Entrevista con José Luis Jiménez

"España está gastando el poco dinero que hay en medidas equivocadas contra el covid"

José Luis Jiménez, químico de la Universidad de Colorado en Boulder (EEUU), se ha convertido en un referente que avisa desde hace meses: los aerosoles también llevan covid y esto lo cambia todo

Foto: José Luis Jiménez, químico de la Universidad de Colorado en Boulder (EEUU).
José Luis Jiménez, químico de la Universidad de Colorado en Boulder (EEUU).
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José Luis Jiménez (Zaragoza, 1968) no es médico ni epidemiólogo. Trabaja en la Universidad de Colorado en Boulder (EEUU) como investigador y profesor de química y lo suyo es el estudio de los aerosoles, las partículas suspendidas en el aire. Con la llegada de la pandemia hemos utilizado mucho esa palabra dentro del debate sobre la transmisión del SARS-CoV-2. El virus se propaga gracias a las gotitas de saliva o fluido respiratorio que exhalamos al estornudar, al toser, al hablar o simplemente al respirar. En teoría, su trayectoria es balística, como un proyectil, así que caen al suelo a una corta distancia y por eso la distancia de seguridad de metro y medio debería ser suficiente. Sin embargo, también exhalamos gotitas tan pequeñas que pueden permanecer flotando mucho tiempo en el aire: son los aerosoles. ¿También transportan el coronavirus?

A medida que aumentaba el conocimiento sobre el covid se ha hecho más evidente que sí, a través de estudios específicos sobre la presencia del virus en el aire o del rastreo de brotes que solo se podían explicar por la circulación de aire en ambientes cerrados: restaurantes, fábricas y medios de transporte, entre otros. Más que personas 'supercontagiadoras' parece haber ambientes propicios para que un solo enfermo infecte a muchas personas. No obstante, la controversia se mantiene entre los científicos que defienden la versión de las gotitas balísticas y los que creen que la transmisión aérea es la más importante. El choque emergió ante la opinión pública con la carta dirigida a la Organización Mundial de la Salud (OMS) firmada por 239 investigadores a principios de julio.

Uno de los promotores iniciales de esta misiva cargada de evidencias científicas fue Jiménez, que incluso redactó algunas partes. A raíz de este episodio, la OMS matizó su postura, mientras que otros científicos reaccionaron en contra. Desde entonces el químico español de la Universidad de Colorado se ha convertido en una voz muy crítica con la gestión de la pandemia a través de Twitter y de los medios de comunicación. Cree que hay una resistencia irracional de una parte de la comunidad científica —especialmente, de expertos en enfermedades infecciosas— a admitir la transmisión por aerosoles y que este problema deriva en mensajes y acciones confusos y contradictorios por parte de las autoridades sanitarias.

Jiménez considera prioritario garantizar la calidad del aire por cualquier vía: abriendo las ventanas, colocando filtros HEPA o dando clase en el exterior. Y para visualizar el peligro y saber lo que debemos hacer recomienda imaginar que todos estamos fumando, ya que los aerosoles se comportan como el humo: con el aire se dispersa, así que es mejor huir de donde haya mucha gente y poca ventilación. Por eso atiende muchas consultas de padres y profesores preocupados por la situación de los colegios o de empleados que no tienen las mejores condiciones en su puesto de trabajo. Por el contrario, quienes menos caso le hacen son los políticos.

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (EFE)
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (EFE)

PREGUNTA. Hace días hablaba usted en Twitter de "luchar desde abajo". ¿No hacen caso las autoridades sanitarias a las evidencias científicas?

RESPUESTA. Es lamentable, pero es así. En la mayoría del mundo hay una dictadura intelectual de la OMS. Cuando se lo digo a ellos se sorprenden y dicen que no es lo que pretenden, pero es lo que pasa en realidad. La OMS dice una cosa y los gobiernos repiten exactamente lo mismo de inmediato, en la mayoría de los casos porque no tienen ni la capacidad ni la voluntad de ir en contra. Todos los estamentos oficiales van detrás. Entonces, te encuentras con cosas absurdas: me han contactado unas 40 o 50 personas a las que les prohíben llevar su propio filtro para el aire a su clase o al trabajo, o que están obligadas a ir a oficinas donde la gente se puede quitar la mascarilla. Mientras no cambien las directrices de la OMS, todo está atascado y es un sálvese quien pueda. Cada uno tiene que protegerse como pueda e intentar cambiar los sitios en los que participa.

P. Pero la OMS cambió su postura inicial de que no existía una transmisión aérea.

R. No exactamente. En marzo dijeron de forma contundente que el coronavirus no está en el aire y esto es lo que recuerda todo el mundo. Después han matizado: "Bueno, tal vez en algún caso, hay que estudiarlo más…". Pero no han dicho que sí hay transmisión aérea con firmeza. Yo le digo a la OMS que debería afirmar que está en el aire con tanta fuerza como cuando dijeron que no estaba. Ellos me responden que ya recomiendan ventilar y que incluso dan instrucciones de cómo hacerlo —por cierto, instrucciones que les hemos ayudado a escribir otros científicos y yo—, pero nadie sabe que existen. Cuando la OMS dice que hay que ventilar la gente lo entiende como un tema secundario y la mayoría ni siquiera lo sabe. Lamentablemente, están anclados en el siglo XIX, es la ciencia de 1896; ignoran la ciencia del siglo XX y del XXI sobre aerosoles y gotas. Hasta que esto no cambie, no vamos a salir de esta.

"Fernando Simón no me ha contestado. Me escribió otra persona del Ministerio y me pedía información. La verdad es que me escriben más de otros países"

P. ¿Cuál es ese paradigma sobre enfermedades infecciosas que nos mantiene en 1896?

R. Es un dogma que muchos ni recuerdan, pero es lo que piensa todo el mundo en ciertas profesiones. Charles Value Chapin era presidente de la Asociación Americana de Salud Pública cuando escribió un libro en 1910 que resumía toda la información acumulada desde que Pasteur descubrió los gérmenes en torno a 1860. Chapin se dio cuenta de que las enfermedades respiratorias se transmitían mejor cuando la gente estaba cerca y que la distancia social ayudaba a bajar los contagios. De hecho, tuvo mucho éxito mostrando que esto funcionaba en un hospital de Providence, pero cometió un gran error en ese libro. Él sabía que en 1896 el alemán Karl Flügge había hecho un experimento sobre transmisión de gérmenes en las gotitas que expulsaban enfermos al hablar. Chapin lo utilizó para decir que las enfermedades se transmitían por estas gotitas, que caían al suelo muy cerca del paciente.

En el libro también decía que se podrían transmitir por el aire, pero toma la postura de que es casi imposible. Lo dice sin evidencia porque piensa que si la gente cree que las enfermedades se transmiten por el aire no habría forma de conseguir que se laven las manos o mantengan distancias. Este error se ha convertido en el paradigma. La OMS nos dice que el covid se contagia por gotas porque se transmite mejor a una distancia cercana. No llegan a entender que son dos cosas diferentes: la distancia funciona, pero no por las gotas que caen, sino por los aerosoles. Y no reparan ese error.

Una profesora del colegio la Milagrosa toma la temperatura a una niña antes de entrar al colegio, este jueves en Córdoba. (EFE)
Una profesora del colegio la Milagrosa toma la temperatura a una niña antes de entrar al colegio, este jueves en Córdoba. (EFE)

P. Insiste usted en la OMS, pero hay autoridades sanitarias en cada país. ¿Todos están cometiendo el mismo error?

R. Hablo de la OMS porque tiene acceso a una gran cantidad de expertos, no solo por su personal, sino porque todos los expertos del mundo les ayudamos si nos llaman. Los gobiernos no tienen un plantel científico de gran capacidad intelectual para hacer algo independiente. La gran mayoría simplemente sigue a la OMS a pies juntillas. En algunos países, como Alemania o Reino Unido, se van desmarcando un poco. A veces de forma un poco contradictoria, porque una parte de sus documentos repite lo que dice la OMS y luego reconocen que va por el aire. Pero según vas a países con menor capacidad, entre ellos España y sobre todo los de Latinoamérica, es raro que desafíen a la OMS.

Aún así, he hablado con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y allí están aprendiendo y fomentando las actividades al aire libre. Pero claro, es otra vez desde abajo, un gobierno en particular con gente que entienda el problema, proponga cosas y se atreva a desafiar a la OMS, que es como aquello de 'con la iglesia hemos topado'. En España hay personas que trabajan en la administración o en la universidad y me llaman para decir que están de acuerdo conmigo pero que no dicen nada porque no pueden contradecir a la OMS. Es como criticar al papa si estás en la Iglesia católica.

P. Le escribió usted a Fernando Simón para contarle todo esto. ¿Le ha contestado?

R. Fernando Simón no me ha contestado. Me escribió otra persona del Ministerio y me pedía información, se la envié y no me han vuelto a responder. La verdad es que me escriben más de otros países.

P. ¿Ha sido un error abrir los colegios?

R. Aquí, en EEUU, están haciendo al aire libre todo lo que pueden. Y si no se puede, por internet. Eso es lo que habría que hacer. También hay modelos híbridos, porque hay padres que tienen que trabajar y no pueden estar con los hijos; en esos casos los niños pueden ir a la escuela, pero ya son muchos menos alumnos porque otros siguen 'online'. Todo esto no es tan difícil, es más complicado que hacerlo todo como siempre se ha hecho, pero es viable y reduciría mucho los contagios.

En nuestra universidad les aconsejamos que no abrieran y no nos hicieron caso, pero les hemos ayudado a mejorar la ventilación y lo han hecho muy bien. A pesar de todo estamos en crecimiento exponencial y han puesto a todos los estudiantes en cuarentena durante dos semanas. Esto va a pasar en muchos sitios. En parte, depende de tener suerte porque los casos de 'superpropagación' son muy aleatorios, pero con tantos casos en España está claro que va a suceder con frecuencia, estamos sembrando el virus. En lugar de controlarlo con test y rastreo, abrir todos los colegios y universidades es como si trataran de que el virus se expanda lo más posible para hacerlo incontrolable. Me parece un desastre.

P. ¿Hay que poner filtros HEPA en todas partes si no hay otra solución?

R. Lo primero que hay que hacer es abrir las ventanas, que es gratis. Luego, hay que estudiar cada sitio para enfocar el esfuerzo donde hace más falta. A lo mejor hay aulas en un colegio en las que es suficiente con ventilar y otras que no tienen ventanas. Entonces, sí que podrían ponerse filtros HEPA u otros más baratos. También depende del clima, quizá en algunas circunstancias, por frío o calor, no se pueden abrir tanto las ventanas y los filtros son imprescindibles.

P. La segunda ola es peor en España que en casi cualquier otro país del mundo. ¿La explicación está en la falta de medidas frente a la transmisión aérea o hay otros factores?

R. Esa pregunta es para un epidemiólogo, como Miguel Hernán, que ha comparado en Twitter Madrid con Nueva York. La primera ola fue más o menos a la vez en las dos ciudades, pero en Nueva York no han abierto el interior de los restaurantes hasta ahora y solo lo van a hacer al 25%, mientras que en Madrid se hizo en junio al 60%. Los aerosoles son un componente que ayuda a la transmisión, pero si no abres los sitios cerrados, la gente no se puede contagiar. Yo no estoy en España, pero me dicen que los espacios interiores, como bares y restaurantes, se utilizan mucho y que todo el mundo se quita la mascarilla. Si no están bien ventilados, esto es darle oportunidades al virus. Para colmo, he leído que en Valencia están cerrando los parques, esto ya es esquizofrénico, porque al aire libre el contagio es más bajo. ¿Dónde va a ir la gente? ¿A casa de los abuelos?

Hay muchas razones para las cifras, el número de rastreadores de contactos o los test no tienen nada que ver con los de Nueva York, pero sí, lo de los aerosoles es una parte importante. La transmisión por contacto con las superficies supone un 15%, en eso está de acuerdo todo el mundo, y la transmisión por aerosoles explica la gran mayoría de contagios. Sin embargo, las medidas son al revés, se pone más esfuerzo en desinfectar que en ventilar y hacer algo contra los aerosoles. Me escribe gente de colegios en España que dicen quieren fumigar con lejía, pero que de filtros, nada. Están gastando el poco dinero que hay en las medidas equivocadas. Además, fumigar no sirve para nada, se pueden desinfectar las superficies de una forma mucho más fácil.

P. Más allá del debate científico, ¿la política también contribuye a esas medidas sin sentido?

R. El caso de España me cae más lejos, pero en EEUU la metedura de pata es espectacular, es uno de los pocos países que casi hace que parezca que España lo está haciendo bien. También ves sitios, como Nueva Zelanda, donde los políticos se han puesto las pilas, han hecho lo que dicen los científicos y lo han conseguido controlar. Luego, también se puede tener buena o mala suerte.

P. ¿Qué consejos, basados en la evidencia científica, le daría a la gente para el día a día?

R. Lo mejor es pensar en la metáfora del humo, pensar que todo el mundo que ves está exhalando humo y tú, como fumador pasivo, quieres respirarlo lo menos posible. Si aplicamos esa regla en cualquier situación, nos damos cuenta de que es mejor quedarse fuera de los sitios, porque el humo se dispersa más. Eso es lo más importante, y también sirve para entender por qué debemos mantener la distancia de seguridad: si estás a unos metros respiras mucho menos humo que si estás cerca. Hay que realizar actividades al aire libre y las cosas que haya que hacer en el interior, que sean en el menor tiempo posible, con la menor gente posible y con ventilación.

También hay que seguir lavándose las manos. Además, dicen que la gente se pone la mascarilla en la calle y con gente que no conoce, pero que se encuentra con conocidos y se la quita para hablar cerca y muy fuerte. Esto es un desastre. Nunca hay que quitarse la mascarilla para hablar, hay que ajustársela bien a la cara y nunca hay que dejar que alguien te hable sin ella.

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