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Habla la élite rusa que no cree en la guerra: "Pronuncian con cuidado la palabra 'desastre"
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En privado, reconocen el error de Putin

Habla la élite rusa que no cree en la guerra: "Pronuncian con cuidado la palabra 'desastre"

Un alto cargo de la banca está "de luto", algunos diputados se plantean dejar sus escaños y solo unos pocos se atreven a reconocer su desacuerdo en público

Foto: El presidente ruso, Vladímir Putin, durante la reunión del Consejo de Seguridad de Rusia previa a la guerra. (Reuters/Sputnik)
El presidente ruso, Vladímir Putin, durante la reunión del Consejo de Seguridad de Rusia previa a la guerra. (Reuters/Sputnik)

Ejecutar súbitas operaciones especiales de alto secreto es la principal pauta de comportamiento del presidente ruso, Vladímir Putin. Como antiguo 'chekista' [funcionario de seguridad], siempre quiere pillar a todo el mundo con la guardia baja, asustarles y hacerles creer que puede hacer lo que quiera. Fuimos testigos una vez más de este patrón durante la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad ruso, tres días antes de la guerra. Los balbuceos del jefe de la Inteligencia exterior, Sergei Naryshkin; la confusión del jefe adjunto de la administración del Kremlin, Dmitry Kozak, y la cara de preocupación del alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, fueron prueba suficiente. Las personas más influyentes de Rusia se sentaron ante Putin como si fueran párvulos ante un profesor que acaba de anunciar un examen sorpresa. Y ese encuentro ni siquiera versó sobre la guerra —tan solo se discutió el reconocimiento de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk—.

Para cuando estalló la invasión, el espacio político ruso había sido limpiado hasta el límite de lo posible. En el fondo de su alma, los funcionarios y legisladores pueden estar en desacuerdo con las decisiones de sus dirigentes, pero solo en el fondo de su alma. Quedan muy pocos que puedan contradecir a Putin en voz alta, directamente a la cara. Los comentarios públicos de los funcionario de alto rango son homogéneos, una mera cámara de eco del presidente y su declaración de guerra: "A Rusia no le quedaba otra opción", "nuestro Ejército está liberando al pueblo ucraniano de la opresión de los nacionalistas" y demás mantras sobre "la operación militar especial".

Foto: Despliegue policial en Moscú para hacer frente a las protestas contra la guerra de Ucrania. (EFE/Yuri Kochetkov)

La realidad es que la actitud hacia la guerra dentro de los pasillos del poder de Rusia es ambigua. He llegado a esta conclusión después de hablar con varios parlamentarios y funcionarios de distintos niveles. Muchos de ellos están desanimados, asustados y hacen previsiones apocalípticas. Andrei Kostin [jefe del banco VTB, de propiedad mayoritariamente estatal] está "de luto". Algunos miembros de la Duma están pensando en renunciar a sus escaños. Dos días antes de que Putin anunciara el inicio de la ocupación, uno de mis amigos mejor conectados pensaba que no se llegaría a la guerra, porque no beneficiaría a nadie. He observado que los funcionarios, los exdiputados e incluso periodistas de medios gubernamentales que han dejado sus puestos se sienten aliviados de no tener ya nada que ver con esto, y están pronunciándose ahora en contra de la guerra.

Sin ningún juicio moral sobre lo que dicen mis interlocutores, he decidido compartir lo que he observado como periodista imparcial.

Foto: Alekséi Navalni, en una imagen de archivo. (EFE/Yuri Kochetkov)

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"Están pronunciando cuidadosamente la palabra 'desastre". Así es como una persona con la que he hablado describe las reacciones de los funcionarios ante la guerra. Según sus palabras, el ambiente en los pasillos del poder está lejos de ser feliz. Muchos se encuentran en un estado cercano a la parálisis.

"Nadie se alegra. Muchos entienden que ha sido un error, pero en el cumplimiento de su deber se las ingenian para encontrar explicaciones que les permitan aceptarlo de alguna manera", dice otra fuente cercana al Kremlin. Algunos responsables no se asocian en absoluto con lo que está ocurriendo y consideran la decisión de Putin como un giro de la historia sobre el que no tienen ninguna influencia y cuyo significado nadie entenderá durante algún tiempo.

"Muchos entienden que ha sido un error, pero se las ingenian para encontrar explicaciones que les permitan aceptarlo de alguna manera"

¿Alguien esperaba que Putin decidiera ir a la guerra? Todo el mundo me asegura que no. Pensaban que el presidente estaba escalando la situación para tener más bazas en las negociaciones [con Occidente] sobre las garantías de seguridad, y que todo se limitaría al reconocimiento de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk dentro de sus fronteras administrativas. "Todo el mundo tenía información dispersa que no daba respuesta a la pregunta principal: ¿empezaremos a bombardear o no?", dice una fuente cercana al Gobierno. "Aunque algunos conocidos en el equipo presidencial estaban seguros de que ya había tomado todas las decisiones. Pero todo está sucediendo dentro de la cabeza de una persona".

Lo más probable, según mis fuentes, es que solo estuviera informado su círculo más estrecho: el ministro de Defensa, Sergei Shoigu; el jefe del Estado Mayor, Valery Gerasimov, y los máximos responsables del servicio de contrainteligencia. Por ejemplo, el jefe del equipo presidencial, Anton Vaino —cuyo papel, a diferencia de sus predecesores más influyentes, es más parecido al de un secretario privado—, no está informado de tales decisiones, dicen mis fuentes. Además, Vaino padece desde hace varias semanas un grave y prolongado caso de covid-19.

En el Consejo de Seguridad ampliado, que se celebró tres días antes de que comenzara la guerra, Putin no dijo prácticamente nada sobre su decisión de reconocer las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, según una fuente. La propia sesión fue un intento improvisado de dar la imagen de un debate real. "Por eso todo el mundo estaba tan inquieto", señala la fuente. "Si se les hubiera dicho que dijeran firmemente 'sí, lo apoyamos', lo habrían hecho".

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Una breve reflexión: la comunicación con los miembros del Consejo de Seguridad —sobre todo con el 'consejo reducido', es decir, con los miembros permanentes del consejo, que son una docena de personas— es a lo que ha quedado reducida la democracia en Rusia. En mi opinión, durante al menos los últimos 10 años, así es como Putin ha entendido la democracia: hablar una vez a la semana con la dirección de los organismos de seguridad, los portavoces de la Duma estatal, el Consejo de la Federación y el primer ministro. Y ya está, la democracia se ha cumplido, se ha consultado al pueblo. La sesión del Consejo de Seguridad antes de la guerra es un ejemplo de esta democracia al estilo Putin.

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El Gobierno y el Banco Central se han preparado para las sanciones, y durante algún tiempo la infraestructura financiera resistirá la presión. El portal The Bell ha informado de que, poco antes de la guerra, el viceprimer ministro, Andrei Belousov, mantuvo varias reuniones para prepararse frente a los posibles desafíos económicos, como la desconexión del sistema Swift [que facilita las transacciones bancarias internacionales] y la prohibición de importaciones de alta tecnología. Y el primer ministro, Mikhail Mishustin, dejó caer en la reunión del Consejo de Seguridad que el Gobierno llevaba varios meses preparando las sanciones por el reconocimiento de Donetsk y Lugansk.

Las sanciones económicas asfixian lentamente a Rusia

Sin embargo, es poco probable que la economía rusa se recupere con rapidez de las severas sanciones impuestas. Nadie estaba preparado para algo así, según mis interlocutores. Además, las autoridades de Estados Unidos, la Unión Europea y Reino Unido han empezado a limitar parcialmente el acceso del Banco Central de Rusia a sus reservas internacionales. Según datos de mediados de 2021, el oro en la cámara acorazada del Banco Central representa solo el 21,7% de sus reservas. La mayor parte, el 63,6%, está invertida en bonos y depósitos extranjeros. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, ha declarado que cerca de la mitad de las reservas financieras del Banco Central ruso que se encuentran en los países del G-7 será bloqueada. Hasta el 18 de febrero, las reservas alcanzaban la cifra récord de 643.000 millones de dólares.

Foto: Tasas de cambio en San Petersburgo. (EFE/Anatoly Maltsev)

"Si Rusia se considera un imperio, ¿por qué no se hace atractiva para sus vecinos desarrollando el país en lugar de forzar su lealtad? Construyamos buenas carreteras, una sanidad y una educación de calidad y, con el tiempo, lleguemos al tipo de tecnología que nos permita ser los primeros en colonizar Marte. Eso sí que sería un imperio", expresa entrecortadamente un alto cargo cuando le pregunto qué piensa de los motivos de Putin para iniciar la guerra.

Otra fuente —llamémosle un buen conocido de Putin— lo explica así: el presidente ruso está convencido de que se han roto las reglas del juego y no por culpa de Rusia. Y si se trata de una lucha sin reglas, pues es una lucha sin reglas. Esa es la nueva realidad en la que vivimos. "Está en un estado de sentirse ofendido e insultado. Es una paranoia que ha llegado al punto del absurdo", añade. Según él, Putin cree sinceramente que, al menos en los primeros años de su Gobierno, se esforzó por mejorar las relaciones con Occidente.

"Si Rusia se considera un imperio, ¿por qué no se hace atractiva para sus vecinos desarrollando el país en lugar de forzar su lealtad?"

"Por un lado, se da una situación realmente injusta, en la que se nos perjudica constantemente, año tras año, a distintas escalas, y se nos declara enemigos mucho antes de Ucrania", continúa. "Por otro lado, está nuestra incapacidad para construir y ejecutar nuestras políticas de forma inteligente, también en público. Y lo tercero es la degradación de Putin por estar demasiado tiempo en el poder".

"Putin cree ahora seriamente lo que le dicen [el ministro de Defensa] Shoigu y [el jefe del Estado Mayor] Gerasimov: sobre lo rápido que tomarán Kiev, que los ucranianos se están inmolando, que Zelenski es un cocainómano", asegura la fuente.

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Hasta ahora, ninguno de estos funcionarios se ha atrevido a mostrar la más mínima crítica pública a lo que está sucediendo, y mucho menos a dimitir. Entre los empresarios rusos más ricos, solo Mijaíl Fridman, fundador del Grupo Alfa —amenazado ahora por las sanciones—, se ha pronunciado de forma crítica. Su carta no pública a los empleados de su empresa londinense LetterOne fue obtenida por el 'Financial Times', pero creo que es más probable que la haya compartido con los periodistas él mismo. Peter Aven, presidente del consejo de administración de Alfa Bank, estuvo en la reunión de Putin con los empresarios tras la declaración de guerra y parecía bastante descontento. Me han informado de que el director general de Yandex, Tigran Khudaverdyan, no quería ir a la reunión en absoluto, pero al final acudió por su responsabilidad con sus empleados, mientras que la dirección de Yandex no expresó ninguna posición sobre lo que estaba ocurriendo, ni siquiera internamente.

También se rumorea que el presidente del banco estatal VTB, Andrey Kostin, desaprueba enormemente la acción militar en Ucrania debido a las fuertes sanciones. "Está de luto", reconoce un conocido suyo. "Dice que ha estado construyendo el banco durante 20 años y ahora todo se ha ido al garete por culpa de una estupidez". El multimillonario Oleg Tinkov se pronunció contra la guerra al cuarto día. "Cada día mueren personas inocentes en Ucrania, ¡es impensable e inaceptable! Los Estados deberían gastar el dinero en curar a la gente, en investigar para vencer el cáncer, no en la guerra. ¡Estamos en contra de esta guerra!", escribió en Instagram.

Foto:
Vladímir Putin: el paria más peligroso del mundo
Daniel Iriarte Enrique Andrés Pretel A. Alamillos VA Diseño Rocío Márquez Fernando Anido

De los diputados de la Duma, que en su gran mayoría han sido sancionados, solo tres se han atrevido a expresar su desacuerdo con la decisión de Putin en sus cuentas de redes sociales. Los tres representan la segunda facción más grande del Parlamento, el KPRF [partido comunista], que desde hace ocho años insiste en reconocer las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. Oleg Smolin, primer vicepresidente del Comité de la Duma para la Ciencia y la Educación y miembro del KPRF, publicó un 'post' en el que decía que se había equivocado en sus predicciones y que se sorprendió cuando se enteró de la invasión. Smolin creía que Rusia no iniciaría hostilidades a gran escala y que la situación se desarrollaría según un escenario mucho más suave, como el de 2008, cuando Rusia —dijo— solo había ayudado a Abjasia y Osetia del Sur a defender su independencia.

Otro comunista, Mikhail Matveev, vicepresidente de la Comisión de Política Regional, escribió que "la guerra debe detenerse inmediatamente". "Cuando voté por el reconocimiento [de las autoproclamadas repúblicas], voté por la paz, no por la guerra", continuaba su escrito. "Para que Rusia sea un escudo para que el Donbás no sea bombardeado, no para que Kyiv sea bombardeada".

"Nadie pensó que estaríamos junto a Kiev", dice otro diputado. "Al principio piensas que todo es una locura falsa, pero luego resulta que es real"

El coronel retirado Vyacheslav Markhaev, quien ha criticado a las autoridades por perseguir a la oposición, declaró que los diputados de la Duma habían sido engañados y que se había disimulado la intención de hacer la guerra. "También condeno a los dirigentes rusos, que han empezado a utilizar los mismos métodos de doble rasero. Bajo los auspicios del reconocimiento [de las autoproclamadas repúblicas], se ocultaron los planes de desencadenar una guerra a gran escala con nuestro vecino más cercano", escribió.

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Smolin, Matveev y Markhaev no se encuentran entre los diputados que tienen bienes o propiedades en el extranjero; al menos, los medios de comunicación no han informado de ello, y sus compañeros de partido con los que he hablado no lo saben. En otras palabras, con sus declaraciones lo que intentan proteger es su reputación. Al mismo tiempo, la línea general del KPRF sobre la guerra con Ucrania es que el partido comparte las preocupaciones de Putin y entiende la decisión de lanzar una operación militar.

Foto: El vice primer ministro y ministro de Transformación Digital, Mykhailo Fedorov. (Reuters/Valentyn Ogirenko)

El punto de vista de los tres valientes comunistas es compartido por otros diputados de las llamadas facciones de la oposición que he entrevistado. Culpan al Consejo de la Federación [Cámara Alta del Parlamento], diciendo que fueron los senadores quienes autorizaron el despliegue de tropas, mientras que los diputados [de la Cámara Baja] solo querían reconocer a las repúblicas autoproclamadas y ayudarlas en la autodefensa con un contingente limitado. Uno de los comunistas dice que realmente no esperaban nada parecido a una guerra a gran escala.

"Nadie pensó que estaríamos junto a Kiev", dice otro diputado de la Duma. "Al principio piensas que todo es una locura falsa, pero luego resulta que es real". Según él, está pensando en renunciar a su mandato para no tener ninguna vinculación con las acciones de las autoridades rusas.

*Farida Rustamova es una periodista independiente rusa que ha trabajado para la BBC y medios como Meduza o TV Rain, ahora bloqueados en Rusia. El artículo original fue publicado en ruso por la propia Farida en su 'substack' y puedes consultarlo aquí. La traducción al inglés, aquí. Puedes apoyar el trabajo de Farida donando a través de su cuenta de PayPal para que siga haciendo periodismo independiente.

Ejecutar súbitas operaciones especiales de alto secreto es la principal pauta de comportamiento del presidente ruso, Vladímir Putin. Como antiguo 'chekista' [funcionario de seguridad], siempre quiere pillar a todo el mundo con la guardia baja, asustarles y hacerles creer que puede hacer lo que quiera. Fuimos testigos una vez más de este patrón durante la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad ruso, tres días antes de la guerra. Los balbuceos del jefe de la Inteligencia exterior, Sergei Naryshkin; la confusión del jefe adjunto de la administración del Kremlin, Dmitry Kozak, y la cara de preocupación del alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, fueron prueba suficiente. Las personas más influyentes de Rusia se sentaron ante Putin como si fueran párvulos ante un profesor que acaba de anunciar un examen sorpresa. Y ese encuentro ni siquiera versó sobre la guerra —tan solo se discutió el reconocimiento de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk—.

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