DESPUÉS DEL EFECTO COSECHA

El exceso de mortalidad es otra vez mayor de lo que reflejan las cifras del covid

Los datos muestran un repunte de las muertes no atribuibles ni al coronavirus ni al calor. Varias hipótesis explican esta distorsión, desde la falta de asistencia hasta las secuelas del covid

Foto: Foto: EFE/Ángel Medina G.
Foto: EFE/Ángel Medina G.
Adelantado en

Nunca antes había visto España un exceso en mortalidad parecido al de marzo y abril. Las razones son obvias: los registros no esperaban encontrarse con una pandemia de un impacto tan letal, en la que al menos alrededor de 28.000 personas fallecieron por covid. Si atendemos a los datos del exceso de mortalidad, nos encontraremos con cifras muy superiores (al menos, 48.000) que muestran un impacto mucho mayor, lo que se ha convertido en un terreno de lucha política entre los datos del Gobierno y las estimaciones obtenidas de sistemas como MoMo, el sistema de vigilancia de la mortalidad diaria, esgrimidas por partidos como el PP.

No obstante, tras dejar atrás esa época y atendiendo a los datos de la estadística experimental del INE, a lo largo de este verano parece haberse producido un extraño y de nuevo inesperado aumento de las muertes, por encima de la media de los últimos cinco años. Entre el 29 de junio y el 31 de agosto, el exceso de mortalidad respecto a la media de otros años es de alrededor de 5.526 personas. Sin embargo, el número de muertes por covid reportadas por el Ministerio de Sanidad durante ese periodo es muy inferior, alrededor de 1.010 muertes: 113 en julio y 877 en agosto, sin contar las 967 de septiembre. Un exceso que se localiza ante todo entre mujeres de más de 75 y hombres de más de 70 años.

Lo lógico sería atribuir todas esas muertes de más al calor, que cada verano produce un aumento del número de fallecimientos entre la población más vulnerable. De hecho, la subida notable se produce el 27 de julio, cuando comenzó la primera ola de calor. Sin embargo, atendiendo a los datos proporcionados por MoMocalor —la vigilancia de la mortalidad asociada al exceso de temperatura—, los números son muy inferiores. En total, e incluyendo también el mes de junio y lo que llevamos de septiembre, alrededor de esas 1.944 muertes son achacables al calor. Teniendo en cuenta factores como la reducción de los accidentes de tráfico, sigue figurando en la estadística un número elevado de muertes sin origen claro.

En resumidas cuentas, ¿qué ha pasado con todas esas personas que no han muerto por covid ni por calor, pero que a pesar de todo ello han muerto aunque no deberían haberlo hecho?

Una distorsión continua y sin fin

La gran pregunta, sin respuesta concluyente por ahora (y probablemente hasta que se obtengan los datos consolidados en 2021, cuando el INE publique sus estadísticas de fallecimientos) es hasta qué punto esas muertes son causa directa del covid y cuántas indirectas, lo que incluye un amplio grupo de hipótesis que señalan hacia los efectos colaterales de la pandemia.

"¿La saturación en Atención Primaria puede provocar que gente no sea atendida en su momento? Lo dudo"

Como explica el epidemiólogo Joan Caylà, quien fuera jefe del servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, gran parte del desfase entre el MoMo o la estadística consolidada del INE y los datos de Sanidad durante los primeros meses se debe a que en la definición en España de muerte por covid solo entraban aquellos que habían dado positivo en PCR, mientras que la OMS animaba a cuantificar todo fallecimiento compatible “con un caso probable o confirmado”, salvo causas alternativas de muerte obvias, como un traumatismo.

“Ahora será más fácil que no se escapen esos casos, porque hay mucha más disponibilidad de PCR que entonces”, recuerda el epidemiólogo. En su opinión, la explicación a las cifras que bailan es “multicausal”. Al observar los datos, Caylà recuerda que las pequeñas variaciones iniciales entran “dentro del intervalo de confianza”, aunque aumentan de forma más significativa a finales de verano.

Todos los caminos suelen conducir a la misma interpretación una vez el recuento de casos parece controlado: la posible 'desatención médica' a causa del colapso del sistema, que afecta a todas aquellas personas necesitadas de tratamientos tanto inmediatos como a medio plazo. Coincide Fernando González Candelas, catedrático de Genética de la Universidad de Valencia, que recuerda que aún es pronto para establecer con precisión ese aumento de mortalidad, pues los registros, de donde se obtienen las causas de fallecimiento, son lentos: “Cabe suponer que buena parte de esa mortalidad diferencial en aumento sea consecuencia indirecta del covid, por complicaciones de otros procesos que no se han atendido a su debido tiempo, el miedo a personarse en centros hospitalarios durante las peores etapas de la pandemia que agrava otras patologías, etc.”.

Foto: Epa/Martin Divisek.
Foto: Epa/Martin Divisek.

Sin embargo, son meras suposiciones (razonables), por lo que los especialistas consultados prefieren ser cautos. El médico Vicente Baos reconoce directamente que no sabe a qué se puede deber, y descarta que sea por una falta de atención: “¿La saturación en Atención Primaria puede provocar que gente no sea atendida en su momento? Lo dudo, porque a cualquier paciente que ha reclamado atención tanto en domicilio o en presencia se le atiende, y no es la situación de marzo. En los hospitales igual, no es el miedo de marzo. No hay una relación fácil, como en marzo y abril”.

Después del efecto cosecha

Lo llamativo de este aparente aumento es que aparece después de otro sorprendente descenso en el número de muertes esperadas, que se produjo durante las últimas semanas de mayo y las primeras de junio. La diferencia negativa fue de unas 3.500 muertes, lo que se explica por el conocido efecto cosecha ('harvesting effect'), que provoca que algunas de las personas que deberían haber muerto durante esos meses lo hiciesen antes, lo que provoca un 'adelantamiento' estadístico.

"El covid nos está complicando la vida mucho, de forma directa e indirecta, en forma de patologías sin tratar o cuyo tratamiento se retrasa"

Es un efecto identificado habitualmente en los años con una gripe particularmente letal, recuerda Caylà, como ocurrió en 2009. De hecho, el sistema de medición del impacto de calor se introdujo después de la letal ola de 2003, cuando la mortalidad creció un 15%. Un exceso de muertes de entre 22.000 y 70.000 personas solo en Europa, como recordó un tal Fernando Simón en un artículo científico.

El efecto producido en los siguientes meses es el opuesto: una vez superada esa trágica época de bonanza —que no es más que el reflejo de que muchas personas ancianas perdieron sus últimos meses de vida—, es posible que nos encontremos ante otra cosecha más lenta y silenciosa. La que deja poco a poco la desatención de otras enfermedades, el retraso en los diagnósticos, la ausencia de visitas médicas a ancianos o el debilitamiento de la Atención Primaria. Una serie de problemas que cristalizan en la historia de Olatz Vázquez, diagnosticada de cáncer gástrico con metástasis abdominal con retraso.

Como recuerda Caylà, “el covid nos está complicando la vida mucho, de forma directa e indirecta”. Desde la Atención Primaria hasta los hospitales, pasando por los sistemas de Salud Pública, el progresivo desgaste y la concentración de esfuerzos en covid pueden provocar una acumulación de muertes indirectas de dimensiones difíciles de cuantificar.

Una pandemia de nueve millones de personas

Un problema a la hora de cuantificar el impacto que el covid ha tenido en otras enfermedades es la escasez de información. Las sociedades médicas a las que ha consultado este periódico carecen de datos tan recientes. Es uno de los vacíos estadísticos que lamenta Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), que integra más de 1.400 asociaciones de pacientes.

"Hay una pandemia paralela de nueve millones de personas, la de los enfermos crónicos, a los que se añadirán los enfermos de covid con secuelas"

“El ministerio, que tiene los medidores de actividad de pruebas, sabe que la actividad se ha parado, y queremos que afloren los datos de ese parón”, explica a El Confidencial. A la desatención de los meses del confinamiento hay que unir la cantidad de personas que sufrieron síntomas de ictus o infarto y que no buscaron asistencia médica. Escobar, población de riesgo que necesita hemodiálisis, explica que en su caso han calculado alrededor de 600 fallecidos por esta causa, y lamenta que aún no se hayan preparado espacios libres de covid. “Si no voy porque tengo miedo, mi situación va a empeorar mucho”.

Para la presidenta, se trata de “una pandemia paralela de nueve millones de personas”, los enfermos crónicos que existen en España y a los que habrá que añadir todos aquellos que sufren las secuelas del coronavirus. Ese es otro factor que se puede encontrar detrás del aumento de muertes: el efecto de la enfermedad en otras patologías previas que pueden acelerar el deceso del contagiado que ya ha superado el covid y que no sería contabilizado en dicha estadística.

Según el 'Estudio del impacto del covid en las personas con enfermedades crónicas', publicado por la POP este verano, alrededor de un 69% de pacientes crónicos sufrió la cancelación de consultas programadas, y del 31% restante, un 66,5% las vio aplazadas. Otras dificultades reportadas fueron la suspensión o el aplazamiento de la rehabilitación o el acceso a las medicinas. Resulta razonable pensar que tres o cuatro meses después, todos esos factores pueden estar comenzando a impactar en la mortalidad, especialmente en enfermedades cardiovasculares, hepáticas, renales o cánceres.

Foto: EFE/Enric Fontcuberta.
Foto: EFE/Enric Fontcuberta.

La Sociedad Española de Neurología, por ejemplo, advirtió ya en los primeros compases de la crisis de que el número de ingresos por ictus se había reducido durante marzo alrededor de un tercio respecto al mismo mes del año anterior. La ausencia de atención inmediata no provoca únicamente una muerte a corto plazo, sino que las secuelas pueden ser letales en el medio plazo.

Algo semejante mostraba un estudio publicado por la Sociedad Española de Cardiología esta misma semana, que revelaba que se produjo una reducción de un 40% en el tratamiento de infartos entre el 24 de febrero y el 1 de marzo. “Los resultados indican que el covid-19 ha tenido un tremendo impacto sobre la mortalidad aguda por infarto”, señala el doctor Oriol Rodríguez, primer autor del estudio.

“En concreto, la mortalidad hospitalaria por esta causa prácticamente se ha doblado durante la pandemia frente al periodo previo”. El número de pacientes atendidos por sospecha de infarto se redujo en un primer momento un 40%. Semanas después, aún seguía siendo de un 28%. Pero, al igual que ocurre con las enfermedades neurológicas, el impacto en el tiempo de tratamiento no tiene influencia únicamente en el corto plazo, sino también en el medio. Son enfermedades tiempo-dependientes en las cuales unos minutos pueden ser clave.

“¿Es posible? Sí. ¿Es probable? Sí, pero no tenemos datos que nos permitan cuantificarlo, ni siquiera confirmarlo”

Como explica el investigador a El Confidencial, “es difícil establecer una relación de causalidad directa. Es posible que como consecuencia de estos retrasos o incluso de estos pacientes que tuvieron un infarto y no acudieron al sistema sanitario, pueda haber un aumento de fallecimientos”. Una vez más, el problema son los datos concretos. “¿Es posible? Sí. ¿Es probable? Sí, pero no tenemos datos que nos permitan cuantificarlo, ni siquiera confirmarlo, y los médicos no podemos trabajar solo con intuiciones. Lo que sí sabemos es que cuando una persona tiene un infarto, el tratamiento o la administración de tratamientos son efectivos en mejorar la supervivencia a corto, medio o largo plazo, por lo que es necesario buscar asistencia”. Ni siquiera con los datos del INE tendremos una respuesta concluyente, recuerda, pues no es sencillo catalogar las causas de mortalidad.

Una mujer sola

El presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Álvaro Rodríguez-Lescure, estimaba a comienzos de este verano que se ha diagnosticado alrededor de un 35% menos de casos de cáncer en toda España durante los meses del confinamiento. 'Grosso modo', pueden ser entre 18.000 y 20.000. “Si no haces TAC, lo que tienes es un alto porcentaje de personas que van a ser diagnosticadas tarde y van a fallecer”, recuerda Escobar. El siguiente gráfico muestra el impacto que puede tener un sencillo retraso en el diagnóstico de cáncer:

La soledad ocasionada durante el confinamiento puede ser otro factor clave, y no únicamente por el número de suicidios, que aún está por conocerse, sino también por la atención médica. Como explica Escobar, compartir el día a día es una medida de protección que, por ejemplo, lleva a más personas a buscar asistencia médica que si viviesen solas.

Según el dato del MoMo, el exceso de muertes durante este periodo es superior entre mujeres (10%) que en hombres (8%). Un dato consistente con el trabajo del POP, que recordaba que mientras que tres de cada cuatro mujeres indicaban que su salud había empeorado debido a la situación, el porcentaje era entre hombres de uno de cada cinco. Como contó El Confidencial al comienzo del confinamiento, el perfil de la persona que vive sola en España es el de una mujer mayor de 65 y probablemente viuda. El mismo perfil de las personas que no deberían haber muerto este verano, pero lo han hecho.

España

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios