entrevista a Marc Lipsitch

El epidemiólogo de Harvard que avisa de un contagio masivo: "Se ha politizado el covid"

Marc Lipsitch, catedrático de epidemiología en la Universidad de Harvard, predijo en febrero de este año que hasta el 70% de la población mundial podría contagiarse. ¿Ocurrirá?

Foto: Marc Lipsitch, catedrático de epidemiología en la Universidad de Harvard. (Harvard Crimson)
Marc Lipsitch, catedrático de epidemiología en la Universidad de Harvard. (Harvard Crimson)
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Marc Lipsitch, catedrático de epidemiología en la Universidad de Harvard, ha dedicado su carrera a entender la propagación de las enfermedades infecciosas usando modelos matemáticos. A principios de febrero de este año, empezó a encontrar patrones alarmantes de contagio y mortalidad asociados al covid-19 y fue una de las primeras voces autorizadas que avisaron de una pandemia inminente. No solo eso, fue uno de los primeros en predecir a comienzos de año que hasta el 70% de la población mundial podría llegar a contagiarse de coronavirus y, más importante, que el virus no podría ser contenido al menos en dos años. Desde entonces, Marc es uno de los científicos más consultados por la prensa estadounidense sobre el covid-19.

PREGUNTA. En 2019, la Universidad Johns Hopkins y 'The Economist' publicaron un índice de seguridad sanitaria global que clasificó EEUU y Reino Unido como los países mejor preparados para una epidemia. China no entró en el 'top 50', ni Nueva Zelanda en el 'top 30'. La evolución del covid-19 contrasta radicalmente con estas predicciones. ¿Cómo ha cambiado el covid-19 nuestra comprensión de lo que significa estar preparado para una epidemia?

RESPUESTA. La pandemia ha demostrado que el liderazgo, a nivel nacional y subnacional, puede pesar más que los dispositivos sistémicos. Esto no significa que sea suficiente tener un buen liderazgo. Un país sin infraestructura seguirá sin estar preparado. Pero donde hay capacidad sistémica, el nivel de liderazgo, tanto en términos de respeto por la ciencia y la salud pública como disciplinas valiosas, como en términos de planificación estratégica y coordinación, puede anular todas las demás consideraciones. Así, Estados Unidos no tenía un plan y la respuesta ha sido más táctica que estratégica a nivel nacional. A partir de ahora, creo que los índices de preparación deben tener en cuenta no solo las características del país sino también las de su Administración.

P. La OMS ha sido criticada por responder demasiado despacio a la crisis del covid-19. Por ejemplo, tardó hasta junio en recomendar el uso de mascarillas en público. En su defensa, la OMS argumenta que solo debería cambiar sus pautas cuando exista evidencia abrumadora. ¿Está de acuerdo con ese punto de vista?

R. No comparto esa opinión. Frente a las epidemias de enfermedades infecciosas, donde la acción temprana importa mucho, el criterio debe ser la existencia de evidencia que sugiera un beneficio y ninguna desventaja importante al adoptar una medida determinada. Por lo tanto, yo diría que la evidencia puede favorecer la acción incluso si no es concluyente. Un ejemplo son los confinamientos preventivos en el mes de marzo. La evidencia sugería que podían retrasar la crisis por venir, y así fue. Aunque los daños colaterales no fueron menores, los confinamientos mitigaron la primera ola. Fue un ejemplo de que, cuando apenas hay tiempo de reacción, puede ser razonable adoptar medidas rápidas antes de conocer todos los detalles y todos los datos que nos gustaría tener. Necesitamos un enfoque más analítico de la toma de decisiones, que incluya la solidez de la evidencia científica, pero no se limite a ella.

Marc Lipsitch.
Marc Lipsitch.

P. En los últimos meses, hemos visto una explosión de artículos sobre el covid-19. Muchas veces, se comparten en sus versiones prepublicadas, antes de la revisión por pares, sin verificaciones ni revisiones detalladas. ¿Le preocupa que se esté ignorando a los 'guardianes' del rigor científico?

R. Esto es en parte bendición, en parte maldición, pero creo que priman los aspectos positivos. La revisión por pares es solo uno de los cuatro niveles de control de calidad científica. El primer nivel es la formación académica de los científicos para que sepan lo que están haciendo. Este filtro no siempre se respeta, ya que muchos investigadores trabajan hoy en campos que no les son familiares. El segundo es la autoedición científica. Tu reputación está ligada a la credibilidad de tu trabajo, por lo que evitar equivocarte es un incentivo importante. Sin embargo, este proceso está siendo erosionado por la prisa por publicar. La revisión por pares, el tercer nivel, no siempre ocurre y también es un proceso imperfecto, incluso cuando funciona. La replicación es el cuarto nivel de control y, a menudo, no hay tiempo para hacerlo. Por lo tanto, es cierto que la velocidad es un problema.

Sin embargo, los 'pre-prints' no me preocupan demasiado, sobre todo porque tienen aspectos positivos. Por ejemplo, aceleran las comunicaciones, algo fundamental durante una pandemia. También agregaría que la revisión por pares de Twitter realmente está en marcha, y ahora he participado en ambos lados. Hace unos meses, critiqué algunos de los primeros estudios de serología, pero también acabo de publicar un 'pre-print' en 'MedRxiv' que recibió muchas críticas en Twitter, muchas de las cuales incorporamos en un nuevo borrador. Así que otros mecanismos están funcionando. No creo que sean un sustituto de la revisión por pares, o que sean perfectos, pero la persona que no acepta ser criticada debería dejar la ciencia.

P. Algunos expertos, como el epidemiólogo de Stanford John Ioannidis, sugieren que deberíamos analizar “la totalidad de la evidencia” a la hora de responder a la pandemia. Esto implicaría incluir las desventajas del distanciamiento físico en la economía, la salud mental, la desigualdad, etc. ¿Es posible incluir todas estas dimensiones en la gestión del covid-19?

R. Estoy de acuerdo con ese principio, pero, en la práctica, es muy difícil de implementar. Por ejemplo, si los confinamientos fueran más dañinos en términos de salud mental y estragos económicos que beneficiosos en términos epidemiológicos, creo que serían más difíciles de justificar. Sin embargo, en el mundo real, la comparación es complicadísima porque, primero, cada uno de estos efectos es difícil de estimar y, segundo, si el virus sigue propagándose, tiene efectos de amplio alcance: afecta a la salud mental, a la economía, a la confianza en las instituciones... No se trata de separar los argumentos epidemiológicos y no epidemiológicos, contarlos, pesarlos y comparar su peso relativo. Todos están interrelacionados y la dimensión temporal solo añade complejidad. Mi percepción en este momento es que todavía tenemos un balance favorable en relación a medidas de control bastante extremas, ya que pueden reducir el número de casos con relativa rapidez. Dicho esto, no significa que esta sea la forma de lidiar con cualquier brote de cualquier virus. Si el covid-19 fuera menos letal, recomendaríamos medidas mucho más laxas de distanciamiento físico.

La vacuna rusa contra el covid. (Reuters)
La vacuna rusa contra el covid. (Reuters)

P. La solución parece ser la vacuna. Tenemos más de 160 candidatas, nueve de ellas en fase 3 de experimentación, y los resultados iniciales parecen prometedores. ¿Qué hay detrás de este éxito?

R. Ha habido una gran inversión por parte de gobiernos y empresas. Además, mi intuición es que la búsqueda de vacunas para MERS y SARS, que ya estaban en marcha, dio un impulso inicial. Todavía me sorprendería que tengamos una vacuna viable masivamente distribuida antes de los 18 meses desde el inicio de la pandemia, es decir, a mediados de 2021. Además, sería sorprendente si las primeras vacunas resultan excelentes, porque claramente se trata de una infección difícil y las vacunas de primera generación suelen tener margen de mejora en cuanto a su efectividad.

P. En marzo, usted escribió sobre 'human challenges' (desafíos humanos) para acelerar el descubrimiento de una vacuna. ¿Qué son y cómo podrían ayudarnos?

R. Una prueba de desafío humano es un estudio en el que los participantes en el ensayo se exponen deliberadamente al virus para probar si una vacuna funciona. Hay varias formas de realizar esta prueba, pero la idea fundamental es que se fuerza la infección en lugar de esperar a que los participantes se infecten en su vida normal, como ocurre en una prueba de fase 3. Obviamente, esto no es algo que haría a la ligera o si tuviera una alternativa viable para obtener la misma respuesta en un periodo de tiempo similar. Debo decir que una de las razones por las que las cosas están avanzando rápidamente con respecto a la vacuna es que países como EEUU o Brasil están permitiendo que la epidemia avance a un ritmo acelerado. Por lo tanto, paradójicamente, no es tan difícil hacer un ensayo común. Si las respuestas de salud pública hubieran sido mejores, la necesidad de un desafío humano sería más inmediata. Creo que existe una posibilidad razonable de que no necesitemos estos ensayos en la primera ronda de vacunas.

Marc Lipsitch.
Marc Lipsitch.

P. Desde una perspectiva de salud pública, ¿existe una forma ideal de distribuir la vacuna? ¿Debemos priorizar a personas vulnerables o con alto riesgo de transmisión o es mejor inmunizar completamente toda una región?

R. Depende de las características de la vacuna. En primer lugar, es importante averiguar si la vacuna ofrece protección contra la infección y la transmisión o si solo protege contra la enfermedad. Todavía es temprano, pero supongo que conseguirá un poco de ambos. Algunas personas han interpretado que los ensayos con simios de la vacuna de Oxford sugieren que es más probable que proteja solo contra el desarrollo de la enfermedad, pero no creo que sea necesariamente el caso. Por lo tanto, si protege contra la enfermedad y los síntomas más graves, será importante vacunar a las personas de alto riesgo, y si protege contra la transmisión, entonces puede tener sentido priorizar a los profesionales de la salud y otras personas con alto riesgo de transmisión.

La segunda dimensión es si la vacuna funciona tan bien en las personas de alto riesgo como en los jóvenes sanos. Si es así, deberíamos priorizar a las personas con mayor riesgo de complicaciones, especialmente si hay un número limitado de dosis. Si la vacuna no es tan efectiva en personas vulnerables, entonces deberíamos evitar la transmisión vacunando a personas jóvenes y sanas. Con ello, protegeríamos indirectamente a los ancianos y a las poblaciones en riesgo. La respuesta se encuentra en la intersección de estas dos consideraciones. Desafortunadamente, cuando se apruebe la primera vacuna, no estaremos muy seguros de ninguna de las dos, porque los ensayos no tienen poder para estudiar los efectos en todos los subgrupos.

R. En algunos países, como Estados Unidos, la pandemia se ha convertido en un tema muy politizado. Los problemas técnicos, como usar una máscara o tomar hidroxicloroquina, se han convertido en temas partidistas. ¿Cree que hay una manera de aislar la respuesta científica al covid-19 de la interferencia política?

R. Creo que esto requerirá esfuerzos a largo plazo. El terreno para esta politización lleva años siendo cultivado por grupos, tanto de izquierda como de derecha, pero principalmente de derecha, que han politizado temas científicos como la aceptación de las vacunas, el cambio climático y ahora el covid. En una frase: hay que recuperar la visión de que la ciencia es para todos.

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