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El 'bypass' de Puigdemont: puentear a la Generalitat y JxCAT para conectar con la calle
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Nueva estrategia en Waterloo

El 'bypass' de Puigdemont: puentear a la Generalitat y JxCAT para conectar con la calle

Este nuevo giro del 'expresident' implica colocar al Consell per la República como un parlamento paralelo a la Generalitat, también al margen de ERC, Junts y el resto de formaciones independentistas

Foto: Carles Puigdemont. (EFE/David Borrat)
Carles Puigdemont. (EFE/David Borrat)

Nuevos tiempos en Waterloo. Lo que pretenden Carles Puigdemont y su grupo de incondicionales es puentear a Pere Aragonès, a la Generalitat, a los partidos políticos y a todas las instituciones de carácter autonómico para volver a conectar con la calle, movilizar a los catalanes y alcanzar “una cadena de desbordamientos democráticos”, según explican fuentes de su entorno más cercano. En esta clave es en la que hay que leer el relevo que se ha vivido este fin de semana en el Consell per la República, con la legitimación de la presidencia y el liderazgo del 'expresident'. En este nuevo clima, a Puigdemont le sucede Puigdemont y ya ni la CUP resulta del todo de fiar. El independentismo quiere volver a tomar la calle y pivotar las movilizaciones desde el único ente que puede ejercer la desobediencia sin mayores riesgos: el Consell per la República radicado en Bruselas.

Este fin de semana, el Consell per la República se constituyó de manera oficial. Hasta el momento, operaba de manera interina. Ahora, Puigdemont ya es su presidente avalado por ese 'Parlament bis' que se ha organizado en Bélgica y al que solo han votado 22.584 personas. El poder legislativo paralelo por el que aboga el 'expresident' palidece ante los 2,8 millones de catalanes que participaron en las últimas autonómicas.

Foto: El expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont. (Reuters/Guglielmo Mangiapane)

Por eso, el pleno de constitución del Consell per la República en la Asamblea de Representantes estuvo marcado sorpresivamente por las críticas a las fuerzas soberanistas. Puigdemont llamó a “reducir la dependencia” del Consell de las formaciones catalanas. También habló de “superar a los partidos” e hizo reflexiones sobre como la relación con el ente belga “no había funcionado”. "El Consell tiene que tomar la iniciativa sin esperar consenso previo entre los partidos, porque ya se ha visto que este consenso es imposible en las actuales circunstancias", aseguró Puigdemont. En esa línea ya hay cronistas del soberanismo que hablan de “desconectar del independentismo vip”, como es el caso del periodista Vicent Partal.

Este nuevo giro implica no solo colocar el Consell per la República al margen de la Generalitat o de ERC, el partido del 'president' Pere Aragonès. También incluye a JxCAT y a la CUP —que tampoco participa en el Consell—, más allá del grueso de las instituciones autonómicas u otros entes independentistas, tipo ANC.

Problema de fondo

Entre los asistentes a la Asamblea de Representantes estaban los ya miembros del Consell Antoni Castellà; la presidenta del Parlament, Laura Borràs; la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie; la jurista Neus Torbisco, de Òmnium Cultural, o el exconsejero Lluís Puig, así como el actor Toni Albà o el empresario Jordi Rosset, de Petrolis Independents. Ninguno de ellos tocó el problema de fondo: los más de 600.000 votos perdidos en los últimos años, la caída de asistencia a las movilizaciones o el difícil acceso a la agenda mediática cuando el foco está en la pandemia y en la guerra de Ucrania. Ni siquiera TV3 otorgó relevancia al evento.

El problema del independentismo es su pérdida de relevancia en los últimos años

Sí que cuestionaron algunos asistentes a JxCAT y al hecho de que Puigdemont sea a la vez presidente de esta formación y del Consell per la República. Lo hizo sobre todo Clara Ponsatí, al cuestionar temas que defiende Junts como la candidatura a los Juegos Olímpicos de Invierno. “No estoy aquí como presidente de JxCAT”, replicó Puigdemont, quien aseguró: “Si hay alguna colisión entre su partido y la estructura del Consell, se comprometió a elegir esta última”.

Autonomismo y legitimidad

Puigdemont y su entorno de Waterloo siempre han basado su discurso en la “legitimidad”. Pero el problema de fondo que se quiere obviar es que el independentismo decidió presentarse a las mismas elecciones que convocó Mariano Rajoy cuando aplicó el 155 en Cataluña. Solo tardaron 48 horas en explicitarlo. Y quien encabezó la lista de JxCAT a esos comicios fue el propio Puigdemont, quien intentó a la vez ser el presidente legítimo en el exilio y el autonómico en la Generalitat.

Foto: El 'expresident' catalán Carles Puigdemont. (Reuters/Guglielmo Mangiapane)

Ahora quieren puentear a esa misma Generalitat a la que el 'expresident' volvió como candidato en diciembre de 2021, aunque ya advirtió de que no asumiría el cargo. En su jerga, “que no sería el 'president' efectivo”. Eludir el papel de los partidos, pese a que él mismo fundó JxCAT y todavía lo preside. Y sortear a la misma Administración autonómica en la que cobran muchos cargos al servicio de Waterloo, como el jefe de la oficina de Puigdemont, Josep Lluís Alay, que mientras contactaba con agentes de los servicios secretos rusos. Pese a que nunca ha habido lealtad institucional, ahora el juego pasa por movilizar al soberanismo en la calle. Puigdemont intenta así volver a la Crida, el partido que fundó en 2018 bajo el lema 'Ni de derechas ni de izquierdas' y que fue un fracaso. El independentismo legitimista camina en círculos.

Nuevos tiempos en Waterloo. Lo que pretenden Carles Puigdemont y su grupo de incondicionales es puentear a Pere Aragonès, a la Generalitat, a los partidos políticos y a todas las instituciones de carácter autonómico para volver a conectar con la calle, movilizar a los catalanes y alcanzar “una cadena de desbordamientos democráticos”, según explican fuentes de su entorno más cercano. En esta clave es en la que hay que leer el relevo que se ha vivido este fin de semana en el Consell per la República, con la legitimación de la presidencia y el liderazgo del 'expresident'. En este nuevo clima, a Puigdemont le sucede Puigdemont y ya ni la CUP resulta del todo de fiar. El independentismo quiere volver a tomar la calle y pivotar las movilizaciones desde el único ente que puede ejercer la desobediencia sin mayores riesgos: el Consell per la República radicado en Bruselas.

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