DESCONCIERTO POR SU PODER DE MOVILIZACIÓN

El temor a Vox y a su campaña alternativa se extiende de derecha a izquierda

Los 'trackings' internos mantienen estable al partido de Abascal, pero los partidos dudan por su capacidad de movilización. La duda es si están infraestimados o son una minoría ruidosa

Foto: Cientos de militantes y simpatizantes llenaron el espacio del Museo de las Ciencias de Valencia. (EFE)
Cientos de militantes y simpatizantes llenaron el espacio del Museo de las Ciencias de Valencia. (EFE)

Domingo de resurrección en Murcia. Llueve y la ciudad está casi vacía. No es solo que por la falta de costumbre el agua paralice la vida. Es que después de la Semana Santa llegan las fiestas de primavera, por lo que es como un puente. En esas circunstancias, Santiago Abascal tiene anunciado un mitin en un pabellón con una capacidad para 4.000 personas. No es la plaza de toros ni el mayor recinto de la ciudad, pero ningún otro partido se ha atrevido a intentarlo esta campaña. Una hora antes del mitin, una gran cola aguarda bajo la lluvia. Los que van llegando hacen cábalas y creen que podrán encontrar un asiento.

Error. En ese momento se cierran las puertas, porque no cabe más gente. Se monta cierto caos, porque ni simpatizantes con invitación logran acceder. "Soy el secretario de Movilización del partido y no puedo entrar", protestaba inútilmente uno. Abascal se dirige a los de la calle con un megáfono junto a la número uno por Murcia, Lourdes Méndez, miembro del Opus Dei que ocupó cargos en el PP entre 1990 y 2016 y que dejó el partido porque no aceptó en el congreso de 2017 sus enmiendas para que se posicionara contra el aborto y el matrimonio homosexual.

A veces hay mayorías silenciosas y otras veces hay minorías ruidosas. Esperemos que estemos asistiendo a un fenómeno del segundo tipo

Abascal habla de que él prefiere felicitar la Semana Santa al Ramadán y pide trasvases para Murcia. "Decimos lo mismo en Murcia y en Zaragoza". Unas 500 personas se quedan en la calle a seguir el mitin en una pantalla bajo la lluvia. "Nos jugamos la existencia misma de España y la libertad por el ataque de los separatistas y los progres. El Gobierno de la nación está en manos de quienes de manera ilegítima han aupado a un presidente sin escrúpulos: los proetarras, los golpistas separatistas y los comunistas chavistas. Todos estos son los que se presentan a estas elecciones para poner en tela de juicio la unidad nacional", clama Abascal casi gritando. Los que se han quedado en la calle, apretados bajo el alero del pabellón, asienten en silencio. La mayoría son hombres.

Murcia es un feudo del PP. En 2011, llegó obtener ocho de los 10 escaños en juego (el último, el hoy secretario general del PP, Teodoro García Egea), y gobierna la comunidad desde 1995. Pero el desencanto con tantos años de gestión está alimentando a Vox y las encuestas que manejan los partidos le dan allí dos escaños, como el PSOE. Murcia es sociológicamente parecida a Almería, donde en las andaluzas Vox obtuvo el 16,8% de los votos (frente a un 11% en la comunidad), así que un buen resultado allí entra dentro de lo previsible.

Pablo Casado, en un acto en Murcia. (EFE)
Pablo Casado, en un acto en Murcia. (EFE)

Pero no es solo Murcia. Vox lleva reventando actos desde la campaña de las elecciones andaluzas. Lo hizo en Las Rozas durante el segundo debate electoral y después en Sevilla y Valencia, pero también en provincias pequeñas y con solo tres escaños en juego, como Palencia. Incluso en A Coruña, aunque en teoría el PP gallego lo estaba manteniendo a raya y el CIS solo daba a Vox un escaño en la comunidad. La extrema derecha explota los vídeos de estos auditorios a reventar en redes antes que buscar aforos mayores.

Los partidos han ido mirando de reojo estas demostraciones, pero al acercarse la cita con las urnas se multiplican los indicios de que algo pasa con Vox: lidera las búsquedas en Google y el tráfico de sus noticias, suma cientos de miles de visualizaciones en YouTube de sus mítines y en los bancos han notado transferencias continuas de nuevos afiliados hacia el partido. Con dos bloques irreconciliables y casi empatados en estimación de voto, con la gran incógnita de la participación, muchos indecisos y dos millones de votantes aún dispuestos a cambiar de partido, Vox es el partido que inquieta a PP, Ciudadanos, PSOE, encuestadores y analistas, el elemento que puede hacer saltar todo por los aires el 28-A.

"La verdad es que no sabemos cómo interpretarlo. Los 'trackings' de los partidos tienen a Vox fijo entre el 11% y el 13% [el CIS le estimó un 12%], pero eso no se corresponde con su capacidad para llenar actos", explica un consultor político que pide el anonimato. "Los movimientos nacionalpopulistas han estado infravalorados desde Le Pen padre en Francia. Si le dan un 11% y están infraestimados, cuidado, porque con medio millón de votos más, que es mucho pero no tanto, pueden doblar en escaños". Al adelantar las elecciones, la lectura principal era que Vox no iba a convertir bien sus votos en escaños porque la ley electoral penaliza mucho a los partidos que quedan por debajo del 10%. Pero ese no parece ya ser el caso.

No sabemos cómo interpretarlo. Los 'trackings' de los partidos tienen a Vox fijo, pero eso no se corresponde con su capacidad para llenar actos

La pregunta del millón de la campaña es qué pasa con Vox, el partido de la campaña subterránea en WhatsApp sin anuncios en Facebook, el de las entrevistas con medios y periodistas seleccionados aunque sean sectoriales, el que no da ruedas de prensa y expulsa de forma masiva a periodistas de sus chats. Los políticos de otros partidos se debaten entre hacer caso a su cabeza, que les dice que se fíen de los sondeos, y el corazón, que les recuerda lo que les cuesta a ellos llenar actos en auditorios más pequeños. "Estamos todos muy preocupados. Nadie sabe qué está pasando. Quiero pensar que al final la gente será sensata y se dejará de ocurrencias", explica un cargo popular autonómico.

El PP es el más amenazado por un eventual resultado al alza de Vox. Las encuestas internas —no se pueden publicar los últimos días de la campaña— mantienen quinto al partido de Abascal y muestran que Ciudadanos aguanta y Unidas Podemos sube a costa del PSOE, pero nadie descarta que llegue a ser tercero en las urnas —este escenario complicaría mucho la reedición del acuerdo de Andalucía—. Un candidato de Vox cree bajo condición de anonimato que hay un trasvase oculto del PP a Vox. "Hay gente del PP que no viene a los mítines para que no les vean, pero que nos dicen que están de acuerdo. Otro indicador es que ya vienen empresarios a vernos".

Simpatizantes de Vox escuchan a Abascal desde el exterior del mitin en Murcia. (EFE)
Simpatizantes de Vox escuchan a Abascal desde el exterior del mitin en Murcia. (EFE)

El PSOE, en teoría, sería el beneficiado por este movimiento, y Pedro Sánchez buscó que Vox apareciera en la foto del debate junto a Casado y Rivera. "Los votantes de la derecha son como la energía, ni se crean ni se destruyen, solo se transforman. Si Vox sube es a costa del PP, es un mito eso de que pasan obreros y de Podemos", ironiza un socialista consultado. Aun así, muchos recuerdan el precedente de Andalucía. Sánchez ha hecho una campaña que recuerda a la de Susana Díaz, de perfil bajo y eludiendo el enfrentamiento. Los socialistas argumentan que no son casos comparables porque el PSOE llevaba casi 40 años en el poder en Andalucía frente a unos meses en Moncloa, y que Vox no era entonces una amenaza creíble y ahora sí.

Fuentes cercanas al candidato, que monitorizan a diario los 'trackings' encargados por el partido, sostienen que los datos de sus sondeos son congruentes con los publicados hasta el pasado lunes por los medios. Es decir, que el PSOE se sitúa en la banda del 30%, 10 puntos por delante del PP, y "en un pañuelo" se colocarían Ciudadanos, Unidas Podemos y Vox. "Es cierto que la ultraderecha es un factor descontrolado ahora mismo, que no sabemos cómo va a responder. Por eso decimos que no hay que confiarse". En Ferraz, entienden que el crecimiento de Vox se produciría a costa de PP y Ciudadanos, si bien también podría proceder de la abstención y de nuevos votantes, en cuyo caso las cosas se complicarían para Sánchez. Por si acaso, el candidato no para de repetir que hay un "riesgo real" de que las tres derechas sumen y que "el único partido" capaz de pararlas es el PSOE, "sin intermediarios". A la espera del resultado, hay quien no ve clara la estrategia, que Sánchez se enredara en dos debates y que en ellos ni atacara a Pablo Iglesias.

"La participación en Andalucía fue del 56% y ahora va a ser mucho más alta. Con más participación, para que los tres partidos de derecha sumen mayoría absoluta necesitan más del 55% de los votos", comenta otro dirigente socialista. El CIS hizo sus estimaciones con una participación del 74,8% en las generales, casi 20 puntos superior a la de Andalucía.

El 28-A por la noche todo el mundo dirá que veía venir el resultado, pero ahora mismo hay dos versiones. Hay encuestadores como Narciso Michavila, presidente de GAD3, que creen que llenar actos no es un indicador válido. "Joe Napolitano [miembro del equipo de Kennedy] decía que de los 100 falsos mitos de las campañas electorales uno de ellos era el carro ganador y el otro que el número de gente que va a los actos te dice indicativamente lo que va a pasar", afirmó en una entrevista en 'eldiario.es'.

Según esa teoría, Vox sería a la política lo que 'Juego de tronos' a la televisión mientras que el PP sería 'La que se avecina': las redes y la prensa hablan del primero pero en audiencia gana el segundo. O como Podemos hace unos años. "Podemos llenaba Vistalegre y a nosotros nos costaba juntar a gente en sitios 10 veces más pequeños, pero nunca nos adelantaron", recuerda un dirigente regional del PSOE. "A veces hay mayorías silenciosas y otras veces hay minorías ruidosas. Esperemos que estemos asistiendo a un fenómeno del segundo tipo", explica otro experto en encuestas. Estos recuerdan mítines de Fuerza Nueva en Las Ventas —15.000 personas en 1977— que luego no se traducían en escaños o cómo el PCE llenaba mucho más que la UCD pero luego no ocurría lo mismo en las urnas.

Los que apuestan por lo contrario sostienen que ya ha pasado antes y que las encuestas ya se han equivocado con estos movimientos. La extrema derecha ha triunfado en países de nuestro entorno y aquí tiene la gasolina del movimiento independentista catalán, uno de los pilares del discurso de Vox. Pedro Sánchez explotó este miedo a un fallo múltiple de las encuestas en la entrevista en TVE: "No creíamos que Trump iba a ganar, ni que la gente diría sí al Brexit. A quienes estén dudando pero tienen claro que el trío de Colón no puede gobernar España, les pido que concentren su voto en el PSOE". Con la campaña agonizando, toca esperar.

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