ORÁCULO DE MONCLOA

Sebastián, el político que sí lo vio venir: "La soberbia europea dijo que era algo de chinos"

"Ha habido un falso debate entre la salud y la economía. El mayor daño a la economía es que esta pandemia se prolongue, que adquiera proporciones bíblicas"

Foto: El exministro de Industria Miguel Sebastián. (EFE)
El exministro de Industria Miguel Sebastián. (EFE)

Un poco de contexto. El 26 de febrero, un grupo de expertos en energía se reúne en Madrid para hablar de cambio climático. Miguel Sebastián, profesor de Economía de la Complutense, exministro de Industria y exdirector de la oficina económica de Moncloa, llega azorado. Espeta a sus compañeros de jornada que es absurdo en este momento hablar de renovables cuando el país está abocado al confinamiento. El resto lo mira sin entender muy bien a qué viene eso. Entonces, el coronavirus era un asunto chino, pero Sebastián, nacido en Madrid hace 62 años, está alarmado con las cifras de contagio.

Desde entonces, ha ido advirtiendo del ritmo de contagio, discrepando del discurso oficial del Gobierno y pidiendo paralizar todo el país. Ahora, el exministro de Zapatero es una de las voces a las que hace caso Moncloa. Él pidió adelantar el cierre total del país aprovechando que llega la Semana Santa.

PREGUNTA. ¿Por qué se fijó en eso cuando la mayoría de autoridades decían que no era un problema?

RESPUESTA. De siempre me han fascinado las epidemias. Mi abuelo, que era militar, murió en la gripe de 1918, y mi padre nos contaba que se había quedado huérfano con seis años. En 1987, mi madre murió de sida por una transfusión en los primeros años de la epidemia, que es el peor momento por la incertidumbre y el pánico. Como siempre me ha interesado, lo empecé a seguir en China y me pareció que era increíble cómo se propagaba, su política de confinamiento, y pensé que iba a llegar sí o sí. Aunque nunca me imaginé que iba a llegar por el sur de Europa sino por el norte, por Alemania o Francia, que tienen más relación con China. Pero entró por Italia y tuvimos la mala suerte de estos partidos de fútbol de equipos españoles en el norte de Italia, del Carnaval de Venecia, la semana de la moda…. y eso fue tremendo.

P. Pues en España el discurso era que no era un problema.

R. No me podía creer que dijeran que aquí no había ningún riesgo. Decían que eran casos importados, pero claro, eran importados los que llegabas a conocer. Me pareció absolutamente alucinante y empecé a decirlo. Y eso que me corté un poco porque me dijeron que estaba causando alarma, pero lo veía absolutamente descontrolado.

P. Hablamos todavía en febrero.

R. Sí. Antes del desmadre de marzo. No fue solo el 8-M. Hubo un funeral de Vitoria con muchos contagios y después, el 6 de marzo, se permitió que jugara el Alavés en Mendizorroza con público. Fue una locura. En Madrid, hubo un Atleti-Sevilla y un Getafe-Celta. Hubo conciertos, la Pantoja en el WiZink, el mitin de Vox, la mani del 8-M. Fue una auténtica locura. Lo que nos hubiésemos ahorrado si nos confinamos antes del día 6. Yo miraba las tasas de crecimiento, no los niveles. Si la tasa de crecimiento es del 40%, se duplica en dos días.

P. Parecía que había pocos casos, que era manejable.

R. Es como la fábula del ajedrez de Sissa: partiendo de dos granos de trigo, pidió que se duplicara el número de granos en cada casilla. Al rey Sheram le pareció una petición asequible, pero al final no había trigo suficiente en el mundo para pagarle. Cuando China llegó a un 100% de tasa de crecimiento diario, tomaron medidas drásticas. Se confinó a todo el país con 2.000 afectados. India ha confinado a todos con 400 afectados. Se ha aprendido, pero Italia y nosotros lo hemos pagado. Yo animé a suspender el Mobile World Congress y recibieron muy duras críticas. Ahora es obvio que acertaron.

P. Si siguió estos casos, otros saltos de virus de animales a personas acabaron bien. EL SARS, el H5N1...

R. La OMS pensó que era como el SARS: entonces pecó por exceso y ahora se ha quedado corta. Fernando Simón es el experto del Gobierno y decía lo mismo que la OMS, y era muy difícil llevarle la contraria. Me decían qué yo soy economista y que no podía contradecir a los científicos, pero los chinos son los mejores epidemiólogos del mundo. Cuando por 2.000 casos confinan a todo el país, tiene que ser serio. Hubo una soberbia occidental y europea de decir esto es cosa de chinos, que comen fatal y que tienen un sistema sanitario endeble.

P. España ha ido tomando medidas graduales. ¿Cree que el Gobierno no ha sido consciente de la gravedad?

R. Ha habido un falso debate entre la salud y la economía. El mayor daño a la economía es que esta pandemia se prolongue, que adquiera proporciones bíblicas. Eso sí que es dañino. Atajarlo tiene un coste económico a corto plazo. Ya no nos acordamos, pero hace nada nos hablaban del coste económico de suspender las Fallas o la Semana Santa de Sevilla. No era solo el Gobierno. El Gobierno recogía el sentir de toda la sociedad. Ya en estado de alarma, me llamó un empresario de la construcción a decir: “Miguel, te estás cargando la economía con tu discurso”.

P. Muchos empresarios lo siguen diciendo. La industria vasca, por ejemplo.

R. Cada vez lo dicen menos, pero la industria sigue sin entenderlo. Más vale que caiga un 50% un mes que un 5% durante 10 meses. Si hay suerte, el paro será estadístico, no económico. Los chinos ya están descongelando la economía y está volviendo a la actividad. Primero desconfinan barrios, luego ciudades, luego el país y luego las fronteras exteriores.

P. El otro día, un asesor de Macron, Jacques Attali, hablaba de que debemos ir a una economía de guerra. ¿De qué hablamos y por cuánto tiempo?

R. Economía de guerra es reorientar la actividad productiva a combatir el virus: fabricar material sanitario, ayudar al reparto a domicilio para que la gente se quede en casa lo más cómoda posible, reorientar los hoteles para que acojan pacientes leves en arcas de Noé, para ancianos y que sirvan de residencias para héroes. Porque los sanitarios y los policías y demás son héroes, y deberían estar en un hotel los que no quieran arriesgarse a contagiar a sus familias. No pueden estar en piolines. Es absurdo pretender mantener la actividad a toda costa, porque la epidemia durará más y luego va a ser más difícil la recuperación.

P. ¿Cómo ve esa recuperación?

R. Al contrario que China, el problema que tenemos es que dependemos mucho del turismo. Les he dicho a los empresarios del sector que se olviden del verano típico: no va a poder entrar aquí ningún extranjero que no sea chino o italiano, o los que hayan superado la epidemia. Ellos dicen que el viajero doméstico no se mueve tanto. Pero hay que animarles a que lo hagan. Además, aunque hay mucha gente que lo pasa mal, la tasa de ahorro de las familias debe estar aumentando espectacularmente. Nunca hemos vivido lo de congelar y descongelar la economía, pero no tiene por qué no salir, aunque vaya a ser difícil.

P. ¿Cree que estamos en el pico?

R. El pico ya lo hemos pasado. Como las burbujas económicas, solo se confirma cuando se pasa. El pico ha sido en 8.200 casos el día 27. Ha sido un pico más alto que Italia, 6.600, pero ya lo hemos pasado. Eso es evidente. Ese debate ya está superado, ahora lo relevante es estimar hasta cuándo tiene que durar el confinamiento. Y creo que ahí tendremos que esperar hasta primeros de mayo. Es lo que le pasó a China, que estuvo un mes en confinamiento desde su pico.

P. ¿Qué le ha parecido la respuesta de la UE?

R. Decepcionante. El primer gran error es no haber hecho una política coordinada de confinamiento. Si nos confinamos todos a la vez el mismo día, salimos a la vez. Pero ahora vamos a tener una salida asimétrica, que es peor. Ha habido una descoordinación total. La recuperación será más lenta porque la salida será asimétrica y habrá controles de fronteras. El segundo error europeo ha sido no acordar un mecanismo para evitar que esta crisis sanitaria se convierta, como en 2010, en una crisis de deuda pública. Los eurobonos son una batalla perdida, no quieren mutualizar la deuda. Pero deberían ser flexibles a la hora de permitir que el BCE compre en el mercado primario todo lo que tengan que emitir los países para combatir la pandemia. Sería deuda nacional, pero emitida a coste cero o simbólico. Sin duda, habrá que hacer cambios legales para esta opción. Pero entiendo que ese esfuerzo está incluido en el 'whatever it takes' de Lagarde.

P. Hemos descubierto que España no produce mascarillas ni ventiladores… Ahora, Trump pone a la Ford a fabricar respiradores. ¿Hay que replantearse la globalización?

R. Ahora por fin podremos tener la discusión sobre los sectores estratégicos. Siempre me criticaron cuando defendía que debía haber sectores estratégicos en la industria, me decían que eso era “dirigismo económico”. Tendremos que tener ese debate. No se trata de que produzcamos todos estos productos sino de que tengamos reservas. Pero muchas veces se asocia el tener reservas con despilfarro. También nos dirán que qué hacemos fabricando aquí mascarillas cuando David Ricardo ya nos dijo que las tendrían que producir países que tengan ventaja comparativa, como China. Seguirá siendo más eficiente que las produzca China, pero ¿tendremos que tener algún tipo de reserva estratégica?

P. ¿Qué cambios nos traerá esto?

R. Creo que mucha gente va a querer llevar mascarilla, como ocurre ya en Asia, y que los besos a desconocidos se acabarán. Siempre le hemos dicho a la gente que coja el transporte público y que reutilizar y reciclar bienes es bueno para el medio ambiente. En esta crisis, no se puede reutilizar nada ni usar el transporte público. Todos los valores se han dado la vuelta, aunque sea temporalmente. Y la gente está confundida. Habrá que hacer mucha pedagogía para recuperar esos valores.

P. ¿Cómo explica que Fernando Simón siga de portavoz después de que fallara tanto? Es como si el Ejecutivo se hubiera atado al palo mayor que es Simón.

R. No lo sé. Está muy valorado por buena parte de su profesión. Yo hubiera aprovechado el estado de alarma para cambiarlo, porque me parece difícil mantener a quien decía con 400 casos y un 22% de aumento diario que la situación estaba mejorando. India ha confinado a todo el país con 400 casos, y son 1.300 millones de personas.

P. Dicen que ahora sí le escuchan en Moncloa.

R. No tengo evidencia. Parece que el mensaje de que había que adelantar la Semana Santa llegó. Es un buen momento para apretar, porque muchas empresas tenían ya acordado por convenio que toda la Semana Santa eran vacaciones, por lo que estas dos semanas son apenas cinco días laborales. El confinamiento hasta ahora no era total: el consumo eléctrico estaba cayendo menos que en una huelga general, lo que implica que buena parte de la industria no estaba parada. Tampoco la construcción. El confinamiento hay que mantenerlo hasta que haya cero casos y luego desconfinar gradualmente. Espero que sigamos el modelo chino, porque lo peor que nos puede pasar es que se vuelva a reproducir la epidemia y tener que volver a confinarnos.

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