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La frágil frontera de los valores que amenaza con volver a romper la Unión Europea
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FRONTERAS DE LA UE DEL FUTURO VI

La frágil frontera de los valores que amenaza con volver a romper la Unión Europea

Lőkösháza, en el sureste de Hungría. Acaba de llegar el tren de Bucarest y los viajeros corren hacia el túnel que comunica los andenes. Dos vías a su izquierda les espera estacionado el tren que ha de llevarles a la capital húngara

Foto: El presidente ruso, Vladímir Putin. (Foto: Getty Images)
El presidente ruso, Vladímir Putin. (Foto: Getty Images)

El Confidencial, en colaboración con el Parlamento Europeo, presenta la sexta entrega de 'Las fronteras de Europa', parte del proyecto editorial 'Decodificando la mente del Parlamento Europeo', cofinanciado por la institución. Durante el último año, hemos publicado más de 50 entrevistas con eurodiputados de todas las familias políticas sobre los grandes debates que van a marcar nuestro futuro. Ahora, aterrizamos esta amplia mirada en una serie de reportajes para comprender estos desafíos sobre el terreno. En esta crónica, analizamos la frontera que separa cada vez más a Bruselas de algunas capitales europeas como Budapest y Varsovia a cuenta de lo que unos y otros consideran 'valores europeos'. Una tensión que puede desestabilizar la UE e incluso volver a materializar una salida estilo Brexit.

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Lőkösháza, en el sureste de Hungría. Acaba de llegar el tren de Bucarest y los viajeros corren hacia el túnel que comunica los andenes. Dos vías a su izquierda les espera estacionado el tren que ha de llevarles a la capital húngara. Sentados junto a la ventana, quienes ya han encontrado sus asientos ven avanzar a lo lejos por el andén a un anciano con bastón. Los pasajeros más rezagados le rebasan fácilmente indiferentes a su esfuerzo, hasta que el pavimento se vacía de gente y el hombre se queda solo. Su figura menuda y encorvada ofrece un cuadro dramático que atrae todas las miradas. Consciente de que no llegará a tiempo, uno de los viajeros se arriesga a perder el tren y corre por el paso subterráneo a ayudarlo. Le ofrece el brazo para que se apoye y pueda bajar, y subir, las escaleras. Muchos minutos después llegan juntos al tren y se sientan frente a frente.

El anciano se llama Yevgueni, tiene más de noventa años y es uno de los muchos ucranianos que cada día llegan a Hungría, desde su país o a través de Rumanía, huyendo de la invasión rusa. Su hija le espera en Alemania, adonde tiene previsto llegar con la ayuda de los voluntarios que le han comprado un billete para el coche-cama en Bucarest y le buscarán alojamiento en Budapest hasta que salga un tren directo a Hannover.

Las trágicas consecuencias del peor conflicto que recuerda Europa desde la II Guerra Mundial son bien evidentes en las calles y las estaciones de muchos pueblos y ciudades de Hungría. Pero, a pesar de que el Gobierno de Budapest ha abierto las puertas a los refugiados, lo que está ocurriendo en el país vecino apenas tiene relevancia en el discurso oficial en Hungría. Pese a celebrarse a cientos de kilómetros de ciudades ucranianas que el Kremlin ordena bombardear periódicamente, los participantes de la Conferencia Conservadora de Acción Política (CPAC) que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, presidió en mayo en Budapest ignoraron por completo una guerra que ha vuelto a traer al continente las masacres de civiles, las deportaciones de masas, el uso de la violación como arma de guerra y la destrucción de ciudades enteras.

placeholder Orbán y Putin en una reunión.
Orbán y Putin en una reunión.

Esta frialdad ante lo que sucede al otro lado de la frontera puede palparse también en las calles de Budapest. A diferencia de otras capitales centroeuropeas, como Praga y Varsovia, donde ondean o se exhiben multitud de banderas de Ucrania, en la capital húngara apenas se ven muestras de apoyo a la causa ucraniana. Desmarcándose una vez más de Bruselas, y de la mayor parte de sus socios comunitarios, Orbán ha optado por una postura neutral sobre la invasión que le permita mantener intactas sus relaciones con la Rusia de Vladímir Putin; lo que le ha llevado a descartar ofrecer ayuda militar a Kiev y a rechazar las sanciones a Rusia impulsadas por la Unión Europea (UE).

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La actitud de Budapest ha vuelto a exasperar a quienes son partidarios de más integración europea. Si antes venían por su rechazo a la inmigración y al concepto de género y por sus supuestos atropellos al Estado de derecho; los reproches son ahora por hacer imposible que la UE presente un frente común ante una potencia considerada enemiga por Bruselas como Rusia.

Casi un 25% de los eurodiputados sitúan la inestabilidad interna causada por Hungría y Polonia como una de las tres mayores amenazas, solo por detrás de la guerra de Rusia y por delante de la economía, según un sondeo realizado por El Confidencial en colaboración con el Parlamento Europeo, que se publicará íntegramente la próxima semana. Otro 7% adicional ubicó la posibilidad otra nueva salida de la UE, como la protagonizada por Reino Unido con el Brexit, entre los principales retos europeos. Los legisladores europeos consultados creen que la solución pasa por cortar fondos europeos y aplicar presión política (33%), los que piden que esa presión sea seguida por la activación del Artículo 7 para suspender a los países que incumplen las reglas del Estado de derecho. Un 11% aboga por tomar ya esta vía drástica. Frente a este casi 80%, apenas dos de cada diez aseguran que la UE no debería castigar las decisiones soberanas de sus estados miembro.

"Si continuamos con la tendencia de una Hungría cada vez más radical estaremos permanentemente ante el bloqueo de cualquier progreso en la adopción de todo tipo de política común", dice Iulia Joja, profesora adjunta de la Universidad de Georgetown y directora de la European Frontier Initiative, a El Confidencial.

Foto: Puente Viejo en Sarajevo. (EFE/Fehim Demir)

Joja se refiere al reciente veto por parte de Orbán al embargo total a la importación de petróleo de Rusia propuesto en mayo por la Comisión Europea (CE). Días después de la entrevista con Joja se supo que Hungría también vetó con éxito la inclusión del jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el Patriarca Cirilo, en la lista de la UE de sancionados rusos por su apoyo a la invasión rusa de Ucrania. La especialista aboga porque se contemplen medidas drásticas como una reforma del sistema de votación en la UE, o incluso la suspensión del derecho al voto de Hungría, para salir del impasse.

La encuesta de El Confidencial y el PE pregunta a los diputados europeos por esta solución. Del 70% de los consultados abiertos a cambiar los tratados europeos, un 25% considera prioritario cambiar la regla de la unanimidad en el Consejo. Preguntados en qué áreas la unanimidad debería eliminarse, un 33% cree de las respuestas piden que en todos los campos, un 17% en política exterior, un 4% en materia fiscal y un 11%, que se adopte otro tipo de mecanismo, como el 'veto colectivo', en su lugar.

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Cartel electoral en Budapest.

"Lo que vemos en Ucrania no admite grises desde el punto vista moral, y nos permite observar el carácter abyecto de los valores que promueve Orbán", señala Joja, que recuerda que Hungría se ha opuesto repetidamente a las aspiraciones de integración europea de Kiev "invocando la falsa discriminación de la minoría húngara" en Ucrania. "La UE ha seguido una estrategia de poner tiritas donde la herida era ya demasiado grande", declara Joja, quien considera la postura de Orbán ante la guerra una prueba más de la incompatibilidad de las políticas del primer ministro húngaro con los "valores europeos" que Putin pisotea ahora en Ucrania.

Esta política de paños calientes de la UE también es señalada por István Hegedűs, exdiputado en el Parlamento húngaro y director de la Hungarian Europe Society, una ONG con sede en Budapest que promueve el liberalismo y la unidad europea.

"Las instituciones europeas deberían haber puesto más presión sobre Orbán desde el principio", dice Hegedűs, que cree que una respuesta más dura de Bruselas habría hecho plantearse su apoyo al primer ministro a los húngaros que le votan pero "aprecian ser parte de la UE". "Si hubieran sentido que Orbán estaba aislando al país y que sus políticas ponían en riesgo la pertenencia a la UE, las cosas podrían haber sido distintas", remacha.

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Profesor de español y activista cultural húngaro, István Benyhe fue secretario personal del primer ministro Viktor Orbán, de quien sigue siendo un admirador. "La posición de Hungría [sobre Ucrania] es muy fácil de entender: no disponemos de petróleo ni de gas natural e importamos el 85 % de la energía de Rusia", declara a El Confidencial durante una entrevista en su casa de Budapest.

"Si dijera que sí a las sanciones, Hungría no resistiría más de tres o cuatro meses y la postura de Orbán no es un juego, sino una cuestión de vida o muerte; no tenemos puertos para importar hidrocarburos por mar como Alemania o Francia", declara Benyhe, hijo del gran hispanista húngaro János Benyhe y quien fue agregado cultural en la embajada de su país en Madrid.

Benyhe no ve factible que la UE deje a Hungría sin derecho a voto, atribuye las tensas relaciones entre Budapest y Bruselas a la incapacidad de Occidente de entender la "forma de ver el mundo de los centroeuropeos" y se queja de que Bruselas intente hacer cumplir a su país más compromisos de los que el Gobierno húngaro adquirió al firmar los tratados europeos.

placeholder Protesta a favor de Ucrania en Budapest.
Protesta a favor de Ucrania en Budapest.

Además de a la dependencia energética, el activista liberal István Hegedűs ve en la fidelidad de Orbán a Putin un intento de buscar en Rusia —y también en China— apoyos alternativos en su "estrategia de crear una especie de democracia soberana independiente de Bruselas".

"Orbán se aprovechó de los miedos de la gente y ha venido diciendo que esta es una guerra entre dos países extranjeros que no nos atañe y por la que no debemos pagar ningún precio", dice el activista liberal húngaro sobre un discurso que ayudó al primer ministro a conseguir su aplastante victoria en las elecciones del 3 de abril. "Esta retórica casó bien con la manera de sentir de muchos votantes que están dispuestos a recibir a los refugiados pero ven la guerra como algo ajeno", agrega Hegedűs.

Desde un punto de vista mucho más crítico con las instituciones europeas, a las que acusa de "arrogancia" al "hacer frente a un líder asertivo que no está dispuesto a ser el lugarteniente obediente de los burócratas transnacionales y de Alemania y de Francia", el politólogo británico Tom Gallagher hace hincapié en la naturaleza "transaccional" que Orbán tiene tanto con la UE como con potencias como Rusia o China.

Foto: Soldados españoles permanecen en la frontera con Marruecos en la playa del Tarajal. (Reuters/Jon Nazca)

"Su posición [sobre Ucrania] parece ser que no aceptará medidas que afecten a la economía húngara o pongan en riesgo la vida de los húngaros, incluyendo aquí los húngaros del oeste de Ucrania", sostiene Gallagher, profesor emérito de la Universidad de Bradford y estudioso de las transiciones democráticas en la Europa poscomunista.

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Hijo de padre italiano y madre magiar de Transilvania, Stefano Bottoni trabajó durante una década en la Academia de Ciencias Húngara y actualmente enseña Historia del Este en la Universidad de Florencia. Preguntado por las causas del malestar húngaro con la UE y de su posición sobre Ucrania, el académico y autor del libro sobre el primer ministro húngaro titulado 'Orbán: un déspota en Europa' subraya la importancia del factor histórico. "En estos momentos hay en Europa tres pueblos que mantienen una relación conflictiva con su historia del siglo XX: los rusos, los serbios y los húngaros", dice Bottoni sobre tres naciones cuyos gobiernos mantienen buenas relaciones y —en el caso de Serbia y Hungría— se han caracterizado por no posicionarse a favor de Ucrania.

Estos países, continúa Bottoni, no han aceptado la pérdida de territorios y poder que sufrieron durante el siglo pasado. "En el caso de Hungría, el Tratado de Trianón [por el que Hungría perdió importantes territorios en favor de Rumanía, Eslovaquia y Serbia] sigue impreso en la memoria colectiva". El discurso de Orbán apela directamente a esta conciencia de pueblo humillado por otras potencias, un rasgo que acerca al primer ministro húngaro a un Vladímir Putin que ha hecho de la protección de sus minorías supuestamente maltratadas fuera de sus fronteras un argumento capital para atacar y someter a Ucrania y otros países que en su día estuvieron gobernados desde Moscú.

placeholder Museo etnográfico en Budapest.
Museo etnográfico en Budapest.

La reivindicación de los derechos de los magiares que viven fuera de Hungría es un rasgo capital del proyecto de Orbán, que trabaja de forma incansable para crear una comunidad nacional que incluya a los magiares de Rumanía, Serbia, Eslovaquia y Ucrania. La situación de estas minorías ha sido motivo, más o menos justificado, de fricción con los gobiernos vecinos que no le son propicios o ideológicamente afines, como es el caso del de Kiev.

Además de ensanchar la brecha que le separa de la Comisión Europea, que ha reaccionado con una claridad y una rapidez inéditas a la agresión rusa contra Ucrania, la posición de Hungría sobre la guerra ha provocado un profundo malestar en Polonia. Mientras que Budapest es el país que más claramente ha rechazado asistir a Ucrania, Varsovia lidera el apoyo a la causa ucraniana en el seno de la UE. La clase dirigente polaca ve la respuesta a la agresión rusa como un asunto de principios, y ha dado muestras de que no olvidará lo que considera como una actitud inmoral por parte de sus hasta ahora aliados húngaros.

Foto: Un camión circula hacia el puerto de Belfast, en Irlanda. (EFE/Liam McBurney)

A juicio de Bottoni, el distanciamiento con su principal aliado dentro del Grupo de Visegrado [del que son parte también Eslovaquia y la República Checa] dejará a Hungría sin su principal sostén en la batalla permanente que libra con la Comisión Europea.

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Al mismo tiempo, y en una aparente paradoja, la apuesta de Hungría por la 'realpolitik' podría granjearle el favor de Alemania y Francia, dos gobierno tradicionalmente hostiles a Orbán que podrían "esconderse detrás del veto húngaro" para evitar adoptar represalias drásticas contra Rusia que París y Berlín se han resistido a tomar hasta ahora, señala Iulia Joja, la profesora de Georgetown.

"Es posible que Orbán haya calculado el balance de fuerzas dentro de la UE y haya tenido en cuenta las reticencias de algunos de los Estados miembros más poderosos a la hora de utilizar las sanciones como arma", dice al respecto Tom Gallagher. "Orbán podría haber concluido que no será castigado [por su actitud sobre Ucrania] y que, por tanto, no tiene mucho que perder", concluye el politólogo.

Foto: El barrio Tor Bella Monaca, uno de los más pobres de Roma. (Fabio Moscatelli)

Desde que Rusia lanzara el 24 de febrero su invasión a gran escala de Ucrania, muchos críticos de Orbán han señalado a Hungría como una especie de quinta columna dispuesta a traicionar a la UE en aras de su relación privilegiada con potencias hostiles. Tenga o no fundamento esta idea, la realidad es que Orbán no es el único líder europeo, aunque sí el que lo dice más claro, que no está dispuesto a romper con la Rusia de Putin por razones morales. Sea como fuere, la duración y el desenlace de la guerra en Ucrania alterará el equilibrio de fuerzas y alianzas dentro de la UE y, en cierta medida, la posición y el papel de Hungría.

El Confidencial, en colaboración con el Parlamento Europeo, presenta la sexta entrega de 'Las fronteras de Europa', parte del proyecto editorial 'Decodificando la mente del Parlamento Europeo', cofinanciado por la institución. Durante el último año, hemos publicado más de 50 entrevistas con eurodiputados de todas las familias políticas sobre los grandes debates que van a marcar nuestro futuro. Ahora, aterrizamos esta amplia mirada en una serie de reportajes para comprender estos desafíos sobre el terreno. En esta crónica, analizamos la frontera que separa cada vez más a Bruselas de algunas capitales europeas como Budapest y Varsovia a cuenta de lo que unos y otros consideran 'valores europeos'. Una tensión que puede desestabilizar la UE e incluso volver a materializar una salida estilo Brexit.

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