ARGENTINO Y ESTUDIOSO DEL PERONISMO

Gentili, el asesor que moderó a Iglesias: "Lula me enseñó que quien se enfada pierde"

En momentos de política hiperbólica, máxime durante una campaña, Iglesias y su equipo optaron por la sensatez y la espontaneidad

Foto: Pablo Iglesias y su jefe de gabinete, Pablo Gentili, a su llegada en taxi al debate electoral de Atresmedia. (EFE)
Pablo Iglesias y su jefe de gabinete, Pablo Gentili, a su llegada en taxi al debate electoral de Atresmedia. (EFE)

Estudiar al rival, conocer muy bien el ecosistema televisivo y, sobre todo, estar a pie de calle para entender con la mayor exactitud posible lo que la gente espera de quien la va a representar durante los próximos cuatro años y conectar así con sus demandas. Elementos sobre los que se dieron pistas en el primer debate electoral y sobre los que tomó buena nota, para preparar con éxito el segundo asalto, el equipo de Pablo Iglesias, capitaneado por su jefe de gabinete, Pablo Gentili (Buenos Aires, 1963), del que formaron parte también Irene Montero, Noelia Vera, Juanma del Olmo y Manu Levin. "El debate de Atresmedia lo preparamos en función de lo que ocurrió en el de TVE, donde vimos que los otros candidatos hacían exposiciones muy impostadas y por momentos artificiales", explica Gentili, experimentado asesor político que ha colaborado con los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil. Naturalidad, por tanto, como primera regla de oro. "El mayor valor que se le reconoce a Pablo del debate es que fue auténtico, que se mostrase como una persona sensata".

Partiendo de ahí, el líder de Podemos logró crecerse y colocar sus propuestas con sosiego y serenidad, rehuyendo del debate bronco e incluso erigiéndose como hombre de consenso en un contexto de atomización del voto por el aumento de la oferta política. Sin efectismos ni artificios. Frente al recurso de hablar a cámara, el consejo de hacerlo con el candidato con quien se está debatiendo; frente a recitar de memoria, la recomendación de exponer de manera didáctica; frente a los circunloquios para escapar de las preguntas, no rehuir ninguna cuestión; frente a los ataques e insultos, argumentos, y frente al control férreo de hasta el mínimo detalle, desde el maquillaje o la vestimenta, dejar cierto margen a la naturalidad. "Pablo se vistió como a diario, porque cree que hacer política tiene que ser una actividad pública y que la política no puede transformar a las personas en productos artificiales".

La espontaneidad como valor, aunque teniendo en cuenta que Iglesias es un animal mediático forjado en las tertulias televisivas. Las imágenes tras el debate todavía retransmitidas en directo, con Albert Rivera paseando nervioso sin rumbo mientras Iglesias charlaba animoso con Pablo Casado y su esposa Isabel Torres, enseñándole fotos del móvil, presumiblemente de sus hijos, tienen una importante carga simbólica, como el regusto que dejan los títulos de crédito en una buena película. La previa también se cuidó: Iglesias llegó en taxi al debate, aunque fuese un guiño a un sector con el que ha luchado mano a mano para regular las VTC.

Cuando Iglesias expone sus propuestas, "se ve que se las conoce en profundidad, porque se han debatido y pensado mucho antes de forma colectiva en el partido", asegura el argentino. Se podría pensar que en estos debates los asesores han podido perjudicar más que ayudar. Los 'memes' posdebate que comenzaron a circular por las redes darían cuenta de ello. "Lula me enseñó que quien se enfada pierde", sentencia el asesor.

La expresidenta de Brasil Dilma Rousseff (2i) participa en un acto en Buenos Aires acompañada del expresidente colombiano Ernesto Samper (i) y Pablo Gentili (d). (EFE)
La expresidenta de Brasil Dilma Rousseff (2i) participa en un acto en Buenos Aires acompañada del expresidente colombiano Ernesto Samper (i) y Pablo Gentili (d). (EFE)

"La autenticidad ya está siendo la tónica de nuestra campaña", defiende Gentili. Hay que decir la verdad, insiste, aunque ello suponga hablar del control de los medios de comunicación, de las élites económicas que "tienen más poder que cualquier diputado". Un mensaje de impugnación que ya en el debate de TVE se trató concienzudamente de compaginar con un perfil presidenciable, amable e, incluso, constitucionalista, otro de los ejes de la campaña de Unidas Podemos. "Parece que por ser de izquierdas eres enemigo de la Constitución [precisamente representativa de una etapa, el régimen del 78, que Iglesias impugnaba antes de su baja de paternidad], cuando los partidos la utilizan para generar odio entre españoles con la cuestión territorial y olvidándose de lo social". El candidato con un discurso centrado en la impugnación fue también el más amable.

Cuestión de marcos —discursivos, no del Ikea con fotos de Torra y Sánchez— o, más bien, de invertirlos. De esto último algo sabe Gentili: hasta su llegada a Podemos fue secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) y estudioso del peronismo. Su confesable admiración por Evita Perón —cuyo retrato ocupa un lugar privilegiado en su despacho— algo tiene que ver en todo ello.

En definitiva, concluye el jefe de gabinete de Iglesias, "se puede decir la verdad y ser una persona sensata, tranquila y equilibrada". Tan equilibrado que en los debates electorales, el evento que vehicula esta atípica campaña atravesada por la Semana Santa, se impuso el Iglesias profesor universitario. “Llegó a parecer un cura ‘progre’ en alguna ocasión, rozando el sermón, pero le salió bien”, reflexionaba un analista para este diario.

En momentos de política hiperbólica, máxime durante una campaña, Iglesias y su equipo optaron por la sensatez. El respeto al votante, como el propio líder de Podemos recalcó durante el debate, se expresa confrontando ideas sosegadamente, "sin insultos". Gentili llama la atención sobre que "se pronunció más veces la palabra mentiroso durante el debate que la palabra España". Y recalca: "Creo que el resto de candidatos se equivocan, porque la gente prefiere ver a personas normales debatiendo, y el único que lo hizo fue Iglesias", lo que por otra parte le permitió también evitar tensiones o ansiedades y, por tanto, incurrir en menos errores.

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