génova después de convocar para este martes al comité ejecutivo de la formación para analizar a fondo lo ocurrido e intentar levantar el ánimo ante la cita del 26-M.

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