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"Ya no hablamos nuestro idioma en público": la guerra de Putin arruina a la diáspora rusa
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Y al propio pueblo en Rusia

"Ya no hablamos nuestro idioma en público": la guerra de Putin arruina a la diáspora rusa

Las guerras no se limitan al conflicto de un Estado contra otro. Los ciudadanos se convierten en soldados, quieran o no, y los rusos en el extranjero se enfrentan al ostracismo

Foto: Despliegue policial en Moscú para hacer frente a las protestas contra la guerra de Ucrania. (EFE/Yuri Kochetkov)
Despliegue policial en Moscú para hacer frente a las protestas contra la guerra de Ucrania. (EFE/Yuri Kochetkov)

"La guerra que vendrá no es la primera. Hubo otras guerras. Al final de la última hubo vencedores y vencidos. Entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano la pasaba también". Bertolt Brecht

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"Pedir ayuda es de traidores. Tener miedo es de traidores. Poner en duda la legitimidad de esta guerra es de traidores", cuenta Egor desde Alemania. "Pude viajar y huir de Moscú, pero mi familia sigue en Rusia y vive con miedo incluso a hablar por teléfono conmigo, porque soy un traidor. Soy un cobarde".

Rusia llegó a contabilizar en 2019 un total de 10.491.715 rusos censados en el extranjero, lo que supone un 7,15% de la población total del país repartido por todo el mundo, especialmente en los países de la antigua Unión Soviética y en Europa. Un 31% de los migrantes reside en Ucrania. Aunque las remesas declaradas no son especialmente relevantes en la tarta global del PIB de Rusia, son muchos los ciudadanos que dependen para vivir de ese dinero que viene del extranjero. Las medidas de Occidente contra la economía rusa —que han convertido a Rusia en el país con más sanciones del mundo, según la base de datos de Castellum.AI— han cerrado el grifo de la diáspora.

Foto: El canciller alemán, Olad Scholz. (EFE/Rainer Keuenhof)

Una de las grandes bolsas de rusos en Europa está en Alemania, uno de los países que más se han volcado en el apoyo y la ayuda a los refugiados ucranianos y en el que la hostilidad contra Rusia crece por momentos. “Parece que no tenemos derecho al miedo, al sufrimiento o al desamparo”, explica Sonya, enfermera rusa. "Al llegar a Alemania, nos hemos encontrado con que somos considerados agresores en vez de refugiados, sin embargo, nosotros también hemos perdido un país, un trabajo, una vida", asegura.

Resulta redundante tener que recordar que la capacidad destructiva de este conflicto afecta también a la población rusa. Tras la decisión de Vladímir Putin de invadir Ucrania, han sido muchos los ciudadanos que han abandonado el país por temor a la imposición de la ley marcial y la incertidumbre política y económica. “Huí de Rusia el día siguiente a la invasión”, cuenta Luka desde Fráncfort. "En el aeropuerto me avasallaron con preguntas sobre el motivo de mi viaje; los oficiales insinuaron que era un traidor y me advirtieron de que quizá no podría regresar nunca a mi país. La llegada a Alemania no fue mucho mejor; siento hostilidad en vez de la empatía con la que los ucranianos son recibidos".

Foto: Alekséi Navalni, en una imagen de archivo. (EFE/Yuri Kochetkov)

El canciller alemán, Olaf Scholz, hizo hincapié en la necesidad de que Europa mantenga su relación con el pueblo ruso y dio su apoyo a los ciudadanos que habían protestado públicamente contra la invasión de Ucrania. No obstante, el ser humano se inclina hacia su condición gregaria y durante un conflicto siempre tiende a identificarse con uno de los bandos. “Es natural sentir una empatía mayor por los refugiados ucranianos, el pueblo invadido”, explica Otto B, profesor universitario de Historia en Berlín.

Los ciudadanos rusos en Alemania se encuentran en una guerra ideológica, divididos entre el patriotismo y la culpabilidad

Las guerras no se limitan al conflicto de un Estado contra otro, a pesar de que Rousseau afirmara que “no hay guerra entre los hombres, solo hay guerra entre Estados”. Las guerras no se conciben solo desde el punto de vista estratégico, sino también del pasional. Los ciudadanos se vuelven soldados morales y deciden quién es un héroe, quién víctima y quién agresor. Los ciudadanos rusos en Alemania se encuentran en una guerra ideológica, divididos entre el patriotismo y la culpabilidad.

El peligro de la generalización, de asumir que los rusos son intrínsecamente agresores o partidarios de la invasión a Ucrania, empieza a tener sus consecuencias en algunos estados alemanes. “Hemos dejado de hablar nuestro idioma en público”, explica Tanja R desde Baden-Württemberg, quien añade: "Nuestro hijo ha perdido amigos en el colegio por ser ruso".

"Hay quien defiende que el endurecimiento de las condiciones de vida hará que el pueblo se rebele, que fuerce el fin de la guerra"

En Berlín se han dado casos de restaurantes de comida rusa que denuncian decenas de llamadas amenazantes recibidas desde el principio de la guerra. En Leimen, una ciudad del estado de Baden-Württemberg conocida localmente como 'la pequeña Rusia' debido al elevado número de ciudadanos de origen ruso residiendo en ella, son varios los negocios que han reportado también signos de hostilidad y altercados. “Unos jóvenes tiraron piedras contra la ventana de mi local”, relata Mila, dependienta en una tienda rusa en el sur de Alemania. “Dijeron que los rusos tenemos la culpa de que Putin esté en el poder y que merecemos la muerte. Yo soy ucraniana. No me creyeron”.

Apagón en Rusia

Mientras que Ucrania cuenta con una red extensa de ayuda, voluntarios dentro y fuera de sus fronteras y libertad mediática, la situación en Rusia se oscurece. Las consecuencias de las sanciones económicas impuestas han impactado duramente en la población civil. “Somos miles los rusos que vivimos en el extranjero y que mandamos dinero todos los meses a nuestro país de origen”, afirma Tanja R. “Nuestras familias dependen de esas transferencias mensuales para pagar el alquiler, los gastos y la comida”.

A pesar de que no se ha prohibido el envío de dinero a los ciudadanos, las sanciones económicas han provocado que ejecutar una transferencia desde el extranjero sea prácticamente imposible. El desplome del rublo o la salida de las multinacionales occidentales son solo las primeras consecuencias de un paquete de sanciones que amenaza con quebrar las finanzas de todo el país, desde Putin y los oligarcas hasta las familias de a pie. La diáspora rusa pide que se dé apoyo a la población, que se brinde también asilo a las víctimas del régimen.

Foto: Tasas de cambio en San Petersburgo. (EFE/Anatoly Maltsev)

El debate sobre las sanciones se complica a la hora de discernir qué porcentaje de los ciudadanos rusos está a favor o en contra de las acciones de Putin. “Vivimos un momento de censura extrema en el que posicionarse en contra del régimen cuesta la libertad”, afirma Egor. "La única narrativa disponible en el país está manipulada y sesgada, por lo que la mayoría de los ciudadanos no tienen acceso a la realidad de lo que está pasando, no tienen la libertad de tomar decisiones políticas o de expresarlas".

"La única narrativa disponible está manipulada, por lo tanto la mayoría de los ciudadanos no tienen acceso a la realidad de lo que pasa"

El riesgo es que la comunidad internacional interprete el silencio como apoyo al régimen y legitime así la necesidad de que la población rusa sufra las sanciones con la esperanza de provocar sublevaciones internas. La agresión sustituyendo a la política. “Hay quien defiende que el endurecimiento de las condiciones de vida hará que el pueblo se rebele, que fuerce el fin de la guerra”, explica Otto B. Se refieren a los ciudadanos rusos como si fueran bestias a las que mantener hambrientas para que no tengan más remedio que devorar a su amo.

Sin embargo, un cambio de régimen es improbable dadas las condiciones actuales, por lo que Europa debe prepararse para apoyar a las víctimas de la guerra en Rusia.

Las sanciones económicas asfixian lentamente a Rusia

Víctimas de la guerra en Rusia

No puedo hablar”, se excusa por teléfono una fotógrafa rusa que ha colaborado con medios de comunicación occidentales. “¿Entiendes?”.

“El mundo se ha volcado con las víctimas ucranianas. Los rusos en contra de esta guerra sufrimos una doble tragedia: la guerra y la hostilidad internacional. No tenemos ni siquiera el derecho de que se escuchen nuestras llamadas de auxilio”, escribe a través de Telegram un activista contra el régimen. El silencio no es indiferencia, es mordaza.

Foto: Voluntarios reciben a refugiados ucranianos en Berlín. (Reuters/Filip Singer)

​​Tenemos la responsabilidad de no caer en la tentación de clasificar a los refugiados como víctimas o agresores dependiendo de su nacionalidad; eso contribuiría a que se llevasen a cabo agresiones colectivas en el nombre de una bandera, y no sería justo. No asumamos absolutismos, no caigamos en narrativas preconcebidas.

Putin ha invadido Ucrania.

Putin ha convertido en rehenes a sus propios ciudadanos.

“No puedo hablar”, dice el pueblo ruso.

"La guerra que vendrá no es la primera. Hubo otras guerras. Al final de la última hubo vencedores y vencidos. Entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano la pasaba también". Bertolt Brecht

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