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Alianza entre rivales: Google, Amazon, Meta y Microsoft tejen una red de poder de fibra óptica
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Alianza entre rivales: Google, Amazon, Meta y Microsoft tejen una red de poder de fibra óptica

Los cuatro gigantes tecnológicos dominan una porción cada vez mayor de la infraestructura de cable crítica para internet

Foto: Foto: EC.
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Decir que las grandes tecnológicas controlan internet podría parecer una exageración, pero está cada vez más cerca de ser cierto, al menos en un sentido.

Internet puede parecer intangible, un entorno más allá de lo físico donde tienen lugar las publicaciones virales, los bienes virtuales y los conciertos en Metaverse. Pero, para crear tal ilusión, es necesaria una red de conexiones físicas realmente colosal, que está en rápida expansión.

Los cables de fibra óptica, por los que pasa el 95% del tráfico de internet mundial, conectan prácticamente todos los centros de datos del mundo, enormes almacenes de servidores donde los unos y los ceros son transformados en lo que conocemos como internet.

Cuando estas conexiones de fibra óptica unen países separados por océanos, se componen, casi en su totalidad, de cables que discurren por el fondo marino, unos 1,3 millones de kilómetros (o más de 800.000 millas) de cables de fibra de vidrio que forman la verdadera internet internacional. Hasta hace poco, la inmensa mayoría de estos cables submarinos de fibra óptica eran usados y controlados por empresas de telecomunicaciones y gobiernos. Hoy, esto ya no es así.

Foto: Los visitantes de la feria 'Metaverso, más allá de los contenidos' en Gwangju (Corea del Sur) prueban unas gafas de realidad virtual. (EFE / EPA YONHAP)

En menos de una década, cuatro gigantes tecnológicos han pasado a dominar el uso de la capacidad de los cables submarinos: Microsoft, Alphabet (empresa matriz de Google), Meta (previamente conocido como Facebook) y Amazon. Antes de 2012, entre las cuatro usaban menos del 10% de la capacidad de los cables submarinos. Hoy en día, esa cifra asciende a un 66%.

Además, según los analistas, los ingenieros de cableado submarino y las empresas mismas, no han hecho más que empezar. Según la empresa de análisis de cables submarinos TeleGeography, van camino de convertirse, en los próximos tres años, en los principales financiadores y propietarios de la red de cables submarinos que conecta a los países más ricos y que más banda ancha usan ubicados a orillas del Atlántico o del Pacífico.

Se prevé que, para 2024, las cuatro empresas tengan participaciones en más de 30 cables submarinos de larga distancia, cada uno de ellos de miles de kilómetros de longitud, conectando todos los continentes a excepción de la Antártida. En 2010, solo contaban con participaciones en un cable, Unity, que conecta Japón y Estados Unidos y del que Google es copropietario.

Las empresas de telecomunicaciones tradicionales han mostrado recelo, e incluso hostilidad, ante la demanda de banda ancha, cada vez más voraz, de las empresas tecnológicas. Esto ha suscitado preocupación entre analistas del sector, que plantean si queremos que los proveedores de servicios y mercados de internet más poderosos del mundo sean también propietarios de la infraestructura en la que se prestan. Esta preocupación es comprensible. Sería como si Amazon fuese el dueño de las carreteras por las que se desplaza para entregar paquetes.

Foto: Un buque transporta Gas Natural Licuado. Foto de archivo

No obstante, la participación de estas empresas en el sector de tendido de cables también ha reducido el coste de la transmisión de datos de un lado del océano a otro para todos, incluso sus competidores, y ha contribuido a que el mundo aumente la capacidad de transmisión internacional de datos en un 41% solo en 2020, según el informe anual sobre infraestructura de cableado submarino de TeleGeography.

Los cables submarinos pueden costar cientos de millones de dólares cada uno. Su instalación y mantenimiento requiere una pequeña flota de barcos, desde buques de prospección hasta barcos especializados en el tendido de cables que despliegan todo tipo de tecnología submarina robusta para enterrar los cables bajo el lecho marino. A veces, tienen que tender el cable, que es relativamente frágil, llegando en algunos puntos a ser tan fino como una manguera de jardín, a profundidades de hasta cuatro millas.

A lo largo de este proceso, es necesario mantener la tensión adecuada en los cables y evitar peligros tan variados como montañas submarinas, oleoductos y gasoductos, líneas de transmisión de alta tensión para parques eólicos en alta mar e incluso naufragios y bombas sin explotar, explica Howard Kidorf, socio director de Pioneer Consulting, que ayuda a las empresas a diseñar y construir sistemas de cables de fibra óptica submarinos.

En el pasado, para tender cables transoceánicos, solían ser necesarios los recursos de gobiernos y sus empresas nacionales de telecomunicaciones, pero, para los titanes tecnológicos actuales, esto no es más que calderilla. Juntos, Microsoft, Alphabet, Meta y Amazon invirtieron más de 90.000 millones en gastos de capital solo en 2020.

placeholder Espacio artístico que se convertirá en NFT en Hong Kong. (Reuters)
Espacio artístico que se convertirá en NFT en Hong Kong. (Reuters)

Las cuatro empresas han declarado que están instalando todo este cable para aumentar el ancho de banda en las partes más desarrolladas del mundo y para llevar una mejor conectividad a regiones desatendidas, como África o el sudeste asiático.

Pero esa no es toda la historia. Su entrada en el negocio del tendido de fibra submarina fue motivada por el creciente coste de adquirir capacidad en cables propiedad de terceros, pero ahora está impulsada por su propia demanda insaciable de cada vez más 'terabytes' de ancho de banda, aclara Timothy Stronge, vicepresidente de investigación de TeleGeography. Añade que esto ha reducido al mínimo los beneficios que obtienen los actores tradicionales de la industria del tendido de cables, como NEC, ASN y SubCom. (Lo mismo ha ocurrido con los beneficios de los mayoristas de capacidad en cables submarinos, como Tata y Lumen).

Al construir sus propios cables, los gigantes tecnológicos se ahorran el dinero que tendrían que pagar a otros operadores de cable. Esto significa que las empresas tecnológicas no necesitan obtener beneficios de operar sus cables para que la inversión tenga sentido financiero.

De hecho, la mayoría de estos cables financiados por las grandes tecnológicas son colaboraciones entre rivales. El cable Marea, por ejemplo, que recorre los más de 6.500 kilómetros que separan Virginia Beach, en Estados Unidos, y Bilbao, en España, se completó en 2017 y es en parte propiedad de Microsoft, Meta y Telxius, una filial de Telefónica, la empresa de telecomunicaciones española. En 2019, Telxius anunció que Amazon había firmado un acuerdo con la compañía para utilizar uno de los ocho pares de hilos de fibra óptica de ese cable. En teoría, eso representa una octava parte de su capacidad de 200 terabits por segundo, suficiente para transmitir millones de películas en alta definición simultáneamente.

Foto: Mark Zuckerberg durante una declaración en el Congreso de Estados Unidos. (EFE/Michael Reynolds)

Según Kevin Salvadori, vicepresidente de Infraestructura de Red de Meta, la empresa colabora con socios internacionales y locales en todos sus cables submarinos, así como con otras grandes empresas tecnológicas como Microsoft.

Compartir el ancho de banda entre competidores ayuda a garantizar que cada empresa tenga capacidad en un número mayor de cables, una redundancia que es esencial para mantener el funcionamiento de internet en el mundo cuando un cable se corta o se daña. Según el Comité Internacional de Protección de Cables, un grupo sin ánimo de lucro, esto ocurre unas 200 veces al año. (La reparación de los cables dañados puede suponer un enorme esfuerzo que requiera tantos barcos como para colocar el cable, y puede llevar semanas).

Compartir cables con competidores claros, como hace Microsoft con Marea, es clave para garantizar que sus servicios en la nube estén disponibles casi todo el tiempo, algo que Microsoft y otros proveedores de la nube prometen explícitamente en sus acuerdos con los clientes, explica Frank Rey, director sénior de Infraestructura de Red Azure en Microsoft.

Pero la estructura de estos acuerdos también tiene otro propósito: reservar una parte de la capacidad para los operadores de telecomunicaciones como Telxius también es una forma de evitar que los reguladores perciban a estas empresas tecnológicas estadounidenses como empresas de telecomunicaciones, indica Stronge. Las empresas tecnológicas llevan décadas argumentando en la prensa y en los tribunales que no son 'common carriers' como las empresas de telecomunicaciones. Si lo fueran, se verían expuestas a miles de páginas de normativas propias de ese estatus.

Hay una excepción a la colaboración de las grandes empresas tecnológicas con sus rivales en la infraestructura subacuática de internet

"No somos un 'carrier', no vendemos nuestro ancho de banda para ganar dinero", sostiene Salvadori. "Somos uno de los principales compradores de capacidad submarina allí donde está disponible, pero, en los lugares donde no está disponible y la necesitamos, somos bastante pragmáticos y, si tenemos que invertir para conseguirla, lo haremos", declara.

Hay una excepción a la colaboración de las grandes empresas tecnológicas con sus rivales en la infraestructura subacuática de internet. Entre todas las grandes empresas tecnológicas, solo Google es ya propietaria única de tres cables submarinos diferentes, y se prevé que ese total llegue a seis en 2023, según TeleGeography.

Google no quiso revelar si comparte o compartirá la capacidad de esos cables con otras empresas.

Según Vijay Vusirikala, un director sénior de Google y responsable de toda la infraestructura de fibra submarina y terrestre de la empresa, Google ha optado por los cables de propiedad y operación exclusiva por dos razones. La primera es que la empresa los necesita para que sus propios servicios, como la búsqueda de Google y el 'streaming' de YouTube, sean rápidos y respondan. La segunda es para ganar ventaja en la batalla por clientes para sus servicios en la nube.

Foto: Foto: Nordesnet (Cedida).

Joshua Meltzer, investigador principal de Brookings Institution, especializado en comercio digital y flujo de datos, afirma que todos estos cambios en la propiedad de la infraestructura de internet reflejan lo que ya sabíamos sobre cómo las grandes empresas tecnológicas dominan las plataformas de internet.

La capacidad de integración vertical de estas empresas, hasta el nivel de la infraestructura física de la propia internet, reduce su coste para ofrecer todo desde el buscador de Google y los servicios de redes sociales de Facebook a los servicios en la nube de Amazon y Microsoft. También amplía la brecha entre ellos y cualquier posible competidor.

"Hay que imaginar que esta inversión acabará por hacerlas más dominantes en sus sectores, porque pueden prestar servicios a costes cada vez más bajos", explica Meltzer.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'

Decir que las grandes tecnológicas controlan internet podría parecer una exageración, pero está cada vez más cerca de ser cierto, al menos en un sentido.

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