un comisario facilitó el dato en moncloa

Las falsas 'cuentas falsas' de la Policía: no hay 1,5 millones de 'bots' con bulos sobre el Covid

El representante de la Policía Nacional en el comité de Moncloa aseguró el 5 de abril que habían descubierto millón y medio de cuentas que difundían bulos, pero fuentes del cuerpo lo desmienten

Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en la primera sesión de control al Gobierno durante el estado de alarma, el pasado 15 de abril. (EFE)
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en la primera sesión de control al Gobierno durante el estado de alarma, el pasado 15 de abril. (EFE)

Ni la Policía Nacional ni ningún otro organismo del Ministerio del Interior han encontrado un millón y medio de cuentas creadas en redes sociales para difundir noticias falsas sobre el coronavirus, aunque la cifra se repite desde hace dos semanas en multitud de informaciones y ha sido utilizada recurrentemente por el Gobierno para sostener su particular batalla contra las 'fake news', coincidiendo con la crisis del Covid-19 y la declaración del estado de alarma.

La cifra apareció por primera vez el 5 de abril. Solo un día después, el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, anunció que estaba trabajando en una reforma del Código Penal para perseguir la difusión de bulos. El 9 de abril, Pedro Sánchez acusó en el Congreso al líder de Vox, Santiago Abascal, de “tener millares de 'bots” trabajando para él, y otros dirigentes socialistas, como Adriana Lastra, hicieron extensiva la acusación a todo el centro derecha. El día 16, el CIS publicó un barómetro que planteaba en una de sus preguntas si se debía limitar la libertad de información para impedir la proliferación de bulos. Y ese mismo día 16, el PSOE presentó una denuncia contra Vox ante la Fiscalía por la supuesta publicación de noticias falsas en redes sociales.

Las falsas 'cuentas falsas' de la Policía: no hay 1,5 millones de 'bots' con bulos sobre el Covid

El supuesto millón y medio de perfiles descubiertos por la Policía para distribuir 'fake news' fue el detonante de la estrategia. En teoría, el dato no podía tener un origen más fiable. Ese 5 de abril, el representante de la Policía Nacional en la rueda de prensa diaria que ofrecen en Moncloa los miembros del comité de expertos del Covid-19, José García Molina, subdirector general de Logística e Innovación, explicó que su cuerpo estaba dedicando parte de sus esfuerzos a luchar contra la desinformación. “Nuestras unidades especializadas rastrean continuamente las redes para detectar esas noticias falsas y desmentirlas a través de las líneas de comunicación de nuestros perfiles @policía y @policianacional”, manifestó. “Además, recientemente hemos publicado una guía para evitar ser manipulados por las 'fake news'. Se trata de recomendaciones sencillas que nos van a ayudar a saber cuándo nos encontramos ante un tipo de noticias fraudulentas, incorrectas, para poder identificarlas antes de darles credibilidad y no compartirlas”.

Justo después proporcionó el dato. “Y relacionado con ello, queríamos prevenirles de que se ha detectado la creación de más de un millón y medio de cuentas en redes sociales relacionadas con el Covid-19. Perfiles dirigidos exclusivamente a crear o manipular contenidos 'spam'. Tenemos que ser conscientes de que la responsabilidad de estos mensajes falsos es de todos. No tenemos que contribuir a convertirlos en virales”, dijo el comisario de la Policía Nacional.

La afirmación desencadenó la publicación de decenas de noticias que atribuían a la Policía Nacional el hallazgo del millón y medio de cuentas falsas y apuntaló las sospechas que ya había vertido Moncloa sobre las redes sociales. Nadie desmintió esas informaciones. Pero las declaraciones del comisario sobre las cuentas que difunden bulos son, paradójicamente, un bulo.

Fuentes policiales han confirmado a El Confidencial en las últimas horas que Molina utilizó durante aquella comparecencia en Moncloa un informe de la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT) que confundió varios conceptos. En realidad, los perfiles ficticios no habrían sido detectados por la Policía Nacional y, además, el dato no se refiere a España. El supuesto millón y medio de 'bots' se habría localizado en todo el mundo, sin especificar si alguno de ellos tenía efectivamente algún tipo de relación con ciudadanos españoles. Ni siquiera se aclara el idioma en el que publican los mensajes. Asimismo, tampoco se trataría exclusivamente de 'bots' que habrían estado distribuyendo información engañosa sobre el coronavirus, admiten las fuentes consultadas. Los perfiles cuestionados habrían incumplido las políticas internas de sus respectivas plataformas en discusiones relacionadas con el Covid-19, pero no necesariamente por propagar 'fake news'.

Ni la Policía Nacional ni, específicamente, su Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), dedicada a la lucha contra la ciberdelincuencia y la desinformación, han respondido a las preguntas de este diario sobre el informe en que se basó la comparecencia del comisario Molina, ni tampoco sobre el origen de los datos que se vertieron en él. Lo cierto es que, a pesar de las numerosas peticiones que ha recibido la Policía en los últimos días para identificar alguna de esas cuentas, no se ha proporcionado el nombre de ninguno del millón y medio de perfiles descubiertos.

Expertos policiales en ciberdelitos señalan a El Confidencial que el dato anunciado en la comparecencia del 5 de abril carece de lógica. Corroboran que se han detectado perfiles inventados para difundir en España contenido relacionado con la pandemia, pero explican que se trata de una cifra muy inferior a la anunciada y que no todas las cuentas localizadas están bajo sospecha por propagar mentiras.

La secretaria general del grupo parlamentario de Vox, Macarena Olona (i), y la portavoz parlamentaria del PSOE, Adriana Lastra (d), en el Congreso, el pasado 7 de abril. (EFE)
La secretaria general del grupo parlamentario de Vox, Macarena Olona (i), y la portavoz parlamentaria del PSOE, Adriana Lastra (d), en el Congreso, el pasado 7 de abril. (EFE)

Hay una pista que podría explicar el equívoco. El 1 de abril, cuatro días antes de la rueda de prensa en Moncloa, Twitter anunció que, desde el 18 de marzo, había “eliminado más de 1.100” mensajes que mostraban “contenido engañoso y potencialmente dañino” para los usuarios de su plataforma. Asimismo, los “sistemas automatizados” de la compañía habían pedido que confirmaran su autenticidad, tras detectar “comportamientos de manipulación o 'spam” en discusiones sobre el Covid-19, a más de un millón y medio de cuentas, la misma cifra que manejó casualmente el comisario de la Policía Nacional en su comparecencia. El gigante de San Francisco aclaró, no obstante, que se trataba de mensajes y cuentas de “todo el mundo”, no de España. De hecho, no especificó si algunos de esos perfiles o contenidos tenían vinculación con el territorio o intereses nacionales. Los datos son globales. Perfectamente, podría no haber ninguno.

La decisión de Twitter ni siquiera implica que ese millón y medio de cuentas sean falsas, matiza el comunicado. Sus sistemas internos detectan posibles comportamientos anómalos y suspenden los perfiles de forma temporal, hasta que los teóricos titulares de esas direcciones confirmen que al otro lado de la pantalla hay personas reales. A veces es tan sencillo como facilitar un número de móvil o resolver un 'captcha' (una pregunta para verificar que el usuario es un humano). Si el trámite se completa, la cuenta vuelve a estar operativa.

La suspensión de los perfiles tampoco supone que hayan incurrido obligatoriamente en la difusión de 'fake news' y, menos aún, que los bulos tengan fines partidistas o políticos. Twitter aclara que considera 'spam' cualquier mecanismo destinado a “desviar el tráfico o la atención de una conversación hacia otras cuentas, sitios web, productos, servicios o iniciativas” de carácter comercial que no tienen por qué ser mentira.

También entiende como manipulación el uso de “interacciones falsas que apuntan a hacer que las cuentas o los contenidos parezcan más populares o activos de lo que realmente son”, provocando por ejemplo que una etiqueta o 'hashtag' sea tendencia. Y, por último, califica como 'spam' las “actividades coordinadas que apuntan a influir de forma artificial en las conversaciones mediante el uso de varias cuentas, cuentas falsas, acciones automáticas o secuencias de comandos”, aunque el contenido que se promocione sea cierto.

En el caso concreto del coronavirus, Twitter ha aplicado criterios aún más exigentes que no tienen que ver obligatoriamente con las 'fake news', el concepto que manejó la Policía Nacional. Menciona, por ejemplo, la “descripción de tratamientos o medidas de protección que no son inmediatamente dañinos pero que se sabe que son ineficaces”, como “caminar al aire libre es suficiente para que te desinfectes” o “usar aromaterapia y aceites esenciales para prevenir el Covid-19”; la difusión de contenidos contrarios a lo indicado por los expertos, como “si tienes tos productiva, no es coronavirus, pero una tos seca sí podría serlo” o "sentirás que te estás ahogando en mocos si tienes coronavirus, no es una secreción nasal normal", y alentar mensajes que vayan contra las órdenes de las autoridades, como animar “activamente a las personas a no distanciarse socialmente en áreas que se sabe que han sido afectadas por el Covid-19”. En esas categorías, habrían entrado parte de los mensajes y cuentas suspendidos a nivel mundial.

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