OLATZ, 26 AÑOS

En primera persona | “Me han diagnosticado tarde cáncer por culpa del covid”

A Olatz le dijeron que tenía tumores malignos en el estómago durante la pandemia. Le habían retrasado la cita de marzo porque su caso "no era urgente"

Foto: Olatz, después de raparse el pelo tras la quimioterapia. (Foto cedida)
Olatz, después de raparse el pelo tras la quimioterapia. (Foto cedida)

Me llamo Olatz Vázquez, tengo 26 años y el pasado 9 de junio me diagnosticaron cáncer gástrico con metástasis abdominal.

Empecé con molestias hace un año y medio. Al principio, eran digestiones pesadas que se fueron complicando con dolores abdominales. No me encontraba bien, pero varios médicos me dijeron que no me preocupase. Lo achacaron a posibles gases, a la regla... y me recetaron mil pastillas. También me mandaron una prueba de aliento para la que nunca me llamaron.

Pasaron las semanas y yo seguía sin encontrarme bien. Intenté llevar una vida normal y me quité de algunos alimentos como el gluten, por si era eso lo que me sentaba mal... Tuve dos episodios muy fuertes de dolores en los que acabé en Urgencias. Literalmente, me doblaba de dolor, pero me ponían paracetamol en vena, descartaban la apendicitis y me mandaban de vuelta a casa.

Me encontraba cada vez más cansada, me fatigaba en seguida y lloraba mucho. Estaba muy triste. Empecé a pensar que en el centro de salud no me hacían caso porque era desplazada en Madrid, así que en un viaje a Euskadi, de donde soy, pedí una analítica y me salió que tenía anemia y la B12 baja. Me recetaron hierro y ya está.

Cuando se decretó el estado de alarma, lo primero que pensé fue que me iban a posponer la cita

En febrero, ya no pude más. Llegaba a casa de la productora donde trabajo a las siete de la tarde y me metía directamente en la cama. Pedí la baja y me vine a Euskadi. Me mandaron una gastroscopia para el 22 de abril, dos meses después. A mí me parecía mucho tiempo, pero como me volvieron a decir que no era grave y era joven, lo dejé estar. Al final, ellos son médicos y te fías.

Olatz ha decidido documentar en fotos su experiencia con el cáncer.
Olatz ha decidido documentar en fotos su experiencia con el cáncer.

Cuando se decretó el estado de alarma, lo primero que pensé fue que me iban a posponer la cita. Así fue, a los días me llamaron para decirme que la pasaban a junio. Les pido que por favor lo revisen, que llevo mucho tiempo así, pero ya solo hacen pruebas urgentes por la alerta sanitaria y la mía no lo es. Textualmente, me dicen que no tengo nada grave, que han visto mi historial y está todo bien. Que seguramente sea una celiaquía.

Me mantienen la cita de junio, pero tuve que volver a Urgencias porque me mareaba. Había perdido ya cinco kilos, comiendo normal. Doy con un médico un poco más implicado que me hace una ecografía y un TAC. Dice que tengo una enfermedad pélvica inflamatoria y me derivan a la ginecóloga tres días más tarde, quien me asegura que no lo es. Además, es una enfermedad de transmisión sexual y yo llevaba tres meses sin ver a mi pareja porque estaba en otra comunidad, no podía ser.

Al día siguiente es 9 de junio, el día de la gastroscopia. Cuando me despierto, me dicen que van a hacerme otro TAC. No entiendo por qué y al subirme a planta veo a mis padres en la sala de espera llorando… Me llevan a una sala y me explican que han encontrado úlceras tumorizadas y no tienen buen aspecto. Le pregunto al médico si es cáncer, pero me contesta que hay que esperar. Le digo que me aseguraron que no era grave, pero baja la cabeza.

Salí de la consulta y me tiré al suelo. Me puse a llorar de rabia, de impotencia. No me lo podía creer…

A la semana siguiente, me confirman el diagnóstico: es maligno y hay que meterme a quirófano para ver si me lo pueden extirpar, pero ya es demasiado tarde. Ha habido metástasis y me mandan a oncología.

La primera consulta de quimioterapia fue horrible. Normalmente, te acompañan voluntarios de la Asociación Contra el Cáncer, pero ya no pueden estar presentes por el protocolo del covid. Tampoco los familiares. No hubo nadie que me orientase ni me dijese dónde tenía que ir, ni qué me estaban poniendo, qué iba a sentir… De eso se encargan ahora las auxiliares, pero claro, no dan abasto. Estuve ocho horas en el sillón sola, llorando, sin nadie cercano.

Tengo una burbuja de personas que se cuidan mucho, a las que veo más porque no coinciden con más gente

El mes del diagnóstico fue el más duro, ahora lo he aceptado más, aunque es difícil tener una enfermedad así en medio de la pandemia. No puedo estar con mis seres queridos, ni darles besos ni abrazos.

Echo de menos dar abrazos. A mis amigas no las he visto todavía, porque han estado de vacaciones y en contacto con más gente. Es normal, y entienden mi miedo a contagiarme, porque para mí podría ser fatal. Por suerte, tengo una burbuja de personas que se cuidan mucho, a las que veo más porque no coinciden con más gente. Fuera de ese círculo, no tengo relación con nadie.

Autorretrato de Olatz. (Cedida)
Autorretrato de Olatz. (Cedida)

Intento verlo de manera positiva, y sobre todo estar distraída. Siempre me ha gustado mucho la fotografía, así que estoy documentando toda la enfermedad tanto para visibilizarla como para aceptarme y afrontarlo de otra manera.

Todavía estoy valorando si tomar medidas por posible negligencia, pero es complicado en medio de una alerta sanitaria. He pedido el traslado al Vall d’Hebron, donde hay una unidad especializada en cáncer gástrico. Nadie me ha prometido que me vaya a curar, aunque no me lo han puesto tan negro porque no hay órganos afectados, así que tengo esperanza.

He decidido contarlo porque creo que hay más víctimas de la crisis que las contagiadas por el covid. Han sido muchos errores, pero si me hubiesen hecho la prueba en marzo, cuando tenía la cita, no habría avanzado tanto la enfermedad. Son meses en los que el tumor anduvo a sus anchas, pero ahora estoy concentrada en luchar y salir adelante.

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