ENTREVISTA A ELVIS García

"Hay que cortar por lo sano, la cuarentena es la única solución"

Doctor en Salud Pública y profesor de Epidemias de la Universidad de Harvard, alerta de que la vacuna "no será 100% efectiva" y que, por tanto, el virus "no desaparecerá"

Foto: Elvis García. (Foto cedida)
Elvis García. (Foto cedida)
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Elvis García González (Pola de Lena, Asturias, 1977) trata de salvar el abismo que a veces hay entre el mundo académico y la vida real. Como miembro de Médicos sin Fronteras, pasó bastantes años luchando contra epidemias donde no había medios para hacerlo: se enfrentó a la malaria en el Congo, al cólera en Haití y al ébola en Liberia, entre otras enfermedades y escenarios. Ahora, como doctor en Salud Pública y profesor de Epidemias de la Universidad de Harvard (EEUU), aporta una visión original, crítica y multidisciplinar sobre la pandemia de coronavirus.

En su momento, diseñó instalaciones sanitarias y hospitales sin apenas recursos, y en la actualidad reflexiona sobre los fallos en la respuesta al covid de los países desarrollados, con un ojo puesto en las pandemias del futuro. ¿Cómo debería organizarse una ciudad para prevenir y controlar la expansión de un virus?, se pregunta, como miembro de la Escuela de Diseño de Harvard. ¿Cómo podrá acceder todo el mundo a las vacunas?, se pregunta también en su rol de asesor de la farmacéutica Takeda.

Al analizar la situación de su país desde fuera, Elvis García tiene claro que la respuesta política en España ha dejado bastante que desear, que la gestión de la información ha sido confusa y que la estrategia de la ‘patada a seguir’ hasta que llegue una vacuna es un desastre. Con un crecimiento de casos como el actual, considera que habría que tomar medidas más contundentes y sobre todo dar una respuesta unificada.

PREGUNTA. Tras vivir situaciones como el ébola en África, ¿qué ve distinto en esta pandemia?

RESPUESTA. Algo muy diferente es que la gente en nuestro país nunca se ha enfrentado a estas circunstancias. No es lo mismo saber qué es una epidemia y saber cómo reaccionar, desde el político hasta cualquier persona de la calle. Se ha visto claramente en los países del sudeste asiático, que han controlado mucho mejor la epidemia. ¿Por qué? Fundamentalmente, porque han pasado por tres o cuatro epidemias en los últimos 15 años y ya están preparados. Entender una pandemia es un factor relevante, por eso a nosotros nos ha pillado a contrapié, mientras que otros países, que parece que tienen menos recursos, a lo mejor están más preparados porque han convivido con epidemias recientes.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

P. ¿En qué se traduce esa experiencia? ¿Es cuestión de infraestructuras, material, personal…?

R. Además de tener las infraestructuras listas, creo que se trata de entender una cuestión esencial: o nos ponemos a trabajar todos en la misma dirección o esto no va a desaparecer. No es un tema que se pueda politizar, como hacen nuestro Gobierno o el Gobierno americano. Los países asiáticos son mucho más conscientes de que para combatir una epidemia hay que alinearse todos y luchar a la vez. Eso incluye a los políticos haciendo lo que tienen que hacer, marcando una línea, y no apartándose del plan según qué tipo de beneficios políticos puedan obtener. Y sobre todo implica que la gente entienda su rol con empatía, que tienes que hacer lo que tienes que hacer no solo por ti sino por los demás. Eso aquí no ha calado todavía. Lo vemos como algo individual, yo me protejo y me preocupo por mí, pero las epidemias tenemos que combatirlas juntos.

P. ¿Qué nota se merecen los políticos?

R. No sabría decir, no soy mucho de poner notas, pero para mí uno de los grandes errores es que, una vez acabó el estado de alarma, enseguida descentralizamos la operación. Para mí ha sido el gran error. Quizás es anecdótico, pero dos de los países que peor lo están haciendo dentro del mundo desarrollado, España y EEUU, se caracterizan por tener una descentralización de la gestión de la epidemia. Cada región hace lo que le da la gana y eso, claramente, no es la manera de trabajar. Creo que ahí han suspendido todos, el Gobierno central y los políticos que dicen “este es mi territorio y lo gestiono yo”. Debería haber una respuesta unificada, porque tenemos que entender que España es un país que está comunicado entre sí. Si una región lo hace muy bien pero la otra lo hace mal, todos lo hacemos mal. No tiene sentido que cada comunidad autónoma tenga su propia respuesta.

P. ¿Y los ciudadanos?

R. Creo que bastante tienen con tratar de entender en qué consiste todo esto. No se les ha ayudado, porque se les ha atiborrado de información y muchas veces no ha sido clara, sino más bien un bombardeo continuo con noticias contradictorias. La ciencia va avanzando y lo que hoy parece A, mañana es B. Sin embargo, los medios se han dedicado a lanzar continuamente titulares de cosas que no tienen importancia y hay un punto de hartazgo en la población porque ya no saben a quién escuchar ni a quién creer. Esto pasa en España y en todas partes. Por ejemplo, la vacuna de Oxford se paró durante unos días y generó mucho alboroto, pero esta información no tendría que llegar a la gente de a pie, porque no aporta nada, es un proceso establecido. Habría que bajar un poco el listón y comunicar las cosas que de verdad son una prioridad.

P. ¿También han fallado los científicos o la OMS?

R. La OMS tiene un rol muy complicado, porque cualquier cosa que diga se propaga por todo el mundo y sienta precedente. Tiene que tener muchísimo cuidado cuando lanza un informe o da una rueda de prensa. Se basan en el conocimiento científico y pecan de cautos porque no quieren lanzarse e ir en una dirección que no sea la adecuada. Ha hecho lo que tiene que hacer, pero las cosas van cambiando porque vamos conociendo el virus poco a poco.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

P. Al final, solo hablamos de la evolución de la pandemia en unos cuantos países. ¿Qué está pasando en África, por ejemplo?

R. África nunca aparece en los medios, pero lo está pasando mal. Están más preparados mentalmente para lidiar con una epidemia, pero a la vez tienen muchos menos medios. No sabemos lo que pasa porque no nos interesa y porque no hacen test, así que ni ellos mismos tienen medios para saber la envergadura de la epidemia. Además, no se pueden permitir estar en cuarentena. En la mayor parte del África subsahariana, la gente vive al día, no puedes estar en casa dos semanas porque nadie te va a dar de comer. En Libera, durante el ébola, la gente sacaba los cuerpos de fallecidos y los dejaba en el mercado para que nadie supiera que habían tenido la enfermedad en su casa.

P. ¿En qué ha fallado España para tener una segunda ola más grave que otros países?

R. En esto, no voy a decir nada nuevo, porque todo el mundo dice lo mismo y yo llevo hablando de rastreo desde el primer día. No hay una estrategia nacional y la gente no tiene claro qué tiene que hacer al día siguiente, si sus hijos van a poder ir a la escuela o no. Estas cosas son fundamentales y son un indicador de que no vamos por el buen camino. Hemos pasado de estar encerrados a creernos que ya estaba todo hecho. Como España depende del turismo, hemos estado forzados a abrir las puertas, quizá demasiado. Yo no estoy en contra, pero lo hemos hecho sin control. ¿Quieres tener turismo? Vale, pero entonces pon normas y utiliza las tecnologías de rastreo.

P. ¿Parte de la explicación es cultural o sociológica?

R. Como todo. Es verdad que en España es normal que haya más casos que en Escandinavia, por nuestro modo de vida; pero si a eso le añades el turismo y la falta de sistemas de rastreo, y además descentralizas la operación, ya tienes el cóctel.

Pedro Sánchez, en un encuentro con los presidentes autonómicos. (EFE)
Pedro Sánchez, en un encuentro con los presidentes autonómicos. (EFE)

P. Y esto en pleno verano. ¿Qué nos espera?

R. No lo tengo nada claro. Una cuestión clave es que va a llegar la época de catarros y de gripe. Vamos a tener más casos, pero no serán los del covid sumados a los de la gripe, porque habrá menos que otros años. La gente va a tomar más medidas y las mascarillas, que se llevan en Asia hace muchos años para proteger a los demás de tu catarro, harán que al menos no puedas contagiar la gripe a tu alrededor.

P. Llegados a este punto, con los contagios disparados, ¿habría que volver a un confinamiento estricto para detener la transmisión?

R. Ahora es normal que tengamos muchos casos porque tenemos muchos más test que al principio, eso no nos dice nada. Yo no estoy en Madrid ni en las comunidades más afectadas, pero si vemos que el número de casos crece exponencialmente, hay que cortar por lo sano, y eso supone hacer una cuarentena. Es la única solución. Yo no soy partidario de cuarentenas, pero esto no se para si no haces algo. No tiene por qué ser de mes y medio, puede ser menos tiempo, pero una vez que pase tenemos que tener claras las estrategias. ¿Vamos a hacer seguimiento de casos, con test disponibles a mayor escala? Lo que no puede ser es que hagamos una cuarentena y dentro de tres semanas, otra vez a la calle como hoy.

Me da la impresión de que, si hay muchos casos, solo tratamos de lidiar con ello y esto es ‘patada a seguir’ hasta que haya una vacuna. Pues ojo, que cuando llegue la vacuna tampoco está la solución ahí, porque probablemente no será 100% efectiva y puede que aún sea menos efectiva para la gente mayor. Si tienes una vacuna que solo protege a siete de cada 10, pero además hay un grupo de edad que no se beneficia tanto de ella, quizá solo el 50% de la población quedaría protegida. Y de ese 50%, ¿cuántos se van a vacunar? Es decir, que a lo mejor tenemos una vacuna y solo cubre a un 30% de las personas.

Una sanitaria, en Madrid. (Reuters)
Una sanitaria, en Madrid. (Reuters)

P. Entonces, la vacuna no supondrá una vuelta a la normalidad.

R. No, seguro que no. El escenario más realista es que va a llegar la vacuna en unos ocho meses, se vacunará alguna gente, pero el virus va a seguir entre nosotros y vamos a tener que seguir manteniendo ciertas normas. El Gobierno también tiene que ponerse las pilas, establecer protocolos, unificar la respuesta y, cada vez que haya un pico nuevo, reaccionar rápido.

P. ¿Quiere decir que seguiremos con mascarilla?

R. Cuando haya gente vacunada, ¿la ves yendo a los bares con mascarilla? Como español, yo no lo veo; porque incluso hoy en día, con el virus a tope, hay problemas. Imagínate cuando se diga que hay vacuna. No creo que España sea un país que vaya a cambiar su manera de ser por este virus, somos de olvidar fácil y vamos a pasar página rápidamente.

P. En cambio, usted piensa en cambiar el modelo de ciudad para afrontar mejor las epidemias.

R. Lo más positivo que podríamos sacar de esta epidemia es que aprendamos que está en nuestras manos evitar que haya otras. No solo hay epidemias virales, también hay cáncer, diabetes y ataques al corazón. Todo esto son epidemias vinculadas a cómo vivimos, por supuesto, al estrés y la nutrición, pero también a cómo están construidas nuestras ciudades y cómo nos hacen vivir. Si podemos sacar algo en claro, será entender que el entorno urbano tiene un efecto enorme en cómo combatir las epidemias. Por ejemplo, con una ciudad a escala humana, con menos coches y con tiendas de barrio, donde la gente no tenga que desplazarse en el metro todos los días para trabajar en otro sitio. Si hay otra epidemia de este tipo, hay que evitar que la gente se mueva demasiado. Es el concepto que se está trabajando en París, el de una ciudad donde todo lo necesario está a 15 minutos. En esa línea, podría haber células autónomas, donde la gente viviría sin tener que salir a otras zonas y propagar el virus, porque además esto implica que las clases más desfavorecidas sufren un mayor impacto.

Foto: EFE.
Foto: EFE.

P. Para esa próxima pandemia, ¿cómo debemos preparar los sistemas de salud?

R. Algo que no hay que hacer es construir un hospital como el de Ayuso en Madrid. Lo digo categóricamente: eso es lo que no hay que hacer. Es un gasto innecesario. Las epidemias no vienen cada año y medio, a lo mejor tardan 15 años. Entonces, ¿vas a mantener una infraestructura hospitalaria vacía? No tiene sentido. Es una medida populista, no realista.

Lo que tenemos que elaborar son planes de contingencia para estar preparados. Esto quiere decir, contar con personal sanitario entrenado para lidiar con epidemias, equipamiento suficiente en 'stock' o acuerdos con proveedores que puedan suministrar máscaras y oxígeno. Además, se trata de tener infraestructuras que se puedan adaptar a emergencias y ampliar las unidades de cuidados intensivos. Estos planes tienen que estar redactados y con un presupuesto, y se revisan cada cierto tiempo. En Médicos sin Fronteras los teníamos, y un país también debería hacerlos.

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