LA POBLACIÓN MÁS VULNERABLE

La España confinada: 4,7 millones pasarán la cuarentena solos, casi la mitad son ancianos

El decreto de estado de alarma publicado la pasada medianoche del sábado obligará a que alrededor de 46,6 millones de personas, el número de españoles censados

Foto: Foto: Efe/Mariscal.
Foto: Efe/Mariscal.

El decreto de estado de alarma publicado la pasada medianoche del sábado obligará a que alrededor de 46,6 millones de personas, el número de españoles censados se queden en sus casas durante al menos quince días. Tan solo hay pequeñas excepciones que permiten abandonar temporalmente el domicilio, como acudir a trabajar o a una tienda de alimentación para adquirir provisiones. Eso sí, siempre de forma individual: incluso en ese caso, toda socialización está reducida al mínimo.

No es una situación fácil ni deseable psicológicamente, ni todas las personas serán capaces de enfrentarse a ella de la misma manera. Dejando a un lado las variables individuales, no todas esas 46,6 millones de personas van a pasar el período de confinamiento en la misma situación ni contarán con los mismos apoyos humanos. Quien está solo, estará más solo, en definitiva.

Alrededor de un 10% de los españoles (un 26% de los hogares) vive solo, según los datos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que ofrece una mirada interesante a las condiciones de vida de los españoles.

Casi la mitad de los hogares unipersonales están formados por mayores de 65 años viudos

Una cifra que no ha hecho más que aumentar en los últimos años, y que se junta con otro factor agravante: la población española está cada vez más envejecida, por lo que muchos de aquellos que están obligados a confinarse solos son ancianos con distintos grados de fragilidad y patologías. No solo eso, sino que también son los que más dificultades tienen para acceder a la tecnología que les permita mantenerse en contacto con familiares y amigos. Una tormenta perfecta sociodemográfica en la que los datos ocultan no pocas tragedias personales que tal vez solo conozcamos una vez el confinamiento concluya.

De las alrededor de 4.732.000 personas que viven solas en España, casi la mitad (un 43,1%) tienen más de 65 años. 850.000 tienen más de 80 años de las cuales, 662.000 son mujeres. Es decir, forman parte del grupo de riesgo para el coronavirus que debe extremar las precauciones durante este período. De los más de 18 millones de hogares que existen en nuestro país, 2.037.000 están formados por ancianos que viven solos y que, durante estos días, van a verse obligados a pasar la mayor parte del día en soledad, sin ver a sus seres queridos.

De ellos, un gran número son viudos y viudas: 1.486.800 perdieron a sus parejas, de los cuales 1.358.000 tienen 65 años o más. La mayoría son mujeres: 1.109.000 viudas frente a 248 viudos. También abundan los hogares de solteros. Entre los mayores de 65, 179.000 son solteras y 159.000 solteros.

El perfil de la persona que vive sola en España es el de la mujer mayor de 65 años y muy probablemente viuda. “Que una de cada tres mujeres mayores de 65 años viva sola en una ciudad de más de 500.000 habitantes, pone de manifiesto que la residencia en solitario es un tema fundamentalmente femenino y urbano”, explicaban Cristina López Villanueva e Isabel Pujadas Rubíes de la Universidad de Barcelona en ‘Vivir solo en España. Evolución y características de los hogares unipersonales en la vejez”.

El problema no es únicamente la soledad, sino las características de esos domicilios donde las personas mayores deberán quedarse confinadas. “Si se tiene en cuenta la antigüedad del parque de viviendas de estas ciudades españolas -que afecta directamente a las condiciones de mantenimiento y accesibilidad de las mismas- y las redes comunitarias normalmente más débiles en municipios muy populosos, la situación de las personas que viven solas en las grandes ciudades puede conllevar una vulnerabilidad mayor que la que encontramos en áreas intermedias o rurales”.

La soledad, por comunidades

Cuanto mayores son los municipios de una comunidad, mayor es el número de personas que viven solas. Madrid, donde antes comenzó la crisis y donde mayor ha sido el impacto tanto en número de contagios como de muertes, es en términos absolutos la comunidad en la que más personas viven solas, seguida por Barcelona, Valencia, Alicante, Sevilla y Málaga.

Pero no se trata únicamente, como cabría pensar, de los centros de las grandes ciudades, que por una cuestión demográfica suelen estar más envejecidos que los barrios residenciales. Durante los últimos años, han sido cada vez más los ancianos que se han mudado a la periferia urbana.

“La concentración de hogares unipersonales de mayores en las grandes ciudades como Barcelona o Madrid se desplaza hacia los barrios periféricos que crecieron con el peso de la inmigración de los años sesenta, envejecidos y con escasa renovación demográfica”, señala el texto de López Villanueva y Pujadas.

Pueblos pequeños y grandes ciudades concentran la soledad española

“En 2011 la ciudad de Madrid duplicaba el porcentaje de población residente en hogares de una sola persona, 11,92%, frente al 6,30% del resto de la comunidad de Madrid”, explicaban las autoras en otro trabajo. “En Barcelona la proporción de personas que vivían solas era de 12,29% frente 8,87% del resto de la región metropolitana de Barcelona”. Son los jóvenes y adultos los que cada vez con mayor frecuencia viven en el centro de las grandes ciudades mientras que los mayores se concentran cada vez más en “espacios periféricos suburbanos”.

Otro dato llamativo es la diferencia que existe entre el porcentaje de hogares unipersonales según el tamaño del municipio: es en los extremos, es decir, en los pueblos más pequeños y en las ciudades más grandes, donde más ancianos viven solos. “En los municipios menores de 100 habitantes, los hogares unipersonales representan el 37,38% del total, y en los de 100 a 500 habitantes, el 30,34%; la proporción va descendiendo a medida que aumenta el tamaño de la población”, señala el análisis.

Más de 4,6 millones de personas viven en casas que no reúnen las condiciones de habitabilidad, salubridad, adecuación suficiente

Es a partir de los más de 20.000 habitantes cuando el porcentaje de los hogares unipersonales comienza a ascender. Si bien sigue siendo en el entorno rural donde esta clase de hogares son más frecuentes, a partir de 500.000 vecinos –para entendernos, Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza y Málaga– la cifra aumenta sensiblemente. Pueblos pequeños y grandes capitales concentran la soledad española.

El tamaño (del hogar) importa

Vivir solo o acompañado no es el único factor que tiene una gran influencia tanto en la salud mental de las personas como en su capacidad para sobreponerse a la situación, sino también el tamaño de los inmuebles en los que viven. En España hay alrededor de 182.000 hogares en los que viven solo una persona y que disponen de menos de tres habitaciones (contando aseos y cocina).

Son, afortunadamente, la excepción en el urbanismo español. Hay 4.020.000 hogares unipersonales donde hay entre tres y seis habitaciones, el tipo de inmueble más habitual en España. La cifra vuelve a descender hasta los 502.000 hogares entre los domicilios con siete habitaciones o más.

Además, la situación de infravivienda es habitual en España. Como recuerda la Asociación Provivienda a El Confidencial, "según el último informe FOESSA más de 4,6 millones de personas viven en casas que no reúnen las condiciones de habitabilidad, salubridad, adecuación suficiente, pero no pueden permitirse cambiarse". Según la Encuesta de Condiciones de Vida de Eurostat, el 4,7% de la población vive en situación de hacinamiento. El 4,9%, en falta de luz natural, vivienda oscura. El 15,9% sufre problemas de goteras y humedades importantes. El 22,5% de las personas vulnerables viven en situación de hacinamiento frente al 3,4% de la población general.

Como recordaba el informe ‘Cuando la casa te enferma’, “vivir solo no significa siempre estar solo o socialmente aislado, pero en el contexto de las personas que hemos entrevistado, que se encuentran en exclusión social, las redes sociales existentes suelen ser más escasas y frágiles”. Unas redes que corren el riesgo de deshilacharse a medida que el tiempo pase. O, esperemos, que se refuerce ante la solidaridad compartida.
España

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