El peor foco en Europa

"Cada región va por libre": La segunda ola golpea la imagen internacional de España

Si en marzo el foco vírico y noticioso en el mundo occidental era la región italiana de Lombardía o la ciudad de Nueva York (EEUU), la atención recae ahora sobre España y su capital, Madrid

Foto: Dos jóvenes hacen ejercicio con mascarillas en Carabanchel. (Reuters)
Dos jóvenes hacen ejercicio con mascarillas en Carabanchel. (Reuters)

En pocos países el virus se ha desatado tanto como en Estados Unidos. Pero su presidente, Donald Trump, que si por algo es famoso no es precisamente por sus conocimientos de geografía internacional, está preocupado por España. "En las últimas cinco semanas los casos per cápita [...] subieron más del 300% en España, (un país) del que he estado escuchando cosas y he estado hablando con algunos de los líderes en España, y lo están pasando mal", dijo hace apenas unos días. "A España le está impactando mucho [la pandemia]", concluyó. Si el presidente de EEUU, el país con más casos de coronavirus del mundo, habla de España, es que algo va mal. Y algo de razón tiene: en la última semana, España ha superado ya a EEUU en nuevos casos diarios por cada 100.000 habitantes. De ahí que se haya vuelto el imán de titulares de la prensa internacional.

"España, el país más afectado de Europa por la segunda ola" ('Le Monde'). "Por qué España está siendo más duramente golpeada que el resto de Europa" ('Financial Times'). "Medidas ciegas" ('Sueddeutsche Zeitung'). "El coronavirus se está extendiendo más rápido en España que en EEUU" ('New York Times'). "Francia y España fallan el test del coronavirus" (Bloomberg). "Ningún país de Europa occidental se ha visto tan afectado por la pandemia de coronavirus como España" ('Spiegel'). "Los hospitales de Madrid, empujados al borde [del colapso]" ('The Guardian').

El 7 de septiembre, España alcanzó un triste récord al ser el primer país europeo en cruzar el umbral del medio millón de casos de coronavirus. Prácticamente todos los medios internacionales recogieron el hito. Estos son los titulares que dibujan, al menos en las fronteras exteriores, la segunda ola del coronavirus en España. Si en marzo el foco vírico y noticioso en el mundo occidental era Italia, Lombardía o Nueva York, ahora es España y Madrid. Esos son los titulares que, imaginamos, leen Trump y su equipo.

"La imagen de España sufrió un duro golpe con la última crisis y ha sufrido uno aún peor en esta. España llevaba mucho tiempo tratando de quitarse de encima estereotipos sobre su ineficiencia, imprevisión y cultura de la chapuza", asevera a este periódico David Jiménez, periodista español que publica columnas en el 'New York Times' y el autor del polémico artículo "En España, la vida nocturna es más importante que las escuelas". No fue el único: gran parte de la prensa internacional ha achacado la vertiginosa segunda ola a los botellones ('Le Monde' hizo especial hincapié) o a la rápida reapertura de bares, restaurantes y discotecas en espacios cerrados (medidas que en otros países no se han dado o se retrasaron más) en la desescalada.

El cambio de percepción ha sido rápido. Cuando a finales de julio el Gobierno de Boris Johnson en Reino Unido impuso una cuarentena de 14 días a todos los viajeros que vinieran de España, la decisión se recibió como un escándalo tanto por la prensa como por los propios políticos británicos, que criticaron "el caos" de la medida, un ejemplo más de la "desnortada gestión" de Johnson en un momento en el que muchas partes de España "estaban mejor que Reino Unido". Es difícil imaginar que hoy día se hubiera levantado tanta polvareda si el gobierno de Johnson impusiera restricciones semejantes, pues ya las han impuesto otros muchos países de la Unión Europea contra los viajeros que vienen de España.

Fallos a través de los ojos extranjeros

Ante esta situación, la gran pregunta es: ¿qué hemos hecho mal en comparación al resto de países? "La gestión española me ha parecido desigual en el tiempo", explica Michael Reid, corresponsal de 'The Economist' en España. "El confinamiento empezó unos días tarde. Después, el acatamiento social fue admirable y el presidente mostró un liderazgo importante. Claramente en el desconfinamiento hubo un descuido grande, con un relajamiento demasiado rápido de normas de ocio y hostelería, combinado con insuficiente preparación (rastreadores, etc.) y coordinación entre niveles de gobierno".

"Haber hecho un confinamiento tan duro ha sido contraproductivo. España fue el único país de Europa donde no se podía salir ni una hora y castigó a sus niños sin salir", opina por su parte Henry de Laguérie, corresponsal en España para la cadena francófona Europe 1. "Además, desde el principio se ha puesto todo el foco en la ciudadanía. Quizá se ha tapado una mala gestión. Es evidente que la ciudadanía tiene que ser responsable en la lucha contra el virus, pero esto no exime de responsabilidades políticas".

Gente en el barrio de Usera, Madrid. (Reuters)
Gente en el barrio de Usera, Madrid. (Reuters)

Además de un rápido desconfinamiento, el "efecto rebote" o achacar al ocio nocturno la nueva oleada de contagios y los problemas de gestión, los corresponsales extranjeros que residen en España y conocen el sistema administrativo del país han hecho hincapié en la peculiaridad española de que son las comunidades, no el gobierno central, quienes tienen las competencias claves en la pandemia. Con el levantamiento del estado de alarma y la culminación de las fases de desconfinamiento en las comunidades, a quienes se devolvió las competencias en Sanidad, el Gobierno central, apuntan corresponsales consultados, desapareció. Algo que sorprende al público internacional.

Esa "desaparición" del Gobierno en la gestión de esta segunda oleada de coronavirus ha pasado cierta factura. Bloomberg, una de las principales agencias de noticias internacionales, reflejó la situación en varios artículos al respecto: "Su ausencia generó la impresión de que el gobierno no tenía timón en un momento en que las tasas de infección por coronavirus aumentaban a un ritmo más rápido que en cualquier otro lugar de Europa. La lucha de España para contener el resurgimiento de la pandemia se ha visto complicada por la práctica de delegar autoridad. La política de salud suele estar gestionada por los 17 gobiernos regionales, y la administración central de Madrid se limita a una función de coordinación flexible".

"Un cálculo equivocado"

"Después de haber aparecido hasta demasiado durante el estado de alarma, Pedro Sánchez simplemente desapareció de la gestión de la pandemia, primero celebrando el fondo europeo y luego tomando vacaciones (a lo que tiene derecho, claro). Me pareció un cálculo equivocado de la Moncloa pensar que los españoles echarían toda la culpa por los rebrotes a las Comunidades Autónomas”, asevera Reid.

Sin embargo, ese cálculo que podría ser quizá efectivo a nivel interno, es poco probable que venda a nivel internacional, donde los medios de comunicación y el público desconocen las particularidades de la organización territorial española y sus competencias. Al final, la imagen es la de España como foco del coronavirus en la Europa occidental. Y puede dar igual, como ocurrió en julio con los casos acumulados de Canarias o Baleares mucho más bajos que los de Reino Unido, que la situación epidemiológica de Asturias esté bien mientras "el virus es rampante en Madrid" ('Der Spiegel', Alemania).

"Mi sensación es que España es como la Unión Europea, que cada comunidad autónoma va por libre. No es un modelo federal completo como Alemania ni un modelo centralista completo como Francia", comenta por su parte De Laguérie.

La pandemia ha puesto en cuestión todos los sistemas sanitarios del mundo. Esta globalidad es lo que puede amortiguar la imagen de España

"Los medios de comunicación reflejan los datos de contagios en términos informativos, otra cosa es el ámbito de la opinión. El Gobierno de España está haciendo un esfuerzo notable de comunicación por explicar lo que se está haciendo, las decisiones y medidas que se adoptan en cada momento", defienden fuentes desde el Ministerio de Exteriores y España Global a este periódico. Aun así, están "muy atentos" del posible peligro para la imagen de España. "Hay que tener en cuenta que la pandemia sucede en todos los países, no solo en España. De hecho, este proceso de pandemia ha puesto en cuestión todos los sistemas sanitarios del mundo. Este proceso de comparación y de globalidad es lo que puede amortiguar un posible impacto", afirman.

La imagen exterior de España, de hecho, salió relativamente bien parada de la primera oleada del coronavirus, según la encuesta Country RepTrak 2020 realizada por el Real Instituto Elcano junto al Reputation Institute, elaborada con 33.000 entrevistas en 122 países el pasado marzo. Según esta encuesta, España había conseguido mantener estable su imagen de país. Entonces, España iba siempre detrás de Italia y pronto Nueva York la adelantó en casos y mortalidad.

Sin embargo, no es la misma situación en la segunda ola: "Si Italia fue el presagio de la primera ola en Europa, España es el presagio de la segunda" ('The New York Times'), "España, pillada con la guardia baja en el resurgir del virus" ('Wall Street Journal'). Ahora, es Madrid (y España) la curva que se pone de referencia como "el ejemplo negativo". Incluso con Nueva York, antiguo epicentro de la pandemia y que parece haber logrado controlar los caballos de la segunda oleada.

La clave puede ser aquí si España ha sido solo "el canario en la mina" de las segundas olas en Europa occidental, es decir, si pronto se contagiarán a otros países. El ministro de Sanidad en Reino Unido ya ha declarado que observan con precaución el caso de España como predicción de lo que puede suceder en las próximas semanas en Reino Unido, y Francia también está sufriendo un pico de contagios. Si una segunda ola con fuertes rebrotes y un regreso a imágenes de servicios sanitarios y hospitales saturados es global y generalizada, la imagen de España no quedará como "el mal ejemplo".

En la gestión de la primera ola, España se unió al club de países extremadamente polarizados que gestionaron de forma muy deficiente la primera ola. Con los casos de Brasil, Estados Unidos y Reino Unido, analistas como David Jiménez sostienen que existe una correlación entre el enconamiento político y la mala gestión de una pandemia en la que tanto gobierno como oposición han pugnado por cargar los muertos al adversario en lugar de rendir cuentas por los errores cometidos y aprender la lección de cara a futuros rebrotes.

"Lo más grave para mí ha sido ver como, al igual que en el 11-M, las dos Españas se pegaban sobre los cadáveres de las víctimas", asegura Jiménez. "Somos un país ideológicamente enfermo y eso permite a nuestros políticos salir indemnes de su incompetencia. Al revés: pueden permitirse ser unos incompetentes porque saben que su gestión no tendrá consecuencias políticas o electorales, menos aún en una sociedad tan polarizada como esta. Y esa esa una gran diferencia con países de nuestro entorno, donde el concepto de responsabilidad política está arraigado".

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