La última baza de los científicos

A falta de vacuna, test rápidos y baratos: las nuevas técnicas que nos pueden salvar

Empresas multinacionales y españolas multiplican la producción de test de antígenos mientras se desarrollan otros sistemas, como los test basados en saliva

Foto: Test de antígenos. (Foto: Reuters)
Test de antígenos. (Foto: Reuters)

A falta de meses para que las primeras vacunas comiencen a ser una realidad, si todo va bien, y bastante más tiempo para que se administren de forma masiva, muchos ojos están puestos en otras formas de control de la pandemia que nos permitan llevar una vida un poco más próxima a la normalidad. Aumentar la capacidad para detectar los contagios ha sido un reto desde la aparición del covid. El reto pasa por realizar un mayor número de test, más rápidos y más baratos, pero no es nada fácil.

La prueba por excelencia es y seguirá siendo la PCR. Gracias a la secuenciación genética del virus, se ha utilizado desde el principio y es la mejor en cuanto a sensibilidad (capacidad para identificar como positivos a las personas que tienen el virus) y especificidad (capacidad para identificar como negativos a las que no). Sin embargo, las PCR requieren un equipamiento costoso, personal capacitado, reactivos específicos y no menos de cuatro horas de trabajo que a la hora de la verdad pueden convertirse en varios días de espera hasta obtener el resultado.

Contar con pruebas más rápidas, más baratas y más fáciles de manejar ayudaría a tener una visión más real de evolución de los brotes, facilitaría el seguimiento de casos y posibles contagios y facilitaría la vida en entornos laborales, centros escolares y muchas otras actividades. ¿Tenemos esos test? ¿Son fiables? ¿Habría que incorporarlos a nuestras rutinas diarias?

La revista ‘Nature’ cita el caso de la India, uno de los países donde la pandemia más se ha descontrolado. La apuesta por los test rápidos hizo que ya a finales de agosto estuviera haciendo más de un millón de pruebas al día, lo que probablemente haya contribuido al menos a ralentizar la propagación del covid en un país que va a superar a China como el más poblado del mundo. Italia también ha incorporado este tipo de pruebas en sus aeropuertos para pasajeros que llegan de las zonas en peor situación pandémica.

¿Tenemos esos test? ¿Son fiables? ¿Habría que incorporarlos a nuestras rutinas diarias?

Aunque se suele hablar de pruebas rápidas en general, existe una gran variedad de opciones que “detectan anticuerpos o antígenos, aunque con una técnica que es mucho menos sensible y específica que la PCR”, explica a Teknautas Miguel Ángel Llamas, biólogo molecular, profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid y CEO de Empireo, empresa de diagnóstico molecular. La ventaja, además de su celeridad y facilidad de manejo, es que pueden salir a un coste de entre dos y seis euros (frente a un coste medio de una PCR que está entre 10 y 20).

Reuters.
Reuters.

Los test de anticuerpos o serológicos se realizan en sangre y son una prueba de diagnóstico indirecta, ya que “no estás detectando el virus, sino la consecuencia de que haya estado en el cuerpo”. Cuando se produce la infección el sistema inmunitario pone en marcha la maquinaria de fabricación de anticuerpos y mediante en el caso del SARS-CoV-2 “pueden detectarse a partir del séptimo día, pero hay pacientes que no los desarrollan hasta que han pasado dos semanas o hasta un mes”. En definitiva, son más útiles para saber si una persona ha superado la infección que para detectar a alguien con capacidad de contagiar.

A pesar de que con este sistema se pueden colar muchos casos que estén en los primeros días de la enfermedad (y, por lo tanto, aún no hayan desarrollado anticuerpos), se están utilizando ampliamente, por ejemplo, en las pruebas masivas a los profesores antes de la vuelta a clase. Por otra parte, la detección puede variar mucho en función del tipo de inmunoglobulinas que detecte cada test, por ejemplo, las IgG son más sensibles que las IgM, pero tardan más en aparecer.

La ‘revancha’ de los test de antígenos

En cambio, los test de antígenos son una prueba directa, detectan el virus cuando está presente y, por lo tanto, pueden dar resultados en las primeras fases de la infección. Para el paciente la toma de muestras no cambia con respecto a la PCR, ya que se toma mediante un hisopo. “Lo único que necesitan estas pruebas es que haya suficiente cantidad de virus para ser detectado, ya que son menos sensibles”, señala el experto.

Son una prueba directa, detectan el virus cuando está presente y, por lo tanto, pueden dar resultados en las primeras fases de la infección

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los test de antígenos más novedosos funcionan bien para detectar pacientes con síntomas en los primeros días de la enfermedad e incluso personas infectadas que aún no han desarrollado dichos síntomas (entre uno y tres días antes) si tienen cargas virales altas. La OMS destaca que ofrecen la posibilidad de una detección rápida, económica y temprana; y considera que esta tecnología puede contribuir a la gestión de los brotes.

De hecho, podemos estar ante un punto de inflexión, ya que grandes compañías se están lanzando a la producción masiva. La estadounidense Abbott ha logrado la certificación europea para su prueba rápida de antígenos (Panbio™ COVID-19 Ag Rapid Test Device), que da resultados en 15 minutos. La Comunidad de Madrid ha adquirido dos millones de estas pruebas y comenzará a utilizarlas la próxima semana en centros de salud y servicios de urgencias. Los planes de esta empresa pasan por lograr una producción de hasta 50 millones al mes a partir de octubre. Roche, otro gigante del sector farmacéutico, acaba de realizar un anuncio similar. En su caso, partirá de una producción de 40 millones de test mensuales, pero espera duplicarla de aquí a final de año.

Test de antígenos. (EFE)
Test de antígenos. (EFE)

En España la compañía zaragozana CerTest Biotec ha sido la primera en desarrollar y fabricar un test de antígenos, un kit de características similares a los de las grandes multinacionales. “Ahora es la tendencia y otras empresas también estamos trabajando en esta línea”, destaca Belén Barreiro, vicepresidenta de la Asociación Española de Bioempresas (AseBio). En su opinión, hay un gran ‘boom’ de este tipo de test porque urge resolver el problema de análisis que tenemos a día de hoy.

¿Por qué no habían despegado hasta ahora? Sin duda, desde el punto de vista científico-técnico, desarrollar un kit de antígenos es mucho más complejo que otro tipo de pruebas, ya que utiliza proteínas específicas del virus, y es necesario seleccionarlas adecuadamente. Aunque hubo test de antígenos desde el comienzo, los primeros resultaron decepcionantes. El Gobierno español compró a China cientos de miles de kits que tenían una sensibilidad del 30%, según comprobó el Instituto de Salud Carlos III.

"La actual demanda de test de antígenos no tiene tanto que ver con la mejora de sus características como con un cambio de mentalidad"

“No fue un error”, opina Llamas, “sabían que las pruebas no estaban validadas, se la jugaron y salió mal. Personalmente, pienso que fue una decisión acertada porque la prueba de antígeno es más precoz y, si llega a haber funcionado, habríamos salvado vidas. No funcionó porque los antígenos es la prueba más difícil de hacer”. Con el perfeccionamiento de este sistema, muchos expertos creen que ha llegado el momento de apostar por esta vía.

En cambio, la vicepresidenta de AseBio cree que la actual demanda de test de antígenos no tiene tanto que ver con la mejora de sus características como con un cambio de mentalidad con respecto a su utilidad. “En su día se desestimaron porque se comparaban con la PCR, que es infinitamente más sensible, así que se pensó que no valían para nada. Ahora, después de seis meses de experiencia, se ha aclarado el número de copias del virus que tienes que haber para que una persona pueda contagiar a terceros. Los límites ya se han establecido y no todos los positivos por PCR resultan ser infectivos”, afirma. Por eso, “a día de hoy los test rápidos han comenzado a tener valor”.

Test rápidos utilizados en India. (Foto: Reuters)
Test rápidos utilizados en India. (Foto: Reuters)

Aun así, los test rápidos no son la panacea y, según algunos expertos, no siempre podemos fiarnos de la efectividad (en cuanto a especificidad y sensibilidad) que declaran los fabricantes, muchas veces cercana al 100%. Para medirla hay que tener una referencia, el ‘gold standard’, que en este caso debería ser la PCR. Sin embargo, “a veces utilizan como ‘gold standard’ otra prueba de anticuerpos y eso no es válido, es como si voy conduciendo y para medir la velocidad utilizo como referencia el coche que llevo al lado”, denuncia Llamas. Otras veces, la referencia sí es la PCR, pero los estudios se han llevado a cabo con un número muy reducido de pacientes.

Las propuestas más innovadoras

En cualquier caso, no dejan de salir productos y propuestas. Por ejemplo, recientemente se habla mucho de las pruebas de saliva. La idea es sencilla: si el virus está en las gotitas que expulsamos, está claro que se puede detectar en la saliva. El problema es que la carga viral que se necesita para detectarla es relativamente alta. La realidad es que la PCR es “entre 100 y 1.000 más sensible que la prueba de antígenos en saliva, pero es cierto que quienes están infectados y desarrollan síntomas tienen una carga viral muy elevada y puede ser suficiente. Sin embargo, los asintomáticos con poca carga viral se podrían escapar”, apunta Llamas.

Sin embargo, el método puede ser muy útil para hacer un primer cribado que permita identificar positivos de forma rápida con un ahorro económico significativo. Es la idea de que desarrolla un grupo de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid para sus propios estudiantes, docentes y personal. Tras extraer muestras de saliva, detectan en ellas ARN del virus, es una especie de PCR simplificada llamada RT-PCR. “Nuestra idea no es usarlo como un método diagnóstico, aunque se podría usar, sino como un método de cribado de la comunidad universitaria, el objetivo es tener una herramienta para lograr una detección muy rápida para cualquier positivo que se presente”, señala el biólogo molecular José Manuel Bautista.

Si el virus está en las gotitas que expulsamos, se puede detectar en la saliva, pero la carga viral que se necesita para detectarla es relativamente alta

Para ello, juntarán grupos de 10 personas –por ejemplo, estudiantes de un grupo de prácticas o el personal de un laboratorio–, recogerán la saliva de todas y harán una sola prueba. Así, con 1.500 test cubren 15.000 individuos. Si sale positivo, les indicarán que se aíslen y, posteriormente a través de atención primaria o en la propia universidad, ya realizarán las pruebas individuales pertinentes. El coste es de cuatro euros cada prueba y, como incluye a una decena de personas, cada una sale por 0,4 euros.

EFE.
EFE.

“Nuestra idea es hacer esto periódicamente, cada semana a todo el mundo. Muchos casos que detectemos en nuestro proyecto, o que detecten en otros ámbitos por otros métodos, pueden identificarse antes de mostrar síntomas, así que tener un método rápido, altamente sensible y que pueda realizarse de forma sencilla es muy importante desde el punto de vista del control epidemiológico”, destaca Bautista. En su opinión, los test rápidos son una necesidad, “algo que tendría que haberse pensado antes”.

Algunos creen que la venta libre de test sin un control específico de las autoridades sanitarias complicaría aún más el rastreo de los casos

Otro debate es la forma de generalizar estas pruebas. A pesar de que abundan los laboratorios que se han acreditado recientemente, algunos expertos opinan que “hace falta un criterio clínico y una experiencia en la interpretación”. Por el contrario, otras voces reclaman que los test se puedan realizar en farmacias o incluso que los ciudadanos sean libres de comprar el kit en cualquier momento y hacer la prueba en su casa. El funcionamiento no deja de ser similar al de un test de embarazo.

Sin embargo, otros argumentan que la venta libre de test sin un control específico de las autoridades sanitarias complicaría aún más el rastreo de los casos, que favorecería a quienes tienen mayor poder adquisitivo o que darían una falsa sensación de seguridad que pondría en peligro el cumplimiento de otras medidas como el uso de mascarillas, la higiene de manos y la distancia social. Además, no dejan de tener una precisión muy limitada con respecto a las PCR.

Algunos cálculos indican que es más importante la frecuencia con la que se realizan los test que la fiabilidad de los mismos. Por ejemplo, un estudio (no revisado por pares) asegura que es preferible llevar a cabo una prueba poco sensible que realizar pruebas más precisas una vez cada dos semanas. Sin embargo, teniendo en cuenta que en esta enfermedad un solo caso puede generar brotes importantes, algunos expertos consideran que no se debe renunciar a la precisión y que, en todo caso, las pruebas rápidas tienen que estar respaldadas por PCR.

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