El jefe de la oficina de Puigdemont vulneró la ley al contactar en secreto con espías rusos
  1. España
  2. Cataluña
Ocultó viajes y reuniones

El jefe de la oficina de Puigdemont vulneró la ley al contactar en secreto con espías rusos

Josep Lluís Alay ha evitado responder a cuestiones tan importantes como si sus viajes y estancias en Moscú fueron pagados por la Generalitat, por los rusos o por CATGlobal ASBL

Foto: El expresidente catalán Carles Puigdemont escucha a Josep Lluís Alay. (EFE)
El expresidente catalán Carles Puigdemont escucha a Josep Lluís Alay. (EFE)

El jefe de la oficina de Carles Puigdemont, Josep Lluís Alay, vulneró la Ley 13/2005 de la Generalitat que regula las incompatibilidades y actividad de los altos cargos de la Administración catalana. Lo hizo al ocultar sus viajes a Rusia y los contactos que ha mantenido estos años con representantes de los servicios secretos de Vladímir Putin, que él mismo ha reconocido ante el 'New York Times'. Alay no informaba de sus viajes, pese a ser un cargo de confianza que cobraba cada año 105.000 euros brutos anuales. La Conselleria de Exteriores no sabía nada. Cada año, la oficina del 'expresident' Carles Puigdemont publica una memoria con su actividad detallada. El Confidencial ha tenido acceso a la misma y los viajes a Rusia de Alay en 2019 no aparecen. Se omitieron de manera deliberada.

Alay ha reconocido al 'New York Times' que en 2019 viajó dos veces a Rusia. En la memoria de su oficina correspondiente con ese año, se recogen 24 “viajes institucionales”, ninguno a Rusia. Fuentes de ERC explican que Alay nunca explicó al 'conseller' de Exteriores de la época, Alfred Bosch, sus visitas a Moscú. Alay cobraba de la Generalitat, pero iba por libre. Según su versión, dada en TV3, “había plena comunicación con la Generalitat, pero en este caso no era necesario informar porque el viaje a Rusia que planeaba Puigdemont no llegó a hacerse”. Fuentes de la Generalitat aseguran que Alay no informaba nunca de nada, ni en este caso ni en ningún otro.

placeholder Pulse aquí para consultar el documento completo.
Pulse aquí para consultar el documento completo.

En su entrevista al canal 3/24 de TV3, Alay también reconoce que en estas reuniones trató "asuntos que interesan a la creación de un Estado independiente en un futuro" y, según él, "eso no es ningún delito". El Código Penal no dice lo mismo en su artículo 592: "Serán castigados con la pena de prisión de cuatro a ocho años los que, con el fin de perjudicar la autoridad del Estado o comprometer la dignidad o los intereses vitales de España, mantuvieran inteligencia o relación de cualquier género con gobiernos extranjeros, con sus agentes o con grupos, organismos o asociaciones". Tal vez por eso Alay no le contó a la Generalitat lo que estaba haciendo.

El director de la oficina de Puigdemont no solo ocultaba a la Generalitat sus contactos con los rusos. También lo hizo por escrito ante el Parlament, contestando a Cs que no tenía por qué revelar su agenda, ya que como “personal eventual” no era un alto cargo y carecía de “agenda institucional”, que a su juicio es la única que estaba obligado a hacer pública. La respuesta fue en febrero de 2019. Un mes después, Josep Lluís Alay estaba en Moscú reuniéndose con espías rusos. Para colmo, en la memoria de su oficina de ese mismo año Alay reconoce “24 viajes institucionales”. Viajes institucionales del hombre que dice no tener agenda institucional, que cobra 105.000 euros brutos al año, más que un 'conseller', pero asegura no ser alto cargo.

El artículo 5 de la Ley 13/2005 de la Generalitat, bajo el epígrafe 'Deber de lealtad', reza: “Los altos cargos al servicio de la Generalitat deben cumplir su función con lealtad institucional y no pueden invocar la condición pública de alto cargo ni hacer uso de la misma, para ellos mismos o para personas interpuestas, en el ejercicio de ninguna actividad mercantil, profesional o industrial o de ninguna otra actividad lucrativa”. Alay es un alto cargo y sus diversas reuniones con espías rusos no parece que puedan encajarse dentro de este 'deber y lealtad'.

Foto: El expresidente catalán Carles Puigdemont. (EFE)

La oficina de Puigdemont hizo público un comunicado en el que culpa a la guerra sucia del Estado español de la situación generada y garantiza: “Todas las actividades internacionales de la oficina del presidente Puigdemont, así como también de su jefe de la oficina, Josep Lluís Alay, y de su equipo jurídico, con Gonzalo Boye al frente, son perfectamente legales”.

Lealtad subjetiva

Pero esta legalidad, como su lealtad institucional, parece más bien subjetiva. Y más con el artículo 5.2 de la misma ley, que también resulta problemático para Alay: “Los altos cargos al servicio de la Generalitat, ni durante su mandato ni después de su cese, no pueden utilizar o transmitir en provecho propio o en el de una tercera persona la información que hayan obtenido en el ejercicio de su cargo público”.

Se ha preguntado a Alay por sus viajes a Moscú, para que diga cuántas veces viajó a Rusia entre 2019 y 2021. No ha habido respuesta. Con quién se vio y qué temas trataron. No ha habido respuesta. Quién sufragó estos viajes y las estancias, si lo hizo la Generalitat, lo pagaron los rusos o lo financiaron desde CATGlobal ABSL y la maraña de entidades belgas que respalda a Puigdemont. No ha habido respuesta. En el 'New York Times', Alay reconoce dos viajes a Moscú en marzo y junio de 2019. Se desconoce si hubo más.

Alay ha evitado responder sobre quién ha pagado sus viajes y estancias en Rusia

Al jefe de la oficina del 'expresident' lo designa el 'expresident', pero lo nombra el Consell Executiu, que es quien puede destituirlo. Para Pere Aragonès, es un dilema. ERC destituyó al 'conseller' de Exteriors, Alfred Bosch, por no haber descubierto un caso de acoso sexual de su jefe de gabinete. Alfred Bosch, el hombre al que Alay estaba engañando y ocultando sus viajes a Rusia. Alfred Bosch, a quien ya dimitido se le abrió por parte de la Generalitat un expediente sancionador que se cerró sin sanción al no haberle encontrado ninguna responsabilidad. No haces nada y tienes que dimitir. Te dedicas a desestabilizar la UE conspirando con los servicios secretos rusos mientras cobras de la Generalitat, se lo ocultas a la Administración para la que trabajas y sigues tan campante. Si en algún lugar ha habido dos varas de medir, es en la política de Exteriores del Ejecutivo catalán.

Años de dinero público

Alay lleva años viviendo de la bicoca pública. Antes de estar en la Generalitat, fue asesor de asuntos internacionales de la Diputación de Barcelona, entre 2015 y 2018. En pleno 'procés', la Diputación, un organismo administrativo español, le pagaba para que se dedicase al 'agitprop' independentista. Era la época en que la Convergència de Xavier Trias controlaba este ente público.

Y hay otras derivadas políticas. Los mensajes demuestran cómo la política de Exteriores del Consell per la República se consultaba con Alay, con claras posiciones prorrusas. En este panorama, pocos alicientes tiene Aragonès para refundar el Consell y dar cancha a Puigdemont y sus geopolíticas de tablero de Risk.

El jefe de la oficina de Carles Puigdemont, Josep Lluís Alay, vulneró la Ley 13/2005 de la Generalitat que regula las incompatibilidades y actividad de los altos cargos de la Administración catalana. Lo hizo al ocultar sus viajes a Rusia y los contactos que ha mantenido estos años con representantes de los servicios secretos de Vladímir Putin, que él mismo ha reconocido ante el 'New York Times'. Alay no informaba de sus viajes, pese a ser un cargo de confianza que cobraba cada año 105.000 euros brutos anuales. La Conselleria de Exteriores no sabía nada. Cada año, la oficina del 'expresident' Carles Puigdemont publica una memoria con su actividad detallada. El Confidencial ha tenido acceso a la misma y los viajes a Rusia de Alay en 2019 no aparecen. Se omitieron de manera deliberada.

Carles Puigdemont Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) Alfred Bosch Servicios secretos Vladimir Putin Independencia de Cataluña Generalitat de Cataluña Cataluña
El redactor recomienda