eeuu puja por un proyecto alemán

Trump, Merkel y el músculo oculto de China: así se libra la batalla geopolítica por la vacuna

Pese a la ofensiva de Donald Trump para intentar hacerse con los avances de un laboratorio alemán, la frenética búsqueda por un antídoto contra el coronavirus está también impulsada por la cooperación

Foto: Un trabajador de la firma biofarmacéutica alemana que está trabajando en la vacuna. (Reuters)
Un trabajador de la firma biofarmacéutica alemana que está trabajando en la vacuna. (Reuters)

El mundo vive una dramática carrera contrarreloj para producir un vacuna contra el nuevo coronavirus, una soterrada batalla científica y geopolítica en la que el bien común se entremezcla con una amalgama de intereses comerciales, políticos y diplomáticos. Y el presidente Donald Trump, con su intento de asegurarse en exclusiva para Estados Unidos los avances del laboratorio alemán Curevac por presuntamente 1.000 millones de dólares, acaba de desatar las hostilidades.

"He oído de varios miembros del Gobierno que eso es cierto", confirmó el ministro del Interior germano, Horst Seehofer, sobre las intenciones de los norteamericanos reveladas por el dominical 'Welt am Sonntag' y que han generado indignación en Berlín y en la Comisión Europea.

Los laboratorios Curevac -con sede en Tubingia, en el sur de Alemania, y una filial en Boston- han rechazado una posible venta de la compañía. El accionista mayoritario de Curevac, el multimillonario alemán Dietmar Hopp, también confirmó la oferta de Trump, pero aseguró que no es "una opción" que esté considerando. Hopp, cofundador del fabricante de software SAP y mecenas del club de fútbol Hoffenheim, se mostró además confiado en que la potencial vacuna de la firma, en la que participa además la fundación Bill & Melinda Gates, salga al mercado este mismo año.

"Depende del Instituto Paul Ehrlich [el organismo rector alemán para vacunas y biofármacos]", dijo el empresario al canal Sport 1. "Pero creo que en otoño debería estar disponible. Y entonces vendrá posiblemente la siguiente ola de infecciones", dijo Hopp, quien podría aprovechar la vacuna para mejorar su imagen ante los que lo ven como símbolo del triunfo del capitalismo voraz en el negocio del fútbol.

La Unión Europea rápidamente interpretó el acercamiento de Washington al laboratorio alemán en los términos del ‘big game’ de la geopolítica y un ejemplo claro de la necesidad de autonomía estratégica. Horas después de que Ursula von der Leyen, presidenta del ejecutivo comunitario, recalcara públicamente el apoyo de la UE a "la investigación de la empresa desde el principio", la Comisión anunciaba una nueva ayuda de 80 millones de euros para Curevac, con financiación procedente de proyectos apoyados por el Banco Europeo de Inversiones (BEI). No es la primera vez que la empresa recibe financiación europea, ya que obtuvo 2 millones de euros en 2014.

Audacia estadounidense, cautela germana

La ofensiva de Trump fue plato fuerte en los corrillos políticos de un país que suele mosquearse por el empuje empresarial de Estados Unidos, una actitud que opaca a menudo a la eficiente pero cautelosa cultura de innovación teutona. El gabinete de crisis del Gobierno de Agela Merkel tenía previsto tratar el lunes sobre el caso, bajo la premisa de evitar que otros se lleven los laureles de la ciencia alemana.

"Los científicos alemanes participan de forma destacada en el desarrollo de medicamentos y vacunas en cooperaciones en todo el mundo. No podemos permitir que otros pretendan apropiarse en exclusiva de sus resultados", dijo el lunes el ministro de Exteriores Heiko Maas a medios locales.

Pero en el contexto global, la puja directa del presidente estadounidense revela la innegable lucha por encontrar una cura al Covid-19 con tintes geopolíticos. Trazos de una competición en la que los actores políticos pueden emerger fortalecidos en el escenario internacional, en este caso como referentes mundiales en los ámbitos de la ciencia y la salud. La batalla no ha empezado con Trump.

En las últimas semanas se observaba con interés las supuestas ventajas que podría ofrecer un sistema autoritario centralizado como el chino en las medidas para contener la pandemia –por ejemplo al ordenar medidas draconianas para el confinamiento y el tratamiento de millones de personas–, frente a los procesos más delicados previstos en las democracias liberales. La lectura en clave geopolítica también ha servido para comparar la inacción de la Unión Europea o la reacción tardía de Estados Unidos frente a la aparente eficacia china para reducir los contagios y empezar ahora a exportar a países como España su estrategia para doblegar al virus.

Al menos 39 proyectos pugnan por obtener la vacuna

Este contexto es aplicable al ámbito de la ciencia y se traduce en una decidida presencia de iniciativas chinas en las actuales investigaciones para intentar conseguir "el antídoto" contra el Covid-19. Un músculo científico caracterizado también por la tradicional opacidad del gigante asiático.

"Sabemos de varias firmas o centros de investigación que trabajan en posibles vacunas en China, pero no sabemos qué tan avanzados están", afirma Rolf Hömke, de la Asociación de Firmas de Investigación Farmacéutica en Alemania (VFA), a El Confidencial. El experto enumera a los países líderes en las investigaciones actuales: "Sólo en número, la mayoría de proyectos son de firmas estadounidenses. Además están Israel, Australia, Canadá, Suecia o Alemania. Y las firmas chinas".

La Organización Mundial de la Salud cifra actualmente en 35 el número de proyectos enfrascados en una búsqueda de la vacuna. "Nosotros sabemos de cuatros más", detalla Hömke. De esos 39 en total, al menos cuatro tienen participación alemana. Además del de la firma Curevac, otros dos de ellos son realizados en simultáneo por el Centro Alemán de Investigación sobre Infecciones (DZIF), que agrupa a más de 500 médicos y a unas 35 instituciones.

Tres vías científicas para buscar la vacuna

Una característica de las investigaciones más avanzadas es que apuestan por la tecnología más puntera: las vacunas genéticas, que utilizan genes para "disfrazar" virus normalmente inofensivos con las propiedades de otros patógenos, en este caso del coronavirus. En el caso ideal, esos virus manipulados fuerzan al organismo humano a crear defensas tras haber sido inoculados.

Las otras dos vías tradicionales contemplan la vacuna viva o activada, que consiste en la inoculación de virus vivos atenuados, y la vacuna muerta o desactivada, por la cual se suministran al organismo solo partes del virus, moléculas o proteínas, incapaces ya de reproducirse, pero sí de generar una reacción inmunológica del organismo.

La firma alemana codiciada por Trump, Curevac, trabaja con la tecnología genética. Pero no es la única. "En Estados Unidos también está la firma Moderna", explica Hömke. Esta compañía comunicó que empezó este lunes con sus primeras pruebas con voluntarios a los que les fue suministrada su posible vacuna.

La cooperación vence al recelo

Es posible, por otro lado, que el número real de proyectos sea superior a los 39 contados por la VFA alemana. El lunes, la biotecnológica BioNTech, de Maguncia (Alemania), anunció su cooperación con la farmacéutica china Fosun Pharma para impulsar sus "rápidos avances" en la lucha contra la actual amenaza sanitaria global. El acuerdo prevé que la firma germana reciba hasta 120 millones de euros del país asiático para sus investigaciones, según la agencia Reuters.

Los proyectos de cooperación existentes, por otro lado, apuntan a un espíritu de cooperación, aparentemente predominante por encima de la voracidad de ofensivas como la de Trump. Varias de las iniciativas agrupan a empresas de distintos países. "No sabemos si ha habido solicitudes o intentos de compra de otras empresas que producen vacunas", señala la VFA.

Empresas como BioNTech, en todo caso, se muestran abiertas a la cooperación con firmas de China, superando el tradicional recelo de la industria alemana frente a competidores de la potencia asiática por el miedo al robo y plagio de patentes, habitual sobre todo en el sector automotriz durante la última década. Eso habla de la incontestable fuerza de China como fábrica mundial no sólo de productos de manufactura sencilla, sino en tanto también de alta tecnología. Incluso en caso de que una vacuna se desarrolle en Europa, es probable que el fabricante necesite de las capacidades de producción masiva chinas.

La pugna por obtener la vacuna, sin embargo, no tiene por qué decidirse por aspectos políticos de la industria farmacéutica alemana, cree Hömke. "Nosotros, al menos, no vemos esas razones políticas. Los factores más importantes son los científicos". En ello, podría jugar un papel la larga experiencia del sector norteamericano. La empresa estadounidense Moderna es "posiblemente la que más avanzado tiene su proyecto", explica Hömke, a falta de detalles sobre los progresos de China. Pero una parte del éxito también tiene que ver con "la suerte del inventor", añade. La pizca de fortuna necesaria para ganar la gran apuesta.

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