¿Hasta dónde llegará la ola de Abascal?

Debates, fichajes y los mítines de Vox aceleran el vértigo por el resultado del 28-A

La recta final se le ha torcido al inquilino de la Moncloa, mientras Casado intenta resistir al empuje por su derecha y a las opas y fichajes de Ciudadanos por su izquierda

Foto: Cientos de personas ondean banderas de España en la plaza de Colón de Madrid. (EFE)
Cientos de personas ondean banderas de España en la plaza de Colón de Madrid. (EFE)

"Todo es impredecible. Lo único cierto es que la campaña, en los últimos 10 días, desde el embrollo de los debates, se le ha complicado a Sánchez y el PSOE ha caído en intención de voto. En cuanto a Vox, nadie sabe hasta dónde llegará la marea: si es una ola en retirada o un tsunami". Así se pronuncia un reputado analista de encuestas en las horas previas a que España acuda a las urnas este domingo. El resultado de los debates —que dejaron tocado a Pedro Sánchez y dieron aire a Pablo Iglesias y Albert Rivera, ganadores de uno cada uno— y las imágenes de los mítines de Vox en Sevilla, Valencia y Madrid han acelerado el pulso en los cuarteles generales de los partidos.

En Ferraz, el vía crucis comenzó con la Semana Santa. Hasta entonces, el presidente del Gobierno había transitado feliz por una campaña de perfil bajo, disfrutando de los errores de los adversarios: el PP, enredado en los deslices de Adolfo Suárez Illana y el 'falso, falso' de Daniel Lacalle; Ciudadanos, reponiéndose del planchazo de su fichaje en Valladolid y de las acusaciones por abandonar el centro desde la foto de Colón junto a Vox. Pero llegaron los errores en los debates. "Fue un papelón", asegura una fuente socialista madrileña en referencia al espectáculo que se dio el Viernes Santo, cuando en un comunicado se enmienda toda la argumentación del día anterior y se acepta no uno, sino dos debates.

Sánchez se muestra a la defensiva en el primer debate, el de la pública, donde Albert Rivera se lanza "a por el votante socialista convencido de que pactará con los independentistas para ser investido", y comete errores "garrafales" —en palabras de un asesor electoral— en el segundo como exhibir un documento de la Junta de Andalucía que ni era de Vox ni facilitaba datos personales como asegura el candidato del PSOE. El resultado es que se ve a un Sánchez tenso, que baja al barro al que le lleva un hiperactivo Rivera y que cede el testigo de la moderación y el talante a Pablo Iglesias. "Muchos en el partido no entendimos esta estrategia", insiste la misma fuente. El resultado es que la recta final de la campaña se le ha torcido al inquilino de la Moncloa.

La imposibilidad de publicar encuestas desde el último martes anterior a las elecciones obliga a recurrir a artimañas ñoñas y subterfugios como los 'mercados de la fruta' o los 'trackings' electorales que supuestamente manejan los partidos. Y todos ellos indican que desde los debates, el PSOE había perdido su cómodo suelo del 30% y, lo que perdía, no lo recogía Podemos con la misma fuerza.

Movilización y la barrera del 70%

En fuentes de Ciudadanos, están convencidos de que los debates les "han servido para aumentar la transferencia de voto desde el PSOE hasta el 9%". La euforia naranja en estos últimos días les llevaba a asegurar que los socialistas "han caído dos puntos" y que disputaba la segunda posición al PP "en el entorno del 17%", y confían en que "una participación por encima del 70%" beneficia a Ciudadanos y al PSOE. De momento, el voto por correo, por encima de 1.200.000 electores y ampliado el plazo hasta este viernes, ya supone el segundo mejor registro de la historia electoral de nuestro país.

Una euforia que, en el cuartel general de Ciudadanos ya se disparaba con el 'fichaje' —'traición' y 'juego sucio', para el PP— de Ángel Garrido, presentado por sorpresa el miércoles y exhibido desde entonces como "caza mayor" por la formación naranja. Una "venganza" que disparó las alarmas en Génova porque el expresidente madrileño había sido 'recompensado' con un número 4 en las listas europeas, lo que le garantizaba una legislatura de buen sueldo y mejores dietas con las que compensar el maltrato que, según Garrido, sufrió en enero cuando Casado y el secretario general Teodoro García Egea decidieron apostar por Isabel Díaz Ayuso.

El expresidente de la Comunidad de Madrid Ángel Garrido, acompañado por el candidato de Ciudadanos (Cs) a la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado. (EFE)
El expresidente de la Comunidad de Madrid Ángel Garrido, acompañado por el candidato de Ciudadanos (Cs) a la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado. (EFE)

En la sede nacional de los populares se aguanta la respiración a estas horas. Tras el golpe del primer debate y el respiro del segundo, en el que Casado fue el segundo que menos errores cometió, pocas son las alegrías, salvo la demostración de fuerza en el Palacio de los Deportes de Madrid con un mitin final a golpe de corneta —por algo el PP sigue siendo el partido que más afiliados tiene... aún— y el protagonismo que está teniendo Cayetana Álvarez de Toledo. Desde que Casado decidiera meter en la nevera a Suárez Illana, la número uno por Barcelona se ha crecido gracias a los escraches de los independentistas y a su protagonismo en todos los debates en Cataluña. Tanto que Casado decidió traerla ayer como telonera de su mitin de cierre de campaña en Madrid.

Las encuestas siguen dando a Casado la segunda posición y 50 escaños perdidos con respecto a los que cosechó Mariano Rajoy. Pero como sucedió en Andalucía con Juanma Moreno Bonilla, que se convirtió en presidente de la Junta con el peor resultado de la historia del PP en Andalucía, todo dependerá de si el centro derecha suma para llegar a la Moncloa. Es decir, que el futuro político de Casado estará ligado... a Vox.

Vox, ¿ola o tsunami?

¿Y hasta dónde llegará la ola de Santiago Abascal? Los mítines de la última semana —en Sevilla, Valencia y anoche en Colón— han disparado la euforia en los seguidores de la formación de extrema derecha de manera directamente proporcional a cómo se ha acelerado el pulso en Génova, Ferraz, Ventas y Princesa. Diversos expertos consultados por este diario insisten en que la ola de Vox no será un tsunami, y que las proyecciones siguen reflejando un 11 o 12% de la intención de voto. La percepción de la calle —y de sus rivales— es otra. Esos mismos expertos aseguran que los partidarios de Vox "son muy de decirlo", y que "desde lo de Andalucía, hay muy poco voto oculto de los seguidores de Abascal".

Vox fue excluido de los debates por la Junta Electoral. Y su última semana está llena de incidentes con la prensa, plagada de vetos e incluso exabruptos por WhatsApp, mientras llena el aforo de sus actos. También los expertos recuerdan que Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando fue candidato, "llenaba plazas de toros y mira lo que sacó". ¿Hasta donde llegará la marea de Vox? Sus seguidores ondean la bandera de España mientras cierran los mítines cantando a capela "El Novio de la Muerte". El resto aguanta la respiración.

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