¿EL FIN DE LA 'FINLANDIZACIÓN' DE EUROPA?

Retrato de los Wolf Warriors, la agresiva diplomacia china que aterriza en Europa

La crisis del coronavirus ha desatado una diplomacia china mucho más nacionalista en Occidente y con un “espíritu más combativo” contra aquellos que se opongan a Pekín

Foto: Enrique Villarino.
Enrique Villarino.

Nuestro héroe Leng Feng está a merced del malvado Big Daddy, con el que lleva 10 minutos intercambiando golpes y piruetas. “La gente como tú siempre será inferior a la gente como yo. Acostúmbrate de una jodida vez”, le susurra el estadounidense antes de atravesarle el pecho con una cuchilla. Pero no temáis. El soldado chino de élite se revuelve en el último suspiro, se arranca el puñal del pecho y cose a cuchilladas al mercenario americano. Antes de desplomarse exhausto, le dice al cadáver: “Eso es historia”.

No hay nada sorprendente en la pelea final de la película china ‘Wolf Warrior II’, digno colofón a 121 minutos de disparate argumental. Pero sí en el hecho de que esta cinta estrenada en 2017 es la película más taquillera de la historia en China, con una recaudación de más de 800 millones de dólares. Con esto en mente, volvamos a nuestro protagonista.

En la anterior entrega ('Wolf Warrior I', de 2015), Feng se había incorporado a los Wolf Warriors “la élite de la élite” del ejército chino. Pero ahora las circunstancias de la vida lo han llevado a verse envuelto en una guerra civil en una nación africana ficticia cuyo presidente se llama Angola. En vez de desentenderse, Leng Feng decide quedarse para salvar a toda la comunidad china y, de paso, ayudar a muchos locales a sobrevivir al terror de los mercenarios blancos. El mensaje es claro: China es la amiga de África, China es la amiga del mundo; pero si te interpones en su camino, tendrás problemas con China. Aunque seas occidental (o, sobre todo, si lo eres).

Llegados a este punto, te estarás preguntando, ¿qué tiene que ver el cine chino con las intrigas geopolíticas del coronavirus? Desde hace meses, el título de esta saga de acción ha servido para identificar un fenómeno inédito, una nueva hornada de jóvenes diplomáticos chinos más atrevidos, agresivos y nacionalistas cuyas tácticas de confrontación han tensado las relaciones con países en varias partes del mundo. La pandemia ha servido para que estas nuevas voces pongan en práctica lo que el líder chino Xi Jinping venía pidiendo hace tiempo a sus subordinados: un “espíritu más combativo” contra aquellos que se opongan a China. Bienvenidos a la arriesgada diplomacia de los Wolf Warriors.

“Algunos diplomáticos más jóvenes y nacionalistas chinos, animados por un creciente patriotismo, están usando este tipo de diplomacia para contrarrestar lo que ellos consideran “el sesgo occidental”, afirma Zhiqun Zhu, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de Bucknell (Pensilvania) y autor de ‘China’s New Diplomacy: Rationale, Strategies and Significance’.

Hay un hartazgo acumulado entre los líderes chinos por los ataques y la soberbia de Occidente, que se niega a reconocer su declive

La estrategia de estos ‘guerreros diplomáticos’ es clara: señalar los errores y la hipocresía de EEUU y Europa para mostrar a sus ciudadanos la supremacía del Partido Comunista sobre las democracias occidentales. Hay un hartazgo acumulado entre la dirigencia china por los ataques y la soberbia de Occidente, que se niega a reconocer su declive. Los Wolf Warriors se convierten en un 'alter ego' de un sentimiento: es la forma que tienen los chinos de contarse a sí mismos y al mundo que el país ya no es el gigante dormido, enigmático, milenario y discreto. Ahora es un hombre de acción, patriota, carismático y con testosterona suficiente como para partirse la cara con el ‘enemigo’ —sin esperar ni siquiera el visto bueno de los jefes—.

“La metáfora que presenta la trama de la película ['Wolf Warrior II'] es clara. Por mostrar un paralelismo, es como si Estados Unidos decidiera lanzar una nueva política diplomática y llamarla la ‘Rambo Diplomacy”, dijo Shiany Pérez-Cheng, investigadora asociada del Institute for Statecraft. “Este nuevo estilo ha cogido a contrapié al resto del mundo, ya que durante las últimas décadas China ha venido convenciendo a la comunidad internacional de su intención de llevar a cabo un ascenso pacífico”, añade.

Se trata de un movimiento arriesgado, con detractores de alto perfil incluso en el propio Partido Comunista Chino. Pero esta tendencia diplomática ha ganado fuerza durante los últimos años mientras, de manera gradual, se abandonaba la política de “perfil bajo” por la que abogaba Deng Xiaoping. Ahora, el coronavirus ha desatado una batalla por el control de la narrativa de la epidemia en el que China necesita desviar la atención sobre su responsabilidad por el brote y Estados Unidos busca dejar a Pekín en fuera de juego político (y de paso ayudar a Trump a ganar la reelección). Y Europa es un frente crucial.

Quemar puentes

No todos los días se ve a un diplomático chino publicar una columna anónima en la página web oficial de la embajada de China en Francia acusando al país anfitrión de “dejar morir” a sus mayores. El texto llegó justo después de que París comenzara a contabilizar las muertes de ancianos en las residencias. Los senadores franceses, indignados, pidieron explicaciones al ministro de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, quien a su vez llamó a consultas al embajador chino para leerle la cartilla. Su conclusión tras ese encuentro es significativa.

“Pekín juega a la fragmentación de la Unión Europea —aseguró Le Drian días después, en una entrevista con ‘Le Monde’—, la pandemia es la continuación, por otros medios, de la lucha entre las potencias (...) China se siente en condiciones de decir un día ‘yo soy la potencia y el liderazgo”.

Para los que llevan estudiando esta evolución de cómo China busca proyectarse e influir en el mundo, esta estrategia no les pilla por sorpresa. Mathieu Duchatel, analista de China en Instituto Montaigne, lleva tiempo estudiando estas corrientes nacionalistas y hostiles hacia las democracias occidentales que ganan reconocimiento en la administración china.

Un cartel de Xi Jinping, en Serbia. (Reuters)
Un cartel de Xi Jinping, en Serbia. (Reuters)

“Por un lado, China intenta señalar la superioridad de su modelo autoritario sobre las democracias. La ideología es un elemento estructurador de la política exterior china. La crisis del covid-19 da una oportunidad, en un momento en el que EEUU y Europa Occidental han sido muy golpeados”, afirma el experto francés a El Confidencial. “Por otro, China está a la defensiva por su manejo inicial de la crisis, que aceleró el estallido local del virus en Wuhan en una pandemia global. En resumen, los Wolf Warriors chinos están dispuestos a quemar puentes”.

Y nadie mejor para quemar puentes que Zhao Lijian, un hombre con una cerilla.

The Great Wolf Warrior

Hace ocho meses, todavía como consejero en la embajada de Pakistán, Zhao Lijian escribió un tuit respondiendo una carta de diversos países occidentales que cargaban contra la política de Pekín en Xinjian, donde más de un millón de uigures están detenidos en campos de reeducación. El diplomático acusaba a los países firmantes de hipocresía y no dudó de hurgar en la herida racial estadounidense para demostrarlo.

“Si estás en Washington DC, sabes que los blancos nunca van al área SW, porque es una zona para los negros y los latinos. Hay un dicho que dice ‘entra un negro y sale un blanco’, que significa que cuando una familia de raza negra entra [a un barrio], los blancos se van y el precio del apartamento se desplomará”, escribió en Twitter.

Susan Rice, asesora de Seguridad Nacional en el Gobierno de Barack Obama, contraatacó en la misma red social: “Eres una desgracia racista y sorprendentemente ignorante también. En una época normal serías declarado persona non grata por esto”. Rice, enfurecida, le pedía explicaciones al embajador chino en Estados Unidos, Cui Tiankai: “Por favor, haz lo que hay que hacer y mándale a casa”.

¿Qué hizo Pekín? Lo mandó a casa. Pero para ascenderlo a portavoz del Ministerio de Exteriores. A sus 48 años, Zhao Lijian se ha convertido en la encarnación de este nuevo perfil diplomático. Desde ese púlpito ha ganado visibilidad global —y no pocas críticas— por difundir la teoría de la conspiración que apunta al ejército de EEUU como responsable de traer el nuevo coronavirus a Wuhan. Un mensaje que luego sería repetido por embajadores chinos en otras partes del mundo, especialmente en países africanos.

En plena pandemia, los medios cercanos al PCC empiezan a ensalzar esta nueva diplomacia. “Occidente se siente amenazada por la nueva diplomacia de Wolf Warrior china”, titulaba recientemente un artículo del medio propagandístico chino 'Global Times'. “Los días en los que China estaba en una posición sumisa se han acabado. El estatus creciente de China en el mundo requiere salvaguardar los intereses nacionales de una forma inequívoca. Después de todo, lo que se percibe como la diplomacia de los Wolf Warriors no es otra cosa que un cambio de fuerzas entre Occidente y China”, asegura el autor del artículo.

Sin embargo, esta no es solo una historia de China contra el mundo. Pese a la opacidad del Partido Comunista, todo apunta a que hay una gran división respecto a esta estrategia. Algunos embajadores chinos con más experiencia están en desacuerdo con esta diplomacia: “Hay gente que dice que este virus proviene de algún tipo de laboratorio, no de China, sino quizá de EEUU. ¿Cómo podemos creer todas esas tonterías?”, dijo Cui Tiankai, el embajador chino en EEUU a Axios/HBO.

“No hay duda de que hay gente dentro del sistema que entiende el daño que Zhao está causando, pero la evidencia no sugiere nada más. Zhao parece ser popular entre gran parte del público chino y claramente ha respondido a aquella llamada de Xi de presentar un “espíritu más combativo” entre los diplomáticos del partido comunista”, apuntaba Bill Bishop, autor de la influyente 'newsletter' 'Sinocism'.

España, la mejor amiga

La belicosa actitud de Pekín ha causado recelos en otras capitales europeas. Los servicios secretos británicos creen que Londres deberá reevaluar su relación con China cuando pase la emergencia del covid-19 y pronostican que Pekín será cada vez más asertivo defendiendo su modelo de partido único tras haber derrotado a la enfermedad. A finales de 2019, en Alemania ya habían tenido roces por las críticas del embajador chino a los políticos que se reunieron con activistas hongkoneses y, hace unos meses, Suecia llamó a consultas al enviado de Pekín después de amenazar a los medios nacionales por su cobertura de la disidencia china.

Las presiones diplomáticas han continuado durante la crisis del coronavirus ligadas al reparto de material médico. Una fuente del Ministerio de Asuntos Exteriores relata cómo en enero y febrero, cuando nuestro país mandaba mascarillas a China, las autoridades pedían discreción. “En marzo, cuando vino a ayudarnos, nos pidió justo lo contrario, que les diéramos las gracias públicamente”, asegura la fuente. El propio jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, advirtió el pasado 24 de marzo sobre el uso de las “políticas de la generosidad” como arma geopolítica en la batalla por el relato.

Pero España aún no ha alzado la voz contra Pekín, pese a que ha aumentado el recelo hacia China en los distintos ministerios tras las polémicas por la compra de material. Fuentes gubernamentales apuntan que España, de momento, no se posicionará abiertamente, aunque se mantendrá “alerta” ante cualquier ofensiva diplomática.

“Más allá de la ‘propaganda de las mascarillas’, la diplomacia de Pekín en España no se ha mostrado especialmente agresiva en el contexto de esta pandemia. Hay que tener en cuenta que China no considera a nuestro país como territorio hostil, y que Madrid siempre ha sido considerada la ‘mejor amiga de Pekín’ en Europa”, subraya Pérez-Cheng, quien ha estudiado las llamadas ‘operaciones de influencia’, cuyo objetivo es mejorar la percepción de China entre las élites políticas, económicas y sociales en España. Aunque ese no sea su público prioritario.

Las audiencias de la desinformación

“Los diplomáticos chinos tienen dos audiencias. Una es la comunidad internacional y la otra es doméstica. Para nosotros el tono de sus mensajes puede ser incomprensible, pero también están hablando para su propia comunidad. Son simultáneas”, explica Helena Legarda, analista de Defensa, Seguridad y Política Exterior de China para MERICS.

“Están intentando dañar la credibilidad de EEUU y de otros países europeos. El mensaje que lanzan desde el Partido Comunista chino es: puede que aquí cometiéramos errores, pero mirad qué bien lo hicimos comparado con Occidente”.

No podemos saber cuál es el efecto de esta estrategia en la población local, pero sí se puede observar un resultado contraproducente en algunos países de Occidente. En Estados Unidos, dos tercios de sus ciudadanos tiene opiniones desfavorables de China, un número superior al 47% de hace dos años, según una reciente encuesta de Pew Research. Mientras tanto, la UE, que antes del coronavirus se debatía sobre la conveniencia de la finlandización del continente en la guerra comercial entre EEUU y China, ahora se va decantando poco a poco por alejarse de Pekín.

“En los últimos meses, China ha perdido a Europa”, dijo por su parte Reinhard Buetikofer, un diputado del Partido Verde que dirige la delegación del Parlamento Europeo en las relaciones con China, haciéndose eco de las crecientes voces que piden a Angela Merkel —defendido que es compatible mantener la Alianza Atlántica y estrechar lazos con Pekín— una revisión de sus relaciones con la potencia asiática.

Sin duda, el debate está llegando a la calle. “Usted cierra cada periódico y cada web que es crítica con su Gobierno, pero no cierra los puestos en los que venden sopa de murciélago”, escribió el director del sensacionalista 'Bild', el periódico más vendido de Alemania, a Xi Jinping.

La patria contigo

Y a todo esto, ¿qué sucedió con Leng Feng?

Tras acabar con su mayor enemigo, el protagonista dirige a toda la comunidad expatriada china hacia un lugar seguro para escapar de la guerra civil. Pero su convoy es detenido en la carretera, con tropas de ambos bandos a punto de aniquilarse. Todo apunta a que el fuego cruzado acabará con ellos. Pero Leng Feng tiene algo más decisivo que sus puños y pistolas. Se levanta, se ata la bandera china y extiende el brazo.

“Son los chinos”, gritan desde ambos lados, bajando las armas y dejando pasar a los que huyen. Aunque nunca llegamos a saber qué pasará en ese ficticio país africano, la película acaba con un lema que deja poco margen a la interpretación: “Ciudadano de la República Popular de China: cuando estés en peligro en el extranjero, ¡no te rindas! Por favor, recuerda: ¡detrás de ti está la poderosa patria!”.

Europa

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