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Las burbujas de inversión sostenible pueden cambiar el mundo, pero también hundir carteras
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Las burbujas de inversión sostenible pueden cambiar el mundo, pero también hundir carteras

La fiebre por los valores de energía limpia trae consigo lecciones para los inversores ESG. Esta es la segunda de una serie de columnas de Streetwise sobre la inversión sostenible

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Si quieres que una empresa aumente su actividad, una forma de acelerar el proceso es comprar sus acciones; conseguir que todos tus amigos compren sus acciones; convencer de ello también a los gestores de fondos, a los lectores de Reddit y a los fondos de pensiones, y ver cómo se dispara el precio. Al final, el consejo de administración aprovechará la burbuja que has creado para recaudar lo que para la empresa es dinero muy barato y lo invertirá en el negocio. ¡Conseguido!

Algo así ocurrió con las empresas de energías limpias, con una miniburbuja en sus acciones que terminó a principios de 2021. Pero, por desgracia, hubo una desventaja: mientras que muchas de ellas obtuvieron dinero en efectivo para gastarlo en proyectos de energía limpia, los inversores que siguieron esta estrategia han visto cómo las acciones se desplomaban un 45% desde su pico.

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La inversión global medioambiental, social y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) está de moda. En esta serie de columnas, analizo de forma crítica este fenómeno. Uno de los principales objetivos de la inversión ESG es privar de capital a las empresas 'sucias' y redirigir el dinero a las limpias. En la práctica, eso no está ocurriendo, ni mucho menos. Y si lo hace, probablemente será una mala inversión, como demostró la burbuja de la energía limpia.

Una burbuja ESG en toda regla seguramente fomentaría la inversión en lo que se entiende como ESG 'buena', especialmente la energía baja en carbono. Todas las demás burbujas de la historia han ido acompañadas de un auge del gasto empresarial, ya sea en canales, ferrocarriles, internet o minas, a medida que las empresas existentes se aprovechan del capital barato y los nuevos actores intentan suministrar a los inversores lo que estos solicitan.

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La historia nos ha enseñado otra lección: las burbujas proporcionan a los inversores cantidades excesivas de lo que piden. Entonces el precio se desploma. Los inversores que no huyen a tiempo sufren grandes pérdidas.

Otro problema para los partidarios de la ESG es que, sin una burbuja, la estrategia de inversión no anima a las empresas a hacer mucho más de lo que los inversores quieren.

Así es como la inversión ESG pretende cambiar las empresas: vendo mi fondo tradicional y vierto el dinero en un fondo sostenible, que compra acciones con puntuación ESG alta. Repito esto hasta los 3,9 billones de dólares (la cantidad que, según las estimaciones de Morningstar, se invierte siguiendo los principios ESG en todo el mundo) y el precio de los valores con mayor puntuación debería subir, mientras que los valores con menor puntuación bajan.

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Una mayor valoración de las acciones significa que una empresa puede obtener dinero mediante nuevas emisiones de acciones a un coste teórico menor, lo que es importante cuando los ejecutivos deciden si seguir adelante con una inversión. Los proyectos marginales sucios (minas de carbón) deberían dejar de ser rentables y, por tanto, desaparecer, mientras que los proyectos marginales limpios (parques eólicos) deberían obtener un menor coste de capital, ser rentables y, por tanto, obtener luz verde para seguir adelante.

El funcionamiento real es un poco diferente. La inversión ESG no consigue cambiar mucho el coste del capital, a pesar de que, en teoría, se están gestionando grandes cantidades de dinero de forma sostenible.

En cualquier caso, las empresas que obtienen mejores resultados en materia de ESG suelen tener valoraciones más altas por otras razones. Las grandes empresas obtienen mejores resultados, al igual que los valores que tienen beneficios estables y un bajo nivel de endeudamiento, al que los inversores dan más valor.

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Los populares líderes de ESG en EEUU, de MSCI, terminaron 2021 con una ratio precio-beneficio estimada alrededor de un 6% más alta que el índice general, una prima que aumentó rápidamente durante el año. Es más alta de lo habitual, pero solo en línea con la prima media de 2012 a 2015, a pesar del sinfín de fondos ESG que han surgido desde entonces.

Estos pequeños cambios en el coste del capital solo tienen un efecto menor en la inversión empresarial.

En 2007, Simon Gilchrist, profesor de Economía de la Universidad de Nueva York, y Egon Zakrajšek, que en el momento trabajaba en la Reserva Federal de EEUU, calcularon que un aumento (o caída) del 1% en el coste del capital provocaba un recorte (o aumento) de entre 0,5 y 0,75 puntos porcentuales en la tasa de inversión de una empresa, un efecto muy pequeño. Los investigadores del Banco de Inglaterra realizaron en 2018 un estudio similar que apuntaba a una respuesta aún más débil, del 0,15%.

Foto: (iStock) Opinión
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Úrsula García Giménez Beatriz Benítez Mateo-Sagasta

Y lo que es peor, los proyectos que se aprueban por un menor coste del capital se llevan a cabo porque los accionistas y prestamistas de la empresa están aceptando de forma implícita que obtendrán una rentabilidad menor, ya que el coste del capital para la empresa es la rentabilidad esperada para los proveedores de ese capital.

"Es poco probable que el coste del capital asociado a una subida o bajada del precio de la acción sea el principal motor de su actividad", explica Paul Chandler, director de Administración de Principios para la Inversión Responsable, un grupo de inversores y gestores de fondos afiliado a las Naciones Unidas. Opina que los inversores deberían centrarse en utilizar sus votos para presionar a los gestores para que cambien.

La burbuja de las energías limpias del año pasado nos deja otras lecciones. En primer lugar, es mucho más fácil hacer subir el precio de los valores pequeños y difíciles de negociar; muchas de las mayores ganancias de las energías limpias eran demasiado pequeñas incluso para calificar en los índices de empresas más grandes antes de que se dispararan. Los inversores que están dispuestos a inflar una burbuja para intentar cambiar el destino del dinero de las empresas deberían aceptar que lo más probable es que se limite a sectores nicho, a pesar de las advertencias del Banco de Pagos Internacionales de que es posible que se produzca una burbuja ESG en toda regla.

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En segundo término, las burbujas tienden a traer consigo no solo una avalancha de dinero, sino también una fuerte narrativa sobre oportunidades. Las acciones de energías limpias se triplicaron porque los especuladores no solo pensaron que estaban haciendo lo correcto, sino también que el abandono de los combustibles fósiles sería muy rentable. Es difícil argumentar lo mismo en el caso de la ESG en general, aunque sus partidarios suelen argumentar que sus medidas ayudan a identificar los riesgos que no se detectan en los estados financieros tradicionales.

Cabe notar una importante salvedad: para las empresas más pequeñas y para las empresas privadas, a menudo el factor limitante no es el coste del capital, sino la falta de este. Para ellas, los inversores pueden marcar la diferencia: proporcionar dinero a las ‘startups’ verdes, como hace Jeremy Grantham, cofundador de la gestora de fondos de Boston GMO, podría cambiar el mundo. Si tienes suerte y la empresa se hace pública, hasta podrías ganar mucho dinero, como hizo Grantham con el fabricante de baterías QuantumScape.

Pero el capital riesgo no es una opción para la mayoría, por lo que los principales inversores en ESG tienen una opción: aceptar que la diferencia que generan al invertir en ESG es ínfima y que es probable que ganen menos dinero, o seguir esperando la llegada de una burbuja completa y tratar de vender antes de que estalle.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'.

Si quieres que una empresa aumente su actividad, una forma de acelerar el proceso es comprar sus acciones; conseguir que todos tus amigos compren sus acciones; convencer de ello también a los gestores de fondos, a los lectores de Reddit y a los fondos de pensiones, y ver cómo se dispara el precio. Al final, el consejo de administración aprovechará la burbuja que has creado para recaudar lo que para la empresa es dinero muy barato y lo invertirá en el negocio. ¡Conseguido!

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