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La ambigüedad calculada de Putin en Ucrania: ¿hasta dónde llegarán sus tropas?
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reconquistar los retales de la URSS

La ambigüedad calculada de Putin en Ucrania: ¿hasta dónde llegarán sus tropas?

Solo una reacción contundente de Occidente puede para al líder del Kremlin en su intento de desmembrar Ucrania. Sanciones débiles le incitarán a seguir adelante

Foto: Un tanque en las calles de Donetsk después de la orden de enviar tropas de Vladímir Putin. (Reuters/Alexander Ermochenko)
Un tanque en las calles de Donetsk después de la orden de enviar tropas de Vladímir Putin. (Reuters/Alexander Ermochenko)
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Fue en 1992 cuando Rusia envió tropas a Transnistria, una región que intentó escindirse de Moldavia. Treinta años después, ahí siguen para presionar a las autoridades moldavas y evitar que estrechen lazos con la Unión Europea. Aquel fue el primer intento de Moscú tras el hundimiento del imperio soviético en diciembre de 1991 por volver a ejercer su influencia sobre sus antiguos vasallos.

El apogeo de esta recuperación parcial de su ascendiente sobre los confetis del imperio soviético fue el reconocimiento del Kremlin en 2008 de la independencia de dos 'repúblicas' separatistas prorrusas de Georgia, Abjasia y Osetia del Sur, tras una guerra relámpago contra el Ejército georgiano. Seis años después, en 2014, dio el penúltimo gran paso con la anexión de la península de Crimea mediante un referéndum ilegal.

Foto: Josep Borrell después de la reunión de Ministros de Exteriores de la UE. (EFE/Olivier Hoslet)

Lo sucedido en las últimas horas en Donetsk y Lugansk, dos territorios escindidos en 2014 de Ucrania y en manos de separatistas prorusos, es el último episodio de esa reconquista de los retales de lo que fue la Unión Soviética. El presidente ruso Vladimir Putin firmó, en la madrugada del martes 22, sendos decretos que reconocen la independencia de esas dos 'repúblicas' autoproclamadas y autorizó el envío tropas para 'protegerlas'.

Putin y su ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, han evocado el hipotético ingreso de Ucrania en la OTAN y el escaso papel de Rusia en la arquitectura de seguridad europea para tensar la cuerda. El discurso del presidente ruso al anunciar el reconocimiento de la independencia de Donetsk y Lugansk revela que sus verdaderos motivos son más profundos.

Foto: Una ceremonia en recuerdo de los caídos en Kiev. (Reuters/Valentyn Ogirenko)

"La Ucrania contemporánea fue creada entera y totalmente por la Rusia bolchevique y comunista", afirmó el líder ruso en un discurso en televisión de más de una hora. Rusia y Ucrania, dijo en substancia, son de hecho un solo país y un solo pueblo. Pero Ucrania es “ahora una colonia dirigida por marionetas”, añadió. “Redactan cada vez más leyes discriminatorias con los rusófonos”, denunció.

La agresión perpetrada por Putin en la madrugada del martes es ambigua. De las palabras pronunciadas por el viceministro de Asuntos Exteriores, Sergei Ryabkov, se deduce que Donetsk y Lugansk han sido reconocidas por Moscú con los límites territoriales que ahora controlan los prorusos. De la explicación dada por el portavoz de Putin, Dimitry Peskov, se saca, en cambio, la conclusión de que el reconocimiento abarca no solo al territorio que está ya en sus manos, sino aquel que reivindican desde 2014. De ser así incluiría, por ejemplo, a la ciudad portuaria de Mariúpol de 446.000 habitantes.

Foto: Prorrusos del este de Ucrania celebran la decisión del presidente Vladimir Putin. (Reuters/Ermochenko)

¿Significa eso que el Ejército ruso va a ayudar a sus protegidos a adueñarse de esa y otras ciudades porque consideran que pertenecen a sus 'repúblicas'? Esa ambigüedad calculada es probablemente una baza negociadora con la que quiere jugar Putin en la siguiente etapa de la negociación con EEUU. Con un Ejército de hasta 190.000 hombres a las puertas de Ucrania puede fácilmente conquistar todos esos territorios que los títeres que gobiernan Donetsk y Lugansk reivindican.

Si Occidente hubiese adoptado una actitud más firme ante la anexión de Crimea en 2014, el líder ruso no habría enviado ahora a su Ejército a Donetsk y Lugansk ni amenazaría con tomar Mariúpol. No se puede querer preservar la intangibilidad de las fronteras sin poner todos los medios necesarios, excepto recurrir a la fuerza, para lograr que se respeten. La inviolabilidad de las fronteras, y en este caso además de los acuerdos de Minsk II que Rusia suscribió en 2015, es un elemento clave de la estabilidad europea.

El ministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Dimitry Kuleba, pidió el lunes en Bruselas a sus homólogos de la UE, horas antes de la decisión de Putin, que adoptasen ya una primera salva de sanciones. “No necesitamos sus sanciones después del bombardeo y de que se haya disparado contra nuestro país”, les dijo. No le hicieron caso.

Foto: El canciller alemán, Olaf Scholz. (EFE/Geert Vanden)

Este martes llegará la réplica de la UE, pero parece más bien dirigida a aquellos individuos involucrados en el reconocimiento de las dos 'repúblicas', y la entrada de tropas rusas en ellas, así como al acceso del Estado ruso a los mercados europeos de capitales. Para que sea eficaz el castigo debe golpear la economía rusa en profundidad prohibiendo las inversiones, recortando drásticamente el comercio, excluyéndola del sistema financiero internacional y buscando urgentemente alternativas al gas que suministra a Europa. Occidente debe actuar con Rusia como lo hizo en su día con Irán para frenarle en su carrera para fabricar la bomba atómica. Solo así se parará a Putin.

Rusia no es un gigante por mucho que disponga de armamento nuclear y su población ronde los 145 millones de habitantes. Su PIB apenas rebasa los 1.300 billones de dólares. Es inferior al de Italia y solo un 15% superior al de España. El gas y el petróleo representan el 15% de su PIB y proporcionan el 36% de los ingresos del presupuesto federal.

El canciller alemán Olaf Scholz anunció el martes que había detenido el proceso de certificación del gasoducto Nord Stream 2 como reacción a la iniciativa de Putin. Mejor hubiera sido que postergara su certificación y, en consecuencia, su entrada en funcionamiento, hasta que el Kremlin dé un paso atrás y retire su Ejército invasor de las 'repúblicas' que dice querer proteger. En todo caso esta es la vía de las verdaderas sanciones.

Fue en 1992 cuando Rusia envió tropas a Transnistria, una región que intentó escindirse de Moldavia. Treinta años después, ahí siguen para presionar a las autoridades moldavas y evitar que estrechen lazos con la Unión Europea. Aquel fue el primer intento de Moscú tras el hundimiento del imperio soviético en diciembre de 1991 por volver a ejercer su influencia sobre sus antiguos vasallos.

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