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La UE da a Rusia donde duele: por qué el embargo petrolero puede cambiar la guerra
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La UE da a Rusia donde duele: por qué el embargo petrolero puede cambiar la guerra

En las últimas semanas, hemos visto a algunos buenos análisis que explicaban, con datos en la mano, por qué las sanciones no han conseguido hundir la economía rusa

Foto: Ciudadanos caminan frente a la sede de Sberbank en Moscú. (EFE/Yuri Kochetkov)
Ciudadanos caminan frente a la sede de Sberbank en Moscú. (EFE/Yuri Kochetkov)
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En las últimas semanas, hemos visto algunos buenos análisis que explicaban, con datos en la mano, por qué las sanciones no han conseguido hundir la economía de Rusia. Entre otras cosas, Rusia sigue exportando petróleo en grandes cantidades, con la paradoja de que las restricciones solo han servido para elevar los precios. En consecuencia, Moscú obtiene beneficios récord, que sirven para seguir alimentando la invasión de Ucrania.

Esto no quiere decir que las sanciones no funcionen: numerosas industrias rusas —incluyendo la armamentística— se están encontrando con enormes problemas de suministro de componentes, la inversión extranjera en Rusia se ha esfumado y los titulares triunfalistas sobre que el rublo se ha consolidado como “la mejor divisa del año” esconden numerosos claroscuros. Pero mientras el crudo siga fluyendo, las arcas del Kremlin seguirán repletas. Entre otras cosas, Rusia está utilizando Gazprombank como sustituto activo del banco central, obligándolo a cambiar a rublos los beneficios de la venta de gas en divisas, uno de los múltiples agujeros en la arquitectura de las sanciones.

Pues bien, eso podría cambiar rápidamente a raíz del acuerdo alcanzado en la UE para prohibir las importaciones petrolíferas, el sexto paquete de sanciones desde el inicio de la invasión y considerado el más duro hasta la fecha. Los entresijos del acuerdo —incluyendo las concesiones a Budapest y otros— están muy bien explicados por nuestro compañero Nacho Alarcón en este artículo.

Lo interesante aquí es que el plan europeo supondrá bloquear hasta un 90% de las importaciones de crudo ruso para finales de este año, lo que supondría eliminar, primero, una parte sustancial del millón de dólares diarios por pagos energéticos que la UE aporta a la tesorería rusa, según sus propios cálculos, y, segundo, la amenaza de chantaje energético de cara al próximo invierno, con el que el Kremlin cuenta en sus planes actuales. Algunos expertos estiman que esto le costará a Rusia entre un tercio y la mitad de sus ingresos petroleros totales, pero no todos, puesto que algunos países asiáticos podrían comprar hasta un millón de barriles diarios más de los que adquieren ahora.

Foto: Ensayo del desfile del Día de la Victoria en Moscú. (Reuters/Maxim Shemetov)

Sin embargo, este sexto paquete de sanciones contiene otros elementos que no han atraído tanta atención, como la expulsión de varias entidades bancarias rusas del sistema Swift, incluyendo Sberbank, el mayor banco del país. Pero, sobre todo, el plan contempla la prohibición de que empresas aseguradoras europeas aseguren los cargamentos de crudo ruso a cualquier parte del mundo, lo cual, según expertos en el ramo, es una medida absolutamente devastadora. El efecto inmediato es que casi ninguna naviera se atreverá a transportar petróleo ruso sin un seguro, lo cual reduce inmensamente las opciones de Moscú. Esta restricción no es insalvable, como ha demostrado el caso de Irán (China, por ejemplo, envía sus propios cargueros para hacerse con el crudo iraní), pero sin duda limitará seriamente el campo de exportación de Rusia.

La audacia europea ha sorprendido a la mayoría de los observadores, que venían viendo cómo las discrepancias de algunos socios clave del bloque se convertían en enormes obstáculos para aprobar una medida de este calado. Bruselas ha trabajado de forma eficaz para eliminar las dudas de Hungría, que ha aceptado el acuerdo a cambio de que se introduzca una excepción para el crudo que llega de forma terrestre a través del oleoducto de Druzhba. De modo que la decisión europea supone una bofetada en toda regla para Rusia, que en todo momento parece haber contado con la división interna de los países occidentales, tanto dentro de la propia UE como a ambos lados del Atlántico. Así lo ha ido demostrando, por ejemplo, en su propaganda, que ha amplificado al máximo estas diferencias.

Foto: EC

De momento, el anuncio del acuerdo ha provocado la enésima subida del precio del petróleo, pero la Unión Europea cuenta con que, más pronto que tarde, Rusia se verá obligada a vender su crudo a precio de saldo, lo cual obligará a los demás suministradores a bajar sus tarifas. A esto ayudaría, además, si la Organización de Países Exportadores de Petróleo puentea a Rusia y empieza a bombear más crudo para cubrir el hueco que esta dejaría. Es una apuesta arriesgada: de no producirse un resultado rápido, el PIB de la UE podría verse reducido en más de cuatro puntos. Y ante la imposibilidad de quebrar esta sorprendente muestra de unidad europea (por frágil que sea, demoledora para los intereses rusos), los medios rusos optan por la narrativa de la crispación de los ciudadanos occidentales ante la inflación y la elevada factura de la energía y los alimentos, vinculándolas directamente a las sanciones contra Rusia. Es una carta ganadora, puesto que se basa en una realidad.

Lo que empieza ahora es una guerra de nervios. Ya antes de la aprobación de este sexto paquete, hasta los más optimistas admitían que las sanciones tardarían meses en tener un impacto tangible en la economía rusa. La nueva medida podría acelerar el proceso hasta el punto de modificar el curso de la guerra en Ucrania, pero solo si los aliados occidentales de Kiev están dispuestos a seguir suministrándole apoyo, incluso mientras crece el malestar en sus propias sociedades. A largo plazo, la potencia económica de la UE es marcadamente superior a la de Rusia, pero lo que está por ver es si existe la voluntad de demostrarlo. El embargo petrolero es un paso de gigante en esa dirección.

En las últimas semanas, hemos visto algunos buenos análisis que explicaban, con datos en la mano, por qué las sanciones no han conseguido hundir la economía de Rusia. Entre otras cosas, Rusia sigue exportando petróleo en grandes cantidades, con la paradoja de que las restricciones solo han servido para elevar los precios. En consecuencia, Moscú obtiene beneficios récord, que sirven para seguir alimentando la invasión de Ucrania.

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