entrevista con jose maría liu

El discreto éxito de Taiwán: "Si estuviéramos en la OMS, podríamos haber ayudado más"

Con apenas siete fallecidos, Taiwán es el gran ejemplo de cómo una democracia puede contener la pandemia. Pese a su éxito, el país no tiene voz en la ONU o la OMS por la presión china

Foto: José María Liu, representante de Taiwán. (Oficina Económica y Cultural de Taipéi)
José María Liu, representante de Taiwán. (Oficina Económica y Cultural de Taipéi)

Como cada año por estas fechas, los líderes globales aprovechan el púlpito de la Asamblea General de la ONU para mandar sus mensajes al mundo —y algún que otro recado personal—. Se le llama 'debate general', pero es una serie de monólogos que en su 75 aniversario ha sido más tediosa de lo habitual. Una andanada de mensajes pregrabados y previsibles dominados por la pandemia. Si han estado medio pendientes, habrán visto a Donald Trump acusar a Pekín de “desatar esta plaga en el mundo” y a Xi Jinping criticar el unilateralismo de la Casa Blanca; los lamentos de Irán por lidiar con el covid-19 bajo férreas sanciones internacionales, o la disposición de Vladimir Putin a compartir su vacuna “segura y eficaz” contra el coronavirus.

Pero a quien no podrán ver compartir su visión es precisamente al país que mejor ha manejado la epidemia del coronavirus: Taiwán. Esta isla de 23,5 millones de habitantes y 36.000 kilómetros cuadrados (algo más grande que Cataluña) ha contenido la amenaza epidemiológica, con apenas 500 contagios y siete fallecidos, sin necesidad de confinamientos masivos. Pero el veto de Pekín, que reclama la soberanía sobre ese territorio a escasos 130 kilómetros de China continental, ha hecho de Taipéi un paria en las organizaciones multilaterales que son clave para la gobernanza global, como las Naciones Unidas o la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Conversamos con José María Liu, representante de Taiwán en España desde septiembre de 2018, para conocer la experiencia de su país con detalle y conversar sobre el escenario geopolítico que deja este agitado 2020. Exviceministro de Exteriores con más de 30 años de carrera, Liu asegura que “la pandemia ya ha cambiado el mundo” y reconoce que su mayor temor es que esto pueda volver a pasar en cualquier momento. “Ya nadie puede asegurar en este mundo que siempre vayamos a tener un mañana como hoy”, avisa el diplomático, quien fue antes embajador en Paraguay y Panamá.

PREGUNTA. En el arranque de la pandemia, surgió el debate sobre si las autocracias como China estaban mejor preparadas para combatir el virus. Taiwán se convirtió en excepción y ejemplo para las democracias. ¿Cómo lo han hecho y por qué otras democracias no lo hicieron?

RESPUESTA. Sí, Taiwán ha recibido los elogios de todo el mundo por la gestión de la crisis del covid-19. Hasta hoy, tenemos 500 casos confirmados, siete fallecidos y cuatro meses sin contagios locales. ¿Por qué ese éxito? Primero, la experiencia. En 2003, sufrimos el SARS. Para nosotros, fue una tragedia clave. Murieron más personas que con este coronavirus. Nos enseñó mucho. Segundo, la rapidez de respuesta. Con los primeros casos en Wuhan en diciembre, establecimos un control inmediato de fronteras. Tercero, la aplicación de tecnología. Nuestro Gobierno hizo uso del ‘big data’, tanto para detectar casos sospechosos y contagios como para controlar cuarentenas mediante GPS. Cuarto, la transparencia. Hemos mantenido a la población bien informada, algo que no existe en un país autocrático, como el caso de China. Ellos informaron, pero creo que hay cifras ocultas. En Taiwán, eso es imposible. Y, por último, la colaboración ciudadana. Esa fue la clave. Hubo una cooperación 100% con el Gobierno. Aquí, en España, pese a que al principio fue difícil, se acabaron utilizando las mascarillas y estableciendo distancia social para frenar al virus. Esa cooperación ciudadana es vital.

P. En realidad, aquí la gente cumplió cuando las autoridades lo hicieron obligatorio. No fue tanto una cooperación como una obligación. Habrá que tener en cuenta también el factor cultural.

R. Por supuesto. En nuestra cultura, la disciplina es importante. Y el uso de mascarillas es habitual. Antes del coronavirus, ya se usaban. Por la contaminación y por la densidad demográfica, el uso de mascarillas es un hábito. Además, los taiwaneses han sabido poner en la balanza sus libertades individuales y su seguridad sanitaria, siendo conscientes de que el resultado final iba a ser favorable para todos. Por eso fue más fácil. Tuvimos suerte y estamos agradecidos.

P. ¿Cómo es la vida en Taiwán ahora mismo? Las escuelas, restaurantes y los eventos funcionan con normalidad, ¿se ha controlado la epidemia completamente?

R. Hasta hoy, no hemos tenido que imponer ningún confinamiento de la población y está todo normalizado al 90%. Las escuelas operan normalmente, nunca fueron interrumpidas. Tan solo se puso más cuidado: higiene, mascarillas, alejar pupitres. En Taiwán, donde somos fanáticos del béisbol como aquí del fútbol, los partidos se realizan con aforo limitado y los restaurantes y negocios están abiertos, quizá respetando algo más la distancia social. Lo que todavía no hemos reabierto es la frontera. Tenemos mucho cuidado. Sobre todo, con países de alto riesgo.

P. Otro efecto esperado de la pandemia es un frenazo en el proceso de globalización y una vuelta a prácticas proteccionistas. ¿Cómo afecta esto al modelo económico de Taiwán?

R. El crecimiento económico parece que será positivo. El Banco Asiático de Desarrollo publicó sus previsiones de crecimiento para los cuatro ‘tigres asiáticos’ (Taiwán, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur) y solo Taiwán tenía crecimiento de un 0,8%. Los datos económicos más recientes sobre exportaciones, que son básicas en nuestro modelo económico, nos dicen que los pedidos en julio crecieron más del 12% interanual por la fuerte demanda de los productos electrónicos y de tecnología de información y comunicación por la creciente necesidad de teletrabajo y el rápido desarrollo de la tecnología 5G. Además, la exitosa gestión de nuestro Gobierno ha permitido que nuestra economía no tuviera que echar el freno.

P. Las decisiones de Taiwán, especialmente en los primeros compases de la epidemia, sorprendieron porque iban en contra de lo que aconsejaba la OMS en ese momento. Les criticaron por cerrar fronteras, controlar pasajeros, recomendar mascarillas y advertir ya en enero de la transmisión entre humanos. ¿Se sienten reivindicados?

R. En cuanto nos enteramos de la aparición de un nuevo virus en China a finales de diciembre, nos pusimos a trabajar en seguida. Si no, habría sido imposible tener la situación actual. En China, no querían admitir ese contagio humano a humano. Nosotros informamos en seguida a la OMS de que era posible. Esto es porque no confiamos en China. ¿Por qué? Por la transparencia. Un país autocrático tiene ese problema.

P. ¿Y por qué Estados Unidos o la Unión Europea escucharon a China y no a Taiwán?

R. No es que no nos escuchen. Pero China tiene mucha influencia en la OMS. Para nosotros, la salud es fundamental y queremos evitar que se politice. Pero China sí usa su presión política, por eso Taiwán no puede participar en la OMS. Ahora se celebra la Asamblea General de la ONU y Taiwán tampoco puede participar. ¿Por qué? Por la presión política china.

P. Si Taiwán hubiera estado en la OMS, ¿habría sido diferente?

R. Podríamos haber ayudado más. Podemos hacer más. Si nos hubieran escuchado, la situación de la pandemia podría haber sido, a mi juicio, un poco menos grave. Los amigos españoles no conocen bien las diferencias de China y Taiwán. Solo conocen China, un mercado grande, con interés político y económico. Y en Taiwán, aunque somos un país pequeño, compartimos valores universales: democracia, libertad, respeto a los derechos humanos. Y también es una economía potente: 18º exportador mundial y 19º importador mundial. En abril, Taiwán hizo una donación de medio millón de mascarillas a España a través de la UE. Hemos donado más de 51 millones de mascarillas a más de 80 países. Intentamos hacer, explicar y mostrar nuestra buena voluntad todo lo posible.

P. Durante la pandemia, la tensión en el estrecho de Taiwán está subiendo alarmantemente, con incursiones aéreas y navales chinas en territorio taiwanés. Algunos analistas incluso han barajado la idea de una posible invasión china. ¿Cómo valoran esta escalada militar?

R. Ese tipo de demostración de fuerza militar de China ya es habitual para los taiwaneses. Últimamente, es todos los días. Pero si China tiene esa idea de reunificar con el pueblo taiwanés, no es una buena estrategia. Es hostil. Cada día, más taiwaneses no quieren escuchar nada de China, están alejándose. Antes, hubo una época en que había un 50-50 (50% pro China, 50% pro independencia). Ahora, el 90% no quiere saber nada de China.

Nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Joseph Wu, ha sido muy claro al afirmar con rotundidad que la sociedad internacional tiene la obligación de mandar a China una señal suficientemente clara para evitar la escalada de su expansión hegemónica. Si no, China considerará que puede hacer lo que quiera en cualquier parte del mundo y en cualquier momento. Tras lo ocurrido recientemente en Hong Kong, es fácil imaginar que China tiene en mente su expansión. Y que, muy posiblemente, Taiwán va a ser su próximo objetivo.

P. En ese sentido, ¿cree que Hong Kong es una advertencia de lo que está por llegar?

R. En Hong Kong, se aprobó esa ley de seguridad nacional en junio y ahora los hongkoneses tienen mucho miedo. Pero los hongkoneses no tienen más remedio, porque ya son parte de China. Taiwán es diferente. Siempre tuvimos un Gobierno, territorio, tropas, moneda. Somos un país. Por eso, China siempre habla de la fórmula 'un país, dos sistemas', pero eso es un fracaso. Es un engaño. En Hong Kong, eso ya no existe. Ya es un país, un sistema.

P. ¿Cree que la pandemia puede abrir nuevos horizontes diplomáticos para Taipéi? Tanto en Estados Unidos como Europa, cada vez más voces políticas reivindican su labor. Y ahora mismo, en la Casa Blanca no están contentos con Pekín.

R. Quién sabe en este mundo. Trump ahora va muy mal con China y su embajador va a dejar el cargo el mes que viene, sin avisar al Gobierno chino, después de tres años y pico. Esto es una situación muy atípica.

P. ¿Puede frenarse esto si gana el candidato demócrata Joe Biden y busca apaciguar las relaciones con China?

R. Siempre queremos hacer amistad con países de ideas afines. Y en este mundo, todo el posible. China ahora está haciendo esa diplomacia ‘wolf warrior’, que para mí es algo demasiado agresiva.

P. ¿Qué le parece el papel de la Unión Europea?

R. A mi juicio, la Unión Europea está demostrando una actitud cada día más dura sobre los problemas de derechos humanos en China. Ya mencionaron Hong Kong, Xinjiang, Tíbet. Antes, a lo mejor los países europeos consideraban más el interés económico, ahora, cada día están más cautos. Taiwán quiere ser amigo de todos los países. Pero China no nos lo permite. La condición número uno para establecer relaciones con China es romper relaciones con Taiwán. Algo que nosotros no pedimos. Eso es ya una muestra de hegemonía. Tengo fe en que la situación de Taiwán pueda mejorar día a día.

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